martes, julio 07, 2015

¿HURACÁN GRIEGO?

Ciudadanos griegos celebrando el triunfo del 'No' en el referendo del 5 de julio.
Fuente: google.com



Por Rogelio Ríos Herrán

¿Puede Grecia realmente desestabilizar no sólo a la Unión Europea y a la Euzona, sino a la economía mundial? Si nos atenemos a la cobertura mediática de la crisis de pagos griega parecería indudablemente que sí, que un tropezón en Atenas hará derrumbarse a Berlín, París y Nueva York como si fueran fichas de dominó.

Pero si seguimos un análisis más pragmático y separado de las emociones intensas que provoca el “No” que la mayoría de los participantes griegos en el referendo del domingo 5 de julio le plantaron al FMI, al Banco Central Europeo y a la Comisión Europea, veremos que el peso efectivo de la crisis griega está situado en algún punto más cercano a las posibilidades de un acuerdo que a un apocalipsis financiero.

Todo el armado de un referendo que el gobierno de Tsipras hizo de último momento y cuando la materia sobre la que se iba a votar ya no estaba vigente (un paquete de rescate europeo que ya había expirado) fue, sobre todo, una demostración de fuerza política que le daría capital político.

Por supuesto que el nacionalismo resurgiría entre una población agobiada por medidas sumamente restrictivas impuestas por organismos financieros externos a la realidad cotidiana de Grecia.

Era evidente que, como en otros casos de rechazo nacional al FMI, la reivindicación de la soberanía griega alentaría a muchos griegos a votar por el “No” incluso si no simpatizaban realmente con el gobierno de Tsipras.

Lo que sigue, y que ya inició en Europa, es que acudan de nuevo a la mesa de negociaciones tanto griegos como europeos para, bajo un nuevo contexto, hallar una salida a la crisis de liquidez de Grecia.

¿Se concretará el ‘Grexit’? ¿Abandonará Grecia a la Eurozona? Me parecen medidas extremas a las cuales se llegaría solamente si se agotan otras etapas intermedias de negociación, lo cual es un camino improbable.

Parece más factible que en una nueva negociación –y bajo la batuta de un nuevo Ministro de Finanzas griego que reemplazó a Varoufakis- y bajo el apremio del contexto financiero, se llegue a una restructuración de la deuda griega, que es lo que ha estado en juego desde el principio, el punto central de las negociaciones.

Fuente: google.com
Si no perdemos eso de vista, veremos que aunque haya mucho ruido político alrededor de la mesa de negociaciones (nacionalismo, europeísmo, soberanía, irresponsabilidad financiera, etc.) al final, lo que persiguen acreedores y el deudor es encontrar la manera de pagar lo que se debe bajo las debidas consideraciones, descuentos, quitas o rebajas que se estilan en estos casos.

El resto es ruido político y mediático.



domingo, abril 05, 2015

Contra el terror


Logotipo de la organización fundamentalista.
Fuente: google.com

Por Rogelio Ríos Herrán

Desde Dinamarca hasta Túnez, en Paquistán, y en el prolongado conflicto en Nigeria entre el Gobierno y sociedad nigerianos y los grupos radicales Boko Haram y Al Shabab que han masacrado a la población civil en ataques violentos, el miedo al terrorismo sacude a sociedades y pueblos enteros.

No basta que los gobiernos de esos países, algunos con economías y democracias avanzadas y otros en un lamentable atraso institucional o social, hagan ruidosas declaraciones sobre su voluntad de luchar y acabar con las amenazas terroristas.

Bien saben los ciudadanos tanto daneses como nigerianos que es materialmente imposible para cualquier gobierno evitar un ataque perpetrado por células o grupos terroristas cuando quienes los realizan son atacantes suicidas.

Los atentados de grupos fundamentalistas musulmanes contra poblaciones y sociedades islamistas son un señal de que esa lucha irracional de los radicales se llevó ahora a un terreno distinto: ya no contra Occidente solamente, sino contra los propios “hermanos” musulmanes.

