México no es un cártel. Acá, en las orillas de los intereses políticos, estratégicos y criminales (confundidos a veces en un solo interés), vivimos ignorados los mexicanos comunes y corrientes que no tenemos vela en el entierro.
Por Rogelio Ríos Herrán
Como ciudadano residente en Monterrey, al norte de México, mi percepción sobre la captura del jefe del cártel más grande de México es diferente a la visión de las autoridades nacionales que lo exhiben como trofeo de cacería.
Me preocupan otras cuestiones muy distintas a las razones de Estado, beneficios políticos y razones geopolíticas.
Veamos:
Nunca antes he visto que la captura de un alto jefe del narcotráfico se traduzca en la disminución real del poder de las organizaciones criminales o en la terminación de sus diversas actividades ilícitas, como la extorsión a negocios y personas, que sigue martirizando a los mexicanos. ¿Será esta vez la excepción a la regla?
Está por verse si la captura del narcotraficante “más buscado de la historia” (de ese tamaño está la exageración retórica) será suficiente para aplacar la sed de Washington que, desde gobiernos anteriores, en mayor o menor medida, según el estilo de cada presidente estadounidense, nunca se satisface y pide más y más. En el pasado, nuestro vecino del norte se ha mostrado insaciable. ¿Será esta vez la excepción a la regla?
Tras la captura del jefe del cártel, la reacción violenta de sus guardias paramilitares se hizo sentir en una docena de estados de la República en formas que atemorizaban a la población, y no se apaciguaron hasta que los delincuentes se cansaron o hicieron una tregua. Si se calculó el tamaño de la represalia desde el gobierno nacional, no lo sé. Lo que sí sé es que esta vez la regla se confirmó por sí sola: durante varias horas, la delincuencia desplegó su fuerza imparable por los pueblos y ciudades de México.
Me enteré, con mucho pesar, de que el operativo militar sufrió bajas numerosas: 25 elementos de la Guardia Nacional asesinados en cumplimiento de su deber, además de tres personas más muertas (un agente de la fiscalía de Jalisco, un guardia privado y una mujer embarazada atrapada en el fuego cruzado). No, no hay nada qué celebrar ante un costo humano elevado e inaceptable, debido no sé si a una planeación deficiente o a un desdén por el costo en vidas con tal de cumplir los objetivos políticos. Es inútil pedir a este gobierno nacional o al Congreso de la Unión que se abra una investigación. Nunca escuchan nada.
Decir cosas como “el país está en paz” es una equivocación producto de la ansiedad del gobierno nacional ante el tamaño de la crisis desatada por el operativo militar. Jamás ha estado México en calma desde el principio de su existencia como país (1821), mucho menos ahora que los mexicanos pagamos las consecuencias de la permisividad del presidente López Obrador ante el desafío de las organizaciones criminales a su gobierno. No sólo es una equivocación decir que estamos en paz, sino un insulto a los soldados caídos y sus familias.
¿Podrá cubrir el gobierno nacional la seguridad de los mexicanos y extranjeros que asistan a los estadios de los juegos de la Copa Mundial FIFA 2026 en las ciudades de México, Guadalajara y Monterrey? ¿Está el gobierno nacional en capacidad de contener la violencia? No es una cuestión menor ni trivial, pues están en juego las vidas de muchas personas y la imagen de México en el exterior? ¿Usted le confiaría la seguridad de sus hijos en el Mundial a lo que dice Claudia Sheinbaum en las conferencias matutinas?
Desde hace tiempo, varios amigos y conocidos me advirtieron que viajar por carretera desde Monterrey a Mazatlán o Guadalajara es muy peligroso. Ni ellos ni yo creemos que el “el país está en calma”. Ojalá algún día, para variar, las autoridades hablaran con la verdad.
México no es un cártel. Acá, en las orillas de los intereses políticos, estratégicos y criminales (confundidos a veces en un solo interés), vivimos ignorados los mexicanos comunes y corrientes que no tenemos vela en el entierro.
Somos la confirmación de la regla: si no le sirves al poderoso, no sirves para nada.
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