Cuando no sabemos en dónde está el centro moral de las intenciones y actos positivos, el mundo se vuelve confuso y nuestras decisiones de apoyos y simpatías reflejan esa confusión en todo lo que pensamos y hacemos.
Por Rogelio Ríos Herrán
Veo en mi entorno de lectores y amigos un conflicto entre las buenas intenciones de las personas y, por otra parte, los apoyos políticos específicos a los contendientes en guerras y conflictos internacionales que está, literalmente, consumiendo a las conciencias.
Por ejemplo, si los ciudadanos mexicanos envían ayuda a Cuba o hacen donaciones a las cuentas bancarias de asociaciones civiles surgidas de la nada, recomendadas por López Obrador y bajo la bandera de ayuda humanitaria, ¿están ayudando a la dictadura cubana encabezada por Díaz Canel, aunque ellos piensan que benefician al pueblo cubano?
En el caso de Venezuela, sobre la captura de Nicolás Maduro, ¿debemos celebrar la caída del sanguinario dictador Maduro, aunque ello signifique un reconocimiento explícito al gobierno del presidente Trump?
Antes de llegar al caso de Irán, vayamos un poco más atrás: tras el ataque sanguinario e inhumano de la organización palestina Hamas a Israel el 7 de octubre de 2023, en el cual murieron asesinados niños, ancianos, bebés de cuna, mujeres y hombres civiles y tomaron prisioneros a cientos de rehenes, ¿es mejor olvidar ese evento para criticar en cambio la respuesta del gobierno de Netanyahu, casi tan cruel e inhumana como las acciones de Hamas, que prácticamente dejaron en escombros a la ciudad de Gaza?
Criticar al gobierno de Netanyahu, un político acusado de corrupción en su país, ¿nos vuelve automáticamente antisemitas?
¿No tenía derecho Israel a una represalia ante el ataque del 7 de octubre?
Criticar a la organización Hamas por sus fuerzas paramilitares que se comportan como carniceros, y por su incapacidad manifiesta de promover el desarrollo económico y social de la Franja de Gaza, territorio que gobiernan y administran desde hace veinte años, ¿nos vuelve anti palestinos?
Cuando no sabemos en dónde está el centro moral de las intenciones y actos positivos, el mundo se vuelve confuso y nuestras decisiones de apoyos y simpatías reflejan esa confusión en todo lo que pensamos y hacemos.
Para propósitos de claridad personal, pues yo no estoy exento de incurrir en confusiones, quiero compartir con ustedes algunas reflexiones.
No creo que el orden legal internacional esté roto permanentemente, ni que la ONU y la multitud de organismos internacionales que conforman a la sociedad internacional actual hayan dejado de funcionar. Como en otras épocas, el péndulo del autoritarismo llega a un punto en el que no avanza más y retorna hacia el centro moderado o el extremo liberal. Violar flagrantemente el derecho internacional por parte de líderes poderosos (Trump, Putin, Xtii Jinping, Netanyahu y otros) tiene un costo que habrán de pagar en el futuro, en sus personas o en el juicio posterior a sus actos de gobierno. El juicio de la historia, en efecto, es implacable. Los crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad cometidos por ellos y muchos dictadores más en el mundo, los perseguirán por siempre.
Apegarse a la legalidad internacional, propugnar por la educación por la paz y apostar a la diplomacia y los organismos internacionales como los centros de resolución de conflictos nunca es una mala apuesta para quienes vivimos en países como México, que son vulnerables a las políticas de las grandes potencias.
¿Qué queremos para nuestras naciones? Yo digo que aspirar a la legalidad, el estado de derecho, la división de poderes, la certeza electoral, la democracia, la diversidad política, la defensa de los derechos humanos, el desarrollo económico y social inclusivo en México es algo que yo quiero ver reflejado en otros países. Con esto en mente, puedo discernir, al observar la arena internacional, quién es el agresor y quién la víctima en una guerra o conflicto, cuál propósito verdadero (no el propagandístico) persigue el agresor que busca cambiar el régimen de gobierno en otro país y decidir en consecuencia a quién dar mi preferencia.
Propongo dejar de pensar en blanco y negro. Seguir pensando así nos lleva únicamente a callejones sin salida, especialmente en la región del Medio Oriente. Ahí, mi objetivo es que los palestinos de la Franja de Gaza se liberen del puño de hierro de Hamas, quien utiliza a sus ciudadanos como escudos humanos y monedas de cambio en la negociación política. Sobre Israel, me gustaría que los israelíes se liberaran del puño de hierro de Netanyahu, y dejen de ser escudos humanos y monedas de cambio en las negociaciones políticas. Es un caso similar para los iraníes, pero no por eso simpatizo con la guerra desatada contra los ayatolas persas por parte de Israel y Estados Unidos.
Volvamos a América Latina. En Cuba, no apoyo a la dictadura cubana ni al modelo socialista emanado de la revolución cubana, el cual me parece el causante principal del colapso cubano, no el “embargo” estadounidense. Quiero ver al pueblo cubano liberado del puño de hierro del Partido Comunista y sus gobiernos sucesivos, quiero verlo prosperar, y que sus crueles gobernantes rindan cuentas por los crímenes cometidos en contra de su propia gente. No apoyo, por otra parte, que Estados Unidos quiera exprimir a los gobernantes cubanos al costo del sufrimiento de los ciudadanos, ni que el futuro de la isla se decida en Washington, sino a nivel multilateral internacional.
Finalmente, lo sucedido en Venezuela me dejó perplejo. La captura de Maduro no derivó en un cambio de régimen, vaya, ni siquiera de las personas a cargo del gobierno. No hubo transición democrática, No hubo recuperación de libertades ni derechos civiles para los venezolanos, sigue presente el puño de hierro que han conocido toda la vida sobre sus espaldas. No hay rendición de cuentas de los gobernantes venezolanos que cometieron crímenes en contra de su propia gente.
No se sientan mal, amigos, por los sentimientos encontrados que abrigan al enfrentar el panorama internacional y tratar de entenderlo.
¿Quiénes son los buenos y en dónde están los malos? A todos, incluídos los analistas y periodistas, nos cuesta trabajo encontrarlos.
Hemos visto tantas películas de Hollywood y de James Bond, con villanos y héroes claramente definidos, que pensamos que el mundo funciona de manera similar. Nada de eso.
Si hubiera un antídoto contra la confusión, ese sería buscar y obtener la mejor información posible de medios de comunicación confiables, veraces y rigurosos en el tratamiento de sus notas.
Teniendo la mejor información posible en nuestras manos, la tarea de discernir a los héroes y villanos en la escena internacional se vuelve menos pesada y aligera nuestras conciencias.
Es mi consejo: trate de estar bien informado y no tenga miedo de matizar y aclarar sus opiniones. Nada es blanco y negro. Ni en la política ni en el amor.