lunes, mayo 09, 2022

Un viaje a San Antonio, Texas

 


Por Rogelio Ríos Herrán

Tuve oportunidad de viajar con la familia y amigos a San Antonio, Texas (SA), durante el fin de semana en que se celebró en Estados Unidos el Mother´s Day (Día de las Madres). Fui con la curiosidad de regresar a una ciudad muy querida, a la cual trato de visitar con frecuencia, después de una larga causa por la pandemia de Covid-19, a ver qué encontraría de nuevo.

Aquí van mis impresiones, a vuelo de pájaro:

1)      De inmediato, me sigue sorprendiendo que la ciudad no detiene su crecimiento ni descuida lo que ya ha crecido. En tres años de mi ausencia, sus autoridades construyeron pasos a desnivel, conexiones y nuevos fraccionamientos urbanos a lo largo de la 410, la I-10 y la I-35. El tráfico intenso del “rush hour” se sigue acumulando, por supuesto, pero ni de lejos es el atolladero que padecemos en Monterrey, una ciudad tan grande como SA, pero que dejó de ampliar y desarrollar sus vialidades y red de transporte público desde hace años. Mientras los sanantonianos cuidan con esmero su ciudad, a los regiomontanos no nos escuchan las autoridades, no importa de qué color o partido político sean.
2)      Desde que cruzamos la frontera por carretera en Laredo, Texas, en el Puente Lincoln-Juárez, percibí ese mismo contraste: las instalaciones del lado americano están completamente remodeladas, la atención a automovilistas y autobuses es ahora expedita, ágil, sin largas filas y, adentro de sus oficinas, con aire acondicionado. De hecho, la expedición del permiso de internación la pudimos hacer previamente por internet, pagarla y simplemente confirmar el trámite en la ventanilla con el agente. Ahora, el permiso no se entrega en un papel aparte, sino que se pone en un sello en el pasaporte vigente.
3)      Durante el camino entre Laredo y San Antonio, pudimos ver que en diferentes puntos (Cotulla, por ejemplo) se agregaron conexiones a la I-35 para entrar y salir a esa población o para conectar con otros caminos. De nuevo, el contraste con las carreteras mexicanas es inevitable y no salimos bien librados.
4)      ¡Qué variedad de gente hay en SA! Desde hace años, comentaba en mi familia cuando hacíamos viajes a Texas, que en la ciudad de observaban cambios, por ejemplo, empezó a aparecer aquí y allá el turbante y el velo, escuchaba el acento coreano (hay una comunidad coreana grande en Monterrey), y miraba pieles de muchos colores, así como lenguajes que no logro identificar todavía. Mis amigos texanos me dicen que eso se debe a la llegada constante de nuevas empresas a la ciudad (en el ramo de la aviación, por ejemplo, o la construcción de una planta, hace años, de Toyota Motors) y que los que llegan traen nieve les educativos altos y buen poder adquisitivo.
5)      En SA me cuesta trabajo identificar de golpe, por ejemplo, las preferencias políticas de las personas con las que convivo o platico, pues la ciudad, como todo centro urbano importante en USA, es un espacio más abierto a la tolerancia y la diversidad política que las zonas rurales. Pensaba escuchar en los cafés discusiones o referencias, por decir un ejemplo, a su actual gobernador, Greg Abbott, un ultraconservador y populista que quiere cerrar por su cuenta la frontera con México y posible precandidato presidencial por el Partido Republicano en 2024, pero no escuché nada sobre él. Bien merecido tiene Abbott esa indiferencia por sus ideas y actitudes extremas, antiinmigrantes e intolerantes.
6)      Por cierto, tuvimos una cena muy agradable en el CheeseCake Factory, el que está en el North Star Mall (el mall de las botas vaqueras gigantes como símbolo) con la familia de amigos muy queridos con quienes hicimos el viaje, y fue una convivencia muy agradable. La cena y la atención de la mesera Jennifer estuvieron de maravilla, los precios razonables y el lugar lleno a reventar. De la misma manera, veía en las avenidas muchos restaurantes con buena asistencia de comensales de día y noche, aunque algunos lugares conocidos de antes habían cerrado ya, saldos del cierre por el coronavirus. Comparado con Monterrey, hay una similitud en el hecho de que texanos y regiomontanos nos volcamos a la calle y a nuestros restaurantes favoritos en cuanto pudimos, pues nos hacía mucha falta la convivencia en público.
7)      La tienda de Costco a la que habitualmente vamos (ubicada sobre la I-10 a un lado de la Universidad de Texas en San Antonio) estaba llena de clientes el sábado al mediodía, ¡prácticamente nos fuimos a refugiar por el calorón que hacía!, y en su pequeña estación de gasolina había una larga fila. Conseguimos todo lo que buscábamos y noté, una vez más, que en las tiendas de la misma cadena en Monterrey, el surtido de mercancías está por debajo, muy por debajo, de la variedad de artículos que vemos en Texas. Desconozco el motivo.
8)      Finalmente, volver a San Antonio después de tres años, saludar a la madrina Doña Emma y sus benditos 95 años, a sus hijos (somos como familia con ellos) y palpar el pulso de esta ciudad texana que no sólo sobrevivió a la pandemia, sino que no detuvo su crecimiento, me dio mucho gusto. En Monterrey, apenas nos empezamos a reponer penosamente del golpe mortal y económico del coronavirus (de hecho, la pandemia todavía no concluye) y sigue siendo incierto el rumbo de la economía, aunque la Sultana del Norte ha pasado por épocas muy duras y ha sobrevivido. Si San Antonio, Texas nos pone el ejemplo a los regiomontanos, sigamos ese rumbo de trabajo, pragmatismo y sentido común de los texanos.