La crueldad extrema de los ataques y ejecuciones del Estado Islámico, por ejemplo, en Iraq y Siria así lo atestiguan. No se diga la serie de atrocidades que han perpetrado Boko Haram y Al Shabab en Nigeria, el último de ellos el de un ataque a un campus universitario con un saldo de más de 140 muertos entre la población estudiantil.

La peor característica de esta lucha desigual entre grandes gobiernos y grupos pequeños o dispersos de radicales es que son las sociedades las que quedan en medio del fuego cruzado, el grupo más vulnerable a que en cualquier momento y en cualquier lugar caiga sobre sus espaldas toda la furia del radicalismo.

El endurecimiento de medidas que rayan en el autoritarismo en los gobiernos occidentales con sus leyes de vigilancia sobre la sociedad y de restricciones ni controles más estrictos a los movimientos de las personas eliminaron los ataques, desde Estados Unidos hasta el corazón de Europa en Francia, por ejemplo, contra la revista Charlie Hebdo.

Los grupos radicales parece que siempre encuentran la manera de sobrevivir a esas medidas, sacarles la vuelta y golpear en donde menos se espera. No los detiene ya ninguna consideración o escrúpulo: golpean a occidentales y musulmanes por igual.

Militantes radicales de Al Shabab
Fuente: ggogle.com

¿Por dónde está la salida a esta situación? No es la respuesta ciertamente la de un Estado Big Brother que observe y controle rigurosamente a la sociedad en su totalidad, escenario que por lo demás es imposible de materializar.

Lo inmediato es buscar nuevas formas, desde las estructuras de autoridad, de enfrentar, desmantelar y anular a la amenaza terrorista de los grupos radicales, pero no pisoteando a la sociedad civil sino llevando la lucha a un plano superior que el que proponen sus enemigos radicales: defender a la sociedad no a costa de su integridad física y sus derechos, sino precisamente asegurando que esos derechos sean la base de la derrota del radicalismo.

Se trata de derrotar al terrorismo con nuestros propios valores, no con sus mismos métodos.

El caos que pretende crear el radicalismo es el ambiente ideal para la descomposición social y política de cualquier nación. No hay manera de combatir eso más que con sociedades sólidas y gobiernos legítimos emanados de ellas, cuyo mandato popular sea la fuente de su fuerza.

¿Cómo pretenden gobiernos autoritarios y cuasi monárquicos, alejados de las necesidades de sus pueblos, combatir al terrorismo si al mismo tiempo sujetan a sus sociedades?

¿Qué clase de dilema es para un pueblo el de averiguar a qué va a temer más: a la violencia de los terroristas o a la opresión de sus gobiernos?

Un largo camino queda por delante en el siglo 21, sin soluciones mágicas ni rápidas, en esta guerra contra los grupos terroristas que desafía los fundamentos mismos de nuestra vida en sociedad.


rogelio.rios60@gmail.com

sábado, enero 31, 2015

México centroamericano



Migrantes indocumentados abordan a "La Bestia".
FUENTE: google.com

Con mucha frecuencia olvidamos en nuestro país, especialmente en el centro y en el norte, que México es Centroamérica.

Por razones históricas, por condiciones geográficas y por afinidades culturales evidentes a primera vista en Chiapas, Oaxaca, Tabasco y Quintana Roo, Centroamérica está en México tanto como los mexicanos somos centroamericanos.

Por eso el tema del paso de los inmigrantes provenientes de Honduras, El Salvador, Nicaragua o Guatemala rumbo a Estados Unidos resulta un tema extremadamente sensible para la opinión pública mexicana e incide frontalmente en la situación de los derechos humanos en México.

Dos sucesos recientes nos ayudan a poner en perspectiva lo que llamaría la “cuestión centroamericana”.

Primero, el anuncio del Gobierno del Presidente Barack Obama de que su administración solicitará en febrero al Congreso estadounidense un paquete presupuestal de mil millones de dólares para ser aplicados en la región centroamericana, particularmente enfocados a que El Salvador, Honduras y Guatemala refuercen sus capacidades de gobierno y den impulso a sus economías y a su integración regional.

