viernes, enero 05, 2024

¨Trump For Sale´

 


Por Rogelio Ríos Herrán 

Entre tantas noticias duras con las que empieza el año nuevo 2024, una que llamó mi atención fue la publicación del reporte que legisladores demócratas del Congreso de Estados Unidos dieron a conocer el 4 de enero, sobre los al menos 7.8 millones de dólares que las empresas de Donald Trump recibieron de gobiernos extranjeros cuando fungió como presidente de los Estados Unidos. 

El reporte se titula “White House For Sale: How Princes, Prime Ministers and Premiers Paid Off President Trump” (“La Casa Blanca en venta: Cómo Príncipes, Primeros Ministros y Premiers enriquecieron al Presidente Trump”, publicado por el grupo demócrata del Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes). 

Los países involucrados son China, Arabia Saudita, Qatar, Kuwait, India, Turquía, República Democrática del Congo, Malasia, entre otros. Solamente en el caso de China, la investigación legislativa detectó pagos por al menos 5.5 millones de dólares a las empresas de Trump.  

No por nada, Trump expresó en 2018 lo siguiente: “¡Yo amo a China! El banco más grande del mundo es de China. ¿Saben en donde se localizan sus oficinas centrales en Estados Unidos? En este edificio, en la Torre Trump (Nueva York).” 

Más que un posible conflicto de interés por error o descuido, al Sr. Trump se le acusa de violar deliberada y conscientemente la Constitución norteamericana que impide expresamente a los presidentes recibir dinero en efectivo o regalos de mandatarios y corporaciones extranjeras sin el consentimiento del Congreso. 

La línea roja que cruzó Trump fue, en primer término, no deslindarse formalmente como accionista y propietario de sus empresas, por lo cual cuando los diplomáticos y funcionarios sauditas o chinos se hospedaban en el Trump International Hotel en Washington, por ejemplo, lo beneficiaban directamente a él y su familia. 

En segundo término, los congresistas demócratas lo acusan de haber tomado decisiones de gobierno a cambio de las ganancias recibidas en sus empresas, violando el mandato constitucional de colocar el interés público de Estados Unidos por encima de intereses privados. 

Los países mencionados “gastaron, a menudo generosamente, en departamentos y estadías en hoteles en las propiedades de Donald Trump, enriqueciendo personalmente al ex presidente Trump mientras tomaba decisiones de política exterior conectadas con sus agendas políticas con ramificaciones de largo alcance para Estados Unidos”, asienta el informe. 

Los al menos 7.8 millones de dólares recibidos del extranjero, mediante ganancias a sus negocios por Trump, son apenas una parte de lo que se sospecha es una cantidad mayor.  

Al cambiar la mayoría del Congreso al control republicano en 2023, la investigación fue suspendida abruptamente por James Comer, nuevo presidente republicano del Comité de Supervisión, quien en su lugar abrió una investigación en contra del presidente Joseph Biden y su hijo Hunter. 

Más 500 empresas relacionadas que operan en 25 países conforman el emporio empresarial de Donald Trump y sus hijos. Es tal la ceguera de sus seguidores y legisladores republicanos que no quisieron ver el notorio conflicto de interés y las actitudes anticonstitucionales e ilícitas de un presidente al que sólo le faltó colocarse la etiqueta de “Trump for Sale” en la frente (“el más grande infomercial de la historia política”, dijo de sí mismo en una ocasión). 

Desde México, la lectura del reporte de los congresistas demócratas y las adversidades que enfrentaron para obtener la información financiera de manos de Trump mediante litigios en las cortes, me anima a pensar que su esfuerzo nos marca el camino a seguir: luchar a toda costa por el acceso a la información pública y la rendición de cuentas de los gobernantes. 

El “Rey del Cash” Andrés Manuel no le pide nada a “Trump For Sale”, al contrario, son las caras de una misma moneda: las de la simulación y el fraude a la ley para obtener ventajas y ganancias monetarias personales y familiares, siempre en nombre de una causa política que sirve de pantalla: MAGA (“Make America Great Again”) en el caso de Trump; “Cuarta Transformación” en el de Andrés Manuel López Obrador. 

