domingo, agosto 23, 2026

De Sinaloa a Canadá

En la percepción desde la Casa Blanca de las fortalezas y debilidades de Canadá y México no pasará por alto cuál es el gobierno más débil de los tres. Lo que Washington no puede hacer con los canadienses lo desquita con los mexicanos.


Por Rogelio Ríos Herrán


La distancia entre Sinaloa y Canadá no se mide en kilómetros, sino en el simbolismo de lo que sucedió el fin de semana en la arena política que colocó a sinaloenses y canadienses en dilemas diferentes ante el gobierno de Estados Unidos. 

En Culiacán, el drama en tiempo real del “viernes negro” de Morena vio el regreso de Ruben Rocha a la gubernatura del estado, una mezcla de desafío y desdén a la jerarquía de la presidente Sheinbaum.

Justamente cuando la justicia estadounidense lo requería bajo graves cargos de complicidad con criminales, Rocha decidió desafiar a Washington.

Sin detenerse en detalles nimios como, por ejemplo, el daño profundo a la relación bilateral con Estados Unidos, Rocha puso por unas horas en riesgo la frágil cooperación de seguridad entre México y Estados Unidos.

La crisis provocada por el inefable político norteño no terminó con su nueva solicitud de licencia el sábado por la tarde, sino entró en una etapa diferente.

Con lo poco que resta de su autoridad puesta en entredicho, Claudia Sheinbaum se expuso al ridículo público al pasar del apoyo total a Rocha a su postura de “deslindarse” de él.

Visto desde la Casa Blanca, lo sucedido en Culiacán no luce bien. Habrá consecuencias, advierten diversos funcionarios estadounidenses, si México no entrega de una vez a los políticos solicitados por fiscales norteamericanos.

A miles de kilómetros al norte de Sinaloa, el señor Mark Carney, primer ministro de Canadá, anunció el sábado el fin abrupto de las negociaciones comerciales con Estados Unidos y el inicio de una guerra de aranceles entre los dos países.

Con arrojo y elocuencia, Carney explicó a la opinión pública canadiense sus razones en un discurso memorable.

“No podemos aceptar lo que ofrecieron y no daremos lo que pidieron. No estábamos dispuestos a comprometer la soberanía de Canadá ni a socavar nuestras industrias clave”, expresó Carney.

Canadá está en guerra (comercial) con Estados Unidos, dijo con toda claridad el gobernante canadiense. Se les devolverá “dólar por dólar” en los aranceles que aplique.

Además, cuestionó la seriedad del equipo negociador norteamericano al presentar de último momento demandas perentorias no negociadas previamente.

“Reconocemos que, a veces, su firma está escrita en lápiz”, concluyó al acusar falta de seriedad de su contraparte en los términos de la negociación.

Las repercusiones de esta ruptura comercial de nuestros dos vecinos del norte ponen una sombra en el curso del TMEC entre México y Estados Unidos.

Las consecuencias del episodio de Rocha se verán en el lamentable debilitamiento de las raíces del poder de Sheinbaum.

No solo no hay unidad nacional en México. Ni siquiera Morena, el partido gobernante, está cohesionado.

Las diferencias entre el gobierno de Carney y el de Sheinbaum son tan grandes como las economías de sus países, pero hay otro punto a considerar.

La estatura de gobernante de Carney no puede ser emulada por Sheinbaum en la visión política y en la conducción de gobierno.

Por tanto, en la percepción desde la Casa Blanca de las fortalezas y debilidades de Canadá y México no pasará por alto cuál es el gobierno más débil de los tres.

Lo que Washington no puede hacer con los canadienses lo desquita con los mexicanos.

Ante el clamor de justicia y castigo a los criminales de los sinaloenses, Estados Unidos toma nota.

No me atrevo a pronosticar lo que sigue. 



viernes, agosto 21, 2026

Kiev y el encono de Putin

  ¿Qué quiere Putin de Ucrania? ¿Por qué muestra el afán obsesivo de destrucción de Kiev y otras ciudades? ¿Por qué el nuevo zar que domina un territorio de poco más de 17 millones de kilómetros cuadrados invade Ucrania y se apropia de una quinta parte del país? 