La propuesta es ambiciosa, pues, en palabras del Vicepresidente Joe Biden, se trata nada menos que de promover un “cambio sistémico” en esos países para impulsar su desarrollo y, entre otros objetivos, evitar que sigan siendo expulsores de migrantes hacia Estados Unidos.

En la próxima década, explica Biden, 6 millones de jóvenes de América Central van a ingresar al mercado de trabajo, y si no hay oportunidades laborales para ellos, será el Hemisferio Occidental en su totalidad quien sufra las consecuencias.

La gravedad de la crisis de niños migrantes que entraron a Estados Unidos en el verano del año pasado fue una poderosa llamada de atención para Washington sobre la necesidad de enfocarse y atender a la región de Centroamérica.

Travesía de migrantes en un tren.
Fuente: google.com


¿Cuáles pueden ser las consecuencias para México? Por supuesto que nuestro país se beneficiaría de inmediato de un alivio en las condiciones internas de Honduras o El Salvador, por ejemplo, cuyos ciudadanos atraviesan constantemente nuestro territorio rumbo al norte y en medio de riesgos y sucesos trágicos que viven en el camino.

Y en el mediano y largo plazos, sería posible cambiar por completo las bases de la relación con nuestra frontera sur hacia una en donde la economía, no la seguridad, sea el tema predominante.

El fenómeno migratorio es uno que por su volumen y persistencia parece tener rebasadas desde hace años a las autoridades del sur del país, no se diga a los gobiernos estatales.

La situación llega al punto de tragedias que parecen increíbles, que no puede ser que estén pasando: dos mujeres hondureñas fueron asesinadas a bordo del tren “La Bestia” (por donde cada día se transportan sobre los techos de los vagones de carga cientos o miles de migrantes centroamericanos), días después de que tuvieron el valor de denunciar a un grupo delictivo que extorsionaba a los migrantes que abordan ese tren.

La denuncia fue presentada ante las autoridades locales de Chiapas, pero la fiscalía que las atendió falló lamentablemente en protegerlas y prevenir que fueran, nuevamente, víctimas de los delincuentes que ya las habían amenazado.

La Comisión Nacional de Derechos Humanos emitió una recomendación al Gobierno de Chiapas sobre la negligencia en que incurrieron sus autoridades judiciales, pero el daño está hecho de manera irreversible para esas mujeres hondureñas.

Llegamos al arrancar 2015, entonces, al punto en que por lo menos la perspectiva del fenómeno migratorio se amplía, desde el punto de vista de los gobiernos, a un nivel regional: los problemas internos de Honduras, El Salvador y Guatemala afectan de manera directa y profunda a México y Estados Unidos. La solución a esa situación no puede ser sólo nacional, sino necesariamente será de nivel regional.

El éxito de la iniciativa del Presidente Obama hacia América Central requerirá de un compromiso absoluto y de voluntad política de los gobiernos centroamericanos involucrados. Si los mil millones de dólares son muchos o pocos para el tamaño del problema, en todo caso, es sólo una parte de la cuestión.

La verdad, lo sabemos, es que ninguna ayuda externa es suficiente si el propio país beneficiado no impulsa desde adentro el “cambio sistémico”, como lo expresó Biden, necesario para sacar a sus pueblos de la pobreza y del subdesarrollo político.


Desde México deberemos estar atentos a sus resultados y elaborar una política propia de ayuda hacia quienes, en muchos sentidos, son nuestros hermanos centroamericanos.

rogelio.rios60@gmail.com

sábado, noviembre 08, 2014

Desaparecidos, calcinados…

Fuente: Google Search.


Por Rogelio Ríos Herrán

Ni al más curtido lector de noticias mexicano le pasó sin tocarlo, emocionalmente hablando, la nota de que fueron encontrados algunos de los restos de los 43 normalistas rurales guerrerenses, quienes afirma la Procuraduría General de la República que fueron secuestrados, asesinados e incinerados en un basurero de la población de Cocula, en Guerrero, y parte de sus restos dispersados en el Río San Juan.

