martes, noviembre 21, 2006

FARMERS BRANCH

El cabildo de Farmers Branch, Texas (una población cercana a Dallas), decidió el 13 de noviembre emitir la Resolución 2006-130 para declarar al inglés como la lengua oficial del condado (puede verla en www.farmersbranch.info).
Por primera ocasión, un condado de Texas emite una resolución de ese tipo, la cual se suma a los más de 50 condados que en Estados Unidos han aprobado medidas similares ante lo que perciben como negligencia de los gobiernos federal y estatales para aplicar el rigor de la ley a los indocumentados.
La tendencia empieza a revelarse: la batalla por los temas relacionados con la migración se ha desplazado del terreno federal al estatal pero, sobre todo, al nivel municipal. Si en Washington no hay reforma migratoria, las autoridades municipales han empezado a tomar la iniciativa, generalmente con medidas muy restrictivas, salvo la notable excepción de National City, California (www.ci.national-city.cal.us), declarado "santuario nacional" para los inmigrantes indocumentados.
No sin un intenso debate, en una población de 28 mil habitantes -37 por ciento de origen hispano y con "varios cientos" de personas indocumentadas- las autoridades municipales consideraron en la Resolución que "el uso de un idioma común (el inglés, por supuesto) remueve las barreras de la incomprensión y ayuda a unificar al pueblo de Farmers Branch, del estado y de Estados Unidos, y ayuda a fomentar la total participación cívica y económica de todos sus ciudadanos sin referencia a su origen nacional, credo, raza u otras características".
La reacción municipal ante la falta de acción del Gobierno federal y estatal impulsó la adopción de la medida que, vista desde México, no solamente tiene visos de ser absurda por innecesaria, sino de incurrir en una posible discriminación contra los inmigrantes mexicanos y el uso del español.
Tom Bryson, funcionario municipal, me comentó que la medida es una declaración de política, no tiene fuerza de ley y es similar a las emitidas en más de 20 estados de la Unión Americana. Las excepciones son las instancias de salud y seguridad.
"Tenga la seguridad", agregó el funcionario, "de que cuando cualquier persona necesite un servicio de parte del personal municipal, particularmente de la policía y los bomberos, nos esforzaremos por comunicarnos de cualquier forma posible. De ninguna manera esto tiene efecto alguno en el derecho de libre expresión de las personas".
En la Resolución 130 se lee, sin embargo, que "ninguna ordenanza, decreto, programa o política de la ciudad de Farmers Branch o de cualquiera de sus subdivisiones requerirá del uso de cualquier otro idioma que no sea el inglés".
Redactado así, el temor a la inmigración indocumentada y al español toma visos de xenofobia. Para evitar la supuesta discriminación por no saber español para los residentes de Farmers Branch, se recurre a un decreto como si eso pudiera cambiar la realidad de que la vida de ese suburbio texano se ha modificado por la presencia de inmigrantes que traen consigo otro idioma y cultura.
Desde la Resolución 2006-099 (5 de septiembre), se veía venir el endurecimiento: el City Council urgía e imploraba "al Presidente Bush y al Poder Ejecutivo a que empiece inmediatamente a aplicar nuestras leyes de inmigración y aborde el problema serio del rompimiento del Estado de Derecho en este país en lo referente a los millones de extranjeros ilegales dentro de nuestras fronteras".
Hay una salvedad en la Resolución 130 que llama la atención: la declaración del inglés como idioma oficial no infringirá los derechos de cualquier persona "de usar otro idioma que no sea el inglés en las comunicaciones o acciones privadas, incluyendo el derecho de los empleados y funcionarios del Gobierno (incluyendo los electos) de comunicarse con los demás".
¿Significa esto que en Farmers Branch en público se hablará el inglés, pero el español sólo en privado? Con esa mentalidad, yo le llamaría a ese pueblo de otra manera: Farmers Ranch.

rogelio_riosherran@hotmail.com

sábado, noviembre 11, 2006

La debacle republicana

Muchos mexicanos celebraron con júbilo la reciente victoria de los demócratas en el Congreso y el Senado americanos, calificando de verdadera debacle para los republicanos el resultado de las elecciones de medio término.

