jueves, febrero 19, 2026

'LOOK WHO´S BACK': HITLER HA VUELTO

A lo largo de las páginas del libro, saltaban a mis ojos las afinidades y similitudes del Hitler de regreso en Berlín con gobernantes o líderes de movimientos políticos y sociales que alrededor del planeta llevan como bandera la exclusión de los oponentes, la intolerancia a la crítica y el desprecio profundo por la democracia, los derechos humanos y el estado de derecho.

Por Rogelio Ríos Herrán


En cuanto terminé de leer la espléndida novela satírica “Ha vuelto”, del periodista y escritor alemán Timur Vermes, sobre el regreso inesperado e inexplicable de Adolf Hitler en Berlín en el verano de 2011, se reafirmó la primera impresión que tuve al empezar la lectura: el viejo dictador y demagogo alemán, victimario de millones de personas, regresó justo en el momento ideal para retomar su carisma.

No bromeo. Vermes tuvo éxito inmediato y masivo con su novela, publicada en 2012, con ventas de un millón de copias en la lengua alemana y traducciones a más de 40 idiomas.

En el mundo de principios del siglo 21 poblado de políticos demagogos y populistas que gobiernan algunos de los países más poderosos del mundo, Hitler no se siente solo ni rechazado.

Al contrario, la gente simpatiza con él, se identifica con sus opiniones extremas, su pensamiento exclusivo y su habilidad excelsa para la manipulación y la propaganda.

En un tono satírico que no decae a lo largo del relato, Vermes capturó certeramente el estado de ánimo de la sociedad alemana de descontento con los políticos, hartazgo de las fallas de los sistemas de salud y bienestar y dispuesta a abandonar, a la primera provocación, la corrección política y las ideas liberales.

A lo largo de las páginas del libro, saltaban a mis ojos las afinidades y similitudes del Hitler de regreso en Berlín con gobernantes o líderes de movimientos políticos y sociales que alrededor del planeta llevan como bandera la exclusión de los oponentes, la intolerancia a la crítica y el desprecio profundo por la democracia, los derechos humanos y el estado de derecho.

Don Adolfo se asombra de la facilidad con que su mera presencia en los medios electrónicos de comunicación provoca una ola de adhesiones y simpatías que se refleja en ratings elevadísimos y una audiencia entusiasta.

Algunos rasgos de corrección política y decencia humana persisten en un puñado de personas que interactúan con Hitler durante el relato, pero sus objeciones no resisten el contacto personal con él y son desechadas.

La normalización de la figura de Hitler en la sociedad alemana, europea y sofisticada, es un escenario que me pone la piel de gallina, pues lo que el viejo gobernante nazi representó en su momento en el mundo, no ha desaparecido del todo.

Basta un leve recordatorio de que Hitler está vivo, aunque todos piensen que es un actor quien lo representa, para abrir de nuevo la puerta a sus ideas y disponer el ánimo para escucharlo y adorarlo.

Las expresiones de Hitler sobre la supremacía de la raza aria se reciben como cosas que pueden decirse sin consecuencias. Sus frases de desprecio a los judíos, pasan como bromas. Sus ideas de sumisión de la mujer causan risas entre quienes lo escuchan, no el rechazo inmediato.

Timur Vermer logró en su primera novela tocar una fibra profunda de su sociedad: un tema prohibido en Alemania, las pláticas o referencias a Hitler, no tardó más de dos semanas para convertirse en motivo de atención nacional y aceptación pasiva y acrítica.

Desde México, un país que vive bajo un gobierno populista que confronta y divide a sus gobernados, y cuyo origen fue la aparición de un demagogo populista en la política, me doy cuenta que no estamos exentos del mal que Vermer anuncia en su novela: la presencia del populismo y la normalización de la pérdida de las libertades y derechos fundamentales.

Recuerdo que, cuando la novela de Vermer llegó a México, hace algunos años, los comentarios y reseñas que leí giraron en torno a la capacidad satírica del autor, no tanto del temible hecho de que vivimos en un contexto ideal para el retorno de los dictadores que creíamos borrados por siempre de la historia.

