sábado, marzo 16, 2019

Interview con Obama (un sueño que sucedió)


Barack Obama en un coffee-break
Fuente: Google.com

Por Rogelio Ríos Herrán

No me lo van a creer, pero estaba yo sentado muy a gusto en la cafetería Starbucks habitual (la de Magma Towers) a la que voy a charlar con los amigos, leer y revisar papeles e ideas, en el área de San Pedro, un suburbio rico de Monterrey, México, cuando entró al recinto nada menos que Barack Obama.

Sí señor, era el mismísimo ex Presidente de Estados Unidos, con su look habitual de saco sin corbata, aunque ahora había cambiado su sonrisa habitual, la que le da ese “charming” mediático tan apreciado por muchos, por un semblante pensativo.

Se sentó a mi lado en la barra y como si nada empezamos a platicar, yo no me iba a quedar impávido ante su presencia y me presenté como periodista. Curiosamente, él hablaba un español fluido, así que la plática, breve en realidad, se desarrolló intermitentemente en español e inglés.

¿En qué piensa, señor Presidente? En una cuestión sobre los niños en países en desarrollo, me contestó. ¿Qué te parecería, me dijo, un programa de mi Fundación con donativos para apoyarlos dando fondos a los gobiernos de sus países? Los gobiernos aplicarían esos recursos para aliviar su pobreza y carencias de educación y servicios de salud.

¿Cómo calificarías esa propuesta?, me preguntó el señorón a mí, un columnista provinciano que no podía creer siquiera que lo tuviera tomando un café conmigo. Tuve arrestos todavía para contestarle que, en una escala de 1 al 10, le daría un 8, pues todo está muy bien en su programa excepto que entregar dinero directamente a los gobiernos latinoamericanos no era lo más conveniente, ¿por qué no buscar otra manera de hacerlo?

En ese momento, varias personas se habían acercado ya, atraídas por Don Barack, quien las saludaba y se sonreía con ellas. El instinto me dijo que la plática perdería fuerza con tantas interrupciones, así que le empecé a preguntar sobre Michelle, sus hijas, qué hacían ahora, ¿se lanzaría su esposa a la candidatura en el 2020?, cómo pasaba él sus días de pensionado, etc., como cuando uno pregunta a los amigos cómo está la familia, a qué te dedicas ahora, cuándo nos tomamos unas cervezas.

No tuve tiempo ni de tomarme la obligada selfie del recuerdo, se hubiera visto muy bien la foto de Obama y un servidor encabezando este escrito, en lugar de una foto de archivo: hubiera sido un hit de primera plana. Los dos perros de la casa se pusieron a ladrar furiosos a un gato noctámbulo que cada noche, como a las tres de la mañana, se divierte con sus tontos amigos caninos al pasar caminando, muy lentamente, por la cochera, justo abajo de la ventana de nuestra recámara en la planta alta, y volverlos locos. El sueño terminó.

Bajé a calmar a los perros, a tomar un poco de café y a sacudirme la impresión que me causó la plática con Obama. No es una cosa de todos los días lo que me pasó. Fue algo surrealista, a André Bretón le hubiera fascinado, la vida es demasiado grande para abarcarla con la estrecha realidad, me hubieran dicho los surrealistas; por eso, los sueños la complementan, le abren un “dintel” a la experiencia total de vivir: el sueño es la vida en toda su plenitud. La vida es sueño, agregaría Lope de Vega, y los sueños, sueños son.

Regresé a mi lecho, me volví a dormir, pero ya se había ido Don Barack a otro lado, lástima; espero que por lo menos le dé una breve consideración a lo que le dije. De mi parte, le cumplo como periodista al compartirles a ustedes una estampa posible de un sueño que sucedió, una evidencia onírica, una realidad ampliada: decir lo soñé es decir que lo viví.
Ya quiero que sea de noche: ¿con quién soñaré hoy?

Rogelio.rios60@gmail.com




domingo, marzo 10, 2019

¡Mejor 200 días!


El Presidente de España, Pedro Sánchez, y AMLO.
Fuente Google.com


Por Rogelio Ríos Herrán 

En mis tiempos de corredor aficionado activo, allá en la lejana juventud, siempre preferí la media distancia, alcanzar el mayor kilometraje posible con mi capacidad física, que las carreras de velocidad. El hermoso Bosque de Tlalpan al sur de la CDMX fue testigo de innumerables corridas en medio de sus árboles y senderos que me transportaban a un pequeño Nirvana chilango.