Nos veremos de nuevo pronto, San Antonio.

jueves, mayo 05, 2022

Debanhi: la cobertura sucia


 

Por Rogelio Ríos Herrán 

 Provocó mucha indignación en la opinión pública la cobertura noticiosa sensacionalista de la desaparición, búsqueda y hallazgo del cuerpo de Debanhi Escobar, un caso trágico que desde Monterrey escaló hasta a nivel internacional. 

 Fue lamentable ver cómo era vulnerada una y otra vez, por uno u otro medio de comunicación regiomontano y nacional, la dignidad de la víctima. La perspectiva de los derechos humanos estuvo ausente del trabajo periodístico. 

 No se salvó casi nadie: los medios electrónicos competían en tiempo real por la primicia; los medios impresos se desesperaban por agregar sus propios hallazgos o ángulos a la información ya conocida (el joven equipo de Detona.com, dirigido por el veterano Plácido Garza, sacó la casta y caminó airoso por ese pantano, incluyendo a los columnistas que con mucho tiento abordaron un tema tan doloroso como sensible; mi reconocimiento a todos ellos). 

 A Mario Escobar, el padre de Debanhi, lo exprimieron hasta lo último en noticieros televisivos, portales de internet y en las redes sociales, abusando de la necesidad que él tenía de hacer visible el caso de su hija para que no cayera en la indiferencia habitual de las autoridades. 

 Lo que sucedió en el caso de Debanhi puede tener una explicación en lo siguiente: se cubrió el evento bajo el modelo de la “nota roja”, tal como se hace en México desde tiempo inmemorial. La sección seguridad, policiaca o criminal se trasladó -sin cambio ni matiz alguno- a ser una nota de portada. 

 El resultado era previsible: una fiesta del “amarillismo” (como el de aquel periódico Alarma! de triste memoria con titulares como “¡Robóla, Viólola y Matóla!”), un carnaval de sensacionalismo y conjeturas en lugar de la aplicación rigurosa de la ética periodística y los derechos humanos en favor de la víctima. 

 Ese modelo tradicional de la “nota roja” está agotado desde hace tiempo, pero sobrevive en las páginas interiores a la espera de que un suceso viral y de impacto lo regrese al notorio primer plano. 

 Periodistas que han dedicado su vida profesional al análisis y denuncia de ese modelo caduco de información sobre los sucesos criminales, como Marco Lara Klahr, han señalado en libros, cursos y conferencias, los defectos del modelo y las alternativas posibles (ver su libro junto con Francesc Barata, “Nota(n) Roja: la vibrante historia de un género y una nueva manera de informar”. México: Random House Mondadori, 2009). 

