martes, marzo 17, 2026

Confusiones de guerra

Cuando no sabemos en dónde está el centro moral de las intenciones y actos positivos, el mundo se vuelve confuso y nuestras decisiones de apoyos y simpatías reflejan esa confusión en todo lo que pensamos y hacemos.

Por Rogelio Ríos Herrán


Veo en mi entorno de lectores y amigos un conflicto entre las buenas intenciones de las personas y, por otra parte, los apoyos políticos específicos a los contendientes en guerras y conflictos internacionales que está, literalmente, consumiendo a las conciencias.

Por ejemplo, si los ciudadanos mexicanos envían ayuda a Cuba o hacen donaciones a las cuentas bancarias de asociaciones civiles surgidas de la nada, recomendadas por López Obrador y bajo la bandera de ayuda humanitaria, ¿están ayudando a la dictadura cubana encabezada por Díaz Canel, aunque ellos piensan que benefician al pueblo cubano?

En el caso de Venezuela, sobre la captura de Nicolás Maduro, ¿debemos celebrar la caída del sanguinario dictador Maduro, aunque ello signifique un reconocimiento explícito al gobierno del presidente Trump?

Antes de llegar al caso de Irán, vayamos un poco más atrás: tras el ataque sanguinario e inhumano de la organización palestina Hamas a Israel el 7 de octubre de 2023, en el cual murieron asesinados niños, ancianos, bebés de cuna, mujeres y hombres civiles y tomaron prisioneros a cientos de rehenes, ¿es mejor olvidar ese evento para criticar en cambio la respuesta del gobierno de Netanyahu, casi tan cruel e inhumana como las acciones de Hamas, que prácticamente dejaron en escombros a la ciudad de Gaza? 

Criticar al gobierno de Netanyahu, un político acusado de corrupción en su país, ¿nos vuelve automáticamente antisemitas?

¿No tenía derecho Israel a una represalia ante el ataque del 7 de octubre?

Criticar a la organización Hamas por sus fuerzas paramilitares que se comportan como carniceros, y por su incapacidad manifiesta de promover el desarrollo económico y social de la Franja de Gaza, territorio que gobiernan y administran desde hace veinte años, ¿nos vuelve anti palestinos?

Cuando no sabemos en dónde está el centro moral de las intenciones y actos positivos, el mundo se vuelve confuso y nuestras decisiones de apoyos y simpatías reflejan esa confusión en todo lo que pensamos y hacemos.

Para propósitos de claridad personal, pues yo no estoy exento de incurrir en confusiones, quiero compartir con ustedes algunas reflexiones.


  1. No creo que el orden legal internacional esté roto permanentemente, ni que la ONU y la multitud de organismos internacionales que conforman a la sociedad internacional actual hayan dejado de funcionar. Como en otras épocas, el péndulo del autoritarismo llega a un punto en el que no avanza más y retorna hacia el centro moderado o el extremo liberal. Violar flagrantemente el derecho internacional por parte de líderes poderosos (Trump, Putin, Xtii Jinping, Netanyahu y otros) tiene un costo que habrán de pagar en el futuro, en sus personas o en el juicio posterior a sus actos de gobierno. El juicio de la historia, en efecto, es implacable. Los crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad cometidos por ellos y muchos dictadores más en el mundo, los perseguirán por siempre. 

  2. Apegarse a la legalidad internacional, propugnar por la educación por la paz y apostar a la diplomacia y los organismos internacionales como los centros de resolución de conflictos nunca es una mala apuesta para quienes vivimos en países como México, que son vulnerables a las políticas de las grandes potencias. 

  3. ¿Qué queremos para nuestras naciones? Yo digo que aspirar a la legalidad, el estado de derecho, la división de poderes, la certeza electoral, la democracia, la diversidad política, la defensa de los derechos humanos, el desarrollo económico y social inclusivo en México es algo que yo quiero ver reflejado en otros países. Con esto en mente, puedo discernir, al observar la arena internacional, quién es el agresor y quién la víctima en una guerra o conflicto, cuál propósito verdadero (no el propagandístico) persigue el agresor que busca cambiar el régimen de gobierno en otro país y decidir en consecuencia a quién dar mi preferencia.