Siempre con la esperanza puesta en una mejora en la situación migratoria de los mexicanos que viven y trabajan en Estados Unidos, desde México se percibió la vuelta de los demócratas a la mayoría en ambas cámaras como la apertura de una nueva ventana de oportunidad para la ansiada reforma migratoria integral, del tipo de la que apoyan los senadores Kennedy y McCain, en lugar del programa de trabajadores temporales que impulsa el Presidente Bush.

Antes de levantar las campanas al vuelo, sin embargo, los mexicanos deben considerar varias reservas a su júbilo. El triunfo demócrata no necesariamente se traducirá en la aprobación de una reforma migratoria distinta a la propuesta que ahora tienen en sus manos los legisladores. Ni el tema de la seguridad nacional de Estados Unidos cederá su lugar prioritario en la agenda pública a cualquier otro tipo de consideración económica o social. El combate al terrorismo persistirá como la principal preocupación del gobierno americano.

Los beneficios inmediatos para México derivados del regreso de los demócratas como mayoría legislativa en el Congreso y el Senado serán, seguramente, mucho menos espectaculares que las expectativas levantadas en México. No habrá variaciones importantes en el tema migratorio en la política estadounidense de aquí al término de la Administración Bush y quizá solamente después del 2008, con la posible elección de un nuevo presidente demócrata en la Casa Blanca, habrá de nuevo la oportunidad real de poner sobre la mesa una propuesta de solución integral y binacional al problema migratorio.

Otra reserva no menos importante que las anteriores tiene que ver con el inicio de un nuevo gobierno en México. El Presidente electo Felipe Calderón visitó la semana pasada al Presidente George W. Bush justo después de las elecciones cuando ya se conocía la debacle republicana. Eso minó el impacto de la visita, pues se percibe entre los analistas la idea de que Bush perdió fuerza y enfrentará una fuerte oposición demócrata en asuntos internos y externos.

Pero lo minó también el hecho de que Calderón llegó a esa cita con una posición muy endeble, pues ni siquiera tiene armado su equipo de política exterior para el gabinete y no se sabe, fuera de las ideas muy generales que difundió en su campaña, cuál es su visión de la política exterior mexicana y qué tipo de relación quiere establecer con Estados Unidos.

El encuentro entre Calderón y Bush se dio en un momento poco adecuado tanto en México como en Estados Unidos. La utilidad de la entrevista se redujo prácticamente a que ambos personajes se conocieran en lo personal y a que Bush le repitiera a Calderón la postura tradicional ante México: primero el comercio, luego la migración.

Un Presidente Bush debilitado por la debacle electoral republicana y un Presidente electo Calderón debilitado por la situación interna que enfrenta en México y carente todavía de una propuesta de política exterior y de una visión hacia Estados Unidos se encontraron en Washington, D.C. solamente para tomarse la foto juntos, pues fuera de eso no hubo beneficios palpables para los mexicanos.

Por eso es que después del júbilo inicial que levantó en México el triunfo electoral demócrata, y ante la escasa utilidad de la visita de Calderón a Bush, es necesario que los mexicanos analicen con la cabeza fría lo que verdaderamente se puede avanzar en materia migratoria en los próximos dos años.

Tal vez el mejor campo de batalla no sea el Congreso ni el Senado dominado por los demócratas, sino las arenas políticas de los estados de la Unión Americana, como en Arizona, por ejemplo, donde a pesar de la euforia nacional por el avance de los demócratas, las duras medidas contra los inmigrantes aprobadas en la elección son testimonio de que los mexicanos indocumentados en Estados Unidos tendrán que esperar todavía tiempos mejores para empezar a mejorar su situación laboral y de vida. Esperaremos hasta el 2008.

rogelio_riosherran@hotmail.com
210 775 2518 en USA.

domingo, septiembre 10, 2006

9/11: Réquiem por la libertad

A cinco años del ataque terrorista de Al Qaeda a los Estados Unidos, el mundo no acaba de recuperarse de todo lo que se perdió en ese día.