No es así. Ha vuelto, como en la novela de Vermer, nuestra peor pesadilla.

 

REFERENCIA BIBLIOGRÁFICA

e-book


Timor Vermes. Look who´s back. New York-London: MacLehose Press, 2015. Traductor: Jamie Bulloch. 


miércoles, febrero 18, 2026

Marco Rubio alecciona a Europa

Rubio es quizá el mejor orador en el gabinete del presidente Trump: no se enreda con las palabras, sí tiene idea de lo que está diciendo y elabora sus argumentos con buena cohesión durante su mensaje.

Por Rogelio Ríos Herrán


Entre los fundamentos de la fundación del proyecto comunitario que desembocó en la actual Unión Europea, destaca indudablemente el de la cesión de soberanía nacional en favor de una soberanía comunitaria que dio paso a la creación no sólo de un mercado común, sino de una gobernanza común ubicada por encima de las fronteras nacionales.

En un ejercicio de imaginación, si Estados Unidos fuera un estado nacional más con membresía en la Unión Europea y sujeto a sus normas, órganos de gobierno y tribunales comunitarios, no hubiera sufrido el deterioro político e institucional que hoy vive derivado de sucesivos cambios de gobierno que, sin supervisión externa alguna, debilitaron su democracia.

Sujeto a la posibilidad de sanciones comunitarias, sus políticas económicas y comerciales tendrían que haberse ceñido al marco regulatorio común que comparten los países miembros.

A cambio de ello, Estados Unidos se habría beneficiado del mercado común, los fondos comunitarios, los espacios de libre circulación de personas y mercancías, y no sufriría el sentimiento inexplicable de sentirse un pueblo excepcional en el mundo.

Todo esto vino a mi mente mientras leía y escuchaba el discurso de Marco Rubio, Secretario de Estado norteamericano, durante su presentación en la Conferencia de Seguridad de Múnich el 14 de febrero.

Rubio es quizá el mejor orador en el gabinete del presidente Trump: no se enreda con las palabras, sí tiene idea de lo que está diciendo y elabora sus argumentos con buena cohesión durante su mensaje.

El tono tranquilizador de su “speech” fue bien recibido por el público europeo en un momento en que se viven tensiones fuertes en el seno de la OTAN (por el asunto de Groenlandia) y por el choque de visiones entre el actual gobierno de Estados Unidos y la Unión Europea en temas comerciales y los relativos a la guerra de agresión rusa a Ucrania.

“Hoy estoy aquí para dejar claro que Estados Unidos está trazando el camino hacia un nuevo siglo de prosperidad y que, una vez más, queremos hacerlo junto a ustedes, nuestros queridos aliados y nuestros amigos más antiguos… queremos hacerlo junto a ustedes, con una Europa orgullosa de su patrimonio y de su historia”, expresó Rubio al final de su discurso.

Al empezar a leer su texto, sin embargo, sus referencias  a la “cesión de soberanía” como un error o, por otra parte, al “orden internacional basado en las normas” y al “derecho internacional” como equivocaciones históricas, me dejaron sorprendido.

Rubio trató de elaborar en esos términos las posiciones del presidente Trump en su política exterior multilateral y en la enfocada a Europa, pero fue la parte de su oratoria en la que pisó terreno pantanoso.

¿Por qué habría de insinuar el representante diplomático de más alto nivel de Estados Unidos que la vía a la prosperidad conjunta de su país y sus aliados europeos no es el multilateralismo (ONU), ni un proyecto comunitario (Unión Europea), sino la recuperación de la primacía de la soberanía nacional?

Al secretario Rubio le faltó quizá asesoría en los temas históricos -y algunas buenas lecturas- antes de ir a Munich aleccionar a los europeos sobre que ha llegado la hora, en el reloj de Washington, de tirar más de 70 años de historia comunitaria europea por la borda.