Por Rogelio Ríos Herrán  


     La capital de Ucrania, la hermosa Kiev, ha padecido un verano bajo los bombardeos indiscriminados de las fuerzas armadas rusas que invadieron a ese país en febrero de 2022. 

Los misiles rusos apuntan a la población civil: almacenes comerciales, iglesias, jardines de niños, cafés, centrales generadoras de electricidad, fábricas y medios de transporte. 

Oleadas de drones encabezan los ataques con el fin de abrumar a las defensas ucranianas. 

Después, los misiles balísticos, hipersónicos y las bombas de racimo rusas completan la tarea. 

Las noches se hacen eternas en los túneles del Metro que sirven de refugio a los ucranianos, me platican amigos mexicanos que residen allá. 

Duermen vestidos con ropa de calle y saben perfectamente bien la ruta a la entrada del Metro más cercana. 

El ejército ucraniano carece casi por completo de defensas aéreas para Kiev, pero ha logrado llevar la guerra de drones a territorio ruso. 

Sin importar el número elevado de bajas rusas (“el molino de carne”, lo llaman soldados rusos sobrevivientes), Vladimir Putin no busca la paz más que como estrategia de engaño a Europa y Estados Unidos. 

Las Naciones Unidas condenaron desde el inicio de la incursión ilegal rusa en 2022 a la Federación Rusa como el país agresor de Ucrania y exigieron el retiro inmediato del ejército de ocupación. 

La Corte Penal Internacional emitió en 2023 una orden de arresto por crímenes de guerra en contra de Vladimir Putin y María Belova, Comisionada para los Derechos del Niño en Rusia. 

Los cargos: la deportación y el traslado ilegal de niños ucranianos durante la invasión rusa. 

En una nuez, las acusaciones se fundamentan en lo siguiente: 

  1. 1) Los ocupantes (Rusia) no tienen derecho a cambiar el estado civil de los niños. (Convención de Ginebra sobre la protección de personas civiles, 1949).

  2.  

  1. 2) Putin y Belova violaron el derecho de los niños a un nombre y a la adquisición de la ciudadanía (Convención de la ONU sobre los Derechos del Niño).

  2.  

  1. 3) Rusia violó el principio de que nadie podrá ser expulsado, ni individual ni colectivamente, del territorio del Estado del que sea ciudadano (Convenio para la Protección de los Derechos Humanos y las Libertades Fundamentales).  


El gobierno ucraniano reclama por lo menos 16 mil casos de deportación forzada de niños. 

El gobierno ruso reconoc el traslado de dos mil niños “sin tutores” (retirados de orfanatos y hogares infantiles), y ordenó la simplificación del trámite de la ciudadanía rusa para ellos.  

La orden de arresto internacional contra Putin y Belova no se ha cumplido. 

         Los residentes de Kiev, mientras tanto, tratan de llevar su vida normal y cotidiana durante el día, pero se preparan para las noches de bombardeos inclementes. 

En el lejano verano de 1983, Putin se casó con Liudmila Pútina y la feliz pareja decidió pasar su luna de miel en Kiev, ironías de la vida. 

Desps de dos hijas y varios años, el matrimonio terminó en divorcio en 2013. 

¿Qué quiere Putin de Ucrania? ¿Por qué muestra el afán obsesivo de destrucción de Kiev y otras ciudades? 

¿Por qué el nuevo zar que domina un territorio de poco más de 17 millones de kilómetros cuadrados invade Ucrania y se apropia de una quinta parte del país? 

Aparte de estas preguntas, es necesario plantear otras más inquietantes. 

¿Por qué ha permitido Europa la agresión rusa a Ucrania desde 2014? 

¿De qué sirvieron la OTAN y la Alianza Atlántica con Estados Unidos si Putin no fue frenado en sus ambiciones imperiales? 

¿Por qué los gobiernos nacionales de Morena son claramente partidarios de Rusia y callan ante la agresión a Ucrania? 

Cada día en punto de las 12:00 horas, hago una pausa al mediodía para reflexionar y elevar una oración por Kiev. 

Son las 9 de la noche en Ucrania y los kievitas se disponen a dormir con una oreja pegada a las alarmas contra bombardeos. 

Terminarán la noche refugiados en un túnel del Metro. 

 

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