martes, febrero 24, 2026

México no es un cártel

México no es un cártel. Acá, en las orillas de los intereses políticos, estratégicos y criminales (confundidos a veces en un solo interés), vivimos ignorados los mexicanos comunes y corrientes que no tenemos vela en el entierro. 

Por Rogelio Ríos Herrán


Como ciudadano residente en Monterrey, al norte de México, mi percepción sobre la captura del jefe del cártel más grande de México es diferente a la visión de las autoridades nacionales que lo exhiben como trofeo de cacería.

Me preocupan otras cuestiones muy distintas a las razones de Estado, beneficios políticos y razones geopolíticas.

Veamos:

  1. Nunca antes he visto que la captura de un alto jefe del narcotráfico se traduzca en la disminución real del poder de las organizaciones criminales o en la terminación de sus diversas actividades ilícitas, como la extorsión a negocios y personas, que sigue martirizando a los mexicanos. ¿Será esta vez la excepción a la regla?

  2. Está por verse si la captura del narcotraficante “más buscado de la historia” (de ese tamaño está la exageración retórica) será suficiente para aplacar la sed de Washington que, desde gobiernos anteriores, en mayor o menor medida, según el estilo de cada presidente estadounidense, nunca se satisface y pide más y más. En el pasado, nuestro vecino del norte se ha mostrado insaciable. ¿Será esta vez la excepción a la regla?

  3. Tras la captura del jefe del cártel, la reacción violenta de sus guardias paramilitares se hizo sentir en una docena de estados de la República en formas que atemorizaban a la población, y no se apaciguaron hasta que los delincuentes se cansaron o hicieron una tregua. Si se calculó el tamaño de la represalia desde el gobierno nacional, no lo sé. Lo que sí sé es que esta vez la regla se confirmó por sí sola: durante varias horas, la delincuencia desplegó su fuerza imparable por los pueblos y ciudades de México.

  4. Me enteré, con mucho pesar, de que el operativo militar sufrió bajas numerosas: 25 elementos de la Guardia Nacional asesinados en cumplimiento de su deber, además de tres personas más muertas (un agente de la fiscalía de Jalisco, un guardia privado y una mujer embarazada atrapada en el fuego cruzado). No, no hay nada qué celebrar ante un costo humano elevado e inaceptable, debido no sé si a una planeación deficiente o a un desdén por el costo en vidas con tal de cumplir los objetivos políticos. Es inútil pedir a este gobierno nacional o al Congreso de la Unión que se abra una investigación. Nunca escuchan nada. 

  5. Decir cosas como “el país está en paz” es una equivocación producto de la ansiedad del gobierno nacional ante el tamaño de la crisis desatada por el operativo militar. Jamás ha estado México en calma desde el principio de su existencia como país (1821), mucho menos ahora que los mexicanos pagamos las consecuencias de la permisividad del presidente López Obrador ante el desafío de las organizaciones criminales a su gobierno. No sólo es una equivocación decir que estamos en paz, sino un insulto a los soldados caídos y sus familias.

  6. ¿Podrá cubrir el gobierno nacional la seguridad de los mexicanos y extranjeros que asistan a los estadios de los juegos de la Copa Mundial FIFA 2026 en las ciudades de México, Guadalajara y Monterrey? ¿Está el gobierno nacional en capacidad de contener la violencia? No es una cuestión menor ni trivial, pues están en juego las vidas de muchas personas y la imagen de México en el exterior? ¿Usted le confiaría la seguridad de sus hijos en el Mundial a lo que dice Claudia Sheinbaum en las conferencias matutinas?

  7. Desde hace tiempo, varios amigos y conocidos me advirtieron que viajar por carretera desde Monterrey a Mazatlán o Guadalajara es muy peligroso. Ni ellos ni yo creemos que el “el país está en calma”. Ojalá algún día, para variar, las autoridades hablaran con la verdad.


México no es un cártel. Acá, en las orillas de los intereses políticos, estratégicos y criminales (confundidos a veces en un solo interés), vivimos ignorados los mexicanos comunes y corrientes que no tenemos vela en el entierro. 

