La multitud de tratados bilaterales y multilaterales firmados por México desde hace décadas son hoy casi letra muerta. No se da seguimiento ni se respeta en México lo acordado en el exterior y predomina la absurda tesis morenista de que el derecho interno tiene primacía sobre el derecho internacional.
Por Rogelio Ríos Herrán
La resolución de la crisis política provocada en México por la petición del Departamento de Justicia de Estados Unidos por la detención de 10 políticos y funcionarios mexicanos con fines de extradición tomó un rumbo claro: el gobierno mexicano ha negado la solicitud.
Entre muchas consecuencias negativas para el gobierno de Sheinbaum por la decisión tomada, una de las más dañinas será el aumento del aislamiento de México de la escena internacional.
Si alguna relación bilateral debía tratar el gobierno mexicano con cuidado extremo era con el gobierno del presidente Donald Trump.
Si alguna confrontación directa debía evitar el gobierno mexicano en la arena internacional era en contra de Estados Unidos.
Fuera de la relación bilateral con Estados Unidos, al gobierno de México no le queda apoyo diplomático de peso de ningún país de peso e influencia en la arena internacional.
El reciente viaje de Claudia Sheinbaum a Barcelona a una reunión de gobernantes izquierdistas, fue a invitación del gobierno socialista de Pedro Sánchez, no del Reino de España.
Claudia no fue a Barcelona a promover el interés estratégico de México, sino a participar en una especie de carnaval retórico de la izquierda gobernante en varios países de América Latina sin mayor efecto ni peso ante Estados Unidos.
Durante su viaje, se difundió una foto de Sheinbaum sosteniendo un cartel de apoyo a Cristina Fernández, ex presidente apresada y enjuiciada en Argentina por corrupción personal y desvío de recursos públicos.
Apenas días después del evento, fue detenido en Argentina un oficial de la Marina de México involucrado en la mayor trama del contrabando fiscal de combustible de la que se tenga memoria en México, red criminal que llegó a los más altos niveles de la Secretaría de Marina y las Aduanas de México.
Al responder a la solicitud de extradición del marino mexicano, el presidente Milei seguramente tendrá sobre su escritorio la foto de Claudia con el retrato de Cristina en sus manos.
Milei, amigo y aliado del presidente Trump, no dudará en aprovechar la ocasión para dar un golpe diplomático a Sheinbaum.
Eso es un asunto menor comparado con la solicitud de extradición de Rubén Rocha, hasta hace unos días gobernador en funciones de Sinaloa.
No entraré en detalles del caso, pero lo menciono porque llegó en el peor momento del aislamiento internacional del gobierno mexicano.
Es verdad que nuestro país continúa participando formalmente en los organismos internacionales y en los grandes temas multilaterales, como el cambio climático, los derechos humanos o la paz y seguridad internacional.
No va México, sin embargo, más allá de la formalidad. No tienen impacto las acciones diplomáticas mexicanas. El mundo no toma nota de lo que hace o deja de hacer México.
La multitud de tratados bilaterales y multilaterales firmados por México desde hace décadas son hoy casi letra muerta. No se da seguimiento ni se respeta en México lo acordado en el exterior y predomina la absurda tesis morenista de que el derecho interno tiene primacía sobre el derecho internacional.
Coincido con los analistas mexicanos que perciben la acción reciente del gobierno estadounidense como un parteaguas en la relación bilateral México-Estados Unidos.
Las consecuencias negativas de la decisión de Sheinbaum de dar curso a la detención de los funcionarios acusados por una Corte de Distrito en Nueva York las veremos en el futuro inmediato.
Sin amigos ni aliados en el exterior y sin la participación activa de México en los organismos internacionales, el gobierno de México cultivará lo que ha cosechado desde 2018 con la diplomacia morenista: quedarse solo contra Goliat.
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