Veamos:


  1. Las Naciones Unidas siguen teniendo un enorme potencial para ser una herramienta de bien en el mundo. Pero no podemos ignorar que hoy en día, en los asuntos más importantes que se nos plantean, no tienen respuestas y prácticamente no han desempeñado ningún papel”.

  2. “Ya no podemos anteponer el llamado orden mundial a los intereses viales de nuestros pueblos y nuestras naciones. No necesitamos abandonar el sistema de cooperación internacional que creamos, ni desmantelar las instituciones mundiales del antiguo orden internacional que construímos juntos. Pero hay que reformarlas. Hay que reconstruirlas.”

  3. “No podemos seguir permitiendo que aquellos que amenazan de forma descarada y abierta a nuestros ciudadanos y ponen en peligro nuestra estabilidad global se escuden tras las abstracciones del derecho internacional que ellos mismos infringen habitualmente.”

  4. “Este es el camino que han emprendido el presidente Trump y Estados Unidos. Es el camino al que pedimos que se unan aquí en Europa.”


Una cosa que se agradece a Marco Rubio es su claridad de intenciones: es Europa la que debe unirse al camino de Estados Unidos, para lo cual debe deshacerse de “la abstracción del derecho internacional” y dejar de “anteponer el llamado orden mundial a los intereses de nuestros pueblos”.

Es un precio muy alto, en mi opinión, el que demanda Washington a los aliados europeos.

¿Cómo va a responder Europa a la propuesta política de Rubio?







viernes, febrero 13, 2026

¿Semana laboral de 40 horas o 996?

Una vez más, como es el sello de la casa en Morena, vamos para atrás, como los cangrejos: en el mundo, señores morenistas, en los países de mayor avance económico se trabaja más horas, no menos; es decir, el trabajo es intenso y las jornadas largas: la semana 996.

Por Rogelio Ríos Herrán


Mientras el mundo gira a un ritmo ultra competitivo en las economías y el avance de la inteligencia artificial impacta profundamente en la composición del mercado laboral sustituyendo empleos que pertenecían a personas, en México se le ocurrió a la presidente Sheinbaum y a los senadores y diputados morenistas impulsar la aprobación de la semana de trabajo de 40 horas.

Una vez más, como es el sello de la casa en Morena, vamos para atrás, como los cangrejos: en el mundo, señores morenistas, en los países de mayor avance económico se trabaja más horas, no menos; es decir, el trabajo es intenso y las jornadas largas: la semana 996.

En una nota reciente de la reportera Lora Kelly (New York Times), ella mencionaba que la semana 996, cuyo origen se ubica en el sector tecnológico chino, es una práctica que gana terreno en Silicon Valley, California.

La semana 996 significa trabajar seis días de la semana de 9 de la mañana a 9 de la noche, dejando un día para descansar. La suma son ¡72 horas!

Es tan intensa la devoción de los “techies” programadores chinos al trabajo duro en un sector económico de intensa competencia, que en el año 2021 un tribunal supremo chino prohibió a los empresarios obligar a trabajar a sus empleados 72 horas semanales.

No obstante, empresarios como Jack Ma, fundador de Alibaba, consideran a la semana de 72 horas como “una gran bendición”, si bien hay crecientes críticas en China a esa cultura de trabajo de alta densidad.

“Eso no ha impedido que los trabajadores tecnológicos de California se obsesionen con este planteamiento y publiquen sobre él sin parar en X y LinkedIn”, nos dice Kelly.

No es aún una práctica general, pero algunas empresas ponen en las descripciones de sus puestos de trabajo que esperan semanas laborales de más de 70 horas en el sector tecnológico.

Los grandes inconvenientes para la vida personal y social de estas prácticas de trabajo bárbaras, no son obstáculo para chinos y californianos que intuyen, casi olfatean, que en el sector tecnológico -mediante el trabajo duro- está el camino para su retribución profesional.

“La idea de que los trabajadores tecnológicos aborden su trabajo con una devoción intensa, a veces casi religiosa, es parte del ADN de la cultura de Silicon Valley”, expresa la socióloga Carolyn Chen (UC en Berkley) para el New York Times.