 Lara y Barata se refieren a la realidad mexicana que se transforma, “pero en la que todavía imperan los contenidos tradicionales de nota roja, de corte alarmista, superficial y estigmatizante”. A Marco le escuché, hace años, una de esas pláticas a periodistas del periódico El Norte, en el cual yo entonces trabajaba. Me pareció reveladora e iluminante su propuesta, por ejemplo, de una cobertura distinta de los sucesos delictivos que no criminalice a las víctimas ni exponga su intimidad al ojo público o viole la presunción de inocencia. 

 Por lo que vi del caso Debanhi, ya nadie se acuerda en ese medio de comunicación de la calle Washington de la plática y las propuestas de Marco, con quien conversé en ese evento y que tuvo la amabilidad de regalarme una copia de su libro; un tipazo que, en ese momento, era como el profeta que hablaba en el desierto. 

 De haberle hecho caso desde entonces, no estarían sufriendo en ese periódico centenario, y en prácticamente todos los medios de comunicación locales, la indignación y el reclamo a los periodistas (no a las autoridades) por su desmedida ambición y morbo en la cobertura del caso Debanhi. Y no estaría sufriendo yo, como los viejos futbolistas retirados cuyo amor a la camiseta los hace sufrir cuando su equipo es humillado y vilipendiado públicamente, aunque hayan dejado la cancha desde hace tiempo. 

 No hay mal que por bien no venga, dice un refrán, y en el caso de la cobertura sucia sobre Debanhi, lo hecho, hecho está, no hay remedio. Lo que sigue es la aceptación en las redacciones de que la “nota roja” deberá pasar a la historia y en su lugar será la cobertura rigurosa, ética, apegada a los derechos humanos, respetuosa de la dignidad y no victimizadora, la que nos informe de los hechos trágicos y criminales de nuestra sociedad, lo cual es una necesidad imperante para todos nosotros y para nuestras decisiones del día a día. 

 Cierro esta reflexión con unas citas del libro de Lara y Barata: “La nueva y más compleja circunstancia mexicana requiere un mayor rigor en el tratamiento de tales temas. Los problemas asociados al mundo de la delincuencia no se pueden explicar como un cuento popular. Son fenómenos complejos que tienen que ver más con los grandes intereses económicos que con los dramas personales”. 

 Y rematan: “Las formas mediáticas de abordar los temas de seguridad ciudadana y justicia penal se vuelven cada vez más determinantes para los derechos y el destino de los ciudadanos; culpables o no, cuando éstos quedan atrapados en la maraña del sistema penal deben exponerse a la vindicta pública a través del espectáculo mediático”. 

 Bien dicho, nadie puede traer a Debanhi de regreso, pero sí podemos decir adiós a la nota roja.

sábado, diciembre 19, 2020

REMESAS SIN POLÍTICA

Fuente: Google.com

 

Por Rogelio Ríos Herrán

A lo largo de sus dos años de gobierno, el Presidente López Obrador se ha referido en repetidas ocasiones a las remesas o envíos de dinero de los mexicanos (principalmente desde Estados Unidos) a las familias en su suelo natal.

Al Presidente le gusta referirse a ellos como “héroes sociales”, por sus envíos de dinero, y llega incluso al grado de “agradecer su apoyo” al Gobierno, como si enviar una remesa fuera una especie de voto de confianza a la Cuarta Transformación que encabeza López Obrador.

Más recientemente, en su mensaje del 1 de diciembre en Palacio Nacional con motivo del segundo aniversario de su toma de posesión del cargo, nombró a las remesas como “milagro social”, continuando así con su uso frecuente del lenguaje y metáforas religiosas de tipo cristiano.

Nada más errado. Las remesas no son un “voto” a favor de ningún político en México, sino un acto privado del ámbito familiar que en efecto, tiene amplias repercusiones sociales, pero que no significa, en absoluto, que se apoya o no a López Obrador.

Como fenómeno de repercusiones económicas, los envíos de dinero del exterior a México se han transformado en una de las principales fuentes de ingreso de divisas al país, de ahí su enorme importancia.

Las cifras más recientes del Banco de México nos dicen que, entre enero y octubre de este año, se recibieron en el país 33,564 millones de dólares por concepto de remesas, una cantidad de grandes proporciones que da la idea precisa de la importancia de estos envíos.