  4. Propongo dejar de pensar en blanco y negro. Seguir pensando así nos lleva únicamente a callejones sin salida, especialmente en la región del Medio Oriente. Ahí, mi objetivo es que los palestinos de la Franja de Gaza se liberen del puño de hierro de Hamas, quien utiliza a sus ciudadanos como escudos humanos y monedas de cambio en la negociación política. Sobre Israel, me gustaría que los israelíes se liberaran del puño de hierro de Netanyahu, y dejen de ser escudos humanos y monedas de cambio en las negociaciones políticas. Es un caso similar para los iraníes, pero no por eso simpatizo con la guerra desatada contra los ayatolas persas por parte de Israel y Estados Unidos.

  5. Volvamos a América Latina. En Cuba, no apoyo a la dictadura cubana ni al modelo socialista emanado de la revolución cubana, el cual me parece el causante principal del colapso cubano, no el “embargo” estadounidense. Quiero ver al pueblo cubano liberado del puño de hierro del Partido Comunista y sus gobiernos sucesivos, quiero verlo prosperar, y que sus crueles gobernantes rindan cuentas por los crímenes cometidos en contra de su propia gente. No apoyo, por otra parte, que Estados Unidos quiera exprimir a los gobernantes cubanos al costo del sufrimiento de los ciudadanos, ni que el futuro de la isla se decida en Washington, sino a nivel multilateral internacional.

  6. Finalmente, lo sucedido en Venezuela me dejó perplejo. La captura de Maduro no derivó en un cambio de régimen, vaya, ni siquiera de las personas a cargo del gobierno. No hubo transición democrática, No hubo recuperación de libertades ni derechos civiles para los venezolanos, sigue presente el puño de hierro que han conocido toda la vida sobre sus espaldas. No hay rendición de cuentas de los gobernantes venezolanos que cometieron crímenes en contra de su propia gente.


No se sientan mal, amigos, por los sentimientos encontrados que abrigan al enfrentar el panorama internacional y tratar de entenderlo. 

¿Quiénes son los buenos y en dónde están los malos? A todos, incluídos los analistas y periodistas, nos cuesta trabajo encontrarlos. 

Hemos visto tantas películas de Hollywood y de James Bond, con villanos y héroes claramente definidos, que pensamos que el mundo funciona de manera similar. Nada de eso.

Si hubiera un antídoto contra la confusión, ese sería buscar y obtener la mejor información posible de medios de comunicación confiables, veraces y rigurosos en el tratamiento de sus notas.

Teniendo la mejor información posible en nuestras manos, la tarea de discernir a los héroes y villanos en la escena internacional se vuelve menos pesada y aligera nuestras conciencias. 

Es mi consejo: trate de estar bien informado y no tenga miedo de matizar y aclarar sus opiniones. Nada es blanco y negro. Ni en la política ni en el amor.




viernes, marzo 13, 2026

‘El calor de mis besos’

El escenario de la novela es la ciudad de Monterrey y, en particular, el municipio de San Pedro Garza García. Desde el Cerro de la Silla hasta las alturas de la Sierra Madre Oriental, la vida y la muerte se suceden en calles y avenidas, en las pasiones y sentimientos de quienes viven, gozan y sufren aquí.

Por Rogelio Ríos Herrán


El impulso de elevar mi voz al público en forma de un relato de ficción literaria me vino durante el inicio del confinamiento de la pandemia de Covid 19, el cual fue particularmente duro en Monterrey.

La sensación novedosa del miedo primigenio a la muerte por el virus, de su posible efecto en nuestras familias y amigos, se sumó a otra “pandemia” que nos provocaba un temor igual o peor que el del virus ante la posibilidad de morir, esta vez, por las balas del crimen organizado, o ser secuestrado, extorsionado y desaparecido.

El mes de marzo del año 2020 fue un punto de quiebre para los regiomontanos atrapados en una crisis sanitaria sin que cesara o disminuyera la crisis de violencia que databa, por lo menos, de una década atrás.

