martes, septiembre 13, 2016

En salud y enfermedad

Hillary Clinton es conducida a su vehículo tras sentirse indispuesta.
Fuente: Google.com

Por Rogelio Ríos Herrán

No deja de ser irónico para Hillary Clinton, candidata demócrata a la Presidencia de Estados Unidos, que lo que no pudo hacer su contrincante republicano, Donald Trump, lo haya logrado un brote de neumonía al interior de su equipo de campaña que la afectó igualmente a ella hasta hacerla lucir muy mal y prácticamente noquearla en el evento conmemorativo del 15 aniversario del 9/11 en Nueva York.

Con ese apetito que exhiben los medios estadounidenses -el “mainstream” y los alternativos por igual- por aspectos morbosos de las figuras públicas, la atención se enfocó a la salud de Hillary, su fragilidad en un día caluroso en Nueva York, y no en el mensaje del Presidente Barack Obama y su alegato interesante y retador sobre la necesidad de impulsar a la diversidad como el motor que mueva a la sociedad norteamericana.

A 15 años del 9/11, evento trágico en el cual murieron -por cierto- cientos de mexicanos en el World Trade Center neoyorquino, la viabilidad de una sociedad incluyente, más abierta y plenamente consciente de su diversidad étnica y cultural en Estados Unidos es tanto más urgente cuanto necesaria para enfrentar los desafíos globales que bajo diferentes rostros acosan al mundo entero.

¿Que Rusia y Estados Unidos negociaron en esos mismos días al fin una tregua en Siria que entró en vigor el lunes 12 de septiembre y que podría abrir la puerta a un acuerdo general para detener el conflicto y aliviar la situación lamentable de los sirios y su éxodo a Europa? “Never mind”, lo mediáticamente importante es ver si en un video se aprecia o no que Hillary se desvanece al subir a la camioneta del Servicio Secreto.

¿Que la sociedad estadounidense enfrenta un desafío interno de la mayor envergadura al darse cuenta de que aquello que la divide (raza, ingresos y nivel de vida muy disparejos) es más fuerte hoy que aquello que la une (su profundo sentido del patriotismo, su fe inquebrantable en la grandeza de su país)? No importa eso, pongan en la TV y en las “front pages” las imágenes de Hillary (o las de su supuesto "doble" que le descubrieron en las redes sociales) agobiada por el calor, sostenida por dos agentes para no caer, abunden en la cobertura sobre cómo puede afectarle la neumonía, diseñen escenarios en caso de que su enfermedad le impida continuar como candidata, etc.

Por supuesto que los medios son reflejo de la sociedad a la que observan e intentan informar. Si señalamos esa ansiedad mediática por el morbo, por la intrusión en la privacidad de las figuras públicas, por el chisme y lo estrafalario, es porque la sociedad lo pide y lo consume, en su mayor parte, sin chistar y sin darse cuenta de que en toda esa información que recibe no va incluido lo que de veras afecta a sus vidas, los problemas de fondo, las tendencias mundiales que parecen llevarnos al colapso mundial si las ignoramos, en fin, todo aquello que, sin hacer tanto ruido en el día a día de los medios, termina siendo lo que realmente incide en nuestras vidas.

Deberá reanudarse la campaña presidencial en cuanto Hillary Clinton se recupere y volverá entonces a liarse a golpes en el lodo con Donald Trump, quien para su crédito se vio moderado en sus comentarios el día del evento de la neumonía de Hillary.

Hillary, ya recuperada.
FUENTE: Google.com

Volverán a su nivel acostumbrado las aguas, sin embargo, y en ellas seguiremos navegando por los mismos barcos mediáticos que nos transportan, pero ojalá que tan sólo por un momento hiciéramos un alto en nuestras vidas y nos planteáramos una cuestión esencial para cada uno de nosotros:

¿Qué quiero percibir del mundo que sea relevante en mi vida, mi comunidad, mi país y para el planeta entero? ¿Qué demando y exijo a aquellos que asumen la noble tarea de informar y que con frecuencia parecen perder el rumbo e ignorar lo importante por atender lo urgente?

Será esa una manera de empezar a cambiar el mundo: comenzando por cambiar el cómo nos informamos sobre él. Todo es del color del cristal con que se mira.


rogelio.rios60@gmail.com








sábado, julio 09, 2016

Dallas, otra vez

Agente de policía de Dallas durante la caza del francotirador.
Fuente: Google.com

Por Rogelio Ríos Herrán

Duele escribir en tono trágico sobre Dallas, la hermosa y dinámica ciudad texana tan querida y cercana para muchos mexicanos.

