martes, abril 28, 2026

Apple cambia de manzana

Por la escala planetaria de Apple y empresas tecnológicas similares, las categorías de los cargos en los sistemas políticos tradicionales y el poder que representan no logran encuadrar qué tipo de poder tiene un CEO global y cuál es su alcance.


Por Rogelio Ríos Herrán


El relevo anunciado para el 1 de septiembre en el puesto máximo de la empresa Apple, por el cual John Ternus sustituirá a Tim Cook en el cargo de CEO (Chief Executive Officer, por sus siglas en inglés), es una noticia que escapa a la sección negocios de los medios de comunicación.

El cambio de CEO en la empresa de la manzana lo considero, por lo menos, al mismo nivel que al cambio de presidente, primer ministro o jefe de estado de cualquiera de los países considerados como grandes potencias.

Ciertamente, por la escala planetaria de Apple y empresas tecnológicas similares, las categorías de los cargos en los sistemas políticos tradicionales y el poder que representan no logran encuadrar qué tipo de poder tiene un CEO global y cuál es su alcance.

En los grandes negocios de las empresas tecnológicas líderes a nivel mundial el poder se ejerce en decisiones y escenarios que hacen palidecer a Trump, Putin o Xi Jingpin como escolares jugando en el patio de recreo.

Mientras los ciclos políticos de los gobernantes son cortos, salvo excepciones, y dedicados a tratar de resolver problemas para los cuales no encuentran soluciones, los CEOs trabajan a largo plazo con base en estrategias de negocios libres de ideologías y fanatismos radicales.

Los gobernantes se enfrentan al siguiente evento electoral con la presión de dar resultados, los que sean, y no importa el costo que se pague con tal de convencer a los votantes.

Los CEOs trabajan a largo plazo, bajo escrutinio y presión de los accionistas y arriesgando cantidades demenciales de dinero en investigación y desarrollo de nuevas tecnologías, como en el caso de la inteligencia artificial.

Tanto los líderes empresariales como los gobernantes trabajan con dinero ajeno (el de los accionistas y el de los ciudadanos respectivamente), pero no lo perciben igual.

Si no hay buenos resultados con el dinero invertido y los negocios se estancan o retroceden, las decisiones empresariales son implacables y cortan por lo sano.

En la política, por el contrario, el dinero público se puede dilapidar, esconder o robar sin que haya mayores consecuencias, salvo el castigo a uno que otro chivo expiatorio.

Desde hace tiempo, Apple dejó de ser una empresa estadounidense para convertirse en una compañía global, sin anclajes en la noción tradicional de nacionalidad de origen de los negocios.

El cambio tecnológico que lideran las empresas como Apple rebasa la capacidad de los sistemas políticos tradicionales para absorber sus consecuencias.

La capacidad del ciudadano de conectar desde su dispositivo –un iPhone o cualquier otro aparato– su vida al flujo mundial de las comunicaciones y avances tecnológicos lo empodera.

Los intentos de gobernantes autoritarios de cortar el acceso de sus ciudadanos a la corriente de internet mundial, como en los casos patéticos actuales de Rusia y Cuba, no hacen más que acelerar su descomposición interna y anunciar un derrumbe próximo.

Por esas y otras razones, el liderazgo nocivo del populismo que hoy atenaza a grandes naciones en el mundo no podrá sobrevivir al avance tecnológico y a la capacidad de influencia de Apple y empresas globales sobre los ciudadanos de cualquier país.

Pedro Aznar, director del sitio applesfera.com, escribió el 20 de abril dos cosas interesantes sobre el cambio en Apple.


  1. La elección de John Ternus es especialmente significativa porque habla del tipo de Apple que viene. No es un perfil mediático ni es una figura externa. Es alguien que ha crecido dentro de la compañía desde hace más de 25 años, participando directamente en el desarrollo de productos clave y entendiendo desde adentro cómo funciona la cultura de Cupertino.

  2. Más allá de los movimientos, este cambio nos habla del futuro de Apple. La compañía lleva años construyendo las bases de su siguiente gran salto: el desarrollo de Apple Silicon, la integración de inteligencia artificial, la exploración de nuevas categorías de producto como la computación espacial. Todo apunta a una redefinición de lo que entendemos por tecnología personal.


¿Qué clase de líder político en el mundo puede estar en una posición similar a la de John Ternus y sus antecesores Tim Cook y Steve Jobs?

