sábado, octubre 26, 2019

Despuès de Culiacàn

Escena en Culiacàn, Sinaloa, el 17 de octubre de 2019.
Fuente: google.com


Por Rogelio Rìos Herràn

Apenas se acaba de asentar el polvo de las balaceras y persecuciones por las calles de Culiacàn, Sinaloa, cuando es preciso preguntar ¿y ahora, què sigue?

Mucho me temo que el de Culiacàn no será un evento aislado, sino que forma parte de un patròn de enfrentamientos que continuarà en otras ciudades y regiones de México representando un severo cuestionamiento a la legitimidad del Gobierno en turno y del Estado mexicano en su conjunto.

No hay tregua en este fenómeno. El narcotráfico, la delincuencia organizada y la delincuencia común, no dan respiro alguno a las autoridades, las cuales no brillan por su eficiencia.

En la misma semana de lo de Culiacàn (17 de octubre), hubo eventos trágicos en Guerrero y Michoacàn con muchos muertos en ambos casos. En los días posteriores a la liberación del Chapito, no ha parado la sucesión de homicidios dolosos en varias partes de México.

¿Què sigue? Como ciudadano, lo que espero es un cambio de actitud y de estrategia del Gobierno del Presidente Lòpez Obrador en cuestiones de seguridad.

Lo que ha hecho hasta ahora su gobierno es insuficiente y prácticamente inútil para contener la ola de criminalidad que padecemos.

México vive días de emergencia. Se percibe en el aire una mezcla rara de temor de los ciudadanos, señales de ineptitud de los gobernantes, indicios de un profundo malestar en las Fuerzas Armadas que están, por ahora, pagando un elevado costo político por acatar las órdenes presidenciales.

Como ciudadano, veo a la sociedad mexicana sumida en el desconcierto por los eventos violentos de criminalidad, pero a la vez sumamente pasiva para exigir a gobernantes y legisladores que se dediquen de inmediato y por completo a buscar vìas de solución a la emergencia actual.

Dejar hacer, dejar pasar, no lleva más que al abismo. Si el crimen organizado percibe que la actitud actual del Gobierno federal de no confrontación se mantiene como la estrategia permanente, entonces, su poder e influencia crecerà a mayores niveles que los actuales.

No sólo querrà el crimen organizado controlar más territorios, sino influir directamente en el manejo del gobierno, en la selección de candidatos a puestos de elección popular, en el financiamiento de campañas electorales, en las càmaras de legisladores locales y en la federal, en tribunales y juzgados, si no es que ya lo hace.

Como ciudadano, creo que todavía hay tiempo para rectificar si se tiene la voluntad de escuchar -en los círculos de gobierno- los puntos de vista diferentes y aceptar la evidencia contundente de las batallas perdidas, como la de Culiacàn, de manera vergonzosa por el Gobierno federal.

La inseguridad y la ola de violencia criminal, el posible empoderamiento exponencial del crimen organizado al no confrontarlo, no es un tema partidista o electoral, sino una cuestión de sobrevivencia del Estado mexicano en su conjunto.

La cuestión rebasa incluso a la figura del Presidente Lòpez Obrador. Su éxito en las urnas no se ha traducido realmente, en el ámbito de la seguridad pública al menos, en acciones y logros que le den fuerza.

Más bien, la violencia criminal pone en evidencia la debilidad relativa del Gobierno frente al poderìo del crimen organizado. Es lamentable decirlo, pero ¿de què sirve negarlo?

En México, el poder presidencial tiene límites, hay fronteras que no puede cruzar, se puede doblar a presiones internas y externas. Aquì ya no cuentan los votos en las urnas, aquí no sirven de nada; lo que vale es la capacidad de liderazgo, la visión política de altura y la estrategia más adecuada para alcanzar los objetivos planteados.

¿Tiene hoy el Presidente Lòpez Obrador eso que se necesita para sacar a México del torbellino de la violencia criminal?

Es de humanos errar; es de sabios rectificar. Es de necios perseverar.

Rogelio.rios60@gmail.com

Publicado en el Periòdico La Visiòn, de Atlanta, Georgia, el 25 de octubre de 2019.






domingo, octubre 20, 2019

'Soles apagados'

Rosario Ibarra de Piedra.
Fuente: Google.com


Por Rogelio Rìos Herràn

Con esa metàforica expresión, “soles apagados”, se refirió Rosario Ibarra de Piedra a las madres de los desaparecidos que en México la acompañan en su incansable búsqueda por su hijo Jesús, quien desde 1975 desapareciò en Monterrey, México, a manos de agentes gubernamentales y nunca se supo más de él.