Somos la confirmación de la regla: si no le sirves al poderoso, no sirves para nada.



viernes, febrero 20, 2026

USA: el mensaje desde Múnich

La noción de la supremacía de los intereses vitales de Estados Unidos sobre el orden mundial fundado en instituciones y reglas comunes, además de un cuerpo sólido de derecho internacional, puede analizarse desde México con preocupación.

Por Rogelio Ríos Herrán


Mientras los mexicanos celebraban en todo el país el Día del Amor y la Amistad, el secretario de estado y asesor de seguridad nacional de Estados Unidos, Marco Rubio, envió desde el corazón de Europa un mensaje urbi et orbi: su país marca el rumbo de la prosperidad para que el resto del mundo lo siga.

Durante su intervención en la Conferencia de Seguridad de Múnich, el 14 de febrero, Rubio logró dar al principio un mensaje en tono más conciliador y gentil con sus aliados europeos, pero la gentileza se fue agotando conforme avanzaba su discurso.

Las repercusiones de lo que Rubio dijo en Alemania son claras y precisas para México y América Latina, por lo cual vale la pena comentar algunas de ellas.

“Hoy estoy aquí para dejar claro que Estados Unidos está trazando el camino hacia un nuevo siglo de prosperidad y que, una vez más, queremos hacerlo junto a ustedes, nuestros queridos aliados y nuestros amigos más antiguos”, dijo el Secretario de Estado.

Aunque dirigido en primera instancia a sus “queridos aliados” y viejos amigos europeos, en México no podemos pasar por alto que, si así le habla Washington a sus amigos, el tono para sus vecinos geográficos, Canadá y México, como en la carambola de tres bandas, será duro y contundente: “follow the leader”, como la sabrosa canción de los Soca Boys.

Rubio no hizo referencias críticas a Rusia y su guerra de agresión contra Ucrania, pero marcó conceptualmente la postura de su gobierno en la escena internacional:


  1. “Ya no podemos anteponer el llamado orden mundial a los intereses vitales de nuestros pueblos y nuestras naciones”.

  2. “No necesitamos abandonar el sistema de cooperación internacional que creamos, ni desmantelar las instituciones mundiales… pero hay que reformarlas”.

  3. “No podemos seguir permitiendo que aquellos que amenazan de forma descarada a nuestros ciudadanos y ponen en peligro nuestra estabilidad global se escuden tras las abstracciones del derecho internacional”.

  4. “Este es el camino que han emprendido el presidente Trump y Estados Unidos. Es el camino al que pedimos que se unan aquí en Europa”.


La noción de la supremacía de los intereses vitales de Estados Unidos sobre el orden mundial fundado en instituciones y reglas comunes, además de un cuerpo sólido de derecho internacional, puede analizarse desde México con preocupación.

Un diplomático mexicano de la época posterior al fin de la segunda guerra mundial, Jorge G. Castañeda, quien participó en la creación del “orden mundial” que hoy critican Rubio y Trump, mencionaba en sus escritos que “el derecho es el arma del más débil”.

Referido a la escena internacional, el dicho de Castañeda resaltaba la importancia de los organismos internacionales como las Naciones Unidas y del derecho internacional público para aliviar la desigualdad abismal entre las naciones poderosas y las más débiles, como México.

Con todas las críticas a la ONU y su desempeño en la arena internacional, su desmantelamiento en favor de la acción directa de las grandes potencias a través de nuevos mecanismos de gestión internacional, controlados absolutamente por las grandes potencias, tendrá como consecuencia una mayor vulnerabilidad de México ante su vecino Estados Unidos, pero también ante los problemas globales que para cualquier país como el nuestro son un reto que no podemos superar si estamos aislados como país.

No solamente está en riesgo para México la continuidad del TMEC en sus términos actuales, sino algo más profundo: la erosión de la posición internacional de nuestro país como potencia media o, puesto en forma más coloquial: estamos en riesgo de salir de la clase media para entrar a la clase baja de la sociedad internacional, al quedar en calidad de una nación satélite de Washington.

