viernes, enero 09, 2026

LA BATALLA DE LOS CUBANOS

En Washington, deben pensarlo dos veces antes de intentar una operación de comandos o una invasión militar a gran escala en Cuba, en vista de la determinación de los cubanos en la batalla del 3 de enero en Venezuela.

Por Rogelio Ríos Herrán


Lo que empezó como drama en Venezuela, parece convertirse velozmente en farsa con la increíble marginación que hizo Washington de Corina Machado, Edmundo González y la oposición liberal y, por otra parte, la continuación en el poder del chavismo más radical, pero sin Nicolás Maduro.

Mientras el polvo se asienta y salen a la luz los hechos e intenciones reales de los actores del drama, desde el principio llamó mi atención el enfrentamiento durísimo entre las fuerzas de élite de Estados Unidos y los guardias cubanos que resguardaban a Maduro y a su esposa en su casa de descanso.

Por un momento, la feroz resistencia de los combatientes cubanos y sus disparos certeros a un helicóptero americano estuvieron a punto de hundir la misión de captura del presidente venezolano.

Con algunos trozos de información del periódico The New York Times y del columnista Sergio Aguayo (Grupo Reforma, columna “Tromba caribeña”, 07/01/2026), les describiré lo que sé hasta el momento de la batalla de los cubanos.

Desde tiempo atrás, los corresponsales extranjeros de prensa asignados a Venezuela notaron que el círculo de seguridad personal de Maduro estaba integrado en su totalidad (142 elementos) por militares cubanos, algunos hasta con grados de coroneles o tenientes coroneles.

“Es útil recordar”, dice Sergio Aguayo (profesor de El Colegio de México), “que los servicios de inteligencia cubanos adquirieron fama por su disciplina y eficacia. Tanta, que derrotaron todos los intentos de Estados Unidos por asesinar o desprestigiar a Fidel Castro durante varias décadas”.

Agrega Aguayo que Manuel Piñero “Barbarroja”, jefe de los servicios de inteligencia cubanos, “creó una institución tan prestigiada, que fue utilizada por La Habana como instrumento diplomático y como fuente de divisas”.

A las 2:01 am del día 3 de enero, narran los reporteros Eric Schmitt y Greg Jaffe (New York Times, “A close call for US commandos and an emboldened Trump”, 07/01/2026), llegaron los helicópteros americanos a la casa de Maduro y descendieron más de 80 comandos, los cuales se enfrascaron de inmediato en un fuego intenso con los guardias cubanos.

En el helicóptero principal, un Chinook de doble hélice, venía el comandante líder de la misión, el cual recibió, antes de aterrizar, tres heridas de bala en una pierna que, durante unos minutos, amenazaron con su posible incapacidad o muerte que hubiera abortado el asalto.

Con ayuda del copiloto, el comandante líder pudo desembarcar a los comandos y retirarse a distancia segura en la aeronave severamente dañada.

Los comandos ingresaron al área de la residencia, volaron con explosivos una puerta y llegaron al área de la recámara de Maduro y su esposa, justo cuando se disponían a buscar refugio en un cuarto blindado con paredes de acero.

Una vez capturado Maduro, el combate intenso con los cubanos continuó hasta las 4:29 am, cuando los helicópteros de apoyo acudieron a recoger a los comandos, a los prisioneros y regresaron al portaaviones Iwo Jima.

El saldo para los cubanos fue de 32 elementos muertos durante la batalla de poco más de un par de horas, además de un número bastante mayor de heridos de gravedad.

El comandante líder, quien sufrió heridas severas, y otros cinco comandos heridos fueron trasladados a un hospital en Texas para su recuperación.

¿Qué movió a los militares cubanos a enfrentar hasta la muerte a los comandos americanos por defender al dictador Maduro?

¿Por qué estuvieron dispuestos a morir por una causa ajena, lejos de su suelo natal y abandonados a su suerte por los militares venezolanos?

¿Fue por la afinidad ideológica? ¿Por los dólares que les pagaban? ¿Tal vez por las cuentas pendientes que, desde siempre, ha tenido la Cuba castrista con Estados Unidos?

No tengo la respuesta a esas preguntas, pero en Washington deben pensarlo dos veces antes de intentar una operación de comandos en la isla caribeña o una invasión militar a gran escala, en vista de la determinación de los cubanos en la batalla del 3 de enero: una bala más al Chinook, y todo hubiera acabado en desastre militar para Estados Unidos.

Homero decía en La Ilíada que, después de cada batalla, solo quedaba la gloria para el vencedor y el honor para los vencidos por morir en el campo de batalla.

Con su venia, señores, aquí termino de cantar este corrido.


@Rios60H 

 




 


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