¿Cómo podrán el populismo y el autoritarismo sobrevivir al cambio tecnológico de la inteligencia artificial?

Incapaces de pensar más allá de la elección siguiente y de sus ambiciones personales, los políticos no podrán escalar las murallas construidas por su ceguera ideológica y ausencia de empatía hacia las poblaciones.

Por lo pronto, seguiré con mi iPhone SE en el bolsillo del pantalón: es la conexión a un mundo más libre.


@Rios60H 


Link a la columna de Pedro Aznar:

https://www.applesfera.com/apple-1/apple-anuncia-dimision-tim-cook-nombra-a-john-ternus-como-nuevo-ceo


  




 

viernes, abril 24, 2026

ADIÓS, AURELIANO BUENDÍA

La cantidad e intensidad de sufrimiento humano que Trump ha hecho caer sobre su propia nación, no digamos en el exterior, será redimida por la literatura.

Por Rogelio Ríos Herrán


Ha sucedido lo increíble. El coronel no sólo no tiene quien le escriba; su lugar en la literatura del realismo mágico fue desplazado por un nuevo personaje de la vida cruda.

Hice a un lado mi copia vieja de Cien años de soledad, para atender puntualmente, día a día, las disquisiciones arrebatadas que en tiempo real hace Donald Trump superando a la imaginación literaria de los autores del “boom” latinoamericano.

Ningún escritor de esa generación con sus prototipos fantásticos como Aureliano Buendía, hubiera imaginado que sucedería algo así en el mundo angloparlante.

No hay caudillo latinoamericano que Miguel Angel Asturias, autor anterior al “boom”, hubiera retratado mejor en su obra El señor presidente que lo que el señor Trump nos ofrece cada día .

Que una persona con indicios graves de síndromes de personalidad y carácter ocupe la presidencia de Estados Unidos deja al realismo mágico a nivel de juego de niños.

Trump no cabe en Rayuela de Julio Cortázar, ni encaja en La guerra del fin del mundo de Mario Vargas Llosa.

Donald no puede habitar la Comala de Juan Rulfo (en Pedro Páramo) a riesgo de ahuyentar a los muertos.

No, no puede haber cabida para él en La sombra del caudillo (Martín Luis Gúzmán).

No sé en dónde ponerlo si no es en el boom latinoamericano o en la novela de la revolución mexicana.

“Una civilización va a terminar esta noche”, es una frase para cuyo acomodo tendríamos que remontar a Homero y su Ilíada, pero ni siquiera Aquiles la hubiera pronunciado.

No. Aquí ocurrió otra cosa. Ahora, como diríamos en México, los patos le tiran a las escopetas.

De la cultura anglosajona poblada de magníficos escritores, poetas, ensayistas y pensadores surgió su prototipo opuesto. 

De sus artistas, músicos de jazz, artesanos, fotógrafos y pintores del paisaje americano surgió el representante del lenguaje de la vulgaridad extrema.

De haber vivido hasta hoy, John Steinbeck hubiera tomado algunos trazos de Donald para su obra Las uvas de la ira.

O quizá Hemingway hubiera escrito algo así como El viejo y la bomba.

Nada de eso. Trump reclama a pulso su lugar en la cumbre del poder norteamericano a un nivel que haría palidecer a los antiguos emperadores romanos.

A casi 80 años de vida, Trump ha logrado materializar en su persona la arrogancia de un Luis 14: “El Estado soy yo” sin incluir a Melania porque ella no tiene buen acento al hablar en inglés.

Digno de una novela de Tom Clancy, Donald Trump dejará como legado una veta literaria para ser explotada por los escritores del futuro en su país.

La cantidad e intensidad de sufrimiento humano que Trump ha hecho caer sobre su propia nación, no digamos en el exterior, será redimida por la literatura.

Adiós, coronel Aureliano Buendía. Adiós, realismo mágico. 

El Rey Trump saluda al mundo. 

viernes, abril 17, 2026

DOS AMERICANOS EN EL MUNDO

Dos americanos influyen poderosamente en el mundo.

¿Con cuál se queda usted? 


Por Rogelio Ríos Herrán


Vivimos en un momento inédito de la política internacional.

Dos hombres nativos de Estados Unidos ocupan las posiciones de poder más altas en el mundo, como nunca había sucedido.

Su capacidad de influencia se proyecta a nivel planetario, por lo cual sus decisiones, omisiones, aciertos y errores afectan a la humanidad.

¿Cómo utilizan su poder los dos americanos?