Ese mismo lector que ha visto de todo en las noticias: gente colgada en los puentes, cabezas desprendidas de sus cuerpos y tiradas en las banquetas, personas descuartizadas, niños verdugos y niños víctimas, etcétera, se resistía a creer que los normalistas de Ayotzinapa fueran a tener el mismo final que los miles de víctimas de la violencia en México: la muerte violenta, la desaparición hasta de los restos, el desvanecimiento de personas que nunca son vueltas a ver.

Pero la noticia, aunque previsible, llega como bofetada para todos los mexicanos: ya aparecieron los normalistas, pero muertos y asesinados con crueldad.

Un hecho así nos degrada a todos los mexicanos –sociedad y gobierno- a niveles a los que no quisiéramos descender jamás, a una convivencia sin leyes ni normas en donde la ambición de poder y riquezas de unos cuantos grupos dominantes no tiene freno ni escrúpulo alguno, a un lugar en que la muerte indiscriminada y brutal es el único horizonte de vida.

En proporciones distintas, pero la misma tendencia se repite en todo México: las extorsiones y amenazas; luego los secuestros y finalmente el asesinato o la desaparición de las personas. 

En la mayoría de los casos hay autoridades involucradas –por acción u omisión- que dejan a los ciudadanos en total indefensión.

El problema no queda enterrado en Guerrero con los restos de los normalistas rurales, ni sus consecuencias conocen ya límites geográficos, como se puede constatar con la amplia difusión del caso Ayotzinapa en redes sociales y en medios informativos y entre autoridades de muchos países que han condenado el evento violento.

El problema de la violencia llega hasta nuestra vidas de golpe, se conoce y se vive en Tijuana o en Monterrey tanto como en Iguala o Chilpancingo: los derechos humanos se encuentran bajo constante ataque, las garantías individuales sólo existen en el papel mientras no las defendamos, el valor de la vida y la dignidad de cada persona es desdeñado y degradado con impunidad por las organizaciones criminales y por la complicidad directa de autoridades, en muchos casos, o por la omisión, en otros tantos.

Ahí, en ese territorio de los derechos fundamentales, sin barreras ni condicionantes de ideologías, sin reservas políticas, es donde yace la esencia de lo que es ser humano y habitante de este mundo con derechos y obligaciones por el simple hecho de ser una persona.

“El desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad”, escribieron los redactores en el preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948).

“Todo individuo tiene derecho a la vida, a la dignidad y a la seguridad de su persona” (artículo 3), agregaron. Todo ello tiene vigencia plena en la legislación mexicana.

México tuvo una participación activa y solidaria tanto en la elaboración de la Carta de San Francisco (que crearía a la ONU en 1945) como en la Declaración Universal de los Derechos Humanos porque se creía entre muchos mexicanos de entonces en la posibilidad de un mundo mejor después del horror de la Segunda Guerra Mundial.

Pero en 2104, ¿qué decirle a los padres de los normalistas rurales asesinados? ¿Que todo fue en vano para los mexicanos desde 1948? ¿Que tenemos derechos fundamentales a nivel universal y consagrados en la Constitución mexicana, pero que no los podemos hacer valer? ¿Que se resignen a ya no ver vivos jamás a sus hijos jóvenes?

 La vida en México seguirá, por supuesto, el país no se detiene ante los hechos violentos que ya parecen empezar a formar una parte permanente de su panorama, y, por lo demás, vendrán otros sucesos y noticias a desplazar a Ayotzinapa de la atención de la opinión pública.

Pero el problema de fondo persiste en todo México y en todos los estratos sociales: ¿cuánto vale en México nuestra vida y dignidad como personas? ¿Cómo ejerce un mexicano sus derechos fundamentales: por la vía institucional o con un fusil en la mano? ¿Por qué tuvimos que llegar a este dilema?

rogelio.rios60@gmail.com





jueves, octubre 16, 2014

Guerrerenses del mundo

Estudiantes normalistas rurales marchan en protesta en Guerrero, México.
Fuente: Google.com



Por Rogelio Ríos Herrán 

Por un efecto de concentración intensa y excesiva en un tema noticioso que tienen los medios de comunicación en México -y para el caso, en casi todo el mundo-, el suceso trágico de la desaparición de 43 estudiantes de una escuela normalista rural en Ayotzinapa, Guerrero, México, ocupa un lugar central entre gran parte de la opinión pública mexicana.