Concuerdo con Lora Kelley cuando menciona en su nota que “los incentivos son inmensos para las personas que tienen la astucia y la suerte de participar en el comienzo de una gran idea y están dispuestos y son capaces de trabajar sin parar. La reciente oleada de asombrosas inversiones en IA significa que las riquezas futuras son aún más tentadoras.”

Cuando nos venden los senadores y diputados morenistas, empujados por Sheinbaum, una semana laboral de 40 horas como “la primavera laboral de la Cuarta Transformación” (frase cursi de un senador morenista), y comparamos esto con las tendencias laborales en las economías más competitivas del mundo, dan ganas de llorar ante la ignorancia morenista.

La senadora Amalia García (Movimiento Ciudadano), acotó que “de lo que se trata es de reducir la semana laboral a 40 horas y explícitamente garantizar dos días de descanso y no aumentar el umbral de horas extras”, como si viviéramos en Dinamarca.

La falta de estudio, comprensión y adaptación a las tendencias del mundo (el sello de la casa morenista) se refleja en una iniciativa de reforma laboral que, montada en el argumento de la “justicia social”, agrega un obstáculo de gran peso al avance del mercado laboral mexicano hacia niveles competitivos internacionales.

Ni siquiera en horas extras dejarán los morenistas que el empleado o trabajador decida qué hacer, pues para eso está el Estado paternalista que en todo interviene con regulaciones absurdas.

Para concluir, le apuesto doble contra sencillo que difícilmente junta un senador o diputado federal morenista al menos 40 horas de trabajo a la semana, cuando esperaríamos de ellos no menos de 72 horas, como los chinos. Para eso les pagamos.


@RiosH60




miércoles, febrero 11, 2026

SIN EMPATÍA PARA LAS VÍCTIMAS

Cada día me siento más decepcionado por la incapacidad del gobierno nacional de ofrecer un nivel mínimo de seguridad a las personas, además de su falta de rendición de cuentas ante la evidencia de la corrupción que aqueja al Movimiento de Regeneración Nacional.

Por Rogelio Ríos Herrán


La empatía es el bien escaso de nuestra época. Sin ella, el sufrimiento ajeno se hace normal para los gobernantes en medio de su complaciente indiferencia.

Las reacciones de las autoridades mexicanas, desde las nacionales a las municipales, son de cajón, es decir, estandarizadas para eludir responsabilidades cuando se presenta información ante los medios de comunicación.

También de cajón es la falta de información a las familias de las víctimas mortales de atrocidades, asaltos, desapariciones y secuestros colectivos: diez ingenieros y empleados mineros en Sinaloa; once personas asesinadas en un campo de fútbol dominguero en Salamanca, pero los familiares no merecen el respeto a su dolor y dignidad ni el cumplimiento de su derecho a la información.

En el púlpito nacional, la conferencia matutina presidencial en Palacio Nacional, el rito de la elusión de responsabilidades y de distorsión de la información de los gobernantes se cumple a cabalidad.

Los mineros fueron confundidos por los grupos criminales, nos dice un alto funcionario de seguridad pública, quien se pone a elucubrar con hipótesis en una investigación en curso, mientras los familiares siguen en la sombra de la desesperación y la desinformación.

Nula empatía, cero sensibilidad y carencia absoluta de decencia de quienes, desde el gobierno, se comportan y hablan con desparpajo burocrático.

¿Qué pasa con la presidenta Sheinbaum? No lo sé. Yo esperaba que, aun siendo crítico de ella y su forma de llegar al poder, como la mujer que ocupa por primera vez el cargo, habría de aplaudir que ella rompiera la muralla de la indiferencia con los mexicanos que sufren y se sienten abandonados por sus gobernantes, y mostrara empatía, calor humano.

Hasta el momento, mis expectativas no se han cumplido. Cada día me siento más decepcionado por la incapacidad del gobierno nacional de ofrecer un nivel mínimo de seguridad a las personas, además de su falta de rendición de cuentas ante la evidencia de la corrupción que aqueja al Movimiento de Regeneración Nacional.