Respecto al uso del poder, la divergencia entre ambos personajes es abismal y contradictoria.

Donald Trump, neoyorquino, presidente de Estados Unidos, es un hombre de guerra promotor de la destrucción de civilizaciones, según sus propias palabras.

Robert Francis Prevost, de Chicago, el Papa León XIV, es un hombre de religión, promotor de la paz, Jefe de Estado y líder espiritual del mundo católico.

El presidente Trump gobierna a aproximadamente 350 millones de estadounidenses.

El Papa León preside espiritualmente a aproximadamente mil 300 millones de creyentes católicos en el mundo.

Nunca antes en la historia, la imagen y el prestigio de Estados Unidos se había deteriorado tanto y llegado a niveles tan bajos como durante la segunda gestión presidencial de Trump.

Nunca antes en la historia había resultado electo un Papa de origen estadounidense, el cual con su temple de Jefe de Estado y mensaje apostólico ha dado al mundo una cara positiva de Estados Unidos.

El presidente Trump preside un mandato temporal de cuatro años en una nación que apenas cumplirá 250 años de existencia-

El Papa León tiene el mandato de por vida sobre una Iglesia Católica que ha existido desde hace dos mil años.

Cuando Donald Trump ya no esté en la Casa Blanca y haya perdido todo su poder temporal, Estados Unidos heredará la tragedia de haber perdido la democracia que alguna vez inspiró al resto del mundo.

Pasarán décadas antes de que la Unión Americana pueda, si eso es posible, recuperar su antiguo brillo de libertades democráticas y económicas que atrajo a millones de personas a su territorio.

El daño moral que Trump ha infligido a su nación es tan profundo que tal vez sea irreversible en algunos aspectos, entre ellos, en la cuestión del prestigio internacional.

No todo está perdido, sin embargo, para los Estados Unidos.

Robert F. Prevost, el “Papa Bob”, como le dicen cariñosamente en Chicago, permanecerá en El Vaticano y dará la mejor cara posible que un americano haya dado al mundo.

“La paz no puede reducirse a un eslogan”, dijo el Papa León durante su viaje en curso a Camerún y otros países de África.

“Debe encarnarse en un estilo personal e institucional que repudie toda forma de violencia”, agregó.

“Por eso reitero con fuerza: el mundo tiene sed de paz, ¡basta ya de guerras!”, concluyó.

Dos americanos influyen poderosamente en el mundo.

¿Con cuál se queda usted? 


martes, abril 14, 2026

El Papa de Stalin a Trump

Apropiarse de las figuras de Jesucristo y su vicario León XIV para fines políticos y vulgarmente terrenales, fue un error de Trump que le traerá desprestigio y debilitará sus posibilidades electorales en noviembre próximo.

Por Rogelio Ríos Herrán

“¿Cuántas divisiones tiene el Papa?”, preguntó alguna vez un arrogante Stalin, el dictador soviético, cuando unos años antes de la Segunda Guerra Mundial el Ministro del Exterior francés le sugirió mejorar sus relaciones con El Vaticano.

Stalin erró en su apreciación del papel del Papa en política internacional como Jefe del Estado de la Ciudad del Vaticano que no necesitaba recursos militares para ejercer su influencia.

Otro personaje no menos arrogante, el presidente estadounidense Donald Trump, se refirió recientemente al Papa León XIV en términos despectivos.

“El Papa es débil en materia de crimen y terrible en política exterior. No quiero un Papa que piense que está bien que Irán tenga un arma nuclear”, dijo Trump.

El presidente estadounidense mostró una apreciación equivocada de la figura del Papa León, líder espiritual del catolicismo y figura diplomática de las más elevada estatura moral en política internacional, que dejó a Trump al nivel de Stalin: por los suelos.

Al incidente de su desafortunada declaración en redes sociales, el señor Trump sumó un acto bizarro: en una imagen posteada en su cuenta digital se representó como la encarnación de Jesucristo aliviando a un enfermo entre una parafernalia de imágenes militares.

A la burla se sumó el agravio. Apropiarse de las figuras de Jesucristo y su vicario León XIV para fines políticos y vulgarmente terrenales, fue un error de Trump que le traerá desprestigio y debilitará sus posibilidades electorales en noviembre próximo.

Eso no es todo. Lo más grave del incidente papal de Trump es lo que refleja moralmente de su persona: es un hombre incapaz de contenerse verbalmente, sin fondo espiritual ni estructura moral que lo guíe en sus decisiones.