Ante la inacción del gobierno nacional morenista en su política internacional y el desplazamiento de los miembros del servicio exterior de los puestos diplomáticos más importantes en favor de nombramientos políticos, las voces de alerta deben venir de la sociedad civil.

México, como miembro fundador activo de la Organización de las Naciones Unidas en 1945, defensor del derecho internacional durante décadas, luchador por el derecho del mar, y receptor de un Premio Nobel de la Paz en la persona de Alfonso García Robles (1982) por su lucha por la prohibición de armas nucleares en América Latina (Tratado de Tlatelolco), no puede cruzarse de brazos ante el desmantelamiento del orden mundial basado en normas e instituciones internacionales.

¿Quién pondrá el cascabel al gato?

 





jueves, febrero 19, 2026

'LOOK WHO´S BACK': HITLER HA VUELTO

A lo largo de las páginas del libro, saltaban a mis ojos las afinidades y similitudes del Hitler de regreso en Berlín con gobernantes o líderes de movimientos políticos y sociales que alrededor del planeta llevan como bandera la exclusión de los oponentes, la intolerancia a la crítica y el desprecio profundo por la democracia, los derechos humanos y el estado de derecho.

Por Rogelio Ríos Herrán


En cuanto terminé de leer la espléndida novela satírica “Ha vuelto”, del periodista y escritor alemán Timur Vermes, sobre el regreso inesperado e inexplicable de Adolf Hitler en Berlín en el verano de 2011, se reafirmó la primera impresión que tuve al empezar la lectura: el viejo dictador y demagogo alemán, victimario de millones de personas, regresó justo en el momento ideal para retomar su carisma.

No bromeo. Vermes tuvo éxito inmediato y masivo con su novela, publicada en 2012, con ventas de un millón de copias en la lengua alemana y traducciones a más de 40 idiomas.

En el mundo de principios del siglo 21 poblado de políticos demagogos y populistas que gobiernan algunos de los países más poderosos del mundo, Hitler no se siente solo ni rechazado.

Al contrario, la gente simpatiza con él, se identifica con sus opiniones extremas, su pensamiento exclusivo y su habilidad excelsa para la manipulación y la propaganda.

En un tono satírico que no decae a lo largo del relato, Vermes capturó certeramente el estado de ánimo de la sociedad alemana de descontento con los políticos, hartazgo de las fallas de los sistemas de salud y bienestar y dispuesta a abandonar, a la primera provocación, la corrección política y las ideas liberales.

A lo largo de las páginas del libro, saltaban a mis ojos las afinidades y similitudes del Hitler de regreso en Berlín con gobernantes o líderes de movimientos políticos y sociales que alrededor del planeta llevan como bandera la exclusión de los oponentes, la intolerancia a la crítica y el desprecio profundo por la democracia, los derechos humanos y el estado de derecho.

Don Adolfo se asombra de la facilidad con que su mera presencia en los medios electrónicos de comunicación provoca una ola de adhesiones y simpatías que se refleja en ratings elevadísimos y una audiencia entusiasta.

Algunos rasgos de corrección política y decencia humana persisten en un puñado de personas que interactúan con Hitler durante el relato, pero sus objeciones no resisten el contacto personal con él y son desechadas.

La normalización de la figura de Hitler en la sociedad alemana, europea y sofisticada, es un escenario que me pone la piel de gallina, pues lo que el viejo gobernante nazi representó en su momento en el mundo, no ha desaparecido del todo.

Basta un leve recordatorio de que Hitler está vivo, aunque todos piensen que es un actor quien lo representa, para abrir de nuevo la puerta a sus ideas y disponer el ánimo para escucharlo y adorarlo.

Las expresiones de Hitler sobre la supremacía de la raza aria se reciben como cosas que pueden decirse sin consecuencias. Sus frases de desprecio a los judíos, pasan como bromas. Sus ideas de sumisión de la mujer causan risas entre quienes lo escuchan, no el rechazo inmediato.