La acción del gobierno federal no se aprecia en los hechos, más allá de lo que se habla y anuncian las conferencias matutinas en Palacio Nacional.

Bajo la espectacularidad de los anuncios de detenciones de criminales y extradiciones supuestamente irregulares de narcotraficantes a Estados Unidos, se oculta el hecho de que esos actos son apenas rasguños a una estructura criminal que sigue teniendo control territorial efectivo en regiones del país.

Los indicadores económicos revelan con crudeza el estancamiento de la economía y la inutilidad de la política económica seguida por el actual gobierno, lo cual echa por tierra el triunfalismo retórico del gobierno morenista.

El tono del ambiente político nacional es el de la cerrazón y el exclusivismo del partido gobernante, desde el cual no se dialoga con persona u organización alguna que no sea incondicional de Morena.

Tal como heredó de López Obrador la arrogancia de gobernar sólo para él y su movimiento político, Claudia Sheinbaum ha repetido fielmente la receta del partido único que sufre un caso severo de sordera autoritaria.

De la arrogancia política y la indiferencia al sufrimiento ajeno deriva la falta de empatía de los morenistas más duros, empezando por Sheinbaum, hacia una población mexicana que, a nivel del suelo, vive una de las épocas más violentas de que se tenga noticia en México.

Me duele constatar que la primera mujer presidente de la república no ha estado, después de un año de gobierno, a la altura del cargo ni ha llegado a la estatura de estadista.

Yo hablo de la arrogancia de los morenistas porque antes viví la arrogancia de los priistas y panistas que los antecedieron. Nunca, sin embargo, la soberbia del poder alcanzó antes los niveles y la extensión a los que llegaron López Obrador, primero, y Claudia Sheinbaum, después.

Lo de hoy es inaudito: una combinación de ineptitud, arrogancia y corrupción que se refleja en una gobernanza mediocre de México en manos de los morenistas, la nueva aristocracia de la política mexicana.

¿Hacia dónde va México en este barco sin timonel?


viernes, febrero 06, 2026

San Antonio sin ICE

En “San Antonio sin ICE”, como escuché en la calle, cada viaje sirve para comprobar que la ciudad sigue creciendo, construyendo infraestructura vial, conservando limpias las calles y, en general, con ciudadanos y automovilistas respetuosos de la ley y el orden.

Por Rogelio Ríos Herrán


Me bastó un viaje familiar corto a San Antonio, Texas, durante la semana que termina, para constatar lo que he escuchado decir de amigos o conocidos que estuvieron de viaje, o vivieron en el extranjero, y vuelven a la patria con sentimientos encontrados.

Todos ellos, ricos, pobres o clasemedieros, han visto el mundo y, al regresar, no pueden evitar el sentimiento de desencanto al ver que, como país, nos vamos quedando atrás.

¿Atrás de qué?, me preguntarán algunos de ustedes con justa razón. Si México es nuestra patria y el hogar de nuestras familias, el sitio en que descansan en paz nuestros padres y familiares, ¿qué necesitamos andar comparando lo que tenemos con lo de otros países?

Antes de contestar, les describo, por si lo olvidaron o no quisieron ver, que el cruce fronterizo de Laredo, Texas, a Nuevo Laredo, Tamaulipas, es una escena de película de descenso a niveles inferiores de país.

Las instalaciones de la Aduana en el puente, las actitudes de los elementos de la Guardia Nacional, las extorsiones a la luz del día de quienes traen camionetas con equipaje o personas (no nos afectó a nosotros, afortunadamente), son el comienzo.

Sin seguir protocolos ni adoptar la actitud de servicio hacia el ciudadano, con mala cara y pésimo trato, los guardias nacionales intimidan y atemorizan con su sola presencia.

La salida inmediata de la Aduana es hacia una calle estrecha, llena de baches. Es una calle de barrio, sin vigilancia y poblada de personas y vehículos que, por lo menos, no inspiran confianza ni para bajar el vidrio de una ventanilla.