Comparado contra el 2019, cuando se recibieron 30 mil millones de dólares en el mismo periodo enero-octubre, el volumen de ese dinero se elevó en 10.4 por ciento.

Además, revela el Banco de México, el promedio por cada envío llegó a 339 dólares entre enero y octubre, lo cual representa un aumento del promedio de 326 dólares registrado el año pasado.

En marzo pasado, el envío de dinero del extranjero superó los 4 mil millones de dólares en un mes. En septiembre y octubre, el nivel se mantuvo por arriba de los 3,500 millones de dólares respectivamente.

En este momento, después de las exportaciones ligadas al sector automotriz, las remesas representan la segunda fuente de divisas para México.

No se equivoquen, Sr. Presidente, Sres. Gobernadores, diputados y senadores que se llenan la boca al referirse a los “héroes migrantes” o al “milagro social” de las remesas: los mexicanos que envían dinero a sus familias a México no lo hacen pensando en ustedes, para nada.

Cuando piensan en ustedes, más bien los perciben como una de las causas de su emigración: su incapacidad y torpeza, su ambición por el poder, su falta de visión como políticos, son factores que, además de las circunstancias personales y familiares, los orillaron a tomar la decisión crucial de salir de México para buscar mejores oportunidades.

Si quieren ver “votos de confianza” o “apoyos” en los envíos de remesas, no hacen otra cosa que el ridículo y ponen en evidencia su simple y llano oportunismo político, cosa para la cual los políticos mexicanos se pintan solos.

Arreglen el país, hagan a un lado sus eternos conflictos políticos y su corrupción, renuncien a su insaciable ambición de poder, dejen de tener delirios de grandeza, señores, y pidan perdón a los migrantes que, por culpa de los malos gobiernos, se tuvieron que ir de su madre patria.

No jueguen con los migrantes, no manipulen a las remesas, ¡pónganse a trabajar por México!

miércoles, diciembre 16, 2020

Morenita virtual

Fuente: google.com


Morenita virtual

Por Rogelio Ríos Herrán


Si “la fe mueve montañas”, como está escrito, entonces la devoción sobrevivirá al internet. El peregrino de hoy, en México, tiene un nuevo nombre: “ciberperegrino”.

No le faltará a la Vírgen De Guadalupe en su día, 12 de diciembre, el rezo y la pleitesía de sus más devotos seguidores, pero habrá de llegarle a teledistancia, como se dice ahora.

Uno de los recuerdos más intensos de mi niñez ocurrió durante un viaje familiar a la Ciudad de México y la visita indispensable a la Basílica de Guadalupe, mucho antes de que el nuevo templo fuera construido.

La gente caminaba cuadras y cuadras, a lo largo de la Calzada de Guadalupe, para entrar finalmente al templo; una parte de ese peregrinaje lo hacían de rodillas algunos hombres y mujeres.

Sí, de rodillas, y eso se quedó grabado para siempre en mi mente. El dolor visible en los gestos, los pantalones y faldas ensangrentados en la zona de las rodillas por el golpe de la piel contra el pavimento.

Así pedían los peregrinos, así pagaban una manda. Una devoción profunda los impulsaba a hacer cualquier sacrificio, con tal de ofrecer algo a la Morenita para que ella intercediera en su favor y se le otorgara la petición o se hiciera el milagro.

Ese recuerdo me viene a la cabeza cada vez que leo, año con año, en el 12 de diciembre, que serán millones los mexicanos que acudirán al Santuario al pie del cerro del Tepeyac en el día de la Guadalupana.

En este 2020, se esperaba la visita de nada menos que 10 millones de mexicanos, casi todos ellos concurriendo el mero día 12 de diciembre, un verdadero mar de gente que hoy, a la vista de la emergencia sanitaria que padecemos, parece no sólo inconveniente e inoportuno, sino sumamente peligroso.

Ante el enorme riesgo que eso implicaba, las autoridades de la CDMX y el Rector de la Basílica decidieron mantener cerrado el templo del 10 al 13 de diciembre. La Arquidiócesis de México pidió a los guadalupanos adelantar o atrasar para otros días la visita a la Vírgen, dando validez a una visita extemporánea, es decir, que no sucediera el 12 de diciembre.