Lo que con gran entusiasmo se celebró a la llegada del año 2000 cuando se vivió la esperanza de que un nuevo milenio trajera la anhelada paz entre los seres humanos, se convirtió el 11 de septiembre de 2001 en la amenaza cumplida de que el terrorismo, esa forma extrema e indiscriminada de violencia, llegó para quedarse en nuestras vidas cuando apenas comenzaba el siglo 21.

Con el derrumbe de las Torres Gemelas, se hicieron trizas la libertad y la democracia en Occidente, los valores más preciados que distinguían al mundo contemporáneo de los siglos anteriores. El sueño de las sociedades desarrolladas de vivir en la era del avance tecnológico, la prosperidad material, la riqueza y las formas superiores de convivencia política que permite el cultivo de la democracia se truncó cuando el ataque terrorista en Nueva York le mostró al mundo que la paz era tan sólo una ilusión.

En nombre del combate al terrorismo y por razones de seguridad nacional como prioridad absoluta, el gobierno y la sociedad estadounidenses se embarcaron en una cruzada antiterrorista que ha mermado los fundamentos de una sociedad que, en muchos sentidos, ha sido ejemplar para el resto del mundo.

El efecto perverso de la pérdida de libertades y del trastorno en las prioridades sociales se extendió al resto del mundo occidental. Uno tras otro, los regímenes europeos y los aliados de Estados Unidos fueron construyendo al interior de sus sociedades una telaraña de suspicacia entre sus propios ciudadanos, azuzados por el miedo al terrorismo que se reprodujo como virus en los discursos oficiales y en los medios de comunicación.

No es posible cuantificar cuánta libertad se ha perdido a raíz del 9/11, pero sí se puede percibir el deterioro de los regímenes políticos libertarios que han acudido a estrategias antiterroristas que someten las libertades fundamentales del hombre a las consideraciones de seguridad nacional. Esa es la herencia autoritaria que el atentado de Al Qaeda dejó al mundo hace cinco años.

Lo peor de todo es que no se ve cómo se empezará a revertir la tendencia a delimitar la libertad en nombre de la seguridad nacional. No sólo el terrorismo provoca eso, también lo vemos en el caso del combate al narcotráfico o cuando concurren en un país la guerrilla y el narcotráfico, como en el caso de Colombia.

Pero es la definición de la amenaza terrorista y en las estrategias de lucha aceptadas por Occidente en donde con mayor claridad se observa todo lo que los ciudadanos del mundo, no sólo los estadounidenses, perdimos en la aciaga mañana de septiembre 11 del 2001: la posibilidad de un nuevo siglo en donde la paz se impusiera a las amenazas de todo tipo a las sociedades modernas.

Ojalá que a fin de este siglo 21, los analistas de entonces vean a esta época que vivimos como un paréntesis apenas en el curso de un siglo que en efecto haya traído prosperidad y paz a la humanidad. De lo contrario, les deberemos a los ciudadanos del mañana, a nuestros nietos y bisnietos, la tranquilidad robada por la amenaza terrorista y la cruzada de Occidente que en su afán de defenderse y combatir a los terroristas, parece estar dispuesto a inmolarse en el intento.

Gente de muchas nacionalidades murió en el derrumbe de las torres gemelas, entre ellos, un puñado de mexicanos que laboraban en los restaurantes del World Trade Center para enviar dinero a casa. Al conmemorar el quinto aniversario de la tragedia, la memoria de ellos y de los tres mil muertos en el atentado será honrada merecidamente en todo el mundo. Al final, el mejor homenaje será que la humanidad recupere para sí las libertades perdidas y un siglo que, al iniciar apenas, le ha sido secuestrado por el terror.

rogelio_riosheran@hotmail.com

miércoles, agosto 16, 2006

Mano dura en México: ¿Otro 68?