Aprendí de esas corridas que lo veloz, lo inmediato, lo que hay que analizar y darle forma cuando está a la vista, es siempre un asunto traicionero al juicio, un pantano en donde fácilmente podemos atascarnos en busca de respuestas rápidas y evaluaciones sobre las rodillas (“bomberazos”, como se les conoce en el argot). Sólo la carrera larga me daba la serenidad necesaria para reflexionar. Me volví desde entonces enemigo de las prisas.

¿100 días de Gobierno de Andrés Manuel López Obrador? Puedo dar una opinión, por supuesto, pero les diré que mi meta desde el arranque del presente sexenio fueron los primeros seis meses, digamos los 200 días, para empezar a tener una idea más clara de lo que estaba pasando.

¿Por qué? No creo que 100 días sean un corte preciso para evaluar seriamente a una administración pública que apenas arranca. La tentación de extender una opinión, sin embargo, es demasiado grande para cualquier periodista, por eso creo que sí es relevante dar ahora una fotografía de lo que puede o no puede venir en el futuro inmediato.

Mi fotografía va más en el sentido de lo externo que de lo interno, es decir, de lo que nos espera del mundo para México, una variable que definitivamente está fuera de nuestro control:

1)    ¿Qué viene de USA? El arranque de las precampañas presidenciales desde hace semanas, la depuración de posibles candidatos y, sobre todo, la definición de una plataforma Demócrata para el 2020 hace que “el tema México” (las caravanas, la migración, drogas, El Chapo, las armas que llegan al país, las calificadoras, la legalización de la mariguana que podría incluso discutirse en Texas -of all places- este mismo año)  juegue, independientemente de lo que quieran los mexicanos un papel importante en la carrera electoral. ¿Seremos alfiles o peones en el tablero de ajedrez demócrata-republicano? Tenemos un buena estrategia de protección al migrante recientemente expuesta por el Secretario Marcelo Ebrard que se aplicará a través del trabajo intenso del Servicio Exterior Mexicano, pero ¿qué más va a hacer AMLO para apoyar el plan de Ebrard? ¿Está plenamente consciente el Presidente mexicano -¿se lo han recalcado sus asesores y funcionarios del área?- de que una actitud pasiva ante Washington (el Washington de Trump) es una invitación abierta a la hostilidad y al manejo negativo de la imagen de México como carta electoral? ¿Cuándo irá AMLO por primera vez como Presidente a Los Ángeles, Nueva York, Houston, San Antonio, Atlanta, para “hacer campaña” entre las comunidades mexicanas a favor de una imagen positiva de México? ¿Por qué no lo hizo en estos 100 días? ¿Por qué el Presidente no viaja el exterior?


2)    Los conflictos entre países con armamento nuclear como el actual entre Paquistán-India y Corea del Norte-Corea del Sur, además de Corea del Norte-Estados Unidos, más el anuncio del Presidente ruso Vladimir Putin del desarrollo de nuevos y poderosos misiles en Rusia y su postura de reiniciar la carrera armamentista con Washington al retirarse estadounidenses y rusos de los actuales tratados de desarme nuclear, son para poner los pelos de punta a cualquiera. Si las potencias reviven la carrera armamentista de la Guerra Fría y los conflictos regionales elevan el riesgo de una crisis con armas nucleares, a México no le queda más remedio que elevar la voz para condenar esa carrera y a los involucrados, tal como lo demanda nuestra tradición anti-armamentista. No he escuchado mucho sobre eso en la opinión pública mexicana, no es tema de debate y parece como si ignorar la cuestión nos “blindara” contra los riesgos. No nos engañemos: será un tema obligado para AMLO definir posturas en los siguientes 100 días, incluso si ello lo enfrenta a Trump.

Venezolanos en Monterrey.
Fuente: Google.com
3)    Sobre el conflicto venezolano, me parece que se discutió y analizó suficientemente la postura de México (“Cien días de soledad” le llamó el analista y ex diplomático Enrique Berruga), la cual no ha rendido los frutos esperados. Considerando el nudo en el que se ha convertido Venezuela y su conflicto interno, se explica esa falta de resultados porque nadie más (el Grupo de Lima, la presión de Washington, el Secretario Luis Almagro en la OEA) ha logrado nada. Maduro se aferra al poder a cualquier precio, el opositor Guaidó se apoya en Trump y los venezolanos sufren cada día más el deterioro de su nación. La pregunta es si, a la luz de los hechos, México alterará o no su curso diplomático y cambiará su estrategia, a qué costo y bajo cuáles circunstancias. El acercamiento a la comunidad venezolana exiliada en México podría proporcionar claves para un mejor entendimiento de la situación interna en esa nación; por lo menos con los venezolanos en Monterrey (donde resido) no se ha intentado.