Solamente un alma vaciada de fe y sentimientos de fraternidad y amor al prójimo, lo cual es el centro del mensaje de Jesucristo y los evangelios, puede hablar y portarse con tanto desprecio a lo sagrado.

Representar en su persona a Jesucristo no fue una broma, sino el síntoma de lo que verdaderamente es Donald Trump cuando ha perdido la brújula ética, el compás moral y el sentido de la realidad. 

Entre Stalin y Trump no podrán destruir la figura espiritual del Papa y la importancia política de El Vaticano a fuerza de soltar preguntas necias y palabras demenciales.

En el basurero de la historia están los restos de Stalin y de su elevada cuenta de millones de personas muertas bajo su mano dura en la Rusia soviética.

Un lugar destacado aguarda a Trump, si persiste en comportarse como lo hace hoy, en ese basurero universal.

Cuando transcurran las décadas y los siglos, nadie recordará a Stalin ni a Trump, pero todos verán al Papa que marcará la continuidad de la Iglesia Católica milenaria.

El tiempo pondrá a cada quien en su lugar. El poder es temporal y vulgar, pero la fe es eterna y sublime.


@Rios60H


  



viernes, abril 10, 2026

AL BORDE DE CRÍMENES DE GUERRA

La voz de los 100 expertos en derecho internacional relacionados con Estados Unidos es clara y fuerte: los crímenes de guerra y lesa humanidad marcarán para siempre a quienes los cometan.

Por Rogelio Ríos Herrán


¿Ha cometido Estados Unidos crímenes de guerra en Irán?

Ante la extrema violencia del ataque conjunto de Estados Unidos e Israel en contra de Irán iniciado el 28 de febrero, un grupo de 100 expertos en derecho internacional con base en universidades e instituciones jurídicas norteamericanas, emitió el 2 de abril una declaración sobre la posible comisión de crímenes de guerra.

El documento, firmado por académicos, abogados practicantes y jueces, se enfoca en analizar la decisión de ir a la guerra, la conducción de los combates y la retórica y amenazas de altos funcionarios de Estados Unidos.

En una nuez, los 100 expertos señalan lo siguiente:


  1. Jus ad bellum (la decisión de ir a la guerra): Los ataques lanzados por Estados Unidos e Israel violan claramente la prohibición del uso de la fuerza establecida en la Carta de las Naciones Unidas.

  2. Apoyan esta opinión el presidente y el vicepresidente de la American Society of International Law y el presidente de la American Branch de la International Law Association.

  3. Irán no atacó a Estados Unidos e Israel y no hay evidencia suficiente de que fuera una amenaza inminente que validara una acción militar en defensa propia, a pesar de las declaraciones de funcionarios estadounidenses.

  4. Jus in bello (la conducción de hostilidades): Las leyes del conflicto armado limitan la conducción de hostilidades de todas las partes al conflicto en curso.

  5. Estas leyes fundamentales podrían haber sido violadas en el contexto de reportes sobre ataques a personas e instalaciones civiles: líderes políticos sin rango militar, plantas de petróleo y gas, y plantas de desalinización de agua.

  6. El ataque del 28 de febrero a una escuela primaria en la población de Minab resultó en la muerte de al menos 175 personas, muchos niños entre ellos, de acuerdo a las autoridades iraníes.

  7. La escuela primaria funcionaba como tal desde hace una década. Una investigación preliminar del Departamento de Defensa determinó que Estados Unidos realizó el ataque con base en información de inteligencia no actualizada.

  8. Dicho ataque violó probablemente el derecho internacional humanitario y, si se encuentra evidencia de que los responsables fueron negligentes, podría ser también un crimen de guerra.

  9. Sobre la retórica y las amenazas, los expertos advierten que anunciar que no habrá “tregua ni piedad” contra el enemigo (lo hizo el Secretario de Defensa) es algo que está prohibido en el propio manual de guerra del Departamento de Defensa y viola el estatuto de crímenes de guerra del gobierno de Estados Unidos, además del derecho internacional humanitario.

  10. Sobre el ataque a infraestructura civil eléctrica, nuclear o petrolera, los expertos advierten que el principio de proporcionalidad prohíbe ataques que puedan causar daño civil incidental y excesivo con relación a la ventaja militar.


En el caso de Irán, su gobierno tiene responsabilidad criminal por los ataques a la infraestructura de otros países de la zona que no son parte del conflicto.