La protesta social es una forma de afinar a la democracia y sus mecanismos políticos, jurídicos e institucionales, siempre perfectibles. Cabe en todo momento cuestionar y volver a cuestionar al universo de actores, procesos e instituciones políticas, pues su solidez se basa en la capacidad de adaptación al momento histórico en que se vive.
El cuestionamiento abarca, por supuesto, a quienes protestan: por qué lo hacen, qué medios emplean, qué costos se pagan por sus acciones. Podemos estar en desacuerdo con su forma de reclamar, jamás lo estaremos con su derecho a hacerlo. Hoy son de un color, mañana serán de otro.
La utilización de la fuerza pública para eliminar las protestas sociales es un signo del fracaso de la política, de la renuncia a la convivencia civil y de la extinción del espíritu democrático en los ciudadanos e instituciones de una comunidad.
La mano dura es un atentado a la democracia. Utilizarla como recurso de solución de un problema político es reconocer, tácitamente, que tanto el sistema como los actores políticos son incapaces de canalizar y resolver adecuadamente sus diferencias.
No sabemos, por lo menos públicamente, si hay alguna negociación política en curso para levantar los bloqueos en la Ciudad de México, con los cuales no estoy de acuerdo. Sin embargo, ¿por qué apresurarse a pedir la aplicación de la fuerza del Estado hacia sus propios ciudadanos antes de negociar?
El espíritu democrático se degrada cuando la respuesta institucional a un conflicto social se manifiesta únicamente por las vías violentas.
Al Estado le corresponde hacer todo lo posible por agotar toda negociación y recurso para prevenir que los conflictos se desborden a las calles. De otra manera, a la magnitud del reclamo social deberá sumarse el saldo negativo que dejará en la vida política la respuesta de fuerza que entronice a la violencia, sea particular o pública, como la solución a los problemas políticos.
Cuando la arena política está polarizada y los ánimos caldeados, la obligación del Estado es la de retornar los conflictos al cauce institucional. Este deber es irrenunciable, pues constituye la razón misma de ser de la existencia de una sociedad que se da instituciones para sobrevivir y prosperar.
Incurrir en errores o negligencia en el cumplimiento de esa misión histórica del Estado democrático representará no sólo una responsabilidad social para sus ejecutores sino el deterioro de las instituciones políticas mexicanas.
El uso de la fuerza es la renuncia a la política. Si las cosas han llegado al punto en que parece inminente un enfrentamiento violento entre los manifestantes y la autoridad es que han fallado, tanto las autoridades como los líderes sociales, en el cumplimiento de sus obligaciones institucionales.
La fuerza del Estado debe dirigirse a los enemigos de las instituciones que se encuentran fuera del orden social.
Los enemigos del Estado, quienes buscan disminuirlo para controlarlo mejor, son el sinnúmero de organizaciones criminales e individuos para quienes la democracia es un estorbo a sus propósitos de máxima ganancia y absoluta impunidad.
Son ellos los que contemplan, mientras se frotan las manos, un país que se acerca peligrosamente al abismo de la violencia. Son ellos quienes celebrarían la extinción de la democracia mexicana.
¿Mano dura? No entre ciudadanos. No otro 68.

rogelio_riosherran@hotmail.com

Publicado en EL NORTE el 17 de Agosto de 2006

lunes, agosto 07, 2006

¿Cuba hacia el Siglo 21?

La transición cubana importa más a México de lo que en primera instancia debiera ser observar a la distancia los acontecimientos internos en otro país.