4)    Si bien las remesas provenientes de Estados Unidos alcanzaron una cifra récord en 2018 al superar los 30 mil millones de dólares, no es posible que el Gobierno mexicano cuente con un panorama similar para el presente año. Hay signos de una desaceleración económica norteamericana, su guerra comercial con China empieza a cobrar el precio y el ciclo de crecimiento económico que tanto a ha beneficiado al Presidente Trump (cortesía de Barack Obama) parece llegar a su fin. Hay voces en el Congreso y en los sindicatos automotrices estadounidenses que piden una mayor revisión del T-MEC (otra vez) negociado con la anterior administración mexicana. ¿Se ha preparado el actual Gobierno mexicano para tal eventualidad? ¿Cuenta ya AMLO con el relevo de Ildefonso Guajardo, el negociador estrella de Peña Nieto, que lleve a buen puerto una posible renegociación comercial? ¿Será Jesús Seade el nuevo “Golden Boy” del equipo negociador comercial mexicano?

Vaya, reviso lo escrito y percibo más preguntas que respuestas, pero no se me ocurre cosa para estos primeros 100 días que compartir con ustedes mis interrogantes.

En términos beisboleros, como le gustan a AMLO, apenas va el Gobierno mexicano rumbo a la mitad de la temporada, sus mejores pitchers siguen frescos, no se les ha cansado el brazo y siguen tirando rectas de 90 millas, pero sus bateadores estrella aún no logran, lamentablemente, sacarla del cuadro.

Como buen estratega, “El Peje” sabrá a quién y cuándo enviar de relevo a la caja de bateo, pues sin un bateador oportuno no hay pitcher que aguante siquiera siete entradas contra el poderoso team USA y su aguerrido coach Trump con su inseparable cachucha roja.

Nos vemos mejor en 100 días para otro recuento. 
Rogelio.rios60@gmail.com

domingo, marzo 03, 2019

¿Es la política lo más importante para los mexicanos?