Algo pega en el corazón cuando nos referimos a una comunidad estadounidense que ha absorbido a hispanos y afroamericanos por igual para integrarlos a una economía urbana que ha dado un lugar privilegiado a Dallas entre las ciudades no sólo de Texas, sino de todo Estados Unidos.

Cinco oficiales de policía asesinados por francotiradores en las calles, después de una protesta contra dos casos de abuso policiaco recientes y varios agentes tras una noche de disparos y terror, nos lleva al triste recuerdo de la tensión e incredulidad que invadió a los texanos aquel Noviembre de 1963, cuando el Presidente John F. Kennedy fue asesinado en el centro de Dallas.

Así reaccionamos ahora: no puede ser, esto no está sucediendo, no otra vez en esta ciudad.

Si el ataque a los policías metropolitanos fue, como dijo inicialmente uno de los sospechosos capturados, en represalia a casos de abuso de autoridad de policías de otras ciudades norteamericanas, eso no justifica, por supuesto, que alguien pretenda tomarse la justicia por mano propia ni es en modo alguno una forma de protestar contra las autoridades.

El problema, sin embargo, va más allá: lo de Dallas, como lo de las otras ciudades en donde han estallado disturbios y enojo contra casos de abusos de policías -el caso de Baltimore- revela una herida profunda en la sociedad estadounidense todavía sin cerrar: la de la sombra del racismo y su cauda de enfrentamientos, división de la sociedad y las conductas violentas.

Descartando que este evento llevado a cabo por francotiradores tenga motivaciones o ligas con el terrorismo, la situación no es menos grave que si la propia Al-Qaeda hubiera perpetrado el asesinato de policías texanos, pues atacar y matar a un policía en Estados Unidos es un delito gravísimo y provoca una respuesta unánime e inmediata de las autoridades y la sociedad: se condena a quien lo hace, aunque sin dejar de criticar a los policías que incurren en abusos y corrupción.

Si a todo ello agregamos el trasfondo de la disponibilidad casi irrestricta de armas y municiones de grueso calibre que permiten a cualquier ciudadano enfrentar a los policías por horas y matarlos y herirlos, entonces veremos que -otra vez, como en los sesentas- la nación americana a la que tanto admiramos y criticamos, parece encontrarse al borde del precipicio de una violencia social que puede llegar a ser incontrolable: no ya sólo “Mississipi burning”, como la película de Alan Parker, sino “USA burning”.

Espero fervientemente que no sea así, el pueblo estadounidense tan variado y trabajador y pacífico en su mayor parte, no se lo merece, como tampoco los mexicanos que en Texas y en toda la Unión Americana viven y trabajan codo a codo con “los gringos” por salir adelante como comunidad, como ciudad y como país.


Dallas: ¡no otra vez!

rogelio.rios60@gmail.com

sábado, junio 25, 2016

Brexit: la falla inglesa

FUENTE: Google.com


Por Rogelio Ríos Herrán

Muy poco puede agregarse a lo que ya los analistas en su mayor parte han señalado: lo que presenciamos el jueves 23 de junio en Gran Bretaña, la votación a favor de la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE) en el denominado Brexit, es un gran error histórico de los británicos, un retroceso inconmensurable al siglo 20 cuando, por el contrario, deberían estar mirando hacia adelante en el siglo 21.

El estrecho margen de ganancia del voto ganador, 52 por ciento contra 48 por ciento del voto por permanecer, indica que el sentimiento separatista no es abrumador ni mucho menos predominante en la comunidad británica.

El resultado de ello será una nación profundamente dividida por una cuestión que no debería haberse ni planteado en primer término: una cosa es cuestionar el funcionamiento de la Unión Europea, lleno de imperfecciones, pero otra muy distinta es separarse del proyecto europeo de integración, el más importante proceso político del siglo 20 y un modelo para la integración de las naciones en el futuro inmediato.

El separatismo inglés, al provenir de razones políticas internas y de coyuntura, permeadas de prejuicios y excesos de nacionalismo y xenofobia, seguramente hará más lento el proyecto europeo, pero no lo detendrá de ninguna manera.

Con Gran Bretaña o sin ella, la Unión Europea tendrá que seguir adelante en un proceso que ya es irreversible: la formación de una comunidad de naciones con instituciones y autoridades supranacionales y una economía comunitaria, por llamarla de alguna manera, que no tiene réplica en el resto del mundo.

