jueves, enero 01, 2026

USA: EL LOBO SOLITARIO

En política internacional, el liderazgo personal ayuda a resolver crisis, pero no sustituye la necesidad de contar con los aliados de la Unión Europea y una plataforma de negociación internacional como la Organización de las Naciones Unidas.

Por Rogelio Ríos Herrán


Al quebrarse definitivamente la Alianza Atlántica al inicio de la segunda administración presidencial de Donald Trump, se rompió algo más que el vínculo político y militar que unía a los Estados Unidos y Europa Occidental desde el término de la Segunda Guerra Mundial en 1945.

La influencia de las posturas conjuntas entre estadounidenses y europeos en crisis de la seguridad internacional o amenazas a la paz mundial se detuvo. No más posturas conjuntas, no más defensa de los principios democráticos en el mundo.

Al tomar su propio rumbo lejos de los europeos, Washington hizo una apuesta arriesgada: el poderío de Estados Unidos y su diplomacia conducida en canales unilaterales sin referencia a la Unión Europea y las Naciones Unidas, bastaría y sobraría para negociar “acuerdos” y ceses al fuego en cualquier parte del mundo.

Las dos crisis de seguridad internacional más importantes del 2025, la agresión rusa a Ucrania y la crisis en Gaza creada por los actos terroristas de Hamás en contra de Israel en 2023, no han sido resueltas por los oficios de Marco Rubio, Secretario de Estado, y los enviados especiales presidenciales en Ucrania y Gaza.

El problema no reside en Marco Rubio, quien ha mostrado voluntad negociadora y disciplina al mandato presidencial, sino en la estructura bajo la cual está negociando.

Al excluir a la Unión Europea, al secretario general de la ONU, Antonio Guterres, y los buenos oficios del Papa León en el Vaticano, a Donald Trump y Rubio no parece alcanzarles el poder de liderazgo para lograr sus objetivos.

La complejidad de los problemas internacionales y la astucia de líderes nocivos como Vladimir Putin (acusado en la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra en Ucrania), no se arreglan, evidentemente, con reuniones cumbre en Alaska ni con la supuesta magia de la diplomacia personal.

Si consideramos, además, que el Departamento de Estado, dependencia encargada de conducir la política exterior norteamericana, ha sido objeto de recortes presupuestales, remoción, despido o jubilación anticipada de unos mil 300 empleados y de sus diplomáticos más experimentados, veremos con claridad que Rubio conduce un barco en la tormenta en el que solo queda el capitán y unos cuantos, muy pocos, marineros experimentados.

A fines de diciembre, el presidente Trump ordenó el retiro inmediato de 30 embajadores de carrera que habían accedido a sus cargos durante la gestión de Joseph Biden, y ocupaban cargos, en su mayoría, en Asia y África, además de algunos de Europa y América Latina.

Meses antes, la icónica USAID, la Agencia de Estados Unidos para la Ayuda Internacional, fue prácticamente desmantelada. Era conocida como la mejor herramienta de “soft power” de la Casa Blanca.

Un grupo de senadores demócratas explicó en diciembre en una carta al presidente Trump, en donde le pedían reconsiderar la destitución de los 30 embajadores, que ya habían 80 puestos vacantes antes de su decisión.

“Ahora, el número de embajadas estadounidenses sin jefe ascenderá a más de 100, aproximadamente la mitad de todos los puestos de embajadores de Estados Unidos en el mundo. Este vacío en el liderazgo estadounidense representa una amenaza significativa para nuestra seguridad nacional”, concluye la carta, coordinada por la senadora Jeanne Shaheen, miembro del Comité de Asuntos Exteriores del Senado norteamericano.

Sin menoscabar el peso que sigue teniendo el poderío militar y económico de Estados Unidos en los asuntos mundiales, me parece, sin embargo, que la diplomacia norteamericana no pasa por su mejor momento.

Ucrania e Israel en Gaza siguen esperando una resolución justa, efectiva y duradera a las crisis y agresiones que sufrieron a manos de Rusia y Hamás.

En política internacional, el liderazgo personal ayuda a resolver crisis, pero no sustituye la necesidad de contar con los aliados de la Unión Europea y una plataforma de negociación internacional como la Organización de las Naciones Unidas.

¿Cuándo abandonará Washington el rol de lobo solitario en el mundo?


@Rios60H 





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En política internacional, el liderazgo personal ayuda a resolver crisis, pero no sustituye la necesidad de contar con los aliados de la Uni...