Sin juicio, sin acusaciones formales (las autoridades creían que era guerrillero) sin registro de su detención, Jesús, en ese entonces estudiante de Medicina en la Universidad Autònoma de Nuevo Leòn, simplemente desapareció.

A partir de ese evento, Rosario Ibarra pasó de ser una tìpica madre y esposa de clase media encargada del cuidado del hogar y de sus hijos a convertirse en una activista social y defensora de la causa de los desaparecidos en México.

En un artículo escrito por ella, Rosario cita una frase que leyò en un periódico colombiano, pensada y escrita por algún desaparecido imaginando su libertad: “saldrás de cualquier lugar en cualquier parte, a recibirme y abrazarme y recuperarè en ese abrazo todos los soles que me han robado”.

Más de cuatro décadas después de la desaparición de su hijo, la brega de Rosario será reconocida por el Senado de la República al galardonarla con la Medalla Belisario Domìnguez 2019, el próximo 23 de octubre en la sede senatorial en la CDMX.

La Senadora Sasil Dora Luz de Leòn, integrante de la Comisión encargada de otorgar la alta distinción, expresó que “con su activismo, Doña Rosario hizo una gran aportación a la construcción de un México más democrático y defensor de los derechos humanos”.

Agregò que Rosario “ha dedicado su vida a luchar para dar voz a los que no tienen y exigir justicia por quienes ya no pueden hacerlo”.

Doña Rosario formó en los años 70 el Comitè Pro Defensa de Presos, Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Polìticos que diera lugar, en 1977 a la formación del Comitè Eureka, el cual se ha dedicado a exigir al Estado mexicano que presente con vida a los militantes de movimientos políticos armados y sociales que sufrieron desaparición forzada en la década de los 60s y 70s en México, conocida como la época de la Guerra Sucia.

Al fondo, foto con el Comitè Eureka.

Fue ella la que tuvo la fuerza y el coraje necesario para liderar una causa que, en sus orígenes, muchos consideraban inútil y que desdeñaban diciendo que “se trata de madres de guerrilleros”, como si eso liberara al Estado de sus responsabilidades.

“Hago repaso y veo a cada una con la efigie de su hijo en el pecho o apretando con sus manos una manta, o alzando una pancarta o afanosas repartiendo volantes y siempre lanzando al viento, todas ellas a coro, el grito lleno de esperanza, sonoro, fuerte, rotundo: ¡Vivos los llevaron, vivos los queremos!”

“Lo primero que me comentó mi madre”, dijo Rosario Piedra Ibarra, (hija de Doña Rosario), “es que le agrada el galardón, pero que ella quisiera saber de su hijo y que por eso espera seguir luchando, aun a su avanzada edad”.

“Mi madre piensa que hubiera preferido no tener que ser reconocida por su lucha incansable por los desaparecidos, que hubiera preferido que estuviera con ella mi hermano Jesús”, agregó.

Què herida tan profunda en el alma la de un desaparecido. No se acaba nunca la esperanza para quien lo busca y espera de regreso. No hay día sin un recuerdo, pero los años pasan y la espera no concluye, no se cierra el cìrculo tan dolorosamente abierto.

Desde esos términos debemos pensar sobre Doña Rosario, su lucha, su tenacidad, y con ella la de miles de madres mexicanas que han formado un grupo unido y fuerte que no desaparecerà si faltara alguna de ellas.

“Vivos los llevaron, vivos los queremos…”

Rogelio.rios60@gmail.com  

Publicado en el Periòdico La Visiòn, de Atlanta, Georgia, el 18 de octubre de 2019.

martes, octubre 15, 2019

'Còmo sì', Embajadora

La Embajadora Martha Bàrcena con el autor.


Por Rogelio Rìos Herràn

Tuve la oportunidad de coincidir, en un mismo evento en Monterrey, México, con la Embajadora Martha Bàrcena, representante diplomático de México ante Estados Unidos, y me llevè una grata impresión de su persona y su habilidad de comunicarse con el pùblico. Les comparto mis impresiones.

