La propuesta de reforma electoral es una muestra de que los morenistas no entienden al mundo, no les interesa comprenderlo y creen que con su voluntarismo político, sin bases ni argumentos sólidos, basta y sobra para resguardar a México de la observación externa y las sanciones.
Por Rogelio Ríos Herrán
No bien acabé de leer la nota periodística de la BBC encabezada como la CDMX es una “war zone” (zona de guerra) tras la captura de un alto narcotraficante en días pasados, cuando el siguiente aviso de México al mundo se dió el 26 de febrero: la propuesta de una reforma electoral profundamente regresiva.
Como si no estuviera a discusión en la FIFA el posible retiro de Guadalajara como sede de algunos partidos de fútbol de la Copa Mundial FIFA 2026 debido a la violencia en Jalisco, a Sheinbaum no se le ocurrió otra cosa que empujar la reforma electoral obradorista.
Como si no tuviera el gobierno nacional morenista al presidente Trump sobre sus espaldas, exigiendo más resultados en el combate al narcotráfico y dispuesto incluso a suspender el TMEC, desde Palacio Nacional se consideró oportuno sacar adelante una reforma electoral.
En medio de un estancamiento económico que empezó en 2018, con la llegada de López Obrador a la presidencia, de la disminución de la inversión pública, privada y extranjera, y después de una reforma judicial percibida con suma suspicacia en el extranjero, los morenistas se apresuran a aprobar una reforma electoral no consensada con las fuerzas de oposición ni con la sociedad civil.
La reforma electoral va porque va, es el lema morenista. Quienes critican y señalan sus fallas y deficiencias, además de reiterar que es el momento político menos oportuno, dicen “falsedades”, como denomina el presidente Claudia Sheinbaum a los señalamientos críticos.
Una vez más, la propuesta de reforma electoral es una muestra de que los morenistas no entienden al mundo, no les interesa comprenderlo y creen que con su voluntarismo político, sin bases ni argumentos sólidos, basta y sobra para resguardar a México de la observación externa y las sanciones.
El asunto es grave. Anunciar cualquier propuesta absurda, como esta reforma electoral, y defenderla como “decisión soberana” en la arena internacional provoca mayor desconfianza ante México, aumenta la percepción negativa de nuestro país y daña la reputación nacional.
Los medios de comunicación internacionales se van a dar un festín mediático con la cobertura sobre la reforma electoral: es el retorno al régimen de partido único, el fin de la alternancia en el poder, la reducción de las fuerzas de oposición a figuras decorativas y la perpetuación de Morena en el poder.
En mediciones internacionales confiables, México no es hoy, antes de aprobar la reforma electoral, una democracia plena, sino una “autocracia electoral” (Latinobarómetro) o, por otra parte, un “régimen híbrido”: predominantemente autoritario, pero todavía con algunos rasgos de democracia electoral (The Economist).
¿Cómo cree usted que quedará clasificado México después de la aprobación de la reforma electoral?
Los analistas políticos tendrán que inventar una nueva categoría para acomodar ahí a nuestro país: la “morenocracia”, propongo yo.
El bono de beneficio de la duda que me propuse dar a Sheinbaum al inicio de su gestión se deteriora día a día y le queda poco saldo. ¿Tiene ella la capacidad de gobernar para todos los mexicanos, para todas las fuerzas políticas y para toda la pluralidad política de la nación mexicana?
Respecto a la política internacional, ¿alcanza Claudia la estatura analítica necesaria para defender a México ante los desafíos globales y, en particular, ante el presidente Donald Trump, quien la presiona y acota sin límite?
Qué pena no ayudar a quien no se deja ayudar, decimos a nivel personal respecto a personas difíciles.
Qué tragedia no ayudar a los gobiernos que no se dejan ayudar y tachan de “falsos” (que es una manera indirecta de decir “mentiroso” a alguien) a quienes señalan errores, deficiencias y maneras de corregirlos, pero no son escuchados, sino descalificados.
La reforma electoral va porque va. ¡Háganse a un lado!
¿Qué encabezado usará la BBC para cubrir la debacle electoral mexicana?
¡Qué nervios!