Tanto la Constitución estadounidense como la mexicana coinciden en un mandato: poner el interés superior del Estado por encima de los intereses personales. Los resultados de las violaciones a ese principio fundamental están a la vista en Estados Unidos y México. 

La lucha ciudadana es, por tanto, un esfuerzo cívico por hacer cumplir la Constitución, a la cual Donald y Andrés Manuel traicionaron a pesar de sus juramentos. 

Referencias: 

Nota del New York Times: “Trump received millions from foreign governments as President,Report finds”, por Luke Broadwater, 04/01/2024. 

“White House For Sale...”, texto completo del documento del Congreso de Estados Unidos: 

“Recibió Trump 7.8 mdd de gobiernos extranjeros en su mandato”, EL NORTE, 04/01/2024. 

martes, enero 02, 2024

México 2024: la política sin escrúpulos



Por Rogelio Ríos Herrán 

De los múltiples escenarios posibles de la política mexicana en el 2024, hay uno que me pone la piel de gallina: la continuación, en México, de la Cuarta Transformación en el poder, combinada con el regreso de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos. 

Dicho escenario significaría que la política sin escrúpulos, el gobierno sin frenos ni reticencias y las decisiones irracionales convivirían, como lo hicieron en el pasado reciente, a ambos lados de la frontera, pero esta vez aumentados a la “N” potencia. 

Según el Diccionario de la Real Academia Española, escrúpulo es la “duda o recelo que punza la conciencia sobre si algo es o no cierto, si es bueno o malo, si obliga o no obliga; lo que trae inquieto y desasosegado el ánimo”. 

Otra acepción es “aprensión o asco hacia algo, especialmente alimentos”, según la misma fuente. Por extensión, inescrupuloso o inescrupulosa dícese “de una persona que carece de escrúpulos”. 

Ni a Andrés Manuel López Obrador ni a Donald Trump, por mencionar sólo a dos personajes públicos, les punza la conciencia sobre si algo es bueno o malo, según se desprende de sus decisiones y acciones públicas. 

Que los políticos carezcan de escrúpulos en México, sean del partido o color que fueren, es la regla, no la excepción. ¿Qué podemos esperar de los políticos sin escrúpulos de la Cuarta Transformación? 

La pregunta queda abierta ante el escenario del año electoral en nuestro país, en el cual los escrúpulos están ausentes y los códigos de ética de los servidores públicos duermen el sueño de los justos en los cajones de escritorios y archiveros. 

Además, ante la destrucción sistemática del acceso a la información pública y el bloqueo sistemático de la rendición de cuentas durante el gobierno de López Obrador, sufriremos en 2024 el efecto nocivo del daño al principio de la transparencia como derecho político de los ciudadanos: la información pública es propiedad de los ciudadanos, no de los gobernantes. 

Me dirán quizá algunos críticos que no doy crédito alguno, por ejemplo, a Claudia Sheinbaum, candidata de Morena a la presidencia de México, sobre el posible cambio de orientación de su gobierno respecto a López Obrador y que, aun siendo ella miembro del partido oficial, se despegaría de su antecesor y mentor político. 

¿Tiene Claudia Sheinbaum escrúpulos?, sería mi respuesta a ellos. Nada hasta el momento permite asegurar que ella sería diferente de López Obrador, pues en su discurso público y actos de campaña no ha mostrado otra cosa que subordinación (en su variante de servilismo) ante él. 

Si Sheinbaum tuviera dudas sobre las decisiones de López Obrador, si le punzara la conciencia sobre si su líder es bueno o malo, prudente o desquiciado, ya las hubiera mostrado en palabras y acciones, pero no ha sido así. 

En el escenario del retorno de Trump a la presidencia de Estados Unidos, entonces él sí mostraría a los mexicanos, quien quiera que haya ganado la elección presidencial, lo que es no tener escrúpulos en la toma de decisiones de gobierno: lo de López Obrador sería un juego de niños. 

Como ciudadano, nada de eso me gusta. Pelearé por promover la ética en el servicio público y rezaré porque los escrúpulos puncen la conciencia de gente de moral dudosa, por decir lo menos, como lo son Donald Trump y Andrés Manuel López Obrador. 