Además, y esto es lo novedoso de este año, se abrirá la señal por internet de la misa que se celebra a la medianoche del 11 de diciembre y en la que se acostumbra cantar “las mañanitas” a la Guadalupana por parte de cantantes y mariachis.

Para las personas de cierta edad y condición de salud, la prudencia aconseja convertirse en ciberperegrinos, para desde casa seguir la liturgia a detalle y volcar a la distancia su devoción.

Tiempos modernos, ni duda cabe, y tiempos diferentes. ¿Se demerita con ello la devoción? ¿Pierde fuerza la petición por no caminar de rodillas al Santuario? No lo creo así, al contrario, me parece que esa devoción sigue más viva que nunca si busca y encuentra las formas de evadir el riesgo de coronavirus y, al mismo tiempo, encontrar alivio para su espíritu.

No es menos peregrino un “ciberperegrino”, es lo que quiero decir. La forma de llegar y postrarse ante la Virgen puede ser distinta, caminando o conectándose a la red, pero no pierde un gramo de su fuerza.

Mostrar ante la Guadalupana la capacidad de adaptarse y cuidar la vida propia y la de los demás al acudir a ella mediante el internet, será más placentero a sus ojos, estoy seguro, que arriesgar la vida en medio de una pandemia con la presencia física ante el altar.

Sus bendiciones descenderán también sobre los “ciberperegrinos”.

Felicidades en tu día, Morenita del Tepeyac.


martes, noviembre 03, 2020

¿Qué pasa con México si gana Biden?

Fuente: EFE


Por Rogelio Ríos Herrán


1) Si gana Joe Biden, su gobierno y los demócratas en el Congreso y el Senado castigarían a AMLO por su apuesta a favor de Trump, pero se cuidarían de castigar a México. Esto significa que podrían ejercer presión sobre López Obrador y llamarlo a cuentas por su apoyo a Trump, pero no van a poner en peligro la relación bilateral con México ni a descarrilar ninguno de sus aspectos.


2) En lo económico, defenderán los nuevos gobernantes a las empresas e inversionistas estadounidenses que se han visto afectados por las medidas tomadas por el actual gobierno mexicano, por ejemplo, en el sector de las energías alternativas, además de atender las quejas por lo que los inversionistas han llamado una política de “extorsión fiscal” de las autoridades mexicanas. La opción de suspender o cancelar el TMEC bajo un nuevo gobierno demócrata no está ni siquiera considerada sobre la mesa. Al contrario, bajo los nuevos y estrictos mecanismos de supervisión establecidos en el TMEC, por ejemplo, en las áreas laboral, de medio ambiente y derechos humanos, hay muchos hilos que el Gobierno de Biden puede jalar, legítimamente hablando, para ejercer contrapeso a medidas de AMLO que considere dañinas a los intereses americanos.


3) En materia de seguridad, la relación bilateral ha tocado fondo bajo el gobierno de AMLO. En público, funcionarios estadounidenses y el Embajador Christopher Landau han manifestado la falta de confianza que existe de parte de autoridades y agencias de inteligencia en Washington frente a sus contrapartes mexicanas. Hay desconfianza del lado americano para compartir información vital de inteligencia. La vía empleada por Washington lo revela con claridad: “El Chapo” Guzmán, García Luna y el General Cienfuegos, todos ellos figuras relevantes en la escena política mexicana, están sujetos a proceso en Estados Unidos, no en México (en donde “El Chapo”, recordemos, logró dos fugas espectaculares de penales supuestamente de alta seguridad); es decir, no hay confianza de que en México se investigue y procese a presuntos delincuentes de alto perfil y de que incluso, si ya están procesados, se les pueda retener en las cárceles y evitar sus fugas. Si esto ha sucedido bajo la Administración Trump, el cual supuestamente ha cultivado una buena relación personal con AMLO, seguramente continuará en términos muy similares con Biden (es decir, con la misma desconfianza), y no dudo que él sea cordial en lo personal con López Obrador, pero la relación bilateral en el área de inteligencia tendrá que empezar prácticamente desde el nivel cero.


