El gobierno morenista de Sheinbaum, que tiene pretensiones de superioridad moral, se coloca del lado de los agresores y verdugos en la guerra de agresión rusa contra Ucrania.
Por Rogelio Ríos Herrán
Mientras las bombardeos indiscriminados de Rusia contra la población civil en las ciudades ucranianas se volvían implacables, el gobierno de México saludaba amablemente al ministro ruso de asuntos exteriores en la reunión reciente de la ONU en Nueva York.
En tanto el gobierno de Zelensky lanzó un S.O.S. al resto del mundo para ayudar a Ucrania a combatir la agresión rusa en su territorio, Claudia Sheinbaum no abordó siquiera el tema en las conferencias de prensa matutinas.
Vladimir Putin ha enviado escuadrones de sabotaje a los países europeos que lo sancionaron e inició la campaña masiva de propaganda “Rusia no es mi enemigo” en Europa.
Según estimaciones del estado mayor del ejército ucraniano, las fuerzas armadas rusas han perdido en combate a aproximadamente 1.5 millones de soldados rusos, entre muertos y heridos de gravedad.
El patrimonio cultural de Ucrania ha sido atacado con singular saña por las bombas rusas.
El “safari humano” de los drones rusos en algunas ciudades ucranianas, es decir, la cacería directa de civiles en las calles para asesinarlos, sigue en marcha pese a las condenas mundiales (excepto la de México).
Rusia recibe apoyo de países aliados en su esfuerzo de guerra: envía petróleo a China e India, recibe misiles y soldados de Corea del Norte, usa drones iraníes contra civiles ucranianos, pero el gobierno mexicano expresa su “neutralidad” ante la invasión rusa a Ucrania.
El gobierno morenista de Sheinbaum, que tiene pretensiones de superioridad moral, se coloca del lado de los agresores y verdugos en la guerra de agresión rusa contra Ucrania.
Un pelotón de soldados rusos desfiló frente a Palacio Nacional el 16 de septiembre de 2023 a invitación del entonces presidente López Obrador.
La política exterior mexicana de la Cuarta Transformación se encuentra en su punto más bajo posible en décadas.
Sin rumbo ni estrategia a mediano plazo o siquiera una idea clara de cómo se defienden los intereses de la nación mexicana, ha llegado a un callejón sin salida.
Con Rusia, el gobierno mexicano muestra condescendencia y fraternidad con la dictadura cruel e inhumana de Vladimir Putin.
Frente a las atrocidades de Daniel Ortega en Nicaragua, el gobierno mexicano se negó a condenarlo desde el seno de la Organización de Estados Americanos.
Cuando la ONU ofreció apoyo y asesoría institucional al gobierno de Sheinbaum para abordar a fondo el grave problema de las personas desaparecidas en México, Sheinbaum rechazó la oferta.
Cuando Donald Trump señaló ante la Asamblea General de la ONU que México era el epicentro del narcotráfico en América Latina, los diplomáticos mexicanos quedaron pasmados.
Rocha Moya y los funcionarios de Sinaloa acusados desde una corte federal de Nueva York siguen gozando de impunidad a un costo político exterior elevadísimo para Sheinbaum.
No me extraña que respecto a Ucrania, el gobierno mexicano no alcance a percibir -por ceguera ideológica- que la agresión rusa a ese país es un ataque vil a la democracia en todo el mundo.
Cada día hay bombardeos rusos a ciudades ucranianas y sus pobladores.
Los misiles y drones rusos golpean escuelas, hospitales, catedrales, academias de ciencias, almacenes comerciales y autobuses urbanos de ruta.
La estrategia rusa planea destruir instalaciones eléctricas, vías de ferrocarril, depósitos de agua potable y centros de salud ante la inminente llegada del invierno.
Desde el Palacio Nacional, sin embargo, no hay más que silencio ante las masacres rusas.
El silencio de México es la forma siniestra de la complicidad.
¿Qué hace México del lado de Rusia?
@Rios60H