1) Quienes la escucharon en su ponencia fueron empresarios mexicanos y americanos reunidos en torno a la American Chamber of Commerce of Mexico (AMCHAM) Capítulo Monterrey, la cual celebrò el 7 de octubre su 46 Asamblea General y relevo de presidente: deja el cargo Marisa Jiménez de Segovia y la releva Francisco Pontòn. En todo Mêxico, la AMCHAM agrupa a 1 mil 450 empresas que representan el 21 por ciento del PIB nacional, 20 por ciento de la inversión privada y generan 2.5 millones de empleos. El Capítulo Monterrey agrupa a 450 de esas empresas.

2) Asistiò como invitado Neil Herrington, vicepresidente senior para Las Amèricas de la US Chamber of Commerce (con más de 3 millones de socios en Estados Unidos) con un sòlido mensaje en favor de la ratificación del T-MEC a la brevedad posible. Asistieron igualmente William Duncan, Cònsul General en Monterrey, y Roberto Russildi, Secretario de Economìa y Trabajo de Nuevo Leòn. Como se ve, fue una audiencia VIP y casi por completo de hombres de negocios.

3) En ese contexto, no es nada fácil para cualquier funcionario federal o diplomático mexicano venir y transmitir un mensaje convincente, sin rodeos, al grano, como es el estilo de los negocios. La Embajadora Bàrcena desplegò sus habilidades y logró conectarse con el auditorio, dar un panorama de la situación actual y el mensaje esencial que esperaban escuchar: las relaciones económicas y comerciales entre México y Estados Unidos son sòlidas y trascienden a las administraciones políticas, y no debe ser la ratificación del T-MEC un rehén de la situación política en Estados Unidos.

4) Uno se da cuenta de que el orador captura a su audiencia cuando, al final de la plàtica, todos siguen sentados, escuchando con interés lo que se dice, y no se ven asientos vacìos. Así lo percibì al observar a los presentes, y créanme que no es fácil lograr eso con los hombres de negocios, especialmente con los regiomontanos, quienes pueden llegar a ser muy impacientes y cortantes con los conferencistas que no “enganchan” bien con ellos.

5) Bàrcena hablò de que mantiene un “optimismo moderado”, sin dejar de reconocer que hay riesgos, y creo que esa frase le permitió comunicarse a fondo con los empresarios. Lo más común para ellos es escuchar a muchos funcionarios que solamente ven escenarios maravillosos y que tienden a minimizar -o de plano ignorar- los puntos negativos o riesgosos. El tono de la Embajadora se percibió como muy honesto.

6) En otro sentido me parece que hubo buena conexión con el estilo de los negocios: Bàrcena hablò de un intenso “cabildeo” con los legisladores norteamericanos, con càmaras y organismos empresariales, con  asistencia a cuanto foro, mesa redonda o entrevista en los medios de comunicación sea invitada para llevar el mensaje del interés mexicano por la ratificación del T-MEC; es decir, junto con “el gran equipo” (así lo llamó) que tiene en la Embajada en Washington se dedican a la “talacha” de contactar, informar y convencer a los personajes relevantes de la vida pública estadounidense de que México es un socio confiable para Estados Unidos, no un adversario.

7) Al usar la Embajadora la frase que escuchò de Nancy Pelosi, “speaker” del Congreso de Estados Unidos, de que “buscamos el camino para el sì”, es decir la ratificación del nuevo tratado de libre comercio, hizo click con una frase muy norteña, muy de Monterrey que se usa en los negocios: “no me digas que no se puede hacer, mejor dime cómo sì se puede hacer”, iría más o menos expresada. Buscar el “cómo sì” en lugar del “cómo no”, hace toda la diferencia del mundo.

Siga buscando el “cómo sì” para México, Embajadora, no baje la guardia.

Rogelio.rios60gmail.com

Publicado en en Periòdico La Visiòn, de Atlanta, Georgia, el 11 de octubre de 2019.


sábado, octubre 05, 2019

Despuès del 'impeachment'


Presidente Trump y Speaker Nancy Pelosi en el Congreso.
Fuente: google.com


Por Rogelio Rìos Herràn

¿Se termina el problema de la decadencia de la democracia estadounidense con la salida del Presidente en turno en la Casa Blanca, suponiendo que el juicio político en contra del Presidente Donald Trump así concluyera?

O preguntemos de otra manera: Un cambio de personas, el relevo del Presidente y su gabinete actual por otro candidato demòcrata, ¿revertirìa la percepción de que la política en Estados Unidos, su estructura institucional, su sistema de representación de los ciudadanos y sus pesos y contrapesos está en crisis y dejó de ser un referente a nivel mundial de un gobierno eficaz, aunque no sin fallas?