No podía ser de otra manera: que tantas vidas perdidas y aparentemente segadas con crueldad por criminales sacudan la conciencia de los mexicanos y les arrojen al rostro una cara brutal de nuestra nación es un golpe brutal, sí, pero también una oportunidad para que la sociedad reaccione y exija una pronta acción del Estado mexicano para saber qué le pasó a esos muchachos normalistas y quiénes son los responsables.

El centro de nuestras preocupaciones como ciudadanos y como padres de familia son ellos, en primer término, saber en dónde están, averiguar sobre su destino, castigar con rigor a los culpables, evitar por todos los medios posibles que eso vuelva a suceder en Guerrero o en cualquier parte de México.

Lo demás, es decir, el juego político tejido alrededor de su tragedia, son asuntos de segundo plano: si renuncia o no el Gobernador Ángel Aguirre, si el PRD alentó a funcionarios y gobernantes con perfil de delincuentes en Guerrero, si el titular de la PGR sabía de antemano de la complicidad entre el Alcalde de Iguala y los delincuentes, pero no hizo nada al respecto, ¿qué más da eso ahora que ni siquiera rastros de 43 muchachos pueden ser encontrados?

Ni la enorme presión internacional sobre el caso de los desaparecidos de Ayotzinapa parece apurar a las autoridades mexicanas a dar resultados inmediatos de sus pesquisas, mientras día a día las ONGs pro derechos humanos señalan una y otra vez, con razón, la dramática debacle que se vive en algunas regiones de México respecto a las garantías esenciales para las vidas de las personas.

Pocas veces como hoy, en este tramo final del 2014, se siente en todo México una pesadumbre palpable en la opinión pública, un desánimo mayúsculo ante el grave retroceso que en la vida nacional representa lo de Ayotzinapa, que junto a otros eventos sangrientos como los de la masacre de Tlatlaya o la matanza de inmigrantes centroamericanos en San Fernando, Tamaulipas, abonan toneladas de pesimismo al ánimo nacional y casi nada de optimismo.

¿Cuál es la salida al grave problema que vive hoy Guerero? Cualquiera que sea se ve compleja y riesgosa, pero probablemente se necesite una inmediata intervención federal a gran escala ante la debilidad de las autoridades locales y su complicidad en algunos casos con la delincuencia regional.

Al final, sólo una gran presión de la opinión pública mexicana y de la organismos internacionales y ONGs dderechos humanos hará que la pesada maquinaria burocrática mexicana se eche a andar con rapidez y eficiencia en Guerrero.

Eso es lo menos que le debemos a lo estudiantes normalistas desaparecidos, ¿en dónde están? Que regresen vivos.

rogelio.rios60@gmail.com

miércoles, agosto 27, 2014

Alcance de las reformas

Una plataforma petrolera en las costas de Campeche.
Fuente: google.com


Por Rogelio Ríos Herrán

Se celebra en estos días en muchos círculos públicos y del sector empresarial la aprobación de un paquete de reformas -entre las que brilla con luz propia la energética- que fueron el fruto de una larga e intensa negociación entre partidos políticos, empresarios y grupos de opinión.

Las cámaras legislativas fueron el escenario de discusión de senadores y diputados en torno a los temas de las reformas en un tono apocalíptico que hizo recordar otros momentos de la historia de México en los cuales, se decía, se jugaba el futuro de la Patria: o reformamos o nos hundimos.

El Presidente Enrique Peña Nieto sentó el tono –desde la perspectiva oficial- del momento que vive hoy nuestro país en un editorial publicado el 24 de agosto en el diario El País: las reformas aprobadas fueron “la plataforma sobre la cual se generó una agenda de cambios profundos que han sentado las bases jurídicas e institucionales para la construcción de un nuevo México”.

“Estas reformas”, agregó el Presidente de México, “tienen tres grandes objetivos: elevar la productividad de México para impulsar el crecimiento y el desarrollo económico; fortalecer y ampliar los derechos de los mexicanos; y afianzar nuestro régimen democrático y de libertades”.