¡Ah!, por supuesto, el próximo 2 de junio acudiré puntual a dar mi voto en las urnas. Si no lo hiciera, mis escrúpulos me comerían vivo. 

lunes, enero 01, 2024

EZLN: extraviado en su ‘Caracol’



Por Rogelio Ríos Herrán 

A treinta años del levantamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZNL) en Chiapas, mi percepción de los hechos y postura personal ante el movimiento zapatista ha dado un giro inesperado – por opuesto- para mí.  

Hoy, veo al movimiento extraviado en su laberinto (o “Caracol”) y sumergido en un discurso regresivo y excluyente del resto de México. 

Apoyador entusiasta en 1994, simpatizante de un movimiento disruptivo y desafiante del rancio sistema político mexicano de entonces, yo no pude ver en ese momento con claridad las contradicciones profundas que envolvían a los rebeldes zapatistas: ¿por qué un movimiento armado ilusoriamente llamado de “Liberación Nacional”? ¿No había una ruta política para los zapatistas en la cual tuvieran mayores posibilidades de transformar la política estatal y nacional? ¿Cuál creían ellos que era la legitimidad de su rebelión armada? 

La fascinación que produjeron los zapatistas con la toma temporal de San Cristóbal Las Casas y la batalla del mercado de Ocosingo contra el Ejército Nacional fue profunda tanto en la opinión pública nacional como en la europea. 

¿Quién que se considerara progresista o de izquierda podría no simpatizar, en 1994, con los indígenas que rechazaban violentamente al Estado mexicano (al cual declararon explícitamente la guerra), al capitalismo y su vena colonialista de los pueblos indígenas y extractora de sus riquezas naturales? 

Su discurso anticapitalista, crítico del sistema político y reivindicador del autogobierno y los usos y costumbres, encajó perfectamente bien con amplios sectores de la izquierda mexicana, francesa y española, por ejemplo, y entre quienes hoy denominaríamos como antiglobalistas. 

En armonía con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (entre México, Estados Unidos y Canadá) ese mismo día del levantamiento armado (1 de enero de 1994), los zapatistas entregaron -envuelta en un moño- una causa por la cual pelear a los jóvenes y adultos críticos del salinismo y a quienes desconfiaban de las negociaciones comerciales con Estados Unidos. 

Todo ese entusiasmo por apoyar a los zapatistas impidió en su momento conocer más sobre ellos. Su irrupción en la política mexicana y en el escenario mundial fue tan sorpresiva que no hubo un respiro que nos permitiera saber sobre sus motivaciones ideológicas, los resortes internos, la lucha por el poder entre los grupos y etnias nativas y el papel protagónico del Subcomandante Marcos. 

No vimos –me incluyo- los muertos durante la fase armada de la rebelión. Decenas de jóvenes indígenas mal armados, por un lado, que no tenían posibilidades de sobrevivir en combate contra soldados entrenados, fueron sacrificados por la causa.  

Por otro lado, aunque las cifras oficiales siempre aparecen subestimadas, hubo por lo menos una decena de bajas entre soldados y oficiales del gobierno. 

Es decir, hubo muertos entre mexicanos, ya sea rebeldes o militares. ¿Era realmente necesario e ineludible que eso pasara? ¿No había otro sendero? 

En la Primera Declaración de la Selva Lacandona (1993) afirmaron los zapatistas ser “los herederos de los verdaderos forjadores de la nacionalidad mexicana, los desposeídos somos millones y llamamos a todos nuestros hermanos a que se sumen a este llamado como el único camino para no morir de hambre ante la ambición insaciable de una dictadura de más de 70 años encabezada de una camarilla de traidores que representan a los grupos más conservadores y vendepatrias” (ver texto completo en enlacezapatista.ezln.org.mx). 

Una de las instrucciones dadas a los combatientes indígenas del EZLN era “avanzar hacia la capital del país venciendo al ejército federal mexicano, protegiendo en su avance liberador a la población”, y al releer ese texto, después de tantos años, me pregunto no en qué estaban pensando los zapatistas, sino en qué estaba pensando yo que no aprecié lo absurdo del discurso, por irreal y utópico. 