El bulevar conecta, después de unos kilómetros en los que el conductor debe cuidarse del acecho de los policías municipales que andan “taloneando el varo”, como dicen en la CDMX, y se arrojan sobre cualquier vehículo con placas foráneas.

Si usted libró todo esto sin daño alguno y ya va por la carretera federal hacia Monterrey, espere un momento. Todavía debe pasar, en el kilómetro 26, las instalaciones recientes, pero ruinosas (¿cómo le hicieron para deteriorarlas así en pocos años?), de lo que queda de la garita aduanal.

De nuevo, la Guardia Nacional parece, desde lejos, un piquete de facinerosos salidos de las películas de Mad Max, quienes ponen conos naranjas en el camino y, con sus armas pesadas en mano, te miran como si uno fuera el delincuente más peligroso de la región disfrazado de padre de familia.

Todo eso entre baches, bordos y desniveles en la carretera. A los costados de la ruta, decenas de camiones y tráileres bloquean los acotamientos y accesos a gasolineras y negocios, sin orden alguno y sin vigilancia a la vista.

Antes de llegar a la conexión a la autopista, es preciso tener una destreza como la de Checo Pérez para sortear las maniobras descuidadas de traileros y automovilistas que no respetan límites de velocidad, cambios de carril ni nada, sólo marchan al grito de “¡golpe avisa!”.

La cereza en el pastel del viaje de regreso fue un accidente de camiones (otro más) casi al terminar la autopista a Monterrey, a la altura de Salinas Victoria, que bloqueaba el camino. Para escapar del atorón vial, tomamos una carretera vecinal hacia Salinas Victoria y Escobedo, una que conecta con la carretera a Colombia.

Había oscurecido y, aunque a lo largo del camino había postes de alumbrado público durante varios kilómetros, ninguna, repito, ninguna de las luces estaba encendida.

Así que íbamos de noche por un camino lleno de baches, sin carriles ni señalamientos marcados, sin alumbrado público, lleno de camiones y autos con conductores fastidiados y, además, con desviaciones por obras de construcción de pasos a desnivel sin señalamientos ni avisos.

Las comparaciones no son odiosas, sino una forma de resistencia a la degradación de la vida de los mexicanos y sus ciudades; las considero absolutamente indispensables para ubicar en qué país vivimos en realidad.

En “San Antonio sin ICE”, como escuché en la calle, cada viaje sirve para comprobar que la ciudad sigue creciendo, construyendo infraestructura vial, conservando limpias las calles y, en general, con ciudadanos y automovilistas respetuosos de la ley y el orden.

Viajar y conocer el mundo, a cualquier nivel socioeconómico que se haga, es la única forma de rechazar lo inaceptable: quedar condenados a la mediocridad de la vida cívica, a padecer gobiernos ineficientes y corruptos, a que los policías, guardias nacionales y militares te vigilan desde las miras de sus fusiles.

No, nada de eso es normal, ni lo será jamás. Ay de nosotros si no nos damos cuenta y no hacemos, desde ahora, algo al respecto.

Hoy, la mediocridad y la corrupción tienen las siglas de MORENA (Movimiento de Regeneración Nacional), como antes hubo otras siglas.

¿A esta clase de país incivilizado nos van a condenar los morenistas?



lunes, enero 26, 2026

La edad como tragedia

Con variantes y modalidades distintas, cada líder viejo e inmaduro propicia la desestabilización de la geopolítica mundial al inyectarle riesgo y azar, deliberadamente, a un comportamiento político que debería, idealmente, tender a la seguridad y la previsibilidad.

Por Rogelio Ríos Herrán


Una forma de entender por qué la política internacional se finca casi exclusivamente en la fuerza armada, el cálculo político y la potencia económica, es porque algunos de los principales gobernantes de países influyentes viven una etapa de deterioro físico y mental avanzado.

Pienso, por supuesto, en Donald Trump (79 años), pero también en Vladimir Putin (73 años), Xi Jinping (72 años), Ayatola Jamenei (86 años), Benjamin Netanyahu (76 años), Narendra Modi (75 años), Lula da Silva (80 años) y Andrés Manuel López Obrador (72 años), el poder tras el trono en México.