Esta ciudad y su sufrimiento profundo me marcaron el camino a seguir para escribir una novela, “El calor de mis besos” que, si bien empecé en 2020, la terminé en 2025, pues pagué la novatada de quien escribe por primera vez un relato largo de ficción con una trama compleja y personajes diversos y cae, una y otra vez, en callejones literarios sin salida.

No me arrepiento de haberlo hecho así, a gritos y sombrerazos. Al final, sentí que había plasmado en la novela las cosas que quería decir sobre los regiomontanos, los sampetrinos y la cultura peculiar de convivencia y negocios de la Sultana del Norte.

No lo hice por desprecio o coraje contra mi ciudad. Al contrario, la novela es una forma de defenderla del asedio al que ha sido sometida por parte de la insoportable tentación del lavado de dinero en los negocios, por ejemplo, o los golpes del crimen organizado y, sin ser menos importante, la serie de gobiernos locales ineptos que padece desde tiempo atrás.

El juicio final sobre “El calor de mis besos” lo tienen ustedes, queridos lectores. No creo que, para ser la primera novela de este periodista metido a escritor, haya quedado tan mal. Espero que supere la prueba rigurosa de los lectores regios, sampétrinos y el lector general.

Los editores de Letrame, la casa editorial española que aceptó mi manuscrito y me ayudó infatigablemente en todo el proceso de correcciones, diseño y publicación, calificaron la obra como “novela romántica”, pero con tintes de novela negra.

Por tanto, se darán cuenta desde las primeras páginas que me gusta narrar y conectar personajes en un hilo que, comparado con el cine, equivaldría a una película romántica con el sesgo dinámico de un Jack Reacher, sin dejar de profundizar sobre cada personaje.

El escenario de la novela es la ciudad de Monterrey y, en particular, el municipio de San Pedro Garza García. Desde el Cerro de la Silla hasta las alturas de la Sierra Madre Oriental, la vida y la muerte se suceden en calles y avenidas, en las pasiones y sentimientos de quienes viven, gozan y sufren aquí.

Ofrezco a su consideración, estimados lectores, “El calor de mis besos” como un homenaje personal a la Sultana del Norte. Hay en ella muchas historias por contar, voces que elevar y sucesos por compartir. Es cosa de que ustedes, en su momento, se animen a contarlas con sus palabras y voces. Entre todos las contaremos mejor.

¿Por qué escribir una novela? El poeta y escritor Margarito Cuéllar expresó recientemente una palabras que comparto para explicar el impulso literario:

“La escritura para mí es una fuente de vida y una acción cotidiana de preparar la tierra, abonarla y esperar el fruto. Este fruto no madura sin la complicidad del otro, ese lector silencioso y a veces invisible que parece resurgir de entre las sombras y de los misiles que cruzan el cielo para hacer del libro y la lectura un escudo protector” (en la Feria del Libro y la Lectura Santiago Lee, 09/03/2026, nota de Elena S. Gaytán, elnorte.com).

“El calor de mis besos” está ya disponible en versión electrónica y print (buscar por título o por autor) en books.apple.com, gandhi.com.mx, porrua.mx, amazon.com y otras librerías electrónicas.

rogelio.rios60@gmail.com


viernes, marzo 06, 2026

Antes del Mundial, reforma electoral

México está a las puertas de una regresión política profunda si se aprueba esta reforma electoral morenista. Mientras tanto, para mejor distracción del “pueblo”, ¡ahí viene la Copa Mundial FIFA 2026! ¿Llegará la Selección Nacional al quinto partido bajo un gobierno morenista?


Por Rogelio Ríos Herrán


Desde hace años, he observado con preocupación que en la gestión pública las respuestas dadas a los problemas del día a día no derivan en soluciones definitivas.

Coloquialmente, a esto se le conoce en México como “patear el bote”, es decir, encontrar un remedio temporal a los problemas y empujarlos más adelante para que los herede el sucesor en el cargo.

Es un mal a nivel federal, estatal y municipal, y es transversal a todos los partidos políticos y “fuerzas vivas” de la nación, como se les denominaba en la era priista, de la cual provienen la inmensa mayoría de los morenistas de hoy, incluyendo a López Obrador.