Pulquería Las Mil Mentiras, CDMX
Fuente: Google.com

Por Rogelio Ríos Herrán
La respuesta a esta interrogante no es complicada: la política, es decir, el funcionamiento de las instituciones, la aplicación de las leyes y el desempeño de los gobernantes no capta realmente la atención del mexicano promedio en su vida diaria.
El hombre y la mujer de la calle, los jóvenes recién llegados a su ciudadanía, los más viejos que ya han visto ir y venir a muchos gobernantes, a ninguno de ellos le roba el alma -no por más de un momento, la respuesta a una encuesta o una plática de café- lo que llamamos vida pública y el mundo de lo político.
Digo esto porque mi observación de la vida cotidiana de las personas, a lo largo de los años, me ha llevado a darme cuenta de que nuestra “alimentación” de información sobre la política en México sigue siendo tan deficiente y distorsionada que inevitablemente orilla, en la mayoría de los casos, al rechazo de todo lo que huela a rollo político.
Abunda la información pública, incluso la de buena calidad hecha por periodistas de alto nivel, pero su consumo es incompleto y limitado porque las personas tienen cosas más importantes que hacer que perder tanto el tiempo con los políticos.
Al mexicano común le sigue llegando, es verdad, por todos los medios de comunicación disponibles, la lluvia de declaraciones y dichos de los políticos: presidentes municipales, diputados y senadores, gobernadores, Presidente de la República, funcionarios de cualquier nivel, etcétera, que constituyen lo que para nosotros es la vida pública.
Si la cobertura de los medios de información se enfocara no hacia lo que dicen los políticos, sino a los hechos cumplidos, a las obras realizadas y bien hechas, sus páginas y noticieros se quedarían vacíos.
Sin las palabras diarias de cada Tlatoani mexicano -desde el presidente municipal del pueblo más rascuache hasta el mismo Presidente- no habría nota periodística, los reporteros y editores caerían en pánico porque no tendrían con qué llenar sus páginas o su tiempo de transmisión al aire.
Mientras tanto, los más chavos no encuentran empleo o se meten a trabajar en lo que sea ganando cualquier cosa, sin prestaciones. El adulto mayor vive al pendiente de que no falle o se retrase el pago de su pensión, de tomar su medicina, de que sus hijos ya no lo visitan. La esposa maltratada vive la angustia de no poder quitarse de encima a su golpeador, al vecino le preocupa que no le tapen su cochera. La traición y la deslealtad campean libremente entre amigos, familiares y socios de negocios que acaban peleados a muerte y sus negocios en la ruina.
División y más división, pleitos interminables entre los mexicanos. Enfermedades y padecimientos temporales y crónicos que nos impiden dedicarnos a ser ciudadanos de tiempo completo y exigirles a los políticos que se dejen de tonterías y se pongan a trabajar.
Una montaña de obstáculos se interpone para emprender cualquier negocio, desde una taquería en la esquina de la calle hasta una planta manufacturera que daría empleo a mil personas, es lo mismo para la burocracia, la cual no interviene para ayudar, sino para que su tajada sea más grande.
El desencanto del mexicano con la política no es de hoy, de este gobierno nacional o del anterior o del anterior del anterior, ni de este gobierno estatal y municipal ni del anterior y el anterior del anterior.
La decepción profunda del mexicano con sus autoridades viene de siglos atrás: “Dios está muy alto, el Rey está muy lejos”, se decía en la Nueva España para justificar las transas. El incumplimiento de las leyes, sacar la vuelta a las normas establecidas es proverbial, tan antiguo como los antiguos mexicanos.
La construcción de un México diferente desde décadas atrás, la participación de grupos políticos y sociales para la creación de organismos autónomos, de una cultura de transparencia y rendición de cuentas, el crecimiento de la sociedad civil que es indispensable para la vida común de las personas, la libertad de expresión periodística, se ven amenazados hoy no nada más por los gobernantes en turno, sino por el desinterés tan hondo y abismal que los mexicanos siguen teniendo en la vida pública.
Dejar hacer y dejar pasar todo lo que hagan los políticos es una receta para el desastre. Si como ciudadanos no queremos o no podemos zafarnos por lo menos un poco de las cadenas de la vida cotidiana, de las deudas, el desempleo, las enfermedades y padecimientos, la manipulación de que somos víctimas por la propaganda gubernamental y la cobertura ineficaz de los medios de información que confunden más en lugar de aclarar, seguiremos condenados a jugar el papel secundario y subordinado que los mexicanos hemos tenido desde la creación de México como país independiente: las leyes como letra muerta, la palabra del gobernante como norma.

¿Qué hacer? De entrada, cuestionar todo lo que dicen los políticos, desconfiar de sus palabras y sus personas y solamente confiar en sus actos si estos se realizan conforme al bien común y en cumplimiento del interés público. Hacerles saber que gobernar no es cosa de ocurrencia, de cómo amaneció hoy el Tlatoani en turno, sino de una tarea profesional en la toma de decisiones y en cumplimiento de las leyes, de dar resultados, no declaraciones sin fin, ¿es mucho pedir a los políticos mexicanos?
Además, bien podríamos los ciudadanos ir colocando “la política” en otro lugar de nuestras vidas, en uno en donde la veamos no como problema, sino como solución. Después de cada elección, al ver el desempeño inicial de quienes elegimos para gobernantes, siempre nos cuestionamos: ¿en qué estaba yo pensando que voté por fulano o menganita? ¿No me di cuenta de cómo eran en realidad? (No se preocupe: eso mismo se preguntan los estadounidenses, los ingleses, los franceses, argentinos, etcétera).
No se trata, para los ciudadanos, de poner al país de cabeza, sino de hacerlo caminar por un camino ya trazado y conocido como exitoso en otros países: participar activamente para construir un estado de derecho, de rendición de cuentas de los gobernantes, de gobiernos responsables y gobernantes juiciosos y respetuosos de los principios democráticos, de anteponer el interés público al privado, de gobernar para todos, no solamente para los del mismo partido, entre otras cosas.
¿Es mucho pedir a mis compatriotas mexicanos? ¿Neta?
rogelio.rios60@gmail.com

  

  


  




  

jueves, febrero 28, 2019

Apodaca coreana



Por Rogelio Ríos Herrán

Fue un día de contrastes y sorpresas el pasado 27 de febrero cuando tuve la oportunidad de hacer un recorrido, junto con amigos coreanos y autoridades municipales y funcionarios del área de prensa y medios del Gobierno del Estado de Nuevo León, por algunas avenidas de Apodaca, N.L., en las cuales se concentra buena parte de los negocios creados por los coreanos establecidos en ese municipio.