A lo largo del espectro político que va de la derecha a la izquierda, la edad se vive como una tragedia, no como la cumbre de la madurez que compensa el decaimiento del cuerpo.

“Breaking bad”, dicen los americanos de quienes pasan de la legalidad a la ilegalidad. “Aging bad”, diría yo, envejeciendo mal, de quienes pasan de la vida adulta a una madurez interrumpida o que algunos de ellos no tuvieron jamás.

El liderazgo de las grandes potencias se encuentra hoy en manos de personajes inmaduros, paranoicos, alejados de la realidad e incapaces de sentir empatía, no digamos de otros países, sino de sus propias naciones.

El frenesí de dominación política, conquista territorial e imposición cultural, como el desatado por Putin al agredir a Ucrania, es un mal generalizado, no la excepción a la regla.

Con variantes y modalidades distintas, cada líder viejo e inmaduro propicia la desestabilización de la geopolítica mundial al inyectarle riesgo y azar, deliberadamente, a un comportamiento político que debería, idealmente, tender a la seguridad y la previsibilidad.

Con sus vidas familiares rotas, lejanas o inexistentes, sus complejos, peores impulsos y desplantes de vanidad y autoritarismo no tienen freno.

No hay para ellos una tranquila chimenea frente a la cual leer, tomar café o platicar y jugar con los nietos.

No existe una compañera de vida que los modere, los haga entrar en razón, les recrimine sus desplantes machistas y los induzca a sentir una pizca de empatía al momento de tomar sus decisiones de política y de guerra.

No tienen una fe o devoción que los cobije en sus momentos de duda y apremio, que les indique los parámetros morales de sus decisiones o les haga sentir remordimiento por las consecuencias terribles de sus actos.

No tienen temor de la ley, el prójimo ni de Dios.

Al lado de la indignación que me invade por sus actos absurdos y malvados, superando el coraje y la frustración en su contra, al final siento pena por ellos: la clase de tristeza que da al observar a personas que, al final de sus vidas, no encontraron la madurez en sus mentes ni la paz en el alma, después de una vida inútil de odio y ambición.

El mundo puede vivir otra guerra mundial si la chispa se enciende por la decisión errónea, absurda o disparatada de un gobernante, en cualquier parte del planeta, cuando los líderes no son mínimamente racionales ni ligeramente empáticos.

¿Qué nos espera en el futuro inmediato? 

El ciclo de sus vidas terminará cuando reciban el llamado divino final de la providencia. 

Si en vida no tuvieron temor de Dios, no quiero saber cómo les irá en el juicio final: cosecharán lo que sembraron.


@RiosH60





miércoles, enero 21, 2026

OBISPOS USA: UNA VISIÓN MORAL DE LA POLÍTICA EXTERIOR

El impulso coordinado entre el Papa León (de origen estadounidense) y los tres cardenales de diócesis importantes en Estados Unidos para recuperar el componente moral no sólo en las decisiones internas del gobierno, sino en su política exterior, es importante para que la reputación de Estados Unidos en el mundo no se derrumbe totalmente. 

Por Rogelio Ríos Herrán



El 19 de enero, un par de días antes del errático discurso del presidente Donald Trump en el Foro Económico Mundial de Davos en el cual confundió a Islandia con Dinamarca, se difundió a la opinión pública una declaración conjunta de los obispos de tres diócesis importantes de Estados Unidos (Washington, Newark y Chicago), en la cual tres cardenales fijaron la postura de la Iglesia católica americana sobre la política exterior de Estados Unidos.

La declaración conjunta de los obispos americanos adquiere una importancia crucial en un momento en que la política exterior del gobierno de Trump pretende enfocarse únicamente en las consideraciones de poder y estrategia, fuerza y capacidad militar, olvidando la columna fundamental de la promoción de los valores de la democracia, la ayuda internacional y la defensa de los derechos humanos, según establece la tradición estadounidense.