Para el gobierno de Netanyahu, el ataque a Irán y a Líbano añade más posibles crímenes de guerra y humanitarios al catálogo de los que realizó en la Franja de Gaza, situación en la que extravió por completo el principio de proporcionalidad de la represalia.

La guerra no es buena para ningún gobierno. No tiene que ver con el poderío militar, sino con la degradación de los gobernantes a un nivel cuaternario de arreglo de conflictos con la ley del más fuerte.

La voz de los 100 expertos en derecho internacional relacionados con Estados Unidos es clara y fuerte: los crímenes de guerra y lesa humanidad marcarán para siempre a quienes los cometan.

“Urgimos a los funcionarios del gobierno de Estados Unidos a respaldar la Carta de las Naciones Unidas, el derecho internacional humanitario y los derechos humanos en todo momento, y a dejar en claro públicamente el cometido de Estados Unidos por el respeto a las normas de derecho internacional”, concluyen los expertos.

Vivimos horas oscuras entre guerras y amenazas de destrucción de civilizaciones enteras, pero después de la tempestad vendrá la calma. Y los responsables deberán rendir cuentas.


Se puede consultar el texto íntegro del documento en esta liga:

https://www.justsecurity.org/135423/professors-letter-international-law-iran-war/





viernes, abril 03, 2026

A la Luna con Artemis II

La nobleza de la misión Artemis II, que vuela en nombre de la ciencia y de la humanidad, está por encima de la vileza de gobernantes y tiranos que no dudan en sacrificar a sus juventudes en los campos de batalla.


Por Rogelio Ríos Herrán


Un niño de nueve años contemplaba en la televisión de bulbos de la sala del hogar, junto con sus hermanos y amigos, la hazaña de la llegada del primer hombre a la Luna en el lejano 20 de julio de 1969 con la Misión Apolo 11.

Su padre interrumpió la “cascarita” de fútbol que en la calle se jugaba como si fuera la Copa del Mundo, para que los niños no se perdieran el descenso de Neil Armstrong y Buzz Aldrin al suelo lunar, mientras Michael Collins esperaba en órbita, como si fueran personajes salidos de la imaginación de Julio Verne.

En ese entonces, las escenas de los despegues de los inmensos cohetes de propulsión desde Cabo Cañaveral eran parte de mi niñez y se fijaron profundamente en la memoria.

Cuando, ya en la edad adulta, fui con mi familia al Centro Espacial de la NASA en Houston, Texas, en el cual se exhiben partes gigantescas de los cohetes de las misiones Apolo, no pude evitar la nostalgia de soñar igual que un niño con los viajes al espacio como símbolo de la capacidad del hombre para la construcción, no para la destrucción.

Una mezcla de sentimientos encontrados me envolvió al observar el 1 de abril el despegue de la misión Artemis II que volará a la luna, circunvalará y regresará a la Tierra con su tripulación de tres astronautas estadounidenses (Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch) y uno canadiense (Jeremy Hansen).

Aquí vamos de nuevo, me dije, volando a la luna con los más elevados ideales, pero con el mundo envuelto hoy, como en 1969 (con la guerra de Vietnam), en guerras, violencia y sufrimiento de los pueblos.

La nobleza de la misión Artemis II, que vuela en nombre de la ciencia y de la humanidad, está por encima de la vileza de gobernantes y tiranos que no dudan en sacrificar a sus juventudes en los campos de batalla.

¡Qué pequeño e insignificante es el mundo gobernado por políticos sin escrúpulos cuando se observa desde el espacio!

Las imágenes de nuestro planeta que envía la nave espacial al centro de control en Houston son impresionantes: observada desde el cielo, la Tierra es de una hermosura desbordante.

Abajo, muy abajo, el fragor de los campos de batallas, las hambrunas, las migraciones gigantescas y el calentamiento dramático del planeta, no ha manchado aún la esfera azul que adorna al resto del universo.

Arriba, muy arriba, la misión lunar es la expresión de la capacidad de avance científico, de trabajo en equipo y la colaboración de las naciones no en una “carrera” espacial, sino en una marcha común hacia la exploración del espacio y, quiero pensar, la salvación del planeta.

Lo mejor del hombre está en la ciencia y en los viajes a la Luna y al espacio.

Lo peor del hombre se queda en los campos de batalla, en las luchas de poder y en gobernantes enfermos de vanidad y locura.

Julio Verne se asomó, junto al Todopoderoso, a ver qué estaban haciendo los hombres y el Artemis II con su novela maravillosa del siglo 19 que anunciaba la llegada del hombre a la Luna.