Los errores se pagan caro. Los grandes errores, se pagan más caro aún. La estrechez de miras de los políticos ingleses impulsores de la separación, su manera de manipular a la opinión pública azuzando temores xenofóbicos y nacionalistas, apelando a un concepto de soberanía nacional ya caduco en el caso europeo, regresará al Reino Unido a una senda que ya había transitado, la de una idea de soberanía y orgullo nacional obsoleta que parece más bien del siglo 19, no de la época actual.

Se abre ahora un periodo incierto para los ingleses en el que deberán tramitar su salida de la UE mediante una negociación que podría extenderse hasta a dos años, si es que antes las veleidades de la política interna inglesa no hacen dar marcha atrás a una decisión absurda como la del 23 de junio. 

A lo largo de ese plazo veremos el efecto de la separación inglesa a nivel global, el impacto en los mercados, el castigo internacional al Reino Unido y al final el asentamiento de las aguas globales después de pasada la tormenta.

Para los ingleses, será la vuelta a un país que ya habían supuestamente dejado atrás. Su tormentosa relación con el “Continente” los ha llevado ahora a dar un paso en la dirección equivocada, uno que satisface y beneficia nada más a sus políticos de extrema derecha que brincan de gusto por la victoria pírrica que han logrado aun a costa del atraso de su país ante las corrientes de vanguardia de la historia.


Uno no puede menos que preguntarse: ¿En dónde estás, Winston Churchill?

rogelio.rios60@gmail.com 

miércoles, mayo 25, 2016

Elecciones sin fin

FUENTE: Google.com
Por Rogelio Ríos Herrán

La cercanía de la jornada electoral en México, en donde el próximo 5 de junio se definirán 12 gubernaturas, y la precampaña electoral de demócratas y republicanos en Estados Unidos para definir a los candidatos que contenderán en noviembre por la Presidencia estadounidense, nos pinta nada menos que como un país de elecciones.

No bien termina un ciclo electoral cuando se viene otro encima para renovar a gobernadores, alcaldes o legisladores.

Las maquinarias electorales no descansan jamás en México. Si a ello sumamos las campañas presidenciales o legislativas estadounidenses que nos interesan a los mexicanos, entonces el panorama se completa: los ciudadanos vivimos para votar, ésa es la razón de ser en nuestra democracia, según los políticos y las autoridades electorales que administran miles de millones de pesos de presupuesto para organizar las elecciones.

Que los mexicanos seamos principalmente votantes en nuestro sistema político y que difícilmente traspasamos el umbral hacia una ciudadanía plenamente activa y participativa en la formulación de las políticas públicas y en las decisiones de gobierno es una realidad apabullante y desmotivadora.

Nos quieren en las urnas y ya. “Votas y te vas”, diríamos parafraseando a Vicente Fox, situación que por lo demás se da, aunque en niveles diferentes, en democracias maduras como la de Estados Unidos o las europeas: más allá del voto el día de las elecciones, pocos son los que se involucran, como ciudadanos, en la política de manera activa, casi todos vuelven a la rutina ordinaria de sus días, al trabajo y a la familia.

Al acudir a votar ejercemos un derecho fundamental como ciudadanos, pero a la vez los votos depositados en la urna dan vida e impulso al aparato electoral y a los presupuestos multimillonarios que manejan y que año con año, lejos de disminuir, se renuevan e incrementan con cada nuevo ciclo electoral.

Fuente: Google.com
En México y en Estados Unidos, aspirar a puestos electorales importantes requiere de quien lo haga que asegure un soporte financiero sustancial del orden de los miles de millones de pesos o de dólares, para ser competitivo en la arena electoral, un candidato “pobre” no tiene posibilidad alguna.

Por estas razones me entusiasman las jornadas electorales, pero no dejo de tener en cuenta en algún rincón de mi conciencia que, a la vez que ejerzo mi derecho ciudadano, sirvo de justificación a la danza de los millones que desatan y administran candidatos y autoridades electorales en un gasto efímero y vano que seguramente sería más útil y provechoso si aplicara a solucionar los problemas de quienes viven en la pobreza o son vulnerables en la sociedad.

Son los costos de tener una democracia, es verdad, siempre se paga un precio. Y pagamos con ello nuestra pasividad como ciudadanos, de nuestra apatía típicamente mexicana de no dar un paso más allá de las urnas, de limitarnos a hacer lo que le conviene más al sistema político en su conjunto: tener ciudadanos así de pasivos y auto limitados.