En cada época y a todos los niveles, a las soluciones temporales se les justificaba con verborrea ideológica pomposa, justiciera y reivindicativa.

Los mitos de la Revolución Mexicana y la Cuarta Transformación sirven para dar una perspectiva épica a decisiones mal tomadas -y peor fundamentadas- de políticas públicas e iniciativas de leyes como las reformas morenistas.

La iniciativa de ley de reforma electoral morenista enviada al Congreso de la Unión por la presidencia de la república, por ejemplo, incluye la mitificación de la historia política reciente de México para fines de retención permanente del poder.

Van algunos ejemplos de los excesos retóricos en la exposición de motivos:


  1. “La transformación institucional del sistema político electoral actual debe comprenderse como parte de la evolución normativa, política y estructural de las instituciones públicas, orientada al perfeccionamiento de la democracia y al fortalecimiento de la soberanía popular como fundamento del orden jurídico nacional.”

  2. “La evolución del sistema político y electoral mexicano ha sido el resultado de procesos históricos que han buscado colocar al pueblo como eje de legitimidad del poder público, bajo principios de legalidad, honestidad (no es broma, así viene en el texto), austeridad republicana y responsabilidad institucional.”

  3. “Ha sido largo el camino por consolidar la democracia en México… Los escandalosos fraudes de 1988, 2006 y 2012 son parte de esta historia accidentada de transición a la democracia en México. A pesar del espíritu autoritario del régimen y de la represión, las fuerzas verdaderamente democráticas perseveraron. México tardó 40 años en llegar a la democracia, incluso se estableció una alternancia que fue en realidad una simulación democrática”.

  4. “La Cuarta Transformación nace de los anhelos de las luchas del pueblo. Hemos aprendido que no hay democracia verdadera sin justicia social, poniendo los valores humanistas y de desarrollo social como pilares de la transformación.”


Es suficiente verborrea. La distorsión de la perspectiva histórica es evidente y suficientemente manipulada para llegar a la inevitable conclusión de que la Cuarta Transformación es el fin de la historia de México, la culminación de la democracia y la llegada al cielo de la justicia social. No más patear el bote, sino robárselo.

Los detalles técnicos de las modificaciones y revisiones de las instituciones, leyes y procesos electorales contenidos en la reforma electoral son incomprensibles para la mayoría de los mexicanos.

Para ellos, los ciudadanos de a pie que no entienden de técnica electoral, con tirarles un rollo mareador de la historia de la democracia mexicana revisada por los morenistas es más que suficiente.

¿A quién en su sano juicio se le ocurriría oponerse a la justicia social y al Humanismo Mexicano?

La trampa retórica morenista está lista y puesta en su lugar. Los cazadores de Palacio Nacional aguardan a sus presas.

México está a las puertas de una regresión política profunda si se aprueba esta reforma electoral morenista.

Mientras tanto, para mejor distracción del “pueblo”, ¡ahí viene la Copa Mundial FIFA 2026!   

¿Llegará la Selección Nacional al quinto partido bajo un gobierno morenista?

Mejor patear el balón, que patear el bote.


viernes, febrero 27, 2026

De México para el mundo

La propuesta de reforma electoral es una muestra de que los morenistas no entienden al mundo, no les interesa comprenderlo y creen que con su voluntarismo político, sin bases ni argumentos sólidos, basta y sobra para resguardar a México de la observación externa y las sanciones.

Por Rogelio Ríos Herrán


No bien acabé de leer la nota periodística de la BBC encabezada como la CDMX es una “war zone” (zona de guerra) tras la captura de un alto narcotraficante en días pasados, cuando el siguiente aviso de México al mundo se dió el 26 de febrero: la propuesta de una reforma electoral profundamente regresiva.

Como si no estuviera a discusión en la FIFA el posible retiro de Guadalajara como sede de algunos partidos de fútbol de la Copa Mundial FIFA 2026 debido a la violencia en Jalisco, a Sheinbaum no se le ocurrió otra cosa que empujar la reforma electoral obradorista.