4) Está claro que respecto a migración, el enfoque de Biden será distinto al de Trump en el tratamiento de los migrantes en Estados Unidos y, seguramente, se disminuirá el tono de castigo y criminalización de los migrantes en su territorio que hoy se utiliza en Washington. Intentará su gobierno una nueva reforma migratoria que deberá pasar por una batalla intensa por el Congreso y el Senado, sin que me atreva a pronosticar, desde ahora, su éxito. De lo que no estoy muy seguro es de que se modifique sustancialmente el papel asignado por Trump a México en su esquema migratorio: nuestro país es el guardián de USA en la frontera con Guatemala, la cual es la puerta de entrada de los migrantes centroamericanos a México en ruta a los Estados Unidos y, por lo menos hasta que se apruebe eventualmente una nueva reforma migratoria, ese rol asignado a México es conveniente para Washington (independientemente de quien esté en la Casa Blanca) y, en estos momentos, es conveniente para López Obrador para equilibrar las presiones que recibirá en el terreno económico y de la seguridad de parte de los norteamericanos. Así que ni Washington empujará mucho en este sentido, ni Palacio Nacional en México presentará grandes resistencias u objeciones.


5) En cuanto a la relación personal, de Presidente a Presidente, y puesto que Biden conoce bien a México y a muchos mexicanos, no habrá enojo ni distanciamiento en público entre ambos personajes, al contrario observaremos mucha cordialidad entre ellos, pues son dos viejos lobos de mar de la política. En todo caso, el “castigo” para AMLO será de otra forma: no será López Obrador el único canal o el más importante de conexión de Biden y su gobierno con los actores de poder y el escenario político en México, pues le dará más juego a las fuerzas opositoras mexicanas (el sector empresarial mexicano tiene ligas estrechas con la American Chamber of Commerce, por ejemplo) con la idea de que la arena pública mexicana se equlibre sin necesidad de mayores presiones de Washington. AMLO perderá el canal privilegiado que decía tener con Trump, pero no perderá su acceso a Biden ni a la Casa Blanca, aunque digamos que no será tan amigo de él como lo fue de Trump, si es que alguna vez lo fue.


6) Nadie en su sano juicio en Washington está pensando, en el caso de un eventual triunfo de Biden, en suspender la cooperación con México, el TMEC o descarrilar de alguna otra manera la relación bilateral con México. Esa relación es más importante que los Presidentes en uno a uno u otro lado de la frontera, y está definida sobre cauces institucionales que garantizan su permanencia. Por supuesto, necesita constantemente de ajustes políticos y administrativos, y se ve afectada, algunas veces severamente, por la personalidad y carácter de algún Presidente estadounidense o mexicano. Lo que quiero decir es que las relaciones entre México y Estados Unidos sobrevivirán a esta elección presidencial que puede resultar caótica y de cuyo resultado tengamos certeza, probablemente, varias semanas después, como fue el caso de la elección en el 2000. De lo que no cabe duda es de que mexicanos y gringos seguiremos conviviendo como vecinos, por lo que es mejor que nuestros gobernantes se entiendan y puedan trabajar juntos.


7) No olvidemos, finalmente, que Estados Unidos acapara toda la atención de México, pero México no atrae la de Estados Unidos en la misma medida. En la agenda externa de Washington, ocupamos un lugar en la parte media, mucho muy lejos de China, Rusia y Europa, Irán, Afganistán, India, el terrorismo, etcétera. A nosotros se nos va el sueño en las noches por lo que haga o deje de hacer Washington, mientras allá duermen plácidamente: eso es la asimetría entre ambos países. Es México quien tiene que acomodarse a Estados Unidos, no al revés.

domingo, octubre 18, 2020

El honor militar

General Salvador Cienfuegos

El honor militar

Por Rogelio Ríos Herrán

Si el juicio al narcotraficante Joaquín “El Chapo” Guzmán, en una Corte en Nueva York, se percibió en México como un proceso al gobierno de Enrique Peña Nieto, el del General Salvador Cienfuegos podría derivar en un proceso judicial al Ejército mexicano del Gobierno de López Obrador.

¿Cuál es la diferencia en ambos casos? Bueno, una que me parece fundamental es que la estructura del  Ejército y su dinámica interna difiere, en contraste con otras Secretarías de Estado, en el sentido de que es una burocracia contínua, sujeta a cambios sexenales en sus cabezas, pero subordinada a la disciplina militar y al escalafón de ascenso en la jerarquía.