Como “Caracol” denominaron posteriormente los zapatistas al territorio y la organización política que adoptaron basada en los usos y costumbres. El concepto es sugerente: una concha dura que los protege del amenazante mundo externo, como a los moluscos; a la vez que los protege, sin embargo, esa misma concha los aísla, es decir, excluye al mundo exterior (a la sociedad mexicana en primer término) de la interacción con ellos.  

El texto de la “Invitación al Treinta Aniversario de la Declaración de la Guerra contra el Olvido” (firmada por el Subcomandante Moisés en diciembre de 2023) refleja, tres décadas después, el efecto de la persistencia del alejamiento del mundo externo:   

  1. “La celebración será entre los días 30 y 31 de diciembre del 2023 y 1 y 2 de enero del 2024. Los invitados podrán llegar desde el día 29 de diciembre, no antes.” 

  2. “La celebración central del 30 aniversario será en el Caracol ‘Resistencia y Rebeldía: un Nuevo Horizonte’, fundado hace tres años en el poblado Dolores Hidalgo fundado en tierra recuperada.” 

  3. “Se recomiendo traer algo para poner entre el suelo y su maltrecha anatomía para dormir. Acá, además de digno, el suelo es duro.” 

  4. “Habrá servicio de internet por fichas para que avisen a sus familiares que llegaron bien. Habrá puestos no especializados de venta de alimentos (o sea que no hay puestos de comida vegana ni vegetariana). Ahí lo vean... las personas con régimen alimenticio y medicación especiales traigan lo necesario.” 

  5. “Les recordamos que en los territorios zapatistas está prohibido el consumo, comercio, trasiego y siembra de drogas. Igualmente está prohibido el consumo de alcohol en cualquiera de sus formas”. 

  6. “La celebración es de y para los pueblos zapatistas. Se exige respeto a nuestros usos y costumbres, a nuestros modos y tiempos, a nuestra lucha.” 

¿Es neta? Cualquier parecido con la invitación a un “rave” o a una reunión en las playas nudistas de Huatulco es mera coincidencia, excepto que no hay alcohol y drogas, esos males de la civilización occidental. 

Desde su “monopolio” explícito de la reivindicación de las causas indígenas en Chiapas, los zapatistas celebran los 30 años de su levantamiento armado en su Caracol físico y metafórico que los mantiene fijos en su propio tiempo, no en el del resto de México.

Le han dado los zapatistas guerra verbal sin cuartel a AMLO y su Cuarta Transformación, es cierto y se les reconoce como críticos, pero me pregunto: ¿cuándo van a salir de su encierro? 

¿Cuándo van a dejar el Caracol por una liebre?  

domingo, diciembre 31, 2023

Bye, bye, año 2023

 


Por Rogelio Ríos Herrán 

Más que nostalgia por los últimos 365 días transcurridos, me invade el gozo de saber que el año 2023 se acaba, al fin, y me da oportunidad de reflexionar a botepronto sobre algunas cosas que lo describen, desde mi personal punto de vista: 

  1. La Inteligencia Artificial (IA) se desplegó con intensidad en este año que termina, si bien con más confusión que claridad sobre sus alcances y limitaciones. No importa. Ya no nos libraremos nunca de la IA y, en mi calidad de nativo no digital de +60 años, la acepto como herramienta de trabajo, no como sustituto. No la dejaré que me robe la alegría de pensar y escribir por mi cuenta, en el teclado o de mi puño y letra; a ningún robot le permitiré eso. 

  2.  No logramos recuperarnos por completo como comunidad de la pandemia de Covid 19 en uno de sus efectos más perniciosos: la interacción personal y el contacto presencial. No me refiero a reuniones sociales y fiestas, sino a la conexión más profunda que surge en los entornos profesionales y los personales cuando las personas nos abrimos a la colaboración en equipo, al esfuerzo común o la posibilidad de enamorarnos o hacer nuevos amigos. Tal vez demasiados encierros y sesiones de Zoom nos han dejado una huella difícil de borrar, pero yo percibo la dificultad de conocer realmente a alguien o de que nos conozcan cabalmente. 