Como si no tuviera el gobierno nacional morenista al presidente Trump sobre sus espaldas, exigiendo más resultados en el combate al narcotráfico y dispuesto incluso a suspender el TMEC, desde Palacio Nacional se consideró oportuno sacar adelante una reforma electoral.

En medio de un estancamiento económico que empezó en 2018, con la llegada de López Obrador a la presidencia, de la disminución de la inversión pública, privada y extranjera, y después de una reforma judicial percibida con suma suspicacia en el extranjero, los morenistas se apresuran a aprobar una reforma electoral no consensada con las fuerzas de oposición ni con la sociedad civil.

La reforma electoral va porque va, es el lema morenista. Quienes critican y señalan sus fallas y deficiencias, además de reiterar que es el momento político menos oportuno, dicen “falsedades”, como denomina el presidente Claudia Sheinbaum a los señalamientos críticos.

Una vez más, la propuesta de reforma electoral es una muestra de que los morenistas no entienden al mundo, no les interesa comprenderlo y creen que con su voluntarismo político, sin bases ni argumentos sólidos, basta y sobra para resguardar a México de la observación externa y las sanciones.

El asunto es grave. Anunciar cualquier propuesta absurda, como esta reforma electoral, y defenderla como “decisión soberana” en la arena internacional provoca mayor desconfianza ante México, aumenta la percepción negativa de nuestro país y daña la reputación nacional.

Los medios de comunicación internacionales se van a dar un festín mediático con la cobertura sobre la reforma electoral: es el retorno al régimen de partido único, el fin de la alternancia en el poder, la reducción de las fuerzas de oposición a figuras decorativas y la perpetuación de Morena en el poder.

En mediciones internacionales confiables, México no es hoy, antes de aprobar la reforma electoral, una democracia plena, sino una “autocracia electoral” (Latinobarómetro) o, por otra parte, un “régimen híbrido”: predominantemente autoritario, pero todavía con algunos rasgos de democracia electoral (The Economist).

¿Cómo cree usted que quedará clasificado México después de la aprobación de la reforma electoral?

Los analistas políticos tendrán que inventar una nueva categoría para acomodar ahí a nuestro país: la “morenocracia”, propongo yo.

El bono de beneficio de la duda que me propuse dar a Sheinbaum al inicio de su gestión se deteriora día a día y le queda poco saldo. ¿Tiene ella la capacidad de gobernar para todos los mexicanos, para todas las fuerzas políticas y para toda la pluralidad política de la nación mexicana?

Respecto a la política internacional, ¿alcanza Claudia la estatura analítica necesaria para defender a México ante los desafíos globales y, en particular, ante el presidente Donald Trump, quien la presiona y acota sin límite?

Qué pena no ayudar a quien no se deja ayudar, decimos a nivel personal respecto a personas difíciles.  

Qué tragedia no ayudar a los gobiernos que no se dejan ayudar y tachan de “falsos” (que es una manera indirecta de decir “mentiroso” a alguien) a quienes señalan errores, deficiencias y maneras de corregirlos, pero no son escuchados, sino descalificados.

La reforma electoral va porque va. ¡Háganse a un lado!

¿Qué encabezado usará la BBC para cubrir la debacle electoral mexicana? 

¡Qué nervios!





martes, febrero 24, 2026

México no es un cártel

México no es un cártel. Acá, en las orillas de los intereses políticos, estratégicos y criminales (confundidos a veces en un solo interés), vivimos ignorados los mexicanos comunes y corrientes que no tenemos vela en el entierro. 

Por Rogelio Ríos Herrán


Como ciudadano residente en Monterrey, al norte de México, mi percepción sobre la captura del jefe del cártel más grande de México es diferente a la visión de las autoridades nacionales que lo exhiben como trofeo de cacería.

Me preocupan otras cuestiones muy distintas a las razones de Estado, beneficios políticos y razones geopolíticas.

Veamos:

  1. Nunca antes he visto que la captura de un alto jefe del narcotráfico se traduzca en la disminución real del poder de las organizaciones criminales o en la terminación de sus diversas actividades ilícitas, como la extorsión a negocios y personas, que sigue martirizando a los mexicanos. ¿Será esta vez la excepción a la regla?