En su declaración, titulada “Trazando una visión moral de la política exterior estadounidense”, los cardenales Blase J. Culpich (arzobispo de Chicago), Robert McElroy (arzobispo de Washington), y Joseph Tobin (arzobispo de Newark), expresan que en 2026 “Estados Unidos ha entrado en el debate más profundo e intenso sobre el fundamento moral de las acciones estadounidenses en el mundo desde el fin de la Guerra Fría”.

“Los acontecimientos en Venezuela, Ucrania y Groenlandia”, agregan los cardenales, “han planteado preguntas básicas sobre el uso de la fuerza militar y el significado de la paz”.

 Los cardenales mencionan en su declaración que se apoyan en el mensaje que días atrás, el 9 de enero, el Papa León dio al cuerpo diplomático acreditado en El Vaticano, en el cual advirtió que “la diplomacia que promueve el diálogo y busca consenso entre todas las partes está siendo sustituida por una diplomacia basada en la fuerza, ya sea por parte de individuos o de grupos de aliados. La guerra vuelve a estar de moda y el entusiasmo bélico se extiende”.

El impulso coordinado entre el Papa León (de origen estadounidense) y los tres cardenales de diócesis importantes en Estados Unidos para recuperar el componente moral no sólo en las decisiones internas del gobierno, sino en su política exterior, es importante para que la reputación de Estados Unidos en el mundo no se derrumbe totalmente. 

Resaltaré textualmente algunos de los puntos importantes de la declaración conjunta de los cardenales, para la reflexión.


  1. Los derechos soberanos de las naciones a la autodeterminación parecen demasiado frágiles en un mundo de conflictos cada vez mayores. El equilibrio entre el interés nacional y el bien común se está planteando en términos profundamente polarizados.

  2. La construcción de una paz justa y sostenible, tan crucial para el bienestar de la humanidad ahora y en el futuro, está siendo reducida a categorías partidistas que alientan la polarización y políticas destructivas.

  3. Como pastores y ciudadanos, acogemos esta visión para el establecimiento de una política exterior genuinamente moral para nuestra nación. Buscamos construir una paz verdaderamente justa y perdurable, esa paz que Jesús proclamó en el Evangelio. 

  4. Renunciamos a la guerra como instrumento para intereses nacionales mezquinos y proclamamos que la acción militar debe ser vista solamente como un último recurso en situaciones extremas, no como un instrumento normal de la política nacional.

  5. Buscamos una política exterior que respete y promueva el derecho a la vida humana, la libertad religiosa y el mejoramiento de la dignidad humana en todo el mundo, especialmente a través de la asistencia económica.

  6. El debate en nuestra nación sobre el fundamento moral para la política estadounidense está plagado de polarización, partidismo e intereses económicos y sociales mezquinos. El Papa León nos ha dado el prisma a través del cual elevarlo a un nivel mucho más alto. Predicaremos, enseñaremos y abogaremos en los próximos meses para que ese nivel más alto sea posible.


En vista del visible deterioro físico y mental del presidente Trump, como lo exhibió en su discurso en Davos, el contacto entre el Papa León y el vicepresidente católico Vance se vuelve crucial para que las actividades de cardenales, obispos y párrocos en Estados Unidos sean un factor de equilibrio y sensatez en medio del debate extremadamente polarizado y violento, tanto en la política interna como en la exterior.

No descarto que el Papa León esté considerando una visita a Estados Unidos, en el primer semestre del año, con la intención de aportar, mediante la autoridad religiosa y moral de su presencia, una buena dosis de prudencia y equilibrio en el debate público estadounidense.

Buena falta hace la presencia del “Father Bob” (como era conocido en su parroquia de Chicago) en su natal Estados Unidos para defender a los inmigrantes.


@Rios60H


'LOOK WHO´S BACK': HITLER HA VUELTO

A lo largo de las páginas del libro, saltaban a mis ojos las afinidades y similitudes del Hitler de regreso en Berlín con gobernantes o líde...