Mi generalización es injusta, lo reconozco, en vista del crecimiento reciente del activismo ciudadano, de organizaciones no gubernamentales y personajes que al levantar la voz y con su liderazgo nos inspiran y motivan a sacudir la modorra cívica.

Pero, en términos cuantitativos, siguen siendo una parte minoritaria de la sociedad frente a la gran masa que persiste en sus hábitos tradicionales de escasa o nula participación cívica.

Pongamos un grano de sal a nuestro entusiasmo electoral por los candidatos en México o en Estados Unidos: si no avanzamos más allá del voto, sólo les estamos entregando un poder desmedido y sin contrapesos para que hagan lo que quieran con él.

No es una fatalidad que no se pueda revertir, sin embargo, para encauzar los ciudadanos al sistema político hacia donde nos sea verdaderamente útil, no hacia donde los políticos quieran, es decir, hacia su propia con conveniencia desapegada de los intereses, anhelos, temores y deseos de la sociedad.


Podemos empezar a hacerlo este próximo 5 de junio.

rogelio.rios60@gmail.com

lunes, febrero 15, 2016

En lengua tzotzil



El Papa admira un tocado indígena en Chiapas.
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Por Rogelio Ríos Herrán

Justo cuando me enteraba de que en Canadá el recién llegado Primer Ministro Justin Trudeau promueve una política de reconciliación con los pueblos nativos o indígenas canadienses hasta el punto en que les pidió perdón públicamente en nombre de su Gobierno, veo por televisión la llegada del Papa Francisco a Chiapas el 15 de febrero.

Nuestro hermoso estado chiapaneco es la cuna de culturas y lenguas indígenas ancestrales, que habitaban estas tierras mucho antes de la llegada de los conquistadores españoles, por ello la mera presencia del Pontífice ahí es un gesto que tendrá repercusiones en el mapa religioso y político de Chiapas y del resto del país.

La misa celebrada por Francisco, en San Cristóbal Las Casas, incluyó las lecturas de las escrituras y el evangelio en lenguas indígenas (tzotzil y tzeltal) por parte de párrocos, diáconos y misioneras de las regiones chiapanecas.

Como escuchar el canto de los pájaros, la fluidez y belleza de las lenguas nativas llenaron el aire y nos hicieron recordar a quienes, aunque suman millones de mexicanos en todo México, parece que no existieran para el resto de la sociedad mexicana, que no tuvieran voz propia y que, como muchos aún piensan, que no tuvieran ni siquiera capacidad de razonamiento.

Tomó nota el Papa seguramente, al igual que todos nosotros, de que una vida social y política plena e integrada de los indígenas a la sociedad mexicana no existe, lo cual es una realidad penosa para México y uno de nuestros asuntos pendientes como Nación.

El espacio que dio a los indígenas en la liturgia el Papa Francisco me parece que lleva un mensaje de inclusión y una llamada a sacar del olvido a quienes luchan por ser reconocidos como parte de una unidad religiosa y como miembros de un México con plenos derechos.

Cada indicador social y económico que utilicemos nos arroja luz sobre la exclusión de los indígenas de la corriente central de la vida pública de México. Ni siquiera ocupan un lugar clave en los debates o prioridades nacionales, se habla más de otros temas que de los pueblos indígenas; en particular, de Chiapas sólo queda el recuerdo de la rebelión zapatista.

Que el Papa haya incluido a Chiapas y el encuentro con sus pueblos indígenas en San Cristóbal y Tuxtla Gutiérrez es un signo de que para él, como misionero de la Iglesia católica, la lucha por la evangelización nativa es una de sus grandes batallas pastorales.

Por nuestra parte, bien podría este gesto papal servirnos a los mexicanos para retomar una de las batallas pendientes de la sociedad mexicana: ¿cómo integrar a la sociedad a los aproximadamente 11 millones de indígenas mexicanos? ¿Cómo saldar nuestra deuda histórica de explotación y exclusión hacia ellos?

En la misa del Papa.
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No dejo de notar la profunda devoción indígena, su vuelco a la fe católica o evangélica en Chiapas y el sentido de unidad y pertenencia que ellas les proporciona. Con una devoción similar y la actitud de entrega completa a una causa justa, la sociedad mexicana haría maravillas y quizá viviríamos en un país muy distinto, mucho mejor que el actual.


