La palabra anglosajona “vetting” se traduce como investigación de antecedentes y es un filtro de seguridad y confianza para mitigar riesgo mediante el examen, la revisión y aprobación de personas y empresas y, en el área de gobierno, de nombramientos de funcionarios y candidatos electorales.
Por Rogelio Ríos Herrán
No es mucho lo que la reciente legislación mexicana sobre la “injerencia extranjera” en las elecciones nacionales pueda hacer ante la poderosa herramienta del “vetting” de las agencias del gobierno de Estados Unidos.
Bajo el estatuto de la lucha en el exterior contra organizaciones terroristas, su financiamiento, alcance delictivo, complicidades de socios empresariales y gobernantes nacionales y locales, el escudo mexicano se vuelve de papel.
Para entendernos, la palabra anglosajona “vetting” se traduce como investigación de antecedentes y es un filtro de seguridad y confianza para mitigar riesgo mediante el examen, la revisión y aprobación de personas y empresas y, en el área de gobierno, de nombramientos de funcionarios y candidatos electorales.
Al consultar a Gemini sobre el concepto, su motor me condujo en mayor detalle a la definición del término. La cito textualmente:
“Vetting” laboral: Es la revisión profunda de un candidato. Incluye comprobar referencias laborales. títulos académicos, historial crediticio y antecedentes penales para asegurar que es apto para el puesto.
“Vetting” de migración y seguridad: Es el escrutinio que realizan las autoridades (como las embajadas y consulados) sobre los solicitantes de visas. Suele incluir la revisión de viajes, redes sociales y posibles vínculos con actividades ilícitas.
En finanzas e inversiones: el análisis detallado de una empresa o proyecto antes de comprarlo, fusionarse e invertir en él (conocido comúnmente como “due dilligence”).
En el sector marítimo o logístico: es la inspección técnica, operativa y administrativa de barcos o proveedores antes de contratarlos para garantizar la seguridad y prevenir accidentes.
Con el mínimo de suspicacia en mente es sencillo entender que, bajo los estándares rigurosos del “vetting” americano, medio México, desde empresas hasta gobierno, estaría paralizado por no dar la talla.
Si los gobernantes y empresarios mexicanos no hacen el “vetting” como parte de sus procedimientos propios, alguien más lo hará desde el exterior.
Estados Unidos no es el único país que aplica su “vetting” al nuestro.
Los miembros de la Unión Europea, las agencias de la ONU y los organismos internacionales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, entre otros, lo hacen con México y cualquier otro país.
Las empresas globales de todo tipo, desde las petroleras hasta las tecnológicas, lo hacen de igual manera sin atenerse a lo que digan o callen los mexicanos.
No hay vuelta de hoja ante el “vetting” en los negocios y la política.
Dicho lo anterior, la legislación mexicana sobre injerencia extranjera en las elecciones no asusta ni al espantapájaros.
Es una cortina de humo que vanamente trata de detener lo inevitable.
¿Qué es lo inevitable?
Me detendré en un aspecto de entre muchos otros.
Cada aspirante a una candidatura de elección popular a cargos de alto nivel en los gobiernos estatales, el gobierno nacional, el senado de la república y el congreso de la unión, será sometido al “vetting” externo.
Cada partido u organización política que contienda en una elección será escrutado desde el exterior sin compasión alguna.
La cancelación de las visas americanas a gobernantes y funcionarios mexicanos es un juego de niños comparado con lo que viene.
Cada peso o dólar inyectado por los partidos políticos en una campaña electoral con o sin conocimiento del candidato en turno, será “vettteado”, como se dice en spanglish.
La etiqueta de “organización terrorista” pesa hoy en México no sólo contra los carteles de la droga, sino contra las organizaciones políticas.
En mi sano juicio, yo no tocaría ni con el dedo de un pie el agua de la alberca de la política mexicana porque es tóxica y bañarse en ella es asegurar un boleto para ir a una prisión americana -con gastos pagados- a ver la Copa del Mundo 2026.
Remember el vetting, raza.
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