USA 2019: un nuevo Congreso, al fin




Por Rogelio Ríos Herrán

Mientas escribo estas líneas, sigo online por C-Span la sesión de instalación del 116 Congreso de Estados Unidos de América, el cual viene ahora con mayoría demócrata.

La presencia en el recinto del Capitolio de niños y jóvenes, hijos y acompañantes de algunos congresistas, me conforta el ánimo para bajarle un poco al tono pesimista con el que concebí escribir este artículo.

Al fin, se ve una luz al final del túnel en el que está sumergido Estados Unidos. No se trata solamente de la incompetencia absoluta del Presidente Trump para gobernar, sino de algo que venía de más atrás y que va más allá de la Casa Blanca y el Congreso: una nación profundamente dividida e incapaz de reconciliarse, sobre la cual medran los partidos políticos y los políticos oportunistas.

Las casi dos semanas de “shutdown” del Gobierno federal dan fe de esa incapacidad de negociar a ambos lados del pasillo, como suelen decir los analistas estadounidenses sobre el abismo entre demócratas y republicanos.

Veo a la Unión Americana a la deriva, sujeta a las peripecias del día a día de su vida política, sin visión ni aspiraciones que muevan a los protagonistas a hacer a un lado sus profundas diferencias, sentarse a la mesa y negociar.

No es poca cosa decir esto de un sistema político al que se tiene alrededor del mundo como un modelo ejemplar de democracia representativa con sus “checks and balances”, respeto a la ley y un nivel aceptable de vida cívica digna. Todo eso parece que está en pleno derrumbe.

La llegada de nuevos representantes al Congreso, la presencia de muchas mujeres, nos habla de una renovación largamente necesaria entre los congresistas, los jóvenes que vienen a reemplazar a los más antiguos y ciclados en la vida legislativa.

Se perderá experiencia, es verdad, pero se ganará frescura en el avance de una agenda legislativa que refleje mejor que la anterior la vida, los anhelos y las durezas que viven hoy los estadounidenses.

Sobre todo, el Congreso retomará su papel de vigilante de la constitucionalidad de la vida pública, en especial de un Ejecutivo federal que muestra un profundo desdén por las leyes y por la separación de poderes.

Ese rol fue prácticamente abandonado por la anterior legislatura, dominada por los republicanos, que se subordinó a los deseos del Presidente Trump y cuyas diferencias con él fueron, si acaso, ventiladas en privado, no en el pleno del Congreso como debió suceder.

“Impeachment” o no, la orientación de la mayoría demócrata debería apostar por aliviar de inmediato la vida de los ciudadanos, la cual se ha visto afectada por el “desmantelamiento” de la seguridad social, las regulaciones económicas y ambientales impulsadas por el Presidente Trump y apoyada por los complacientes legisladores republicanos en la anterior legislatura.

Sí, claro, es importante que sean llamados a cuentas quienes dieron su complicidad a los manejos irregulares del Presidente Trump (el cual tiene hasta ahora 17 investigaciones judiciales abiertas en su contra), desde el Gobierno y desde el Congreso y el Senado, pero en la balanza deberán poner los demócratas cuál batalla es la que quiere la sociedad que peleen.

En el horizonte inmediato empieza, no podría ser de otra manera, con el nuevo año, la carrera por la sucesión presidencial en el 2020. Lo que viene en la vida pública estadounidense es un proceso simultáneo de atención a los asuntos públicos del día, pero con un ojo puesto en la carrera presidencial.

Un complejo panorama espera a la nueva vocera demócrata del 116 Congreso, Nancy Pelosi, para balancear el deseo del “impeachment” que anima a muchos demócratas contra la conveniencia política de enfocarse a solucionar los problemas económicos y sociales que aquejan al estadounidense común: Trump es una presa jugosa, ¿pero vale la pena abandonar por completo otros temas por perseguirlo?

Hay mucho qué decir del nuevo Congreso, quiénes llegaron, qué representan, y por supuesto mucho qué comentar sobre Nancy Pelosi, una mujer de trayectoria pública extraordinaria. Por lo pronto, a partir del 3 de enero hay un cambio importante en la correlación de fuerzas políticas en Estados Unidos, ni Trump ni los republicanos dominan todo por completo. No podría haber mejores noticias.


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