Bajo el hermoso cielo intensamente azul de los Altos de Chiapas, este encuentro del Papa con los tzotziles y tzeltales en la liturgia y en reuniones directas nos remueve en lo más profundo de la conciencia nacional: una vez que se marche el Papa, ¿volverán los indígenas al olvido social o esta vez las cosas cambiarán para bien?

Trudeau y el Papa Francisco nos pusieron una buena muestra.

rogelio.rios60@gmail.com

miércoles, febrero 03, 2016

¿Hillary o Donald?

Por ROGELIO RÍOS HERRÁN

Dada las repercusiones que tiene una elección presidencial sobre México en una amplísima variedad de sectores del gobierno y la sociedad, en verdad que nos gustaría a muchos mexicanos tener la posibilidad de influir en ellas como votantes.

Con el arranque de las elecciones primarias el 1 de Febrero en el estado de Iowa en la que simpatizantes demócratas y republicanos acudieron a apoyar a sus candidatos preferidos, y en vista de la intensidad de la batalla electoral, cuánto quisiéramos en México poder dar nuestro apoyo o castigo a Hillary Clinton o Bernie Sanders por el lado demócrata, o a Ted Cruz, Donald Trump, Marco Rubio o Jeb Bush por el lado republicano.

De las decisiones que alguno de ellos tome, si resulta ganador en el proceso electoral y una vez instalado en la Casa Blanca, dependerá en buena medida el avance o retroceso en nuestra economía, comercio exterior, petróleo, finanzas, etcétera.

Así que lejos de ser unos observadores desinteresados o simplemente curiosos por asomarnos a la batalla electoral que está en marcha en Estados Unidos, nuestro interés debe ser más bien equivalente al del ciudadano estadounidense común: ¿en qué medida me va a afectar, debemos pensar en México, directamente en mi bolsillo que sea Hillary la próxima Presidenta estadounidense o bien Ted Cruz o Donald Trump?

Viendo así las cosas, claramente nos damos cuenta de que somos altamente vulnerables a los procesos electorales en nuestro vecino del norte y que más nos valdría estar bien informados sobre el mismo y sobre las posturas, aciertos y desatinos de cada candidato.

La volatilidad de los mercados financieros alrededor del mundo, los “crashes” constantes en las principales bolsas de valores, la caída de los precios del petróleo, los atentados terroristas, el conflicto inacabable en Siria y en Medio Oriente, todo ello se suma a la incertidumbre en el terreno de la política y de la seguridad mundiales.

Las economías nacionales no están, de ninguna manera, exentas de sufrir los efectos de la inseguridad. Los vaivenes financieros en México por factores que parecerían tan alejados de nosotros como lo está China demuestran, por si hiciera falta hacerlo, que la economía va de la mano de la política y que, por definición, un evento como el proceso electoral en Estados Unidos para el relevo de su Presidente tiene un carácter universal por sus amplias repercusiones más allá de las fronteras norteamericanas.

Así que si a usted le simpatiza Hillary Clinton o más bien se inclina por tipos duros como Donald Trump o Ted Cruz, siga con atención no sólo sus discursos y ataques contra otros candidatos, sino qué proponen en concreto, cuáles problemas consideran como más importantes en este momento, qué visión de estadistas tienen (si la tienen) y cuáles son sus programas para llevarla a cabo.

Es decir, hay que quitarles a cada uno de ellos la envoltura para ver qué tan bueno es el contenido del candidato o si, como suele suceder, comprobar que no hay nada más allá de la envoltura.

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Estados Unidos, el país con el que más negociamos y comerciamos, con el que compartimos 3 mil kilómetros de frontera, al cual queremos y odiamos por igual, es todavía muy poco estudiado y analizado a fondo por los mexicanos.

Por eso sucede que nos sorprendemos de sus procesos electorales y candidatos estrambóticos, por ejemplo, cuando deberíamos conocerlos ya al dedillo. Nunca es tarde para empezar a hacerlo, sin embargo, y más cuando, de aquí a Noviembre, se pone en juego nada menos que la Presidencia norteamericana: ¡qué lástima que no podemos votar en estas elecciones!

rogelio.rios60@gmail.com


viernes, diciembre 25, 2015

2015: Crisis de migrantes

Una balsa sobrecargada transporta migrantes en el Mar Egeo.
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Por Rogelio Ríos Herrán

Si hay un fenómeno en el que se expresen los mejores y los peores aspectos del año 2015 que termina, sin duda, que ése sería el de la crisis de migrantes en Europa.