Al hablar de decadencia me refiero a algo que empezó mucho antes que Trump y que afecta a los dos grandes partidos, republicano y demòcrata, al Congreso y los ciudadanos estadounidenses: la confianza ciega de que la democracia siempre funcionarìa, la creencia en la excepcionalidad de su país.

Incluyo a los ciudadanos porque su participación o falta de ella, su falta de exigencia ante sus gobernantes, han permitido que el Gobierno y la vida pública se conviertan en un espectáculo lamentable, frìvolo a más no poder e ineficaz.

Si no creo que esto empezó con Trump, sino mucho antes, es porque también pienso que no va a terminar con el "impeachment" de Trump o, en otro escenario, con la conclusión de su mandato y su posible no reelección.

La de ahora es apenas una batalla más en el camino por evitar la decadencia de la democracia como sistema de gobierno en Estados Unidos, en primer término, y en el resto del mundo en segundo.

Hay más enemigos de la democracia que gobernantes populistas y conservadores como Trump en Estados Unidos, Bolsonaro en Brasil u Orbàn en Hungrìa. Ellos son solamente personajes transitorios en la arena pública, vienen y se van (afortunadamente) con los ciclos políticos, pero el daño que hacen con su mera presencia en la cúspide del poder en sus naciones es profundo: minar y desgastar la nociòn de que la democracia, si bien no es un sistema perfecto de gobierno, sì es el mejor sistema que hay.

Cuando en los sistemas políticos se desemboca en resultados inexplicables al llegar al poder, como gobernantes legítimamente electos, quienes una vez instalados se dedican a destruir lo más posible las normas de legalidad y buen gobierno, como para cerrar al camino a futuros cambios (“Despùes de mì, el diluvio”, parecen decirnos a la manera del Luis XIV), nos damos cuenta que ese no era el resultado esperado, que el sistema está fallando, que no es posible que líderes que no creen en la democracia gobiernen a las democracias.

Manifestantes en el Capitolio.
Fuente: google.com

No soy ciudadano estadounidense, soy mexicano, pero me interesa tanto como a cualquiera de mis amigos gringos la suerte de su país, la aparición cada vez más frecuente del mote "Banana Republic" entre analistas y columnistas norteamericanos para describir el espectáculo circense que tienen ante sus ojos.

No tengo manera de saber con plena certeza el desenlace del proceso de impeachment iniciado con una investigación en el Congreso sobre algunos actos presuntamente ilegales del Presidente Trump, pero sì creo que ya era el momento de que el mismo sistema político, en voz de la mayoría legislativa demòcrata, le plantara cara y reaccionara.

Ted Kennedy, el Leòn del Senado, en un discurso ante el National Press Club en enero del 2005, expresó, ante los acontecimientos políticos del momento (era la Presidencia de George Bush) lo siguiente que me parece relevante hoy:

“Si los demócratas corren a refugiarse, si nos convertimos en una pàlida copia al carbón de la oposición e intentamos actuar como republicanos, vamos a perder y mereceremos perder… los demócratas deben ser más que tibios ante los republicanos. Lo último que este país necesita son dos partidos republicanos.”

Cuando digo decadencia, hablo sobre todo desde mi percepción personal. No recuerdo en ningún otro momento de mi vida, después de años de observar y leer sobre los Estados Unidos, una nación fascinante en muchos sentidos, haber tenido este sentimiento de que dejaron de ser un referente mundial, el ejemplo a seguir.

No quiero llegar al extremo de ver a los USA con esa sensación que me invade al abordar a Rusia o China, naciones igualmente fascinantes, pero que no inspiran políticamente a nadie en el resto del mundo (¿o alguien quiere ser como Vladimir Putin?) ni alientan un espíritu democrático. Los veo con la distancia del analista, pero no a los Estados Unidos, al cual veo sin distancia alguna, como parte de mi mundo, en donde tengo amigos y familia, y cuya suerte me preocupa tanto como a cualquiera de sus habitantes.

Unos años antes de sus palabras citadas, en 1978, el mismo Ted Kennedy pronunciò un discurso en donde decìa lo siguiente: 

“Los desafíos que enfrentamos requerirán cambios importantes en la estructura de nuestras instituciones. No será fácil encuadrar estos cambios en las viejas categorías de liberal o conservador, radical o reaccionario. En lugar de eso, ellos traerán a nuestra vida pública nuevos significados para viejas palabras en nuestro diálogo político: palabras tales como ‘poder’, ‘comunidad’ y ‘propòsito’”.