El juego de intereses regionales e internacionales que se puso en marcha la semana pasada después del anuncio oficial en La Habana de que el Presidente Fidel Castro cedía sus funciones a su hermano Raúl, es complejo y poco visible en la superficie, pero del cual podemos darnos una idea si consideramos que en cada escenario posible de la transición cubana, la presencia de México es segura. Querámoslo o no, los mexicanos formamos parte del tema cubano de diferentes y variadas maneras.

Por tanto, es comprensible que siga con atención en círculos especializados mexicanos todo lo que sucede en Cuba. Lo sorprendente, sin embargo, es que para el gran público mexicano, lo que acontece hoy con la deteriorada salud de Fidel ha pasado prácticamente desapercibido ante el influjo que ejerce la crisis postelectoral mexicana sobre sus ciudadanos: todo gira alrededor del Peje con tanta fuerza que opaca al propio Fidel Castro.

Pero las oportunidades y los riesgos de la transición cubana siguen ahí en un momento en que la atención de los mexicanos se vuelca a lo interno y en medio de una suerte de vacío de poder en México que nos impide, de momento, capturar en toda su importancia la posibilidad de un cambio político en la isla caribeña.

En términos muy generales, la transición cubana puede ser empujada desde el interior mediante un relevo en el liderazgo cubano presionado por las demandas de la población; o, por el contrario, desde el exterior, al percibir las potencias estadounidenses y europeas la declinación de Castro como símbolo de la debilidad del gobierno revolucionario que lleva 47 años al frente de la revolución cubana.

Estados Unidos es , por supuesto, un actor de fundamental importancia en los asuntos cubanos. Ya expresó públicamente Condoleezza Rice su mensaje al pueblo cubano pidiendo su aportación para la democratización del régimen. En Miami, la comunidad cubana en el exilio espera con ansiedad el momento del retiro definitivo de Fidel del poder y con el simple anuncio de su enfermedad empezaron las celebraciones en las calles de la ciudad.

España y otras naciones europeas con fuertes inversiones en Cuba esperan, de su parte, una transición suave que no afecte sus interes económicos. China, el actor nuevo en el caribe, cuyas inversiones en la isla rebasan los mil millones de dólares, pidió a EU que no metiera las manos en los asuntos cubanos y que fuera el pueblo cubano quien decidiera su futuro, olvidando convenientemente en Beijing que ellos hacen exactamente lo contrario de lo que pregonan en Corea del Norte.

Venezuela, por supuesto, no puede quedarse atrás, mucho menos ahora que se ha convertido en un importante proveedor petrolero de Cuba y fuerte comprador de productos cubanos, por no mencionar la estrecha relación personal entre Hugo Chávez y Fidel castro.

¿Y los mexicanos? Bien gracias, envueltos en una polémica interna que no les deja atender asuntos regionales de la mayor importancia estratégica para nuestro país. Hay lazos históricos que nos unen a los cubanos más allá de las diferencias diplomáticas que ahora existen y que nos colocan en un lugar que, manejado con sapiencia, pudiera darnos un sitio de primera mano en la transición cubana.

Es claro que todos los actores conviene que en Cuba se mantenga, antes que nada, estabilidad política necesaria para que esa nación ensayara una apertura al exterior que, bien llevada, haría palidecer a las experiencias de apertura al capitalismo de las naciones de Europa del este.

Cuba tiene ya una gran plataforma de despegue en el alto nivel de educación de su población que transformaría a los cubanos en trabajadores y empleados competitivos en un sistema de economía capitalista. Su ubicación geográfica es inmejorable como puerta de entrada a Estados Unidos y sus recursos turísticos son una fuente de ingresos importantes para la isla.

Si China Popular se abrío al capitalismo, ¿por qué no Cuba? Con embargo comercial o sin embargo estadounidense, con Ley Helms-Burton o sin ella, los experimentos cubanos de corte capitalista les han funcionado bien, en términos económicos, y han sido decisiones de tipo político las de su retiro.