  3. Se va el año 2023 con otro aspecto negativo: yo lo considero como un escalón más en la degradación del diálogo público entre los mexicanos sobre los problemas del país. Sumergidos cada vez más en la incapacidad de escuchar al otro y comunicarnos con argumentos, no con insultos, en el espacio de la opinión pública se instaló la intolerancia y la estupidez: “polarizar es comunicar”, gritan algunos despistados que de esa manera tratan de disimular sus carencias intelectuales. 

  4. Por cierto, estoy a punto de depurar a fondo mis redes sociales. Entré a Twitter (hoy X) en 2009, por ejemplo, y estaba satisfecho con la utilidad de esa red, pero de unos pocos años a la fecha percibí en ella la prevalencia de señales de intolerancia en el diálogo: descalificaciones tajantes, insultos, retuits de información falsa o de veracidad dudosa, demostraciones abiertas del lenguaje de odio. La situación no ha cambiado con el nuevo dueño, Elon Musk, ni con la modificación del nombre. Creo que en enero del año nuevo cancelaré mi cuenta, con la pena. 

  5. Otras redes como YouTube, Facebook e Instagram las mantendré, pero con reservas: borrar toda información personal, tomar precauciones contra el hackeo de identidades, utilizar todos los filtros posibles para defenderme de la manipulación de la información susceptible de florecer en esas redes. Llevo más de una década en cada una de ellas, pero no las dejaré. 

  6. Mi experiencia de inicio en el ciberespacio fue con un blog que data del año 2006 y todavía conservo: Mirada al Mundo (www.rogeliorios.blogspot.com), lo cual es más cercano a mi experiencia no virtual como columnista de periódicos que armaba sus artículos en una Olivetti Lettera 32 portátil. El blog tiene un encanto propio, un espacio compartido con buenos lectores, y una dignidad editorial que no tienen las otras redes sociales.     

  7. Yo no sé ustedes, pero por lo menos en mi ciudad (Monterrey, Nuevo León, México), fue en el 2023 cuando me di cuenta de que los problemas de tráfico vehicular y contaminación del aire no eran episodios anecdóticos ni pasajeros: llegaron para quedarse, se instalaron como una nueva normalidad y serán, en adelante, compañeros inseparables de los regiomontanos. Adiós a la ciudad idílica de hace 50 años, adiós a costumbres, maneras de hablar y la cocina tradicional (el consumo de cabrito, por ejemplo, va a la baja), Monterrey es hoy, para bien y para mal, una ciudad transformada por la industrialización y la globalización. Mejor así, pienso a veces, para que mi generación no se sienta como prisionera del tiempo pasado. 

  8. Durante el año que finaliza, tuve oportunidad de platicar con muy buenos amigos venezolanos y estadounidenses que residen en el exterior y de compartir una preocupación común por varias cosas: entender qué pasa en el mundo, cuáles son las tendencias de la política internacional, la distorsión de la comunicación, las guerras tan cruentas como en la Edad Media y, en mi caso, saber cómo veían a México. El saldo no es positivo para la imagen de nuestro país en el exterior, cosa en la que yo no puedo influir ni mucho menos controlar, pero que me llena de pesar. 

Finalmente, les agradezco a todos ustedes que tienen la paciencia de asomarse a mis opiniones en cualquiera de las redes sociales, intercambiar comentarios, debatir con argumentos. Saber que me dedican una parte de su tiempo en un día cualquiera es el mejor regalo para mi trabajo de analista y periodista de opinión. Muchas gracias por su apoyo en 2023 que me permitió crecer en todos los sentidos. 

Y bueno, como optimista incurable, yo creo que el año 2024 nos traerá cosas buenas en lo personal y algún alivio al mundo en general.  

¡Feliz Año Nuevo! 

Mexicanos con bandera nacional

Siempre me pongo de pie al escuchar el Himno Nacional y para saludar a la bandera: son los símbolos incorruptibles de la conciencia cívica d...