No podría estar más de acuerdo con el viejo Ted: nuevos significados para viejas palabras, ahí puede estar la salvación de Estados Unidos.

rogelio.rios60@gmail.com
  

miércoles, septiembre 11, 2019

Torres Gemelas: la huella mexicana


Martín Morales, víctima mexicana en el 9/11. 
Fuente: Google.com


Por Rogelio Ríos Herrán


Pasaron ya 18 años del ataque terrorista de Al Qaeda al World Trade Center de Nueva York, el 11 de septiembre del 2001, en el cual murieron casi 3 mil personas, entre ellas, un número indeterminado de mexicanos.

Se considera un número indeterminado de mexicanos porque solamente hay 16 víctimas identificadas. Solamente 5 de ellas fueron verificadas con pruebas de ADN y fueron susceptibles sus familias de recibir las compensaciones que otorgó el Gobierno estadounidense (de entre 1 y 1.5 millones de dólares).


En muchos otros casos, los mexicanos desaparecidos entre las ruinas de las Torres Gemelas no fueron reportados por sus familiares debido al temor de sufrir represalias por su situación migratoria como indocumentados.


De cualquier manera, todos ellos son la huella mexicana del derrumbe. Su sacrificio toca nuestros corazones porque eran compatriotas y sus vidas fueron cortadas de raíz por el odio de los atacantes a Estados Unidos. 


No merecían morir de esa manera, ni ellos ni las víctimas estadounidenses y de tantas nacionalidades que acudían día a día a sus empleos y oficios en el inmenso World Trade Center.


Nada más en el famoso restaurante “Windows of the World” murieron cuatro mexicanos: Antonio Meléndez, Antonio Javier Álvarez, Leobardo López Pascual y Martín Morales Zempoaltécatl.


Ubicado en los pisos 106 y 107 de la Torre Norte, la primera de las Torres Gemelas en ser atacada, el “Windows” era una insignia de la vida neoyorquina, un mirador privilegiado sobre la gran ciudad y un centro de reunión de mucha gente atraía por su excelente comida y su finísima carta de vinos.


Leobardo, Antonio, Martín y Antonio Javier trabajaban ahí, en el primer edificio en recibir el impacto de uno de los aviones jets de línea comercial secuestrados y usados como arma para el atentado.


Un mexicano más, Juan Ortega, quien trabajaba para el restaurante Fine & Schapiro, también pereció en esa torre. Los cinco mexicanos que trabajaban tienen sus nombres inscritos en el Monumento Conmemorativo construido en la Zona Cero.


Hablar de la huella mexicana en el 9/11, como de la huella latinoamericana, africana, europea y asiática, nos lleva a un nivel de entendimiento de los lazos entre México y Estados Unidos distinto y distante del bajo nivel de las relaciones entre gobiernos.


La dimensión de esa tragedia ocurrida hace 18 años nos recuerda que hay un horizonte de entendimiento más amplio, mucho más amplio, que las miserias de las políticas del día, de los presidentes en turno, del dominio de políticas ultraconservadoras en la clase gobernante estadounidense.


Ese horizonte es el de la solidaridad pura y simple entre las personas que una tragedia del tamaño del 9/11 hace brotar desde el fondo de los seres humanos.


El dolor y la tristeza que muchos mexicanos sintieron el 11 de septiembre del 2001 fue genuino, y no se limitaba a haber perdido o no aun ser querido en el derrumbe de las Torres Gemelas. Iba mucho más allá de eso, hacia una empatía natural ante quienes un día antes eran, para nosotros, unos perfectos desconocidos.


Por unos días, lo recuerdo muy bien, flotaba en el ambiente entre los mexicanos una necesidad de mostrar su apoyo moral y emocional a las víctimas directas del ataque tanto como a toda la nación norteamericana.


Hubo excepciones, es verdad, a estas manifestaciones de fraternidad, entre quienes se alegraron incluso de un evento trágico derivado de un ataque terrorista.


Pero, sin duda alguna, fue mucho más fuerte la empatía hacia toda una nación que sufría en carne propia las consecuencias materiales de llevar al extremo las creencias y las ideas que anidan en las mentes torcidas de los extremistas, en este caso, de los militantes de Al Qaeda.


