Si a dos de las voces religiosas y políticas más prestigiosas del mundo no les hacen caso los gobernantes de la guerra, ¿qué se necesitará para que entren en razón? ¿Una guerra nuclear?
Por Rogelio Ríos Herrán
Desde Ucrania hasta Gaza, Israel, Líbano e Irán, los combates no cesan, las treguas son frágiles y los gobernantes involucrados viven en contradicción.
Cada jefe de gobierno, ayatolá o líder de fuerzas paramilitares expresa en público su deseo por la paz, pero en privado prefiere que sigan las guerras.
¿Por qué?
La razón inmediata es porque las guerras se han convertido en el único medio para mantener su poder.
A ello consideremos, además, que si pierden su poder interno se verán obligados a responder penalmente por sus decisiones negligentes y perversas.
No importa cuántos soldados perezcan o queden heridos en los campos de batalla, la carnicería no debe detenerse.
No tienen escrúpulo alguno en atacar y destruir infraestructura civil que deje a las poblaciones sin agua, electricidad ni servicios de salud.
¿Atacar una escuela de niñas en Irán o un kínder de párvulos en Kiev?
¿Masacrar a personas civiles con drones asesinos en las calles de Ucrania?
¿Dejar en ruinas a la casi totalidad de la ciudad de Gaza?
Nada conmueve a los jefes de gobierno para detener la máquina de guerra que, por otro lado, deja enormes ganancias a los contratistas involucrados.
No los afectan las exhortaciones de León XIV a la paz, las condenas de Naciones Unidas a las agresiones a la población civil ni los cargos de crímenes de guerra emitidos desde la Corte Penal Internacional.
“Renuevo mi llamamiento a poner fin a la violencia, a detener la destrucción, a abrir los corazones al diálogo para la paz”, expresó el Papa León XIV el 6 de septiembre.
“Deseo que los esfuerzos emprendidos en estos días para reanudar las negociaciones den frutos concretos y abran espacio a la diplomacia”, agregó.
El Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, ha advertido recientemente que los ataques contra civiles e infraestructura civil violan el derecho internacional humanitario.
“La elección es clara. La responsabilidad es clara. Ha llegado el momento de la paz”, añadió Guterres.
Si a dos de las voces religiosas y políticas más prestigiosas del mundo no les hacen caso los gobernantes de la guerra, ¿qué se necesitará para que entren en razón?
¿Una guerra nuclear?
¿El desastre climático a escala planetaria?
¿Un asteroide gigantesco que amenaza a la Tierra?
No quiero entrar en los terrenos de la ciencia ficción, pero no veo qué cosa pueda conmover a los señores de las guerras.
Mientras tanto, no dejemos de denunciar el sufrimiento de los pueblos bajo las guerras eternas que sufren.
Levantar la voz, expresar opiniones sólidas y denunciar a los criminales de guerra en donde sea que se encuentren, es la tarea a nuestro alcance.
Es un grano de arena, sí, pero un grano al fin y al cabo.
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