La clave, en este momento, reside en la figura de Raúl Castro, quien es mucho menos conocido que su hermano mayor, pero reconocido por algunos medios influyentes, como The Wall Street Journal, como un líder proclive a las reformas hacia el capitalismo y el cerebro detrás de los experimentos capitalistas cubanos.

De resultar cierta esa percepción, estaríamos ante la presencia de un Deng Xiao Ping caribeño, el legendario líder chino que encauzó intelectual y físicamente a China en la senda capitalista derribando el paradigma nacionalista y ortodoxo de Mao Tse Tung, una figura a la que el perfil de Fidel sería mucho más afín.

Es un momento de decisión para los cubanos, de construir una visión estratégica que pueda conducirlos en unos cuantos años a la entrada plena al Siglo 21, a la tecnología de avanzada, a las telecomunicaciones, el mercado abierto y al intercambio de servicios, bienes y personas con el resto del mundo.

Claro está que la llegada de la globalización a Cuba traería consigo inevitablemente las transformaciones políticas necesarias para que el mercado capitalista funcione adecuadamente, y en eso los cubanos no se querrían quedar atrás del gran escaparate que para ellos representa el sistema de vida estadounidense.

Por muchas razones, entonces, como el compartir las aguas del Golfo de México con su riqueza de hidrocarburos, a México no le conviene estar ausente de los acontecimientos en Cuba. Perder este momento histórico puede costar muy caro a los mexicanos en términos del alejamiento con un país que forma parte de nuestra cultura y con el que nos hermanan lazos diversos, desde los económicos hasta los gastronómicos.

Si Cuba se abre al capitalismo, buscará los apoyos que lo ayuden en su empresa no sólo en Estados Unidos sino en América Latina, o en Europa y China. Ojalá que los mexicanos no nos coman el mandado en Cuba.

rogelio_riosherran@hotmail.com

domingo, julio 02, 2006

2 de Julio 2006 en México


Hoy es un día de fiesta para el ciudadano, una de esas raras ocasiones en las que puede premiar o castigar a su clase política mediante el acto de votar.

Para llegar a vivir una fecha como la de hoy, y otros 2 de julio significativos en la historia contemporánea de México, mucha audacia y sufrimiento ha quedado en el camino de gente que entregó su vida a impulsar la democratización de la política mexicana.

Desde cualquier punto de las geometrías políticas, es posible rescatar historias y anécdotas de personajes que pusieron su granito de arena para hacer posible la celebración electoral de hoy.

En nuestras manos está decidir qué candidato y grupo político queremos en el poder ejecutivo, a cuáles diputados preferimos y quién será nuestro próximo alcalde. Nunca como antes en México, están a la vista del ciudadano las cualidades y virtudes de los proponentes a gobernarnos, sus grandezas y miserias.

La transparencia y la rendición de cuentas, conceptos de nueva y reciente aplicación en la legislación y la política mexicana, ya empiezan a dejar sentir sus efectos en las posibilidades que la sociedad tiene de conocer las irregularidades de los políticos y sancionarlas.

Esa es una de las diferencias de esta elección presidencial con la anterior: mayor transparencia, una más exigente rendición de cuentas. Y no es poca tal diferencia, pues no es lo mismo moverse en lo oscurito, hablando desde el punto de vista del servidor público, que bajo la luz de los reflectores cívicos.

Siento más motivos para la tranquilidad que para la alarma en los comicios de hoy. En el escenario político de guerra sucia que nos presentaron los candidatos y partidos políticos, por supuesto, predomina la falsa noción de que el país está prácticamente al borde del abismo, y que sólo la pericia de tal o cual candidato logrará salvarlo.

Nada más absurdo. Una cosa es que los candidatos hagan su lucha con sus escenarios apocalípticos, pero otra muy distinta es que las estrategias de aniquilamiento del contrario intenten robarnos la tranquilidad para luego revendérnosla a un precio mucho más caro: el de extenderles un cheque en blanco para gobernar, el de tener que prácticamente agradecerles que nos hayan salvado.