Es complicado, si no francamente imposible, aplicar el criterio de que lo del General Cienfuegos y los militares que resulten involucrados eventualmente en el juicio, son solamente unas “manzanas podridas”: se remueven, y ya, asunto arreglado.

Por el contrario, quienes estuvieron bajo su mando directo son ahora, como en el caso de Luis Cresencio Sandoval (actual Secretario de la Defensa Nacional), quienes ocupan los más altos puestos militares. Eso, por sí mismo, no es evidencia de complicidad criminal, pero sí es materia suficiente como para abrir una investigación interna en México, la cual, hasta el momento, no existe.

La crisis destada por la detención del Gral. Cienfuegos en Los Angeles, California, es hasta el momento mediática, pero lejos de “favorecer” a los intereses del Presidente López Obrador en el corto plazo, en realidad, va a poner en un predicamento al Ejército mexicano, un aliado indispensable en su proyecto político.

Cualquier golpe a la integridad y honor de los militares es un golpe a la institución en su conjunto. No puede ser de otra manera si consideramos que la cadena de mando exige una disciplina férrea (el equivalente a la “obediencia ciega” en el ámbito de la burocracia civil) y una disposición absoluta para ejecutar las órdenes recibidas sin cuestionamientos.

¿Puede usted imaginarse que el Gral. Cienfuegos fue un lobo solitario que, sin que sus oficiales se percataran, pudo, desde la cima de la Secretaría de la Defensa Nacional, fraguar una supuesta alianza con un cártel de las drogas? ¿Y que en todos esos años al frente del Ejército ningún oficial a su servicio, incluyendo al Gral. Sandoval, se diera cuenta de lo que estaba pasando?

En tanto no lo determine en una sentencia un Juez federal en Estados Unidos, el Gral. Cienfuegos debe gozar de la presunción de inocencia, tener las garantías de un debido proceso y recibir la asistencia consular debida en su calidad de ciudadano mexicano. 

Viniendo las acusaciones y las acciones de su detención desde la DEA (Drug Enforcement Agency, por sus siglas en inglés) y en vista del gusto de esa agencia por las acciones espectaculares, como lo fue la detención de Cienfuegos, debemos esperar más revelaciones de corte sensacionalista en el juicio, aunque al final todo lo que se diga en la Corte se tendrá que probar.

De esas declaraciones, como durante el juicio a “El Chapo”, saldrá mucho combustible para el gobierno de López Obrador que podrá, quizá, acomodarse a sus banderas de la lucha contra la corrupción.

Pero no veo un escenario que sea de ganar-ganar para México en todo esto: el Ejército de Peña Nieto es el mismo de López Obrador, hay continuidad en los mandos, y quienes sirvieron a las órdenes del Gral. Cienfuegos lo hacen ahora para el Gral. Sandoval. 

Si no hubo abierta complicidad de ellos, por lo menos se pondrá en evidencia una falla fundamental de la “obediencia ciega”: la incapacidad de resistirse a cumplir órdenes cuando implican posibles ilícitos, la falta de carácter para poner el honor militar por delante de los intereses políticos del momento.

Por eso hablo de un daño fuerte al Ejército, cuando es un ex Secretario de la Defensa Nacional, egresado del Colegio Militar, de la Escuela Superior de Guerra y del Colegio de la Defensa Nacional, quien enfrenta cargos por colusión con narcotraficantes en Estados Unidos, no en México.

En este asunto, como en el de “El Chapo”, el Gobierno de México y los mexicanos todos, somos espectadores del accionar de agencias del gobierno norteamericano y, en particular, de la DEA, cuyos métodos en México y América Latina, lo sabemos, se mueven entre las líneas confusas de lo lícito e ilícito, del intervencionismo y el respeto a las soberanía de los países.

En resumen, y hasta este momento, asistimos a un Teatro Guiñol en el que somos más bien las marionetas que el titiritero. O para utilizarla frase genial de Manuel De Falla: “mal haya quien nace yunque, en vez de nacer martillo”. ¿Qué va a pasar con el honor militar?

viernes, octubre 09, 2020

 

Porfirio Muñoz Ledo
Fuente: google.com

Porfirio

Por Rogelio Ríos Herrán

Así simplemente, como Porfirio, es como se conoce mejor a Porfirio Muñoz Ledo, legendaria figura de la izquierda mexicana que hoy participa en la contienda por obtener la dirigencia nacional del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena).