De contrastes porque ese mismo día se celebraba, al otro lado del mundo (en Vietnam), el encuentro cumbre entre el Presidente estadounidense Donald Trump y el líder norcoreano Kim Jong-un, en el cual se buscaba llegar a un acuerdo general sobre el desarme nuclear de Corea del Norte por parte de Estados Unidos.

Mis amigos coreanos me comentaban que estaban al pendiente de lo que sucediera en esa cumbre, pues cualquier acuerdo logrado con Corea del Norte para estabilizar la seguridad en Asia Oriental sería de gran beneficio para Corea del Sur.

No sabíamos en ese momento que la reunión cumbre terminaría abruptamente y sin acuerdo alguno, mientras los funcionarios de ambos gobiernos se culpaban mutuamente por el fracaso.

De sorpresas porque fue posible conocer de primera mano lo que tanto había escuchado sobre la comunidad coreana en Apodaca, el municipio de la zona metropolitana más poblado de coreanos: los orientales son emprendedores, luchones, abren sus negocios, se apoyan en su comunidad y mantienen sus vínculos.

Así que mientras la alta política internacional distanciaba a dos líderes de la talla de Trump y Kim, en este lado del mundo, el contacto de coreanos y mexicanos daba mejores resultados.

La creación en diciembre pasado de la Policía Ciudadana Coreana (presidida por los señores Kevin Lee y Rubén Kim), un cuerpo de voluntarios civiles coreanos que busca servir y asistir a sus compatriotas en sus interacciones con las autoridades municipales y estatales, fue el motivo para que agentes en servicio de la Secretaría de Seguridad Pública de Apodaca (bajo las órdenes de su titular Víctor Manuel Navarro) acompañaran a los coreanos a visitar varios negocios de sus compatriotas.
De esa manera los oficiales que nos acompañaban fueron presentados a los dueños de establecimientos y forjaron un vínculo que se suma al lanzamiento de la Policía de Proximidad de Apodaca, un proyecto municipal muy interesante del Alcalde César Garza que busca recuperar la confianza del ciudadano en sus policías.

Fue muy educativo visitar los negocios, pequeños restaurantes, un taller de hojalatería, pintura y mecánica automotriz, un supermercado con artículos coreanos, una estética en donde se hablaba coreano, chino y japonés, un pequeño y acogedor bar que sirve “soju” (licor coreano) y el tradicional platillo Chi Mek (pollo frito y cerveza), una fábrica de gimnasios al aire libre, todos ellos atendidos por sus propietarios y abiertos a coreanos y mexicanos.
La desconfianza se resquebraja, el acercamiento personal destruye los estereotipos y el cruce de manos y miradas entre coreanos y autoridades se hace posible durante una visita personal.

No dudo en hablar por los mexicanos ahí presentes (autoridades y agentes de Apodaca incluidos) al decir que no teníamos una idea clara de lo que había atrás de los letreros en coreano hasta que conocimos a las personas que están detrás de ellos, al pie del cañón en sus negocios.

En las conversaciones con ellos escuché, una y otra vez, su agradecimiento a esta tierra que los ha recibido, su deseo de permanecer en Nuevo León y de integrarse a la sociedad en general. Algunos de ellos ya lo han hecho más a fondo al casarse con mexicanos y vivir aquí con sus familias.

Además, esta visita me dio la oportunidad de ver con mayor claridad que no toda la presencia coreana se reduce a las grandes empresas aquí asentadas (Kia Motors y LG), sino que han llegado también a Nuevo León los comerciantes y empresarios pequeños y medianos que buscan establecerse y prosperar, tal como lo queremos hacer los mexicanos.

Si se da una vuelta por Apodaca, no dude en visitar a cualquiera de estos negocios coreanos, no sienta temor por el idioma o por lo desconocido. Lo recibirán con mucho gusto, se lo aseguro y después seguirá regresando a saborear la deliciosa comida coreana o un buen Chi Mek.

