¿Qué queda del gobierno de Claudia Sheinbaum al proteger irracionalmente a Rocha y asociados sobre los que pesan acusaciones graves de complicidad criminal? Lo que queda es muy poco. Existe formalmente un gobierno nacional en México, pero está vacío de poder ante Estados Unidos.
Por Rogelio Ríos Herrán
Son los ciudadanos quienes reciben todo el impacto brutal de las decisiones equivocadas tomadas por los gobiernos nacionales de nuestro país.
Desde el año 2018, el primer gobierno morenista de Andrés Manuel López Obrador exhibió el método de toma de decisiones presidenciales que marcó a su gobierno.
Sin información adecuada ni calcular costos y beneficios y sin pedir consejo o asesoría a expertos o académicos, López Obrador tomó decisiones desastrosas para la ciudadanía y para sí mismo.
No necesito mencionarlas. Usted recordará bien algunas de ellas.
El costo del dolor y las muertes masivas evitables durante la pandemia de Covid19, el daño a los hogares, empresas y negocios, además de medirse en pesos y centavos, se mide también por el desprestigio personal del gobernante.
En ese camino de toma de decisiones insensatas se embarcó, por decisión propia, la presidente Claudia Sheinbaum desde el inicio de su gobierno.
Adoptó ella como regla de juicio la exclusión de opiniones y perspectivas diversas y contrarias a las suyas que hubieran enriquecido su juicio.
Ignoró los análisis de costo-beneficio que, como en el caso de Pemex, la habrían ayudado a encontrar la solución a la quiebra de la empresa pública en lugar de mantenerla con vida artificial a un costo financiero elevado.
La joya de la corona es, sin embargo, la relación bilateral con Estados Unidos.
No hubo con Claudia una modificación a la postura de enfrentamiento de López Obrador con Washington en las diversas áreas de la relación.
Nadie en el equipo presidencial le aconsejó o la disuadió de cambiar urgentemente el rumbo de la confrontación por el camino más seguro de la cooperación.
A pesar de tener en su equipo presidencial a funcionarios que colaboraron con López Obrador, ninguno de ellos luchó por un cambio de rumbo con Estados Unidos.
El resultado está a la vista: se acabó la “cabeza fría”.
En la semana que concluye el día 10 de julio, la ruptura con Estados Unidos está consumada.
No es un rompimiento formal con el gobierno de Donald Trump, sino algo más pernicioso.
Claudia mantiene la estructura formal de las relaciones diplomáticas, pero las ha vaciado de contenido.
En materia de seguridad, por ejemplo, el mensaje presidencial mexicano es no entregar a los funcionarios de Sinaloa solicitados con fines de extradición por Washington.
Se cambia el oro (la relación bilateral) por el cobre (Rocha Moya y colaboradores) en una decisión que no acabo de comprender.
¿En dónde dejó Claudia relegado el interés nacional?
¿Por qué no supo tomar una decisión de Estado?
¿Qué le impidió pensar en el país por sobre su filiación ideológica?
¿Se ha dado cuenta Claudia del tamaño de su metedura de pata frente a Estados Unidos’
Cualquier gobierno nacional se llena o se vacía de poder en las decisiones que toma y frente a los hechos que enfrenta.
¿Qué queda del gobierno de Claudia Sheinbaum al proteger irracionalmente a Rocha y asociados sobre los que pesan acusaciones graves de complicidad criminal?
Lo que queda es muy poco.
Existe formalmente un gobierno nacional en México, pero está vacío de poder ante Estados Unidos.
No sé lo que venga en el futuro inmediato de la relación bilateral con el vecino del norte, pero no será un camino de rosas.
México luce ahora pequeño y débil ante Washington.
Ahí viene noviembre con las elecciones intermedias en Estados Unidos.
¿Qué le debe México a Rocha Moya, carajo?
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