Dieciocho años después, nadie puede decir que el mundo ya cambió y que se superaron las condiciones que propician el odio, el fanatismo ideológico y religioso, y el extremismo violento. Nada de eso. Seguimos viviendo con temor a que, en cualquier momento, el odio de los extremistas se manifieste en alguna de las múltiples formas en que lo hace, y dé un nuevo zarpazo mortal.


Me reconforta, sin embargo, saber que cuando eso suceda, si es que no logramos prevenirlo, será más poderosa la respuesta de la solidaridad, la fuerza de la empatía y el espíritu de fraternidad que cualquier violencia de extremistas y terroristas.


Lo aprecio así cuando veo, cada año, que familiares y amigos de las víctimas del 9/11 leen en voz alta, en Nueva York, sus nombres completos, todos y cada uno de ellos. Escucharlos es volver a sentir que uno es humano no por la fuerza de sus puños, sino por la fuerza de sus abrazos.


Descansen en paz los caídos.


Rogelio.rios60@gmail.com


viernes, septiembre 06, 2019

Violencia sin Muros

Fuente: Google.com

Por Rogelio Ríos Herrán

Por una de esas irónicas coincidencias de la vida, se vive hoy una época de alta violencia tanto en México como en los Estados Unidos.

Desde El Paso, Texas (22 víctimas), hasta Coatzacoalcos, Veracruz (30 víctimas), no hay frontera que la contenga, no se detiene la ola de muertes trágicas en eventos de tiroteos masivos o ataques a civiles de manera indiscriminada.

No cesa tampoco el flujo de asesinatos en menor escala, en incidentes por venta de drogas, violencia familiar, furia en el camino, altercados entre vecinos, etcétera.

Para quien quiera consumir su vida en un evento violento, la mesa está puesta para hacerlo en ambos lados de la frontera: se consiguen armas con suma facilidad y legalmente en Estados Unidos; se pueden conseguir igualmente en el mercado negro en México.

Ni siquiera podría decir que, a diferencia de México, la mayor solidez de las autoridades e instituciones de justicia en Estados Unidos es un factor de disuasión para las personas violentas, pues la intensidad de los tiroteos masivos demuestra que, quienes los hacen, no tuvieron miedo de la justicia ni de la policía.

Violencia sin muros fronterizos, sorda y nefasta. Se lleva vidas, se roba la alegría de muchos hogares, le arrebata a sus padres y madres a los niños: los huérfanos de El Paso, los huérfanos de Coatzacoalcos.

Suceden en unos pocos minutos esas tragedias, pero sus huellas permanecen toda la vida con los sobrevivientes y las familias de los que perecieron.

Se rompen muchas vidas en formas que ni imaginamos, se mancillan también las ciudades en donde ocurren, sus comunidades se sacuden. Las naciones enteras lloran esas tragedias.

¿Qué hacer en México y Estados Unidos ante esta ola de violencia? Pregunto no para que respondan las autoridades, sino para que lo hagan los ciudadanos: ¿cómo se puede vivir así?

No he dejado de escuchar últimamente, en México, que “ya ni Estados Unidos es seguro”, cuando se comenta entre los mexicanos los terribles tiroteos masivos que se suceden una y otra vez, sin freno, en la Unión Americana.

Puede ser, así lo creo, que mexicanos y estadounidenses encontremos un camino de convivencia si nos une el dolor de las tragedias, pero sobre todo, el ferviente deseo de que no se repitan.

Tal vez en el luto y la tristeza que dejan en mexicanos y norteamericanos las matanzas que hoy vivimos se dejen de lado las diferencias en el color de la piel, en las nacionalidades, en el estatus económico y social, en las ideologías y entonces, sin esos velos que nublan la razón, encontremos finalmente el entendimiento entre ambos pueblos.

No esperemos mucho de nuestros políticos a ambos lados de la frontera. Sus palabras y sus actos denotan que están más preocupados por sus carreras políticas, por no perder el poder, que por el bienestar de sus gobernados.

Busquemos, tendamos las manos, abramos nuestras conciencias hacia quienes a ambos lados de la frontera han padecido el manotazo brutal de la muerte violenta en sus hijos y familiares.

Confortemos juntos nuestros corazones, en El Paso, en Coatzacoalcos, en Odessa (5 víctimas), en Tepalcatepec, Michoacán (11 muertos en una batalla campal entre narcotraficantes y las autodefensas del pueblo), pues nada ni nadie podrá regresarnos a nuestros muertos.