Timur Vermer logró en su primera novela tocar una fibra profunda de su sociedad: un tema prohibido en Alemania, las pláticas o referencias a Hitler, no tardó más de dos semanas para convertirse en motivo de atención nacional y aceptación pasiva y acrítica.

Desde México, un país que vive bajo un gobierno populista que confronta y divide a sus gobernados, y cuyo origen fue la aparición de un demagogo populista en la política, me doy cuenta que no estamos exentos del mal que Vermer anuncia en su novela: la presencia del populismo y la normalización de la pérdida de las libertades y derechos fundamentales.

Recuerdo que, cuando la novela de Vermer llegó a México, hace algunos años, los comentarios y reseñas que leí giraron en torno a la capacidad satírica del autor, no tanto del temible hecho de que vivimos en un contexto ideal para el retorno de los dictadores que creíamos borrados por siempre de la historia.

No es así. Ha vuelto, como en la novela de Vermer, nuestra peor pesadilla.

 

REFERENCIA BIBLIOGRÁFICA

e-book


Timor Vermes. Look who´s back. New York-London: MacLehose Press, 2015. Traductor: Jamie Bulloch. 


miércoles, febrero 18, 2026

Marco Rubio alecciona a Europa

Rubio es quizá el mejor orador en el gabinete del presidente Trump: no se enreda con las palabras, sí tiene idea de lo que está diciendo y elabora sus argumentos con buena cohesión durante su mensaje.

Por Rogelio Ríos Herrán


Entre los fundamentos de la fundación del proyecto comunitario que desembocó en la actual Unión Europea, destaca indudablemente el de la cesión de soberanía nacional en favor de una soberanía comunitaria que dio paso a la creación no sólo de un mercado común, sino de una gobernanza común ubicada por encima de las fronteras nacionales.

En un ejercicio de imaginación, si Estados Unidos fuera un estado nacional más con membresía en la Unión Europea y sujeto a sus normas, órganos de gobierno y tribunales comunitarios, no hubiera sufrido el deterioro político e institucional que hoy vive derivado de sucesivos cambios de gobierno que, sin supervisión externa alguna, debilitaron su democracia.

Sujeto a la posibilidad de sanciones comunitarias, sus políticas económicas y comerciales tendrían que haberse ceñido al marco regulatorio común que comparten los países miembros.

A cambio de ello, Estados Unidos se habría beneficiado del mercado común, los fondos comunitarios, los espacios de libre circulación de personas y mercancías, y no sufriría el sentimiento inexplicable de sentirse un pueblo excepcional en el mundo.

Todo esto vino a mi mente mientras leía y escuchaba el discurso de Marco Rubio, Secretario de Estado norteamericano, durante su presentación en la Conferencia de Seguridad de Múnich el 14 de febrero.

Rubio es quizá el mejor orador en el gabinete del presidente Trump: no se enreda con las palabras, sí tiene idea de lo que está diciendo y elabora sus argumentos con buena cohesión durante su mensaje.

El tono tranquilizador de su “speech” fue bien recibido por el público europeo en un momento en que se viven tensiones fuertes en el seno de la OTAN (por el asunto de Groenlandia) y por el choque de visiones entre el actual gobierno de Estados Unidos y la Unión Europea en temas comerciales y los relativos a la guerra de agresión rusa a Ucrania.

“Hoy estoy aquí para dejar claro que Estados Unidos está trazando el camino hacia un nuevo siglo de prosperidad y que, una vez más, queremos hacerlo junto a ustedes, nuestros queridos aliados y nuestros amigos más antiguos… queremos hacerlo junto a ustedes, con una Europa orgullosa de su patrimonio y de su historia”, expresó Rubio al final de su discurso.

Al empezar a leer su texto, sin embargo, sus referencias  a la “cesión de soberanía” como un error o, por otra parte, al “orden internacional basado en las normas” y al “derecho internacional” como equivocaciones históricas, me dejaron sorprendido.

Rubio trató de elaborar en esos términos las posiciones del presidente Trump en su política exterior multilateral y en la enfocada a Europa, pero fue la parte de su oratoria en la que pisó terreno pantanoso.