Cuando la alta política internacional falla, la política del acercamiento y proximidad entre ciudadanos y autoridades municipales sí da buenos resultados en Apodaca.
rogelio.rios60@gmail.com




domingo, febrero 10, 2019

Lo que enseña una escuela coreana




Por Rogelio Ríos Herrán

Me llamó poderosamente la atención el comentario de Margarita Jin, durante una conversación que sostuvimos recientemente, al decirme que coreanos y mexicanos sí tienen algo muy fuerte en común: el amor a vivir en familia, a incluir no sólo a padres e hijos, sino abuelos, tíos, primos, etcétera en la vida familiar. Todos tienen su lugar y hay una manera de dirigirse a cada uno de ellos.

Por eso el concepto de “amigo” se dice en idioma coreano de varias maneras dependiendo de a quien le hable uno: a una persona mayor, a alguien de la misma edad o a alguien más joven.

Margarita dirige la Escuela de Coreano en Monterrey, la cual agrupa a más de 100 alumnos de los grados de preescolar desde 4 años, primaria y secundaria, y que visité como parte del interés del Instituto de Política y Economía Corea-México en difundir la cultura coreana. Son hijos de familias de coreanos residentes en el área metropolitana de Monterrey, incluyendo a hijos de matrimonios binacionales: padre coreano-madre mexicana o madre coreana-padre mexicano.

Su objetivo, según me explico la directora Jin, es reforzar cada sábado del ciclo escolar su identidad coreana, su historia, cultura, normas de convivencia, idioma, geografía. Eso es adicional a la educación que los niños coreanos reciben en escuelas mexicanas de lunes a viernes.

La experiencia de asistir a la Escuela (establecida desde 2004), ubicada actualmente en la sede de la Iglesia Coreana de Monterrey gracias a la generosidad de su Pastor, es muy importante para los niños coreanos de padres itinerantes que trabajan fuera de su país para empresas o el gobierno coreano.
La escuela no persigue fines de lucro, sino cumplir su misión de enriquecer el lazo cultural que une a cada coreano, desde su nacimiento, con su Madre Patria. Las maestras que atienden a los niños son voluntarias y una parte de sus recursos provienen del Gobierno coreano, además del esfuerzo local por sostenerla.

Al final, un mejor entendimiento de la identidad cultural propia nos lleva a la mejor comprensión e integración a la cultura del país a donde vayamos a vivir por las razones que sean.

Lo que se hace en la Escuela de Coreano de Monterrey ayuda a los niños coreanos y a sus padres a entender mejor sus raíces y a comprender las semejanzas y diferencias con los mexicanos para que al final se establezca ese puente cultural al que Corea y México aspiran.

No es fácil lograrlo. Los coreanos, me comenta Margarita, tienden a ser más bien conservadores en su mentalidad, les cuesta trabajo confiar de entrada en los demás, debido a las experiencias que han tenido en otras naciones a lo largo de su historia.

Pero una vez otorgada esa confianza, los mexicanos saben que cuentan con socios y amigos leales y para muchos años. Sí, algo así como lo que el “compadre” es para un mexicano.

La educación básica es fundamental para que los niños coreanos echen buenas raíces. Hay un dicho en Corea, me dice la directora Jin, que expresa que lo que se aprende mal a los tres años, ¡dura hasta los 80 años! En México diríamos: “árbol que nace torcido nunca su rama endereza”.

El proyecto de la Escuela necesita dar otros pasos, comenta su directora: conseguir un local propio con un patio escolar y otras áreas de actividades para atender el crecimiento de la comunidad coreana y el aumento de la demanda de educación para los niños coreanos.

Me despedí de Margarita, los niños y niñas coreanos y maestras con la novedad de haber conocido algo insospechado en Monterrey; una Escuela de Coreano que refleja el espíritu de trabajo y perseverancia que caracteriza a los coreanos y que es su aportación a las comunidades a las que llegan fuera de su país.

En Mérida, Yucatán, según me comentó Margarita, hay otra escuela coreana y el Ayuntamiento de la ciudad inauguró en diciembre de 2017 la “Avenida República de Corea” en conjunto con la Asociación de los Descendientes Coreanos de Yucatán, en conmemoración de la primera inmigración de más de 1000 coreanos en 1905 y como reconocimiento local a las raíces que echaron los coreanos en la hermosa capital yucateca. En Monterrey, pregunto, ¿cuándo tendremos una calle con ese nombre?


jueves, febrero 07, 2019

Corea y Guadalupe: encuentro afortunado




Por Rogelio Ríos Herrán

Las coincidencias geográficas y culturales se dan a veces en donde menos se lo espera uno, ¿quién se imaginaría que un grupo de coreanos se sentaría a la mesa de trabajo para intercambiar información y opiniones con los funcionarios del Municipio de Guadalupe, Nuevo León?