Entusiasta, el viejo escritor francés se dio cuenta de que faltó escribir otra novela adicional a la de la Luna: la del viaje a Marte.

El niño de nueve años se sentó a mi lado junto al televisor a ver el despegue del Artemis II y me ayudó a no perder por completo la esperanza en la humanidad.









viernes, marzo 27, 2026

Trump y el ‘scam’ ruso

El presidente ruso Putin y su ministro del exterior, Lavrov, al dar la orden de ataque, consumaron una maniobra diplomática de engaño a los diplomáticos estadounidenses que me gusta describir como un “scam”, es decir, una estafa que se basa en situaciones falsas de urgencia para obtener dinero o beneficios de las personas crédulas y descuidadas.

Por Rogelio Ríos Herrán


A Donald y Marco, los traviesos rusos les dieron gato por liebre con un “scam” de antología.

Con un ataque masivo de casi mil proyectiles, entre drones y misiles, dirigido el 24 de marzo en contra de ciudades y personas civiles en el centro y el oeste de Ucrania, Rusia empezó su “ofensiva de primavera”, cuyo objetivo es asegurar algunas poblaciones de valor estratégico -a cualquier costo humano en bajas- en la región de Donetsk, al oriente de Ucrania.

En la ciudad de Lviv, cerca de la frontera polaco ucraniana, las bombas rusas dañaron severamente una iglesia antigua que ha sido declarada patrimonio cultural de la humanidad por la UNESCO. Hubo muchos muertos, incluidos varios niños, entre la población civil.

El presidente ruso Vladimir Putin y su ministro del exterior, Sergei Lavrov, al dar la orden de ataque, consumaron una maniobra diplomática de engaño a los diplomáticos estadounidenses que me gusta describir como un “scam”, es decir, una estafa que se basa en situaciones falsas de urgencia para obtener dinero o beneficios de las personas crédulas y descuidadas.

¿En qué consistió el “scam” ruso que atrapó a la Casa Blanca?

Aprovechando la urgencia del presidente Trump por imponer su huella personal en la diplomacia mundial con el ataque conjunto entre Israel y Estados Unidos a Irán, los rusos mostraron su verdadera cara en Ucrania: su intervención en las negociaciones de paz auspiciadas por Trump fue un engaño para ganar tiempo y lanzar una nueva ofensiva militar el 24 de marzo.

A pesar de que el presidente ucraniano Zelensky y los aliados europeos de la OTAN advirtieron, una y otra vez, al presidente Trump y al secretario Rubio que los rusos los estaban engañando, no sólo no hicieron caso, sino que levantaron algunas sanciones a Rusia para la venta de su petróleo en vista de la disrupción del mercado petrolero mundial por el cierre del estrecho de Ormuz.

Ahora mismo, Rusia obtiene 150 millones de dólares diarios por la venta de ese petróleo (4 mil 500 mdd al mes) y, con ese respiro, lanzó su ofensiva de primavera.

Durante el encuentro entre los presidentes Trump y Putin en Alaska (agosto de 2025), Putin, siempre asesorado por el viejo lobo de mar Sergei Lavrov, jugó sus cartas a la perfección al decir que estaba “sinceramente interesado” en alcanzar la paz en Ucrania.

Durante su discurso en la Conferencia de Munich 2026, en febrero, el secretario Rubio dijo a los europeos que “somos parte de una civilización occidental” y que “estamos juntos” en la tarea de renovación y restauración del mundo, ni más ni menos.

“Estar juntos” no incluyó, un mes después, que los aliados europeos fueran consultados por Washington sobre el ataque a Irán.

La ironía del asunto es que el presidente Zelensky consintió que asesores militares ucranianos auxilien con su experiencia a sus contrapartes norteamericanas en la lucha contra los drones iraníes.

La situación bizarra es que Trump ayuda a Rusia con el petróleo en detrimento de Ucrania y sin importar que los rusos sean un aliado tradicional y cercano al gobierno de Irán, quien a su vez provee de drones iraníes al ejército ruso para asesinar ucranianos.

Parece un “scam” redondo, como quitarle un dulce a un niño o apoderarse del dinero de una anciana viuda, algo en lo cual los diplomáticos rusos son expertos.


 


Apple cambia de manzana

Por la escala planetaria de Apple y empresas tecnológicas similares, las categorías de los cargos en los sistemas políticos tradicionales y ...