¿Por qué habría de insinuar el representante diplomático de más alto nivel de Estados Unidos que la vía a la prosperidad conjunta de su país y sus aliados europeos no es el multilateralismo (ONU), ni un proyecto comunitario (Unión Europea), sino la recuperación de la primacía de la soberanía nacional?

Al secretario Rubio le faltó quizá asesoría en los temas históricos -y algunas buenas lecturas- antes de ir a Munich aleccionar a los europeos sobre que ha llegado la hora, en el reloj de Washington, de tirar más de 70 años de historia comunitaria europea por la borda.

Veamos:


  1. Las Naciones Unidas siguen teniendo un enorme potencial para ser una herramienta de bien en el mundo. Pero no podemos ignorar que hoy en día, en los asuntos más importantes que se nos plantean, no tienen respuestas y prácticamente no han desempeñado ningún papel”.

  2. “Ya no podemos anteponer el llamado orden mundial a los intereses vitales de nuestros pueblos y nuestras naciones. No necesitamos abandonar el sistema de cooperación internacional que creamos, ni desmantelar las instituciones mundiales del antiguo orden internacional que construímos juntos. Pero hay que reformarlas. Hay que reconstruirlas.”

  3. “No podemos seguir permitiendo que aquellos que amenazan de forma descarada y abierta a nuestros ciudadanos y ponen en peligro nuestra estabilidad global se escuden tras las abstracciones del derecho internacional que ellos mismos infringen habitualmente.”

  4. “Este es el camino que han emprendido el presidente Trump y Estados Unidos. Es el camino al que pedimos que se unan aquí en Europa.”


Una cosa que se agradece a Marco Rubio es su claridad de intenciones: es Europa la que debe unirse al camino de Estados Unidos, para lo cual debe deshacerse de “la abstracción del derecho internacional” y dejar de “anteponer el llamado orden mundial a los intereses de nuestros pueblos”.

Es un precio muy alto, en mi opinión, el que demanda Washington a los aliados europeos.

¿Cómo va a responder Europa a la propuesta política de Rubio?







viernes, febrero 13, 2026

¿Semana laboral de 40 horas o 996?

Una vez más, como es el sello de la casa en Morena, vamos para atrás, como los cangrejos: en el mundo, señores morenistas, en los países de mayor avance económico se trabaja más horas, no menos; es decir, el trabajo es intenso y las jornadas largas: la semana 996.

Por Rogelio Ríos Herrán


Mientras el mundo gira a un ritmo ultra competitivo en las economías y el avance de la inteligencia artificial impacta profundamente en la composición del mercado laboral sustituyendo empleos que pertenecían a personas, en México se le ocurrió a la presidente Sheinbaum y a los senadores y diputados morenistas impulsar la aprobación de la semana de trabajo de 40 horas.

Una vez más, como es el sello de la casa en Morena, vamos para atrás, como los cangrejos: en el mundo, señores morenistas, en los países de mayor avance económico se trabaja más horas, no menos; es decir, el trabajo es intenso y las jornadas largas: la semana 996.

En una nota reciente de la reportera Lora Kelly (New York Times), ella mencionaba que la semana 996, cuyo origen se ubica en el sector tecnológico chino, es una práctica que gana terreno en Silicon Valley, California.

La semana 996 significa trabajar seis días de la semana de 9 de la mañana a 9 de la noche, dejando un día para descansar. La suma son ¡72 horas!

Es tan intensa la devoción de los “techies” programadores chinos al trabajo duro en un sector económico de intensa competencia, que en el año 2021 un tribunal supremo chino prohibió a los empresarios obligar a trabajar a sus empleados 72 horas semanales.

No obstante, empresarios como Jack Ma, fundador de Alibaba, consideran a la semana de 72 horas como “una gran bendición”, si bien hay crecientes críticas en China a esa cultura de trabajo de alta densidad.

“Eso no ha impedido que los trabajadores tecnológicos de California se obsesionen con este planteamiento y publiquen sobre él sin parar en X y LinkedIn”, nos dice Kelly.