Sí, el municipio guadalupense ya ha albergado a empresas y maquiladoras norteamericanas y francesas, como bien recordó en la reunión Erasmo Garza (ex alcalde y asesor del gobierno actual) que sucedió en épocas pasadas; pero, ¿coreanos?

Bueno, pues el 6 de febrero se dio este encuentro en la moderna sede del Palacio Municipal, se intercambiaron propuestas y preguntas y quedó asentado que, luego de casi un par de horas, los funcionarios guadalupenses descubrieron el interés y seriedad de los inversionistas coreanos en su municipio, y, por su parte, los coreanos agrupados en el Instituto de Política y Economía Corea-México, simple y sencillamente, descubrieron a Guadalupe como una gran área de oportunidad.

Yo mismo, presente en la reunión (formo parte del Instituto), residente de toda la vida en Monterrey, me sorprendí de qué poco conocía de Guadalupe más allá del consabido dicho de que es “el dormitorio de Monterrey”.

La Alcaldesa Cristina Díaz, Adrián Fernández (Secretario de Desarrollo Económico), Oliverio Tijerina (Control y Desarrollo Sustentable, Alejandro Espinosa (Finanzas y Tesorería) y Elisa Estrada Treviño (IMPLANI), del área de desarrollo económico, se encargaron de revelarnos una visión de fuerte impulso al desarrollo del municipio, dividido en 6 distritos.

La estrategia del municipio se orienta en principio a lo siguiente: para actualizar el rostro urbano de la ciudad se desarrollarán preferentemente los Distritos Urbanos Centro-Lindavista y Cerro de la Silla Sur, éste último sede del Estadio BBV Bancomer del equipo Rayados de Monterrey y en donde FEMSA (dueña del estadio y el equipo) hará más inversiones, lo cual nos da una buena idea de la importancia de la zona.

Posteriormente, se enfocará la atención al Distrito Norte Oriente, el de mayor superficie disponible para desarrollar en el Municipio.

Siendo la segunda ciudad más poblada de Nuevo León con alrededor de 700 mil habitantes, Guadalupe elaboró su Plan de Desarrollo con miras no sólo a lo largo del trienio, sino para dejar sentadas las bases de lo que podría ser un “boom” económico mediante desarrollos comerciales, habitacionales, de recreación, de hospedaje y en general de una infraestructura adecuada (como, por ejemplo, la creación de un corredor que iría de La Pastora al Parque Fundidora) para recibir a los visitantes del Mundial 2026, cuando el Estadio BBV Bancomer será sede de algunos juegos.
El grupo de coreanos orientó naturalmente sus preguntas a aspectos específicos de estímulos municipales, los planes para el transporte público y la vialidad, los servicios municipales y la seguridad; uno de ellos, Alex Lim (empresario coreano miembro del Instituto), dijo algo que llevó las cosas un paso adelante: México nos ha recibido no sólo para prosperar y hacer negocios, sino para hacer una vida y formar nuestras familias, por eso nos preocupa participar de cerca con los municipios.

Las palabras de Alex me llevaron a reflexionar sobre que los coreanos vienen para quedarse, piensan a largo plazo e invierten para echar raíces, no para abandonar a la menor adversidad. Así lo he sentido hasta ahora en mi trato con ellos.

En este momento se juntan en Guadalupe dos impulsos: uno, el municipal, el de poner en práctica una transformación económica del municipio que es “la casa del Cerro de la Silla”; otro impulso, la enjundia coreana por hacer negocios y prosperar en el municipio (por ejemplo, creando un Distrito Coreano o Korea Town), junto a los guadalupenses y no a costa de ellos.

Es un buen momento del cual pueden resultar cosas interesantes. Yo solamente hice una observación al final que me pareció pertinente: que la visión y la estrategia que proponen los funcionarios guadalupenses (“Mira qué linda es Guadalupe” es uno de sus lemas) se sostenga a través de las futuras administraciones municipales, es decir, que sobreviva la prueba de fuego de los ciclos políticos y los cambios de gobiernos.