Al abrirse ahora el ciclo de la implementación de las reformas, el desafío para gobierno, sociedad y sectores empresariales será llevarlas a la vida diaria de los mexicanos en forma de beneficios tangibles que permitan hablar en efecto “de un nuevo México”.

En esta ocasión, y en particular en torno a la reforma energética, no sólo las expectativas de los mexicanos son muy altas, sino que la conciencia crítica de una buena parte de la sociedad –en especial de la clase media- respecto a las acciones de gobierno y a la manera en cómo se hacen negocios en México, será la que marque la diferencia frente a otras épocas.

Es verdad que el marco institucional y el estado de derecho siguen siendo débiles o muy vulnerables en México, pero lo que existe, con lo que contamos, es un punto de partida para que los ciudadanos por sí mismos o a través de las organizaciones y partidos políticos hagan valer en la realidad sus derechos, reciban los beneficios concretos y perciban que verdaderamente se combate y se abate a la corrupción.

Contra el optimismo gubernamental y empresarial va a contracorriente un escepticismo profundo de los mexicanos que una y otra vez han escuchado promesas y ofrecimientos similares de sus gobernantes sólo para padecer profundas devaluaciones y crisis económicas cuyas cicatrices todavía perduran en la memoria colectiva.

No pienso en cómo el gobierno va a implementar las reformas, sino en cómo la respuesta de la sociedad a ellas permitirá o no que se concreten y que sean benéficas para la sociedad mexicana.

No pienso en la inercia gubernamental, sino en la iniciativa de la sociedad, en los mexicanos proactivos y críticos que no cejarán en la tarea cotidiana, dura y desgastante de tratar de ejercer plenamente sus derechos y cumplir sus obligaciones.

¿Cuándo llegarán las reformas a nuestros bolsillos?
Fuente: google.com

México sigue siendo un país de jóvenes, de muchachos que apenas acceden a la edad económicamente activa y que no se van a conformar, en su mayor parte, simplemente con vivir en un país que los adultos les entregan con tantas carencias y rezagos y con tan pocas oportunidades para los recién llegados.


¿Cuál será el alcance de las reformas? ¿Está nuestro petróleo en riesgo o en efecto será el detonante de una nueva etapa de desarrollo? Los ojos de un adulto y los ojos de un joven lo ven de maneras distintas: alguno de los dos tendrá la respuesta correcta.

rogelio.rios60@gmail.com

viernes, junio 20, 2014



Felipe VI, Rey constitucional 

Por Rogelio Ríos Herrán 


Encarno una monarquía renovada 
para un tiempo nuevo 
Felipe VI 

En qué momento más difícil en la historia de España asume la Corona el nuevo Rey Felipe VI, al recibir la investidura real de manos de su padre Juan Carlos: una época en que bajo cualquier indicador económico y social la sociedad española vive bajo la tensión de la crisis, el desempleo y el desasosiego que en la convivencia entre españoles produce la brecha generacional, las posiciones políticas y rupturas ideológicas, las rivalidades a muerte como entre los equipos de futbol, y, para rematar, la estrepitosa eliminación en la primera ronda de la Selección española en el Mundial de Brasil 2014.

Ante una nación desgarrada en lo interno, disminuida en su influencia externa en América Latina, golpeada en el orgullo deportivo y de la cual un sector mira con ojo sumamente crítico a la Monarquía y pide su abolición, el relevo generacional en la Corona aporta, al menos, la frescura que todo en cambio en el poder suele traer, sobre todo, cuando quien llega representa a una nueva generación de españoles más jóvenes que reclaman su papel en la vida pública de la nación ibérica.

Ha dicho atinadamente Felipe en su discurso de apertura de su reinado que es "mi convicción personal que la Monarquía Parlamentaria puede y debe seguir prestando un servicio fundamental a España".

Agregó el nuevo monarca que "la independencia de la Corona, su neutralidad política y su vocación integradora ante las diferentes opciones ideológicas, le permiten contribuir a la estabilidad de nuestro sistema político... y ser cauce para la cohesión entre los españoles".