La verdad, y hablando en el lenguaje deportivo del momento, la pelota está en nuestra cancha. Los ciudadanos decidimos si compramos la basura de la guerra sucia o la desechamos como la baratija política que es en el basurero de la historia.

Los candidatos de todos niveles y perfiles, no son más, ni menos, que hombres y mujeres de carne y hueso. Buenos y malos, listos y no tan listos, picudísimos y confiados, de mala entraña y de buena fe. De todo hay en la viña política, y qué bueno que así sea, pero sin perder el debido equilibrio entre buenos y malos políticos.

Por eso, por más poderosos que parezcan en las pantallas de televisión, por más honestidad que presuman, por más justicia social que quieran reivindicar, no van a llegar más allá de lo que nosotros querramos. Ahí está el motivo de que hayan gastado fortunas en las campañas políticas más caras de las que tenga memoria, simplemente para convencer al mayor número de ciudadanos posible a que vote por ellos.

La pelota está en nuestra cancha, reitero, y en las estrategia de juego que decidamos: voto dividido, voto de castigo, voto útil, voto duro e incondicional, voto ponderado, etcétera.

A este punto se reduce el bombardeo de campaña de los últimos meses, un dispendio que ya ha puesto a pensar a muchos ciudadanos si no sería mejor emplear ese dinero en otras cosas que beneficien directamente a la población.

En la intimidad de la casilla electoral, nadie le va a poner una escopeta en la cabeza al ciudadano para obligarlo a votar de tal o cual manera. ¿Le cae gordo el Peje?, ¿no soporta a calderón o a Madrazo? ¡Pues castíguelos con su voto y elija a otro candidato! ¿No está de acuerdo con lo que han hecho y proponen los diputados y candidatos de tal o cual partido? ¡Ahora es cuándo se les puede hacer saber lo que pensamos de ellos! ¿Quiere premiar a un candidato que le parece particularmente capaz e inteligente para un puesto ejecutivo? ¡No vacile en apoyarlo con su voto!

Los abuelos y bisabuelos son la mejor referencia para contarnos las historias de horror y abusos que eran las elecciones en décadas anteriores, la falta de respeto al voto, el pisoteo de la ley, la imposición y la mentira como sustento de los poderosos. Eso es cosa del pasado en el 2006, pero nada garantiza que no vuelvan esas épocas si persistimos los mexicanos en los altos índices de abstencionismo que hemos visto en elecciones federales y estatales recientes.

¿Recuerda usted los gestos de alegría que la televisión y los periódicos mostraban al mundo cuando los ciudadanos iraquíes votaron a fines del año pasado, muchos de ellos por primera vez en su vida, para elegir a sus representantes a la asamblea constitutiva que le dio una nueva ley general a esa nación? ¿Recuerda la campaña de miedo y terror con que los grupos terroristas amenazaron a la población que saliera a votar el día de la elección y, cómo desafiando el peligro y reivindicando su dignidad ciudadana, las mujeres y hombres del pueblo iraquí salieron a votar y derrotaron a los provocadores del miedo?

Las de Iraq eran condiciones adversas en extremo, por eso, los pretextos que podamos esgrimir para no votar, comparado con eso, van a sonar infantiles a los oídos de quienes ya quisieran tener, con todo lo imperfecta que nos parezca, una democracia como la mexicana.

Hoy es un día de fiesta cívica, no dejemos pasar la oportunidad de expresar en las urnas lo que pensamos de nuestros políticos. ¡Adelante!

rogelio_riosherran@hotmail.com

jueves, junio 15, 2006

Papá IPR



¡Día del Padre! Ante la inminencia de la fecha, pienso que a nadie se le ocurriría entregarle a alguien la tarea de construir un puente sin ser ingeniero, sin contar siquiera con las nociones elementales de la ingeniería civil, y sin más material de construcción que, literalmente, sus manos, su cabeza y su corazón.