La pelea se dirimirá mediante el método de las encuestas, pues fue tal la incapacidad de los morenistas de alcanzar por sí mismos el cambio en su dirigencia nacional, a lo largo del último año, que el asunto llegó hasta el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación para su resolución.

El Tribunal, a su vez, le ordenó al Instituto Nacional Electoral que efectuara, en los primeros días de octubre, la encuesta definitiva para conocer los resultados el 10 de octubre. Ya se había efectuado una primera ronda de encuestas, en las cuales Porfirio tenía el 47,1% de las preferencias en contra del 27.1% de Mario Delgado, actual coordinador de Morena en la Cámara de Diputados, y con amplia ventaja sobre otros contendientes como Yeidckol Polevnsky, Adriana Menéndez e Hilda Mirna Díaz.

El martes 6 de octubre, el Tribunal confirmó que será el método de encuestas la vía para resolver el problema de la sucesión en la dirigencia de Morena.

Porfirio, por si usted no lo conoce, es una enciclopedia andando, un hombre de una inteligencia superior que jamás ha rehuido el debate y el diálogo inteligente, ambas cualidades ausentes en la inmensa mayoría de los políticos mexicanos, y, en particular, de los militantes de Morena.

“Yo tengo que hablar con la militancia, con los líderes y conformar un partido, eso ya no puede hacerlo el Presidente. El partido como tal, como organización, es muy débil porque lo que ha contado es la militancia, la famosa ola que, como dijo Andrés Manuel, trajo mucha basura”, expresó recientemente en una entrevista para la agencia EFE.

En su opinión, Morena ha sido capturado por “caciques”que, por ejemplo, reparten gubernaturas y curules en el Congreso para acrecentar su poder.

Cuando propone Porfirio que Morena sea, en los hechos más que en el discurso, un movimiento incorruptible, los grupos que se sienten aludidos lo critican y rechazan.

“Me tomaron muy bien que yo llegara (a Morena), por el prestigio, por los antecedentes, era yo honorable, pero se olvidaron de que soy un hombre de batalla, y las voy a dar mientras viva”, agrego el viejo luchador.

Sobre el concepto de “obediencia ciega” que sacó a relucir hace poco el Presidente López Obrador, Porfirio dijo lo siguiente al periódico Milenio:

“Ahora Mario ofrece gubernaturas y dice que el Presidente manda saludar. Yo tengo meses de no hablar con él, jamás me dio una llamada y eso que yo le puse la banda presidencial, pero Mario se salía con Monreal de la Permanente.”

Y agrega: “se iban a cabildear y al rato llegaban y decían que iban al Palacio o al café de la esquina. Por eso se acabó el Presidentazo, eso es del PRI. La conducción del partido ha sido servil y abusiva, ni siquiera le habían consultado al Presidente. Había lineazo como borregos. Esa es la clase de partido contra la que estoy”, concluyó.

Vaya tarea la que le espera a Muñoz Ledo: eliminar el servilismo hacia el Presidente y deshacer los cacicazgos en Morena. Por si eso fuera poco, si de veras va a barrer la basura, como él dice, tendrá que ir a fondo en lo de las “aportaciones”, el eufemismo que en Morena se usa para justificar la entrada ilícita de dinero para apoyar a candidatos y campañas, en primer lugar, la campaña presidencial de Andrés Manuel López Obrador, ¿cómo se financió?

Si alguien en México puede hacer eso es Muñoz Ledo. Si alguien en México puede convencer a López Obrador de rectificar el rumbo y rescatar la nave del naufragio, ese alguien es Muñoz Ledo.

No sé si la edad (tiene 87 años) y su salud se lo permitan, si bien su lucidez e inteligencia están intactas. Ojalá que sí: México necesita hoy a Porfirio, esa rara combinación de inteligencia y habilidad política.

Mexicanos con bandera nacional

Siempre me pongo de pie al escuchar el Himno Nacional y para saludar a la bandera: son los símbolos incorruptibles de la conciencia cívica d...