No es aún una práctica general, pero algunas empresas ponen en las descripciones de sus puestos de trabajo que esperan semanas laborales de más de 70 horas en el sector tecnológico.

Los grandes inconvenientes para la vida personal y social de estas prácticas de trabajo bárbaras, no son obstáculo para chinos y californianos que intuyen, casi olfatean, que en el sector tecnológico -mediante el trabajo duro- está el camino para su retribución profesional.

“La idea de que los trabajadores tecnológicos aborden su trabajo con una devoción intensa, a veces casi religiosa, es parte del ADN de la cultura de Silicon Valley”, expresa la socióloga Carolyn Chen (UC en Berkley) para el New York Times.

Concuerdo con Lora Kelley cuando menciona en su nota que “los incentivos son inmensos para las personas que tienen la astucia y la suerte de participar en el comienzo de una gran idea y están dispuestos y son capaces de trabajar sin parar. La reciente oleada de asombrosas inversiones en IA significa que las riquezas futuras son aún más tentadoras.”

Cuando nos venden los senadores y diputados morenistas, empujados por Sheinbaum, una semana laboral de 40 horas como “la primavera laboral de la Cuarta Transformación” (frase cursi de un senador morenista), y comparamos esto con las tendencias laborales en las economías más competitivas del mundo, dan ganas de llorar ante la ignorancia morenista.

La senadora Amalia García (Movimiento Ciudadano), acotó que “de lo que se trata es de reducir la semana laboral a 40 horas y explícitamente garantizar dos días de descanso y no aumentar el umbral de horas extras”, como si viviéramos en Dinamarca.

La falta de estudio, comprensión y adaptación a las tendencias del mundo (el sello de la casa morenista) se refleja en una iniciativa de reforma laboral que, montada en el argumento de la “justicia social”, agrega un obstáculo de gran peso al avance del mercado laboral mexicano hacia niveles competitivos internacionales.

Ni siquiera en horas extras dejarán los morenistas que el empleado o trabajador decida qué hacer, pues para eso está el Estado paternalista que en todo interviene con regulaciones absurdas.

Para concluir, le apuesto doble contra sencillo que difícilmente junta un senador o diputado federal morenista al menos 40 horas de trabajo a la semana, cuando esperaríamos de ellos no menos de 72 horas, como los chinos. Para eso les pagamos.


@RiosH60




miércoles, febrero 11, 2026

SIN EMPATÍA PARA LAS VÍCTIMAS

Cada día me siento más decepcionado por la incapacidad del gobierno nacional de ofrecer un nivel mínimo de seguridad a las personas, además de su falta de rendición de cuentas ante la evidencia de la corrupción que aqueja al Movimiento de Regeneración Nacional.

Por Rogelio Ríos Herrán


La empatía es el bien escaso de nuestra época. Sin ella, el sufrimiento ajeno se hace normal para los gobernantes en medio de su complaciente indiferencia.

Las reacciones de las autoridades mexicanas, desde las nacionales a las municipales, son de cajón, es decir, estandarizadas para eludir responsabilidades cuando se presenta información ante los medios de comunicación.

También de cajón es la falta de información a las familias de las víctimas mortales de atrocidades, asaltos, desapariciones y secuestros colectivos: diez ingenieros y empleados mineros en Sinaloa; once personas asesinadas en un campo de fútbol dominguero en Salamanca, pero los familiares no merecen el respeto a su dolor y dignidad ni el cumplimiento de su derecho a la información.

En el púlpito nacional, la conferencia matutina presidencial en Palacio Nacional, el rito de la elusión de responsabilidades y de distorsión de la información de los gobernantes se cumple a cabalidad.

Los mineros fueron confundidos por los grupos criminales, nos dice un alto funcionario de seguridad pública, quien se pone a elucubrar con hipótesis en una investigación en curso, mientras los familiares siguen en la sombra de la desesperación y la desinformación.

Nula empatía, cero sensibilidad y carencia absoluta de decencia de quienes, desde el gobierno, se comportan y hablan con desparpajo burocrático.