Pues bien, tal insensatez existe. Esos ingenieros aficionados son los padres, encargados de tender puentes con sus hijos. No supieron en qué se embarcaron cuando felizmente cargaron entre sus brazos a la primera criatura que trajeron al mundo. Ni Hércules tuvo esos trabajos.



A cuántos no les hubiera dado un ataque de pánico si se les leyera, una vez tomada la trascendental decisión de convertirse en padres, la larga e interminable lista de obligaciones y responsabilidades que se tiene con los hijos.



La lucha diaria por entrenarlos para el juego de la vida, las alegrías que dan los hijos junto con un cúmulo de dolores de cabeza, serían suficientes para desanimar a más de uno de emprender el viaje junto con “esos locos bajitos”, como diría Serrat.



El caso es que “la paternidad constituye la profesión más exigente e importante del mundo; sin embargo, la mayoría de los padres no recibe entrenamiento formal para asumirla”, nos dicen Roger C. Rinn y Allan Markle en su libro “Paternidad positiva. Modificación de conducta en la educación e los hijos”. México, Trillas, 1992.



Pues bien, señores expertos, acaban de describir a la mitad de la humanidad. Es un delito ejercer una profesión sin la licencia que certifique la aptitud necesaria para ello. Pero no habría cárcel suficiente para recibir a tanto papá impreparado para ejercer sin licencia “la profesión más exigente”: Ingeniero en Paternidad Responsable (IPR).



De ahí ese sentimiento de que, cuando nada sale bien, los padres se culpan por lo que hacen mal los hijos y se acuerdan de su ineptitud para la paternidad.



“No obstante, la investigación ha demostrado”, nos dicen Rin y Markle, “que los problemas de la paternidad no necesariamente son resultado de ‘malos’ padres ni de ‘malos’ hijos. Más bien, son producto de enfoques inadecuados que se dan a la educación e los niños”.



Ahí está quizá la clave de lo que se necesita para graduarse de Papá IPR: un buen hijo no nace, se hace, para ponerlo en términos coloquiales. Por tanto, un buen padre no nace, se hace. Todo es cuestión de educación.



Eso ya nos pone por buen camino: la paternidad no es fatalidad griega caída de cielo ante la que nada se puede hacer. Es entrenamiento, disciplina, persistencia, todo aquello que se puede englobar en una sola palabra: educación.



El mensaje, entonces, es que si nos esforzamos, podemos llegar a ser buenos padres. Podemos construir ese puente para llegar al corazón de los hijos. Podemos, a la vuelta de los años, observar el fruto de nuestros afanes en las personas de hijos maduros y felices.



¿De dónde aprender si no hay entrenamiento para la paternidad? De recordar cómo nos educaron, de observar a los demás padres, de leer y aprender todo lo que se pueda, de construir una inmensa reserva de paciencia en nuestro espíritu.



Un buen ingeniero sabe que, en donde haya un espacio por salvar, es posible construir un puente. El abismo llama, la distancia o como quiera que se le llame a lo que nos separa de los seres que amamos es un desafío que llega a lo más profundo de nuestra naturaleza humana para disparar el instinto constructor.



No lo veremos colgado en la pared de la sala, pero el título de Papá IPR será el diploma viviente de los buenos hijos, esa alegría incomparable que viene después de tanto esfuerzo.



Ellos dirán con nostalgia, cuando nos recuerden, como el poeta Vicente Alexandre: “Lejos estás, padre mío, allá en tu reino de las sombras... seguro estoy que en la tiniebla fuerte tú vives y me amas”.



rogelio_riosherran@hotmail.com



Publicado en El Norte, 15 de junio de 2006

IRANÍES: LA DOBLE GUERRA

Cuando hago a un lado el análisis político, las razones estratégicas o las consideraciones de geopolítica, sólo queda la crudeza de la muert...