Felipe es un Rey que accede a la cabeza del Estado español de acuerdo con la Constitución, un Rey constitucional como él mismo lo manifestó en su discurso inaugural, y no podemos dejar de subrayar la importancia de este hecho: la transición pacífica de la titularidad de la Corona como un reflejo de la madurez política de la nación española.

Su preocupación por dejar asentada la fuente de su legitimidad nos habla del tamaño del desafío que enfrenta, así como de una visión pragmática de un jefe de Estado que sabe cuál es su papel en el sistema político, pero que también reconoce que no es ajeno ni inmune al fragor de las batallas políticas ni al rechazo manifiesto de una parte de los españoles que en días recientes, desde el anuncio de Juan Carlos sobre su abdicación, se manifestaron ruidosamente en las calles madrileñas.

De los diversos puntos que abordó Felipe en su mensaje inicial, rescato dos que me parecen relevantes para el momento político español: 

1) Recuperar la autoridad moral de la Casa Real 

La Corona debe saberse ganar continuamente el aprecio, respeto y confianza de los ciudadanos, "y para ello velar por la dignidad de la institución, preservar su prestigio y observar una conducta honesta, íntegra y transparente como corresponde a su función institucional y a su responsabilidad social". 

"Sólo de esa manera se hará acreedora de la autoridad moral necesaria para el ejercicio de sus funciones", concluyó el Monarca.

Sobra decir que éste es quizá el motivo de mayor irritación de una parte de la sociedad española con la familia real: el descrédito que alguno de sus miembros le ha embarrado al verse sujeto a proceso judicial, las pifias de don Juan Carlos, el alto costo del mantenimiento de la realeza en medio de una severa crisis económica. Mucho trabajo tiene por delante el joven Rey para reconquistar el aprecio perdido de la sociedad española.

LA FAMILIA REAL ESPAÑOLA
Fuente: Google Search.


2) El papel de Letizia, la princesa Leonor y la infanta Sofía

Los nuevos reyes jóvenes no dejan de ser, en su rol de padres de familia, como muchas familias en España: con dos hijas pequeñas, con las preocupaciones familiares, y con una vida por delante para educar a las niñas y salir adelante como familia. Sólo que ellos, a diferencia del resto de la sociedad ibérica, tienen el sustento económico asegurado y no padecen las estrecheces de las clases media y baja en las ciudades españolas, ni han vivido la angustia de un desalojo ni han sufrido el zarpazo de la violencia y la inseguridad, los hijos adictos a las drogas, etc.
  
¿Cómo va a encarnar la Reina Letizia, mujer profesionista, periodista, inteligente y de visión moderna de la vida, a la mujer española de hoy, a las de su edad y experiencia de vida similar en la clase media, desde el rígido protocolo de la Casa Real? ¿Qué tiene qué decir y mostrar a las mujeres españolas como Reina, madre de familia y compañera de Felipe?

¿De qué manera la princesa y la infanta, adorables las dos, tendrán la simpatía y la cercanía con los niños españoles, los que ven sufrir a sus padres para ganar el sustento, los que perciben en los adultos la preocupación y la pesadumbre por lo difícil de la vida?

Cómo los jóvenes españoles, ellas también se enfrentan a una época de peligros, de amenazas por internet, de acercarse y caer en el abismo de las drogas y las adicciones; ellas, a diferencia de sus contemporáneos, corren además el riesgo de quedar doblemente aisladas del resto de la sociedad española por su investidura y por razones de seguridad. Si es difícil ser niño en el mundo de hoy, es doblemente arduo serlo cuando se es miembro de la familia real.

Empieza una nueva era en la Corona española, una de renovación no carente de retos y adversidades. Por todo lo que representan hoy y lo que pueden llegar a "encarnar", como dice Felipe, para la sociedad española y para ayudarle a recuperar la esperanza, sigamos con interés las acciones y palabras de Felipe VI, el Rey joven, universitario, con postgrado en Estados Unidos y que con entereza ha asumido la Corona: no es fácil ser el hijo de un Rey, ni mucho menos ser Rey de España.  

JUGAR CON LA HISTORIA

Sheinbaum demuestra, como su antecesor López Obrador, un rasgo de personalidad preocupante: la arrogancia de nombrar a discreción los lugare...