¿Qué pasa con la presidenta Sheinbaum? No lo sé. Yo esperaba que, aun siendo crítico de ella y su forma de llegar al poder, como la mujer que ocupa por primera vez el cargo, habría de aplaudir que ella rompiera la muralla de la indiferencia con los mexicanos que sufren y se sienten abandonados por sus gobernantes, y mostrara empatía, calor humano.

Hasta el momento, mis expectativas no se han cumplido. Cada día me siento más decepcionado por la incapacidad del gobierno nacional de ofrecer un nivel mínimo de seguridad a las personas, además de su falta de rendición de cuentas ante la evidencia de la corrupción que aqueja al Movimiento de Regeneración Nacional.

La acción del gobierno federal no se aprecia en los hechos, más allá de lo que se habla y anuncian las conferencias matutinas en Palacio Nacional.

Bajo la espectacularidad de los anuncios de detenciones de criminales y extradiciones supuestamente irregulares de narcotraficantes a Estados Unidos, se oculta el hecho de que esos actos son apenas rasguños a una estructura criminal que sigue teniendo control territorial efectivo en regiones del país.

Los indicadores económicos revelan con crudeza el estancamiento de la economía y la inutilidad de la política económica seguida por el actual gobierno, lo cual echa por tierra el triunfalismo retórico del gobierno morenista.

El tono del ambiente político nacional es el de la cerrazón y el exclusivismo del partido gobernante, desde el cual no se dialoga con persona u organización alguna que no sea incondicional de Morena.

Tal como heredó de López Obrador la arrogancia de gobernar sólo para él y su movimiento político, Claudia Sheinbaum ha repetido fielmente la receta del partido único que sufre un caso severo de sordera autoritaria.

De la arrogancia política y la indiferencia al sufrimiento ajeno deriva la falta de empatía de los morenistas más duros, empezando por Sheinbaum, hacia una población mexicana que, a nivel del suelo, vive una de las épocas más violentas de que se tenga noticia en México.

Me duele constatar que la primera mujer presidente de la república no ha estado, después de un año de gobierno, a la altura del cargo ni ha llegado a la estatura de estadista.

Yo hablo de la arrogancia de los morenistas porque antes viví la arrogancia de los priistas y panistas que los antecedieron. Nunca, sin embargo, la soberbia del poder alcanzó antes los niveles y la extensión a los que llegaron López Obrador, primero, y Claudia Sheinbaum, después.

Lo de hoy es inaudito: una combinación de ineptitud, arrogancia y corrupción que se refleja en una gobernanza mediocre de México en manos de los morenistas, la nueva aristocracia de la política mexicana.

¿Hacia dónde va México en este barco sin timonel?


viernes, febrero 06, 2026

San Antonio sin ICE

En “San Antonio sin ICE”, como escuché en la calle, cada viaje sirve para comprobar que la ciudad sigue creciendo, construyendo infraestructura vial, conservando limpias las calles y, en general, con ciudadanos y automovilistas respetuosos de la ley y el orden.

Por Rogelio Ríos Herrán


Me bastó un viaje familiar corto a San Antonio, Texas, durante la semana que termina, para constatar lo que he escuchado decir de amigos o conocidos que estuvieron de viaje, o vivieron en el extranjero, y vuelven a la patria con sentimientos encontrados.

Todos ellos, ricos, pobres o clasemedieros, han visto el mundo y, al regresar, no pueden evitar el sentimiento de desencanto al ver que, como país, nos vamos quedando atrás.

¿Atrás de qué?, me preguntarán algunos de ustedes con justa razón. Si México es nuestra patria y el hogar de nuestras familias, el sitio en que descansan en paz nuestros padres y familiares, ¿qué necesitamos andar comparando lo que tenemos con lo de otros países?

Antes de contestar, les describo, por si lo olvidaron o no quisieron ver, que el cruce fronterizo de Laredo, Texas, a Nuevo Laredo, Tamaulipas, es una escena de película de descenso a niveles inferiores de país.