Me contestó muy bien Elisa Estrada: “la hicimos muy bien fundamentada y sustentada en estudios y proyecciones para que quien venga después, la aproveche”, ¡eso es hablar como buena guadalupense! 
rogelio.rios60@gmail.com

domingo, febrero 03, 2019

Migrantes: ¡que ruede el balón!






Por Victoria Ríos Infante



Las canchas de futbol en los albergues de atención a población migrante constituyen no sólo espacios para la recreación y el esparcimiento físico, son también espacios terapéuticos. La presencia de un balón de futbol en contextos de crisis es igual de valiosa que la presencia de especialistas en temas de salud física y mental: es el mejor complemento a los anteriores.



Los balones son los juguetes que se quedan con el niño y la niña interior que los adultos llevan dentro. Son bolas de cuero sintético que nos hacen soñar mientras las tenemos cerca. Y, cosa importantísima, no sólo alimentan los sueños y la imaginación de hombres, sino también de muchas mujeres.



“Estoy practicando, tal vez algún día sea una profesional…” Escuché decir en Tijuana a una mujer que cabeceó el balón por más de hora y media. Hombre, tras hombre pasaba para hacerle mancuerna y ella, incansable, seguía dándole vuelta a cada uno. Agachándose e impulsándose con estilo, con técnica, con fuerza. La misma fuerza que seguramente le llevó a salir de Honduras, atravesar todo México y llegar hasta esta ciudad fronteriza. “Esa catracha vale oro”, murmuraba un cúmulo de hombres que se reunían para presenciar la cátedra que la mujer daba con el balón.



En El Barretal (Tijuana, Baja California), un recinto de espectáculos adaptado como albergue temporal de cientos de migrantes hondureños, salvadoreños, guatemaltecos y nicaragüenses, unos jóvenes de la caravana migrante peloteaban la bola y disfrutaban lucirse con los pies, mientras esperan su número para pasar a Estados Unidos a solicitar asilo.



Jon y Noé tenían meses, si no es que años, sin poder jugar futbol como solían hacerlo cuando eran más pequeños. La dura rutina de trabajo, la escuela, no les permitía ya tener espacio para “cascarear”. La charla, que inició con la nostalgia del deporte, trascendió en el estigma que cargan como jóvenes cuando los tachan de criminales y holgazanes; mientras uno era estudiante de agronomía, el otro deseaba iniciar una carrera como ingeniero antes de sumarse a la caravana.



“Lo extrañaba muchísimo, jugar…”, decía un joven migrante, por eso, los balones en El Barretal les llenaban las piernas, el pecho, la cabeza y el corazón de felicidad.



Podrá parecer algo pequeño, pero una cancha o un balón pueden cambiar totalmente la vivencia de un espacio de atención a personas migrantes: “Las canchas de los albergues que he estado, ¡púchica! créame que, para desestresarse, yo allá la pasaba feliz, al principio jugaba todos los días. El torneo de los sábados, ¡púchica! todo mundo lo esperaba con ansias, y me acostumbré a eso” narra Javier sobre su experiencia en La 72 (en Tenosique, Tabasco), en el sur del País, contrastando esa experiencia con la de los albergues de la frontera norte.



“Lo primero que pregunté yo aquí fue: aquí no hay una cancha ni nada, porque es la única forma de poder hacer ejercicio, y a la vez poderse distraer de este camino tan duro y tan largo”, concluyó.



Todo esto lo reflexiono mientras en Tijuana me siento como en casa cuando coreo con la barra de mi equipo Tigres “¡aquí no existen fronteras, vamos a donde sea!”, en un partido de futbol contra Xolos de Tijuana, y festejo el gol de dos migrantes (un francés y un chileno, jugadores de Tigres) que en Monterrey son abrazados sin peros -al menos por la mitad de la ciudad. Mientras las copas de oro nos llenan de alegrías, estos balones —los que se pasean por los incansables pies migrantes— son los balones de la esperanza, son medicina para el cuerpo y el alma.






Victoria es migrante permanente, Licenciada en Estudios Internacionales (Universidad de Guadalajara), estudiante del Doctorado en Ciencias Sociales (ITESM Campus Monterrey). Ha colaborado con organizaciones y redes especializadas en el estudio y atención de la migración.




Mexicanos con bandera nacional

Siempre me pongo de pie al escuchar el Himno Nacional y para saludar a la bandera: son los símbolos incorruptibles de la conciencia cívica d...