  2. Está por verse si la captura del narcotraficante “más buscado de la historia” (de ese tamaño está la exageración retórica) será suficiente para aplacar la sed de Washington que, desde gobiernos anteriores, en mayor o menor medida, según el estilo de cada presidente estadounidense, nunca se satisface y pide más y más. En el pasado, nuestro vecino del norte se ha mostrado insaciable. ¿Será esta vez la excepción a la regla?

  3. Tras la captura del jefe del cártel, la reacción violenta de sus guardias paramilitares se hizo sentir en una docena de estados de la República en formas que atemorizaban a la población, y no se apaciguaron hasta que los delincuentes se cansaron o hicieron una tregua. Si se calculó el tamaño de la represalia desde el gobierno nacional, no lo sé. Lo que sí sé es que esta vez la regla se confirmó por sí sola: durante varias horas, la delincuencia desplegó su fuerza imparable por los pueblos y ciudades de México.

  4. Me enteré, con mucho pesar, de que el operativo militar sufrió bajas numerosas: 25 elementos de la Guardia Nacional asesinados en cumplimiento de su deber, además de tres personas más muertas (un agente de la fiscalía de Jalisco, un guardia privado y una mujer embarazada atrapada en el fuego cruzado). No, no hay nada qué celebrar ante un costo humano elevado e inaceptable, debido no sé si a una planeación deficiente o a un desdén por el costo en vidas con tal de cumplir los objetivos políticos. Es inútil pedir a este gobierno nacional o al Congreso de la Unión que se abra una investigación. Nunca escuchan nada. 

  5. Decir cosas como “el país está en paz” es una equivocación producto de la ansiedad del gobierno nacional ante el tamaño de la crisis desatada por el operativo militar. Jamás ha estado México en calma desde el principio de su existencia como país (1821), mucho menos ahora que los mexicanos pagamos las consecuencias de la permisividad del presidente López Obrador ante el desafío de las organizaciones criminales a su gobierno. No sólo es una equivocación decir que estamos en paz, sino un insulto a los soldados caídos y sus familias.

  6. ¿Podrá cubrir el gobierno nacional la seguridad de los mexicanos y extranjeros que asistan a los estadios de los juegos de la Copa Mundial FIFA 2026 en las ciudades de México, Guadalajara y Monterrey? ¿Está el gobierno nacional en capacidad de contener la violencia? No es una cuestión menor ni trivial, pues están en juego las vidas de muchas personas y la imagen de México en el exterior? ¿Usted le confiaría la seguridad de sus hijos en el Mundial a lo que dice Claudia Sheinbaum en las conferencias matutinas?

  7. Desde hace tiempo, varios amigos y conocidos me advirtieron que viajar por carretera desde Monterrey a Mazatlán o Guadalajara es muy peligroso. Ni ellos ni yo creemos que el “el país está en calma”. Ojalá algún día, para variar, las autoridades hablaran con la verdad.


México no es un cártel. Acá, en las orillas de los intereses políticos, estratégicos y criminales (confundidos a veces en un solo interés), vivimos ignorados los mexicanos comunes y corrientes que no tenemos vela en el entierro. 

Somos la confirmación de la regla: si no le sirves al poderoso, no sirves para nada.



viernes, febrero 20, 2026

USA: el mensaje desde Múnich

La noción de la supremacía de los intereses vitales de Estados Unidos sobre el orden mundial fundado en instituciones y reglas comunes, además de un cuerpo sólido de derecho internacional, puede analizarse desde México con preocupación.

Por Rogelio Ríos Herrán


Mientras los mexicanos celebraban en todo el país el Día del Amor y la Amistad, el secretario de estado y asesor de seguridad nacional de Estados Unidos, Marco Rubio, envió desde el corazón de Europa un mensaje urbi et orbi: su país marca el rumbo de la prosperidad para que el resto del mundo lo siga.

Durante su intervención en la Conferencia de Seguridad de Múnich, el 14 de febrero, Rubio logró dar al principio un mensaje en tono más conciliador y gentil con sus aliados europeos, pero la gentileza se fue agotando conforme avanzaba su discurso.