Viene a mi mente el título del cuento clásico del escritor Edmundo Valadés (1915-1994), “La Muerte tiene Permiso”, para describir lo que vivimos en estos días: asesinatos masivos, familias rotas, vidas truncadas, huérfanos y más huérfanos, como si, en efecto, hubiera un permiso para matar, pero ¿quién lo dio?

No más de eso. Ante la impotencia de las autoridades para protegernos, tendamos nuestras manos hacia quienes sufren, no importa de qué lado de la frontera se encuentren, para consolarlos, para consolarnos.

rogelio.rios60@gmail.com 

(Publicado en Periódico La Visión, Atlanta, Georgia, 06/09/2019).



“-Y como nadie nos hace caso, que a todas las autoridades hemos visto y pos no sabemos dónde andará la justicia, queremos tomar aquí providencias. A ustedes -y Sacramento recorrió a cada ingeniero con la mirada y la detuvo ante quien presidía, que nos prometen ayudarnos, les pedimos su gracia para castigar al Presidente Municipal de San Juan de las Manzanas. Solicitamos su venia para hacernos justicia por nuestra propia mano”.

Edmundo Valadés, La Muerte Tiene Permiso.




domingo, septiembre 01, 2019

Las formas del Informe


El Presidente López Obrador en su Primer Informe
FUENTE: Google.com


Por Rogelio Ríos Herrán



Como asiduo observador de las conferencias de prensa matutinas (las “mañaneras”) del Presidente López Obrador, no esperaba cambio alguno en lo que dice -y cómo lo dice- ahora que rindió su Primer Informe de Gobierno.

Y así fue: nada nuevo bajo el sol de la 4T. Se resaltaron las cifras, datos y hechos positivos, se minimizaron y casi ignoraron las cifras, datos y hechos negativos. 


Hubo las debidas referencias a Benito Juárez (“el triunfo de la reacción es moralmente imposible”), a don Porfirio Díaz y a los conservadores y liberales del siglo 19 que son el marco de referencia del Presidente López Obrador en el siglo 21. Gran omisión: no dijo nada de Lázaro Cárdenas.


Lo interesante fueron las formas. Primero que nada, destanteó a muchos que en el muro situado atrás de donde hablaba el Presidente dijera “Tercer Informe de Gobierno al Pueblo”. ¿Tercero? ¿Qué no es el Primero? 


La contabilidad presidencial empezó en el “Informe” de los primeros 100 días de gobierno (en marzo), siguió con el Segundo Informe el día 1 de julio (a un año de su triunfo electoral) y desembocó en el Tercer Informe, el del 1 de septiembre, que en realidad es el Primer Informe.


Segundo, la pequeña audiencia cautiva de funcionarios, gobernadores, legisladores, empresarios e invitados especiales reunida en el Patio Mariano del Palacio de Gobierno (situado en la esquina más cercana a la Catedral Metropolitana y cuyo acceso es la Puerta Mariana), no logró llenar las sillas dispuestas.


Para tapar los evidentes huecos, se pidió a los presentes, minutos antes de que empezara a hablar el Presidente, que se recorrieran para las sillas delanteras, y atrás se acomodó a militares y marinos uniformados de gala para la ocasión. Aún así, quedaron algunas sillas vacías: cuando quiso felicitar en público al empresario regiomontano Carlos Bremer, resulta que no había sido invitado.


El Presidente López Obrador no portó la banda presidencial, solamente un pequeño ensarte o pin en la solapa de su saco con la bandera nacional. Tuvo algunas dificultades con el escrito que leyó, una síntesis del texto del Informe, y por momentos daba la impresión de que lo leía por primera vez, que escudriñaba los párrafos antes de empezar a leerlos, y se permitía hacer disgresiones o ampliar algunos de los temas. Muy raro.


Lo más importante de las formas, sin embargo, se dio en lo que llamaría la visión presidencial “desde su burbuja”, es decir, desde un México construido a la forma y medida de sus convicciones políticas e ideológicas, y al cual acomete con la fuerza de su voluntarismo.


Por el tiempo dedicado a temas de suma importancia, por lo menos como se perciben desde la opinión pública, parece que en la burbuja presidencial ese sentido de urgencia no existe.


Hasta los 45 minutos de iniciado su discurso hizo la primera referencia a la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, para decir que “aun con el costo (de la cancelación), estoy convencido de que fue la mejor decisión”.


Esa decisión se tomó, agregó el presidente, porque el terreno escogido iba a presentar hundimientos, para salvar a los patos y otras aves del Lago Nabor Carrillo y por la corrupción (así en general, sin detalles) que rodeó al proceso de construcción. 