No es el único gran flujo migratorio en curso en el mundo que nos mueva a reflexión y ponga en jaque al statu quo, como lo atestiguan los migrantes africanos que cruzan el Mediterráneo rumbo a Europa o los “espaldas mojadas” centroamericanos y mexicanos que atraviesan el Río Bravo rumbo a Estados Unidos.

Pero sí es el flujo de migrantes y refugiados proveniente de Oriente Medio, del conflicto de Siria principalmente, pero también de Iraq, Afganistán y Paquistán, el que refleja los peores dilemas de nuestro tiempo: ¿abrimos o cerramos nuestra casa –el país y la cultura- a los migrantes?

Al abrirles la puerta, ¿nos involucramos en su cultura e idiosincrasia o les exigimos una total y absoluta integración –vía el sometimiento- a nuestra cultura y valores?

 Con los 206 mil demandantes de asilo registrados en Alemania hasta Noviembre del presente año, sumaban ya 964 mil los migrantes llegados a ese país, según informó a la AFP el Ministerio del Interior germano.

Antes del último día del 2015, el migrante un millón habrá cruzado alguna frontera alemana en busca de refugio.

Hemos visto en fotografías y videos estrujantes el drama que compaña a estos peregrinos forzados del siglo 21 a lo largo de sus rutas de traslado. No hay quien no se conmoviera con las muertes de niños ahogados al naufragar las frágiles balsas que los llevaban a través de mares embravecidos.

Aún así, ante el desafío que representa un flujo tan grande de refugiados en el corazón de la Unión Europea, las reacciones de rechazo y control de parte de gobiernos y sociedades europeas no se han hecho esperar y se expresan en acciones de hostilidad y desdén ante los recién llegados.

La amenaza del terrorismo fundamentalista islámico que aprovecha ese flujo migratorio para tratar de infiltrar a sus agentes, no hace más que echarle leña al fuego de la intolerancia y el miedo dentro de las sociedades receptoras de migrantes.

Por eso vale la pena ponderar, aunque sea tentativamente, el impacto de la ola migratoria que ha barrido a Europa: de una u otra manera y a pesar de las manifestaciones de rechazo, los migrantes y refugiados ya están en suelo europeo, un millón de ellos tan sólo en Alemania, y ese hecho demuestra que Europa sí estuvo a la altura de sus grandes ideales, Alemania en primer término, al atender a tantas personas en una situación de crisis.

Eso de inmediato nos lleva a considerar su contraparte: parece que Europa ya llegó al límite de su capacidad receptora de migrantes y de sus sentimientos de solidaridad hacia quienes huyen de conflictos y guerras.

Alemania no tendrá lugar quizá para otro millón de migrantes en 2016, eso es impensable dado el momento de cuestionamiento político interno que vive la Canciller Ángela Merkel después de abrir las puertas de su país a los refugiados.

La reacción a las amenazas terroristas, por otro lado, apuntan hacia un estricto control de las fronteras y a una reducción de la movilidad al interior de la Unión Europea.

Y el inicio de una ofensiva diplomática para encontrar una solución al conflicto sirio y detener la salida masiva de sirios que huyen de la violencia de su país devastado, puede disminuir o quizá parar por completo el flujo migratorio desde su nacimiento.

No esperemos, por tanto, un 2016 en el que se repitan las escenas y el drama de los refugiados del 2015, si bien las imágenes impactantes que nos sacudieron jamás serán olvidadas.

Un angustiado padre intenta mantener a flote a su hijo tras naufragar su balsa.
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La gran lección de ese fenómeno inédito en Europa que se vivió este año será si perdurará la apertura y la acogida de migrantes o, por el contrario, las cosas volverán a la ‘normalidad’ del rechazo y el control de las fronteras contra los refugiados.

Si se cierra Europa y las crisis en Medio Oriente, la pobreza en África y la falta de oportunidades en América Latina persisten y se agudizan, ¿a dónde irán entonces los migrantes y refugiados? ¿Se resignarán a ser rechazados o querrán tomar por fuerza lo que anhelan de Europa y Estados Unidos: una oportunidad de sobrevivir y de prosperar?

Veremos qué nos trae el 2016.


¡Feliz año nuevo!

rogelio.rios60@gmail.com

Mexicanos con bandera nacional

Siempre me pongo de pie al escuchar el Himno Nacional y para saludar a la bandera: son los símbolos incorruptibles de la conciencia cívica d...