¡Defiendo mi voto!





Por ROGELIO RÍOS HERRÁN

 Contra la manipulación de la información, el ocultamiento de la verdad y la mala fe al propagar falsedades o hechos dudosos presentados como verdades comprobadas en esta campaña electoral del 2018, defiendo mi voto.

Al rechazar cada teoría de la conspiración que escucho mañana, tarde y noche sobre maquiavélicos arreglos cupulares, oscuras alianzas inconfesables entre partidos y personas con visiones políticas no solamente encontradas, sino de plano irreconciliables, defiendo mi voto.

No habrá candidato ni propuesta que capture por completo mis preferencias políticas, no dejaré que nadie me absorba el seso ni me ciegue a la más clara de las realidades: no hay candidato perfecto, no hay propuesta de gobierno infalible, no hay partido sin mancha. Si me quieren convencer por todos los medios de que ellos sí son perfectos y su plataforma es impecable, defenderé mi voto.

No hay nada más frágil en las democracias modernas que mi voto individual. Aquí estoy yo, un ciudadano escéptico, desorientado, solitario contra candidatos, gobernantes, partidos, asesores de campañas, etc., blandiendo mi voto como una varita que agito para conjurar el huracán categoría 5 que se me vino encima cargado de violencia, inseguridad y corrupción.

Pocas cosas son tan vulnerables como los votantes durante una campaña electoral que sufren el diluvio de la propaganda electoral, una avalancha de frases e imágenes que no nos hacen ni más sabios ni mejores ciudadanos, solamente nos aturden.

Qué inútil parezco cuando intento enfrentar el tsunami electoral nada más que con mi conciencia en la frente y mi voto en la mano. No me dejo seducir, me resisto al canto de las sirenas, busco sinceridad en los candidatos y encuentro en casi todos ellos nada más que respuestas mecánicas preparadas de antemano por los asesores, frases huecas despersonalizadas, y me siento como cuando las muchachas le responden al galán insistente: “sí, claro, eso le dices a todas”.

Defiendo mi voto contra todo eso, insisto, porque he vivido lo suficiente para no acabar de desencantarme con tanta y tanta elección en que deposité ilusionado mi voto solamente para terminar decepcionado por quien elegí.

Si me decepciona el candidato, no me desilusiona la oportunidad de votar, no se termina para mí la democracia en las fallas y la deshonestidad de cualquier político. Es mucho más que eso mi aspiración democrática: un ideal, una utopía, una sensación de trascendencia.

No podría decirle a nadie, especialmente al joven ciudadano que votará por primera vez, que se abstenga de votar, ya que “no sirve de nada”, como dicen muchos pesimistas incurables para quienes únicamente somos títeres de los grandes titiriteros.

Fuente de las fotos: Google.com
Al contrario, le diría a ese joven que se estrene como ciudadano con un buen voto, razonado y fundamentado, y que no se crea todo lo que le prometen: no todo lo que brilla es oro.

Ni candidatos fallidos ni partidos decadentes te pueden quitar, joven ciudadano, lo mejor que una democracia puede darte para cambiar las cosas: tu voto, tu valioso y sublime voto que será la marca que dejes en la arena pública a lo largo de tu vida. Tú no eres un títere, eres el verdadero titiritero, ¿no lo sabías?

Todo empieza al votar, al abrir el ciclo de estímulo y castigo que tenemos en nuestras manos. En ese momento íntimo y secreto en la urna, al marcar las boletas, al sonreír porque premiamos o castigamos a los políticos y señalamos un rumbo para nuestra ciudad y para México, recibimos la hostia de la democracia: el voto, el sencillo voto que nos eleva por encima de todo lo demás para hacer la comunión con la Nación que somos, con la Patria a la que nos debemos más que a cualquier candidato o partido.

Somos mexicanos porque nacimos en México, pero nos hacemos ciudadanos porque votamos por México. Por eso, ciudadanos, yo defiendo mi voto.

rogelio.rios60@gmail.com



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