Nada nuevo a lo que ya dijo sobre este tema en las “mañaneras”, ni mencionó la cifra del costo de la cancelación de contratos y el pago de bonos por poner un alto al aeropuerto en Texcoco. Todo eso lo mencionó el Presidente en 2 minutos.


Hasta 1 hora y 45 minutos de iniciado su discurso, casi al final del evento, fue que López Obrador habló de la violencia e inseguridad en el país.


Durante apenas 3 minutos que le dedicó al tema dijo que “no hay buenos resultados” para contener la incidencia delictiva, pero que continuaba reuniéndose a las 6 de la mañana todos los días con su gabinete de seguridad e invocó la fuerza de sus palabras: “estoy seguro que vamos a serenar al país”, pero no dijo cómo piensa lograrlo, sólo dio a entender que al que madruga, Dios lo ayuda.

Presidente AMLO. Fuente: Google.com

Agregó que no se permitirá el contubernio entre gobernantes y delincuentes.


Reiteró que soldados, marinos y Guardia Nacional seguirán enfrentando a los delincuentes bajo las mismas condiciones: no reprimirán, respetarán los derechos humanos, etcétera, pues ellos son “pueblo uniformado”.


Se esperaba (como piensan muchos ex militares en retiro) un posible cambio de estrategia en este sentido en vista de las múltiples humillaciones públicas que han sufrido las fuerzas armadas, pero no hubo tal giro.


Fuera de la mención a los Estados Unidos (el acuerdo del 7 de junio en Washington que evitó la imposición de aranceles a México), y de que se intenta involucrar a ese país en el plan de impulso económico en América Central, no hubo más referencias al panorama internacional.


El Presidente solamente se refirió, sin mencionarlos por su nombre, al factor externo que China y Estados Unidos han creado con su guerra comercial que presionó a la pérdida de terreno del Peso frente al dólar. 


Nada más agregó, como si el mundo externo no existiera o, si existe, no incidiera en México o simplemente no tuviera espacio en la agenda que se elabora en la burbuja presidencial. 


Así, el aislamiento de México frente a los temas y problemas internacionales se dibuja con más claridad ahora como una postura deliberada del Presidente López Obrador, quien no viaja al extranjero y ha cancelado anteriormente su asistencia a foros internacionales de alto nivel. 


En fin, la que vi desplegada en el Primer/ Tercer Informe presidencial fue la estrategia de comunicación empleada en las “mañaneras”: hablar de temas selectos, reiterar que los gobiernos anteriores dejaron un desastre de país y señalar que la corrupción es la causa principal de los problemas de México; si funciona todos los días en las “mañaneras”, ¿para qué cambiar el guión?


La cuestión es que el Presidente utiliza constantemente el mismo discurso, las mismas palabras, frases y giros de lenguaje, las referencias de siempre a Benito Juárez. 


No hay señales de que incorpore el Presidente nuevos giros en su discurso, otros ángulos de opinión, un lenguaje distinto que permita vislumbrar que sí escucha las críticas, que sí las analiza y sí las usa en su toma de decisiones.


Por el contrario, cada día lo que veo en él es que endurece su “blindaje” político e ideológico contra las críticas, y no cambia sus posturas para nada.


Por eso, el Presidente habla casi exclusivamente de asuntos internos y no utiliza, fuera del tema de Estados Unidos, referencias a la situación internacional, a otros temas como el cambio climático, el desarme nuclear, el papel de la ONU, etcétera. Su visión internacional, una vez instalado en Palacio Nacional, no se ha ampliado; al contrario, parece estrecharse cada día más.


Solamente cambia de postura y de políticas el Presidente López Obrador cuando su voluntad se estrella contra alguna dura realidad, de manera que se ponga en riesgo su Gobierno o perciba una gran amenaza, como en el caso del Presidente Trump y sus aranceles.


En fin, los informes presidenciales siguen la misma tónica: el lucimiento presidencial, una audiencia cautiva, resaltar lo bueno, omitir o disminuir lo malo, los aplausos a sus frases (“¡primero los pobres!”). Éste apenas fue el Primero/Tercero, y como dicen los americanos: “business as usual”.


rogelio.rios60@gmail.com






IRANÍES: LA DOBLE GUERRA

Cuando hago a un lado el análisis político, las razones estratégicas o las consideraciones de geopolítica, sólo queda la crudeza de la muert...