Las instalaciones de la Aduana en el puente, las actitudes de los elementos de la Guardia Nacional, las extorsiones a la luz del día de quienes traen camionetas con equipaje o personas (no nos afectó a nosotros, afortunadamente), son el comienzo.

Sin seguir protocolos ni adoptar la actitud de servicio hacia el ciudadano, con mala cara y pésimo trato, los guardias nacionales intimidan y atemorizan con su sola presencia.

La salida inmediata de la Aduana es hacia una calle estrecha, llena de baches. Es una calle de barrio, sin vigilancia y poblada de personas y vehículos que, por lo menos, no inspiran confianza ni para bajar el vidrio de una ventanilla.

El bulevar conecta, después de unos kilómetros en los que el conductor debe cuidarse del acecho de los policías municipales que andan “taloneando el varo”, como dicen en la CDMX, y se arrojan sobre cualquier vehículo con placas foráneas.

Si usted libró todo esto sin daño alguno y ya va por la carretera federal hacia Monterrey, espere un momento. Todavía debe pasar, en el kilómetro 26, las instalaciones recientes, pero ruinosas (¿cómo le hicieron para deteriorarlas así en pocos años?), de lo que queda de la garita aduanal.

De nuevo, la Guardia Nacional parece, desde lejos, un piquete de facinerosos salidos de las películas de Mad Max, quienes ponen conos naranjas en el camino y, con sus armas pesadas en mano, te miran como si uno fuera el delincuente más peligroso de la región disfrazado de padre de familia.

Todo eso entre baches, bordos y desniveles en la carretera. A los costados de la ruta, decenas de camiones y tráileres bloquean los acotamientos y accesos a gasolineras y negocios, sin orden alguno y sin vigilancia a la vista.

Antes de llegar a la conexión a la autopista, es preciso tener una destreza como la de Checo Pérez para sortear las maniobras descuidadas de traileros y automovilistas que no respetan límites de velocidad, cambios de carril ni nada, sólo marchan al grito de “¡golpe avisa!”.

La cereza en el pastel del viaje de regreso fue un accidente de camiones (otro más) casi al terminar la autopista a Monterrey, a la altura de Salinas Victoria, que bloqueaba el camino. Para escapar del atorón vial, tomamos una carretera vecinal hacia Salinas Victoria y Escobedo, una que conecta con la carretera a Colombia.

Había oscurecido y, aunque a lo largo del camino había postes de alumbrado público durante varios kilómetros, ninguna, repito, ninguna de las luces estaba encendida.

Así que íbamos de noche por un camino lleno de baches, sin carriles ni señalamientos marcados, sin alumbrado público, lleno de camiones y autos con conductores fastidiados y, además, con desviaciones por obras de construcción de pasos a desnivel sin señalamientos ni avisos.

Las comparaciones no son odiosas, sino una forma de resistencia a la degradación de la vida de los mexicanos y sus ciudades; las considero absolutamente indispensables para ubicar en qué país vivimos en realidad.

En “San Antonio sin ICE”, como escuché en la calle, cada viaje sirve para comprobar que la ciudad sigue creciendo, construyendo infraestructura vial, conservando limpias las calles y, en general, con ciudadanos y automovilistas respetuosos de la ley y el orden.

Viajar y conocer el mundo, a cualquier nivel socioeconómico que se haga, es la única forma de rechazar lo inaceptable: quedar condenados a la mediocridad de la vida cívica, a padecer gobiernos ineficientes y corruptos, a que los policías, guardias nacionales y militares te vigilan desde las miras de sus fusiles.

No, nada de eso es normal, ni lo será jamás. Ay de nosotros si no nos damos cuenta y no hacemos, desde ahora, algo al respecto.

Hoy, la mediocridad y la corrupción tienen las siglas de MORENA (Movimiento de Regeneración Nacional), como antes hubo otras siglas.

¿A esta clase de país incivilizado nos van a condenar los morenistas?



México no es un cártel

México no es un cártel. Acá, en las orillas de los intereses políticos, estratégicos y criminales (confundidos a veces en un solo interés), ...