Las repercusiones de lo que Rubio dijo en Alemania son claras y precisas para México y América Latina, por lo cual vale la pena comentar algunas de ellas.

“Hoy estoy aquí para dejar claro que Estados Unidos está trazando el camino hacia un nuevo siglo de prosperidad y que, una vez más, queremos hacerlo junto a ustedes, nuestros queridos aliados y nuestros amigos más antiguos”, dijo el Secretario de Estado.

Aunque dirigido en primera instancia a sus “queridos aliados” y viejos amigos europeos, en México no podemos pasar por alto que, si así le habla Washington a sus amigos, el tono para sus vecinos geográficos, Canadá y México, como en la carambola de tres bandas, será duro y contundente: “follow the leader”, como la sabrosa canción de los Soca Boys.

Rubio no hizo referencias críticas a Rusia y su guerra de agresión contra Ucrania, pero marcó conceptualmente la postura de su gobierno en la escena internacional:


  1. “Ya no podemos anteponer el llamado orden mundial a los intereses vitales de nuestros pueblos y nuestras naciones”.

  2. “No necesitamos abandonar el sistema de cooperación internacional que creamos, ni desmantelar las instituciones mundiales… pero hay que reformarlas”.

  3. “No podemos seguir permitiendo que aquellos que amenazan de forma descarada a nuestros ciudadanos y ponen en peligro nuestra estabilidad global se escuden tras las abstracciones del derecho internacional”.

  4. “Este es el camino que han emprendido el presidente Trump y Estados Unidos. Es el camino al que pedimos que se unan aquí en Europa”.


La noción de la supremacía de los intereses vitales de Estados Unidos sobre el orden mundial fundado en instituciones y reglas comunes, además de un cuerpo sólido de derecho internacional, puede analizarse desde México con preocupación.

Un diplomático mexicano de la época posterior al fin de la segunda guerra mundial, Jorge G. Castañeda, quien participó en la creación del “orden mundial” que hoy critican Rubio y Trump, mencionaba en sus escritos que “el derecho es el arma del más débil”.

Referido a la escena internacional, el dicho de Castañeda resaltaba la importancia de los organismos internacionales como las Naciones Unidas y del derecho internacional público para aliviar la desigualdad abismal entre las naciones poderosas y las más débiles, como México.

Con todas las críticas a la ONU y su desempeño en la arena internacional, su desmantelamiento en favor de la acción directa de las grandes potencias a través de nuevos mecanismos de gestión internacional, controlados absolutamente por las grandes potencias, tendrá como consecuencia una mayor vulnerabilidad de México ante su vecino Estados Unidos, pero también ante los problemas globales que para cualquier país como el nuestro son un reto que no podemos superar si estamos aislados como país.

No solamente está en riesgo para México la continuidad del TMEC en sus términos actuales, sino algo más profundo: la erosión de la posición internacional de nuestro país como potencia media o, puesto en forma más coloquial: estamos en riesgo de salir de la clase media para entrar a la clase baja de la sociedad internacional, al quedar en calidad de una nación satélite de Washington.

Ante la inacción del gobierno nacional morenista en su política internacional y el desplazamiento de los miembros del servicio exterior de los puestos diplomáticos más importantes en favor de nombramientos políticos, las voces de alerta deben venir de la sociedad civil.

México, como miembro fundador activo de la Organización de las Naciones Unidas en 1945, defensor del derecho internacional durante décadas, luchador por el derecho del mar, y receptor de un Premio Nobel de la Paz en la persona de Alfonso García Robles (1982) por su lucha por la prohibición de armas nucleares en América Latina (Tratado de Tlatelolco), no puede cruzarse de brazos ante el desmantelamiento del orden mundial basado en normas e instituciones internacionales.

¿Quién pondrá el cascabel al gato?

 





jueves, febrero 19, 2026

'LOOK WHO´S BACK': HITLER HA VUELTO

A lo largo de las páginas del libro, saltaban a mis ojos las afinidades y similitudes del Hitler de regreso en Berlín con gobernantes o líderes de movimientos políticos y sociales que alrededor del planeta llevan como bandera la exclusión de los oponentes, la intolerancia a la crítica y el desprecio profundo por la democracia, los derechos humanos y el estado de derecho.

Por Rogelio Ríos Herrán


En cuanto terminé de leer la espléndida novela satírica “Ha vuelto”, del periodista y escritor alemán Timur Vermes, sobre el regreso inesperado e inexplicable de Adolf Hitler en Berlín en el verano de 2011, se reafirmó la primera impresión que tuve al empezar la lectura: el viejo dictador y demagogo alemán, victimario de millones de personas, regresó justo en el momento ideal para retomar su carisma.

No bromeo. Vermes tuvo éxito inmediato y masivo con su novela, publicada en 2012, con ventas de un millón de copias en la lengua alemana y traducciones a más de 40 idiomas.

En el mundo de principios del siglo 21 poblado de políticos demagogos y populistas que gobiernan algunos de los países más poderosos del mundo, Hitler no se siente solo ni rechazado.

Al contrario, la gente simpatiza con él, se identifica con sus opiniones extremas, su pensamiento exclusivo y su habilidad excelsa para la manipulación y la propaganda.

En un tono satírico que no decae a lo largo del relato, Vermes capturó certeramente el estado de ánimo de la sociedad alemana de descontento con los políticos, hartazgo de las fallas de los sistemas de salud y bienestar y dispuesta a abandonar, a la primera provocación, la corrección política y las ideas liberales.

A lo largo de las páginas del libro, saltaban a mis ojos las afinidades y similitudes del Hitler de regreso en Berlín con gobernantes o líderes de movimientos políticos y sociales que alrededor del planeta llevan como bandera la exclusión de los oponentes, la intolerancia a la crítica y el desprecio profundo por la democracia, los derechos humanos y el estado de derecho.

Don Adolfo se asombra de la facilidad con que su mera presencia en los medios electrónicos de comunicación provoca una ola de adhesiones y simpatías que se refleja en ratings elevadísimos y una audiencia entusiasta.

Algunos rasgos de corrección política y decencia humana persisten en un puñado de personas que interactúan con Hitler durante el relato, pero sus objeciones no resisten el contacto personal con él y son desechadas.

La normalización de la figura de Hitler en la sociedad alemana, europea y sofisticada, es un escenario que me pone la piel de gallina, pues lo que el viejo gobernante nazi representó en su momento en el mundo, no ha desaparecido del todo.

Basta un leve recordatorio de que Hitler está vivo, aunque todos piensen que es un actor quien lo representa, para abrir de nuevo la puerta a sus ideas y disponer el ánimo para escucharlo y adorarlo.

Las expresiones de Hitler sobre la supremacía de la raza aria se reciben como cosas que pueden decirse sin consecuencias. Sus frases de desprecio a los judíos, pasan como bromas. Sus ideas de sumisión de la mujer causan risas entre quienes lo escuchan, no el rechazo inmediato.

Timur Vermer logró en su primera novela tocar una fibra profunda de su sociedad: un tema prohibido en Alemania, las pláticas o referencias a Hitler, no tardó más de dos semanas para convertirse en motivo de atención nacional y aceptación pasiva y acrítica.

Desde México, un país que vive bajo un gobierno populista que confronta y divide a sus gobernados, y cuyo origen fue la aparición de un demagogo populista en la política, me doy cuenta que no estamos exentos del mal que Vermer anuncia en su novela: la presencia del populismo y la normalización de la pérdida de las libertades y derechos fundamentales.

Recuerdo que, cuando la novela de Vermer llegó a México, hace algunos años, los comentarios y reseñas que leí giraron en torno a la capacidad satírica del autor, no tanto del temible hecho de que vivimos en un contexto ideal para el retorno de los dictadores que creíamos borrados por siempre de la historia.

No es así. Ha vuelto, como en la novela de Vermer, nuestra peor pesadilla.

 

REFERENCIA BIBLIOGRÁFICA

e-book


Timor Vermes. Look who´s back. New York-London: MacLehose Press, 2015. Traductor: Jamie Bulloch. 


Confusiones de guerra

Cuando no sabemos en dónde está el centro moral de las intenciones y actos positivos, el mundo se vuelve confuso y nuestras decisiones de ap...