2018: Sin conflicto postelectoral






Por Rogelio Ríos Herrán


La mejor noticia posible sobre la jornada electoral de ayer en México es que no hubo impugnaciones a la ventaja que el candidato de MORENA llevaba sobre los otros contendientes de las coaliciones formadas en torno al PAN y al PRI.

No habrá conflicto postelectoral en la elección presidencial. No tendremos el desgaste político terrible de las elecciones del 2006 y 2012 con su cauda de problemas como la inestabilidad política que México proyectaba en la arena internacional en lo político y lo económico.

Adquiere suma relevancia la aceptación temprana que tanto los candidatos José Antonio Meade y Ricardo Anaya hicieron (antes de las 9 de la noche del domingo en los dos casos) sobre la ventaja irremontable de Andrés Manuel López Obrador en el conteo preliminar de votos. Honor para ellos.

Al hacerlo así, los candidatos derrotados le dieron al sistema electoral y al sistema político la estabilidad necesaria para concluir en unos días más el ciclo electoral actual una vez realizado el conteo de votos. Se prevé que AMLO obtenga más del 50% de los votos, lo cual da idea de cómo se volcaron los votantes a su favor.

No más plantones, ni tribunales electorales abrumados por las denuncias de los candidatos. No más incertidumbre en la opinión pública sobre los ganadores y perdedores: eso se sabe con certeza desde el domingo en la noche.

Llegaron ya los mensajes de felicitaciones y apoyo para el candidato ganador de parte de varios presidentes del Continente Americano: los de Estados Unidos, Colombia, Venezuela, Cuba y Bolivia, por ejemplo, recibidos durante la misma noche del domingo.

El nivel del peso frente al dólar descendió por debajo de los 20 pesos por un dólar americano. Sus variaciones recientes se debían a factores externos a México, pero una jornada electoral conflictiva e impugnada le hubiera acabado de dar el impulso final hacia el abismo (¿recuerdan los pronósticos de 25 pesos por un dólar a estas alturas de la jornada electoral?). No fue así y qué bueno.

El mensaje de México hacia el mundo es claro: los votantes hablaron, el sistema electoral funcionó razonablemente bien, las instituciones aguantaron la tormenta de las campañas y un entorno internacional completamente adverso, por lo que hay un resultado certero y no impugnado sobre la votación del 1 de Julio.

No hablamos de poca cosa, al contrario, es una verdadera hazaña para quien esto escribe. No puedo dejar de recordar los conflictos postelectorales presidenciales del 2006 y 2012, sino el de 1988 tan doloroso y angustiante para el país. Una herida que no cicatriza es una agonía constante en la política.

Pasamos a la siguiente etapa: a la de la transición entre gobierno saliente y el entrante. No estará exenta de riesgos y sobresaltos, pero no afectará a la certidumbre lograda en las elecciones.

Desde hoy mismo, los mexicanos todos, votantes y no votantes, debemos pasar también a la siguiente etapa: ¿seremos ciudadanos activos, exigentes y críticos de nuestros gobernantes? ¿O volveremos, una vez depositado nuestro voto, a la pasividad y el desinterés de siempre en la política?

No hay un saldo blanco por completo en la jornada electoral del 1 de Julio. Hay muchas críticas qué hacer, hubo más de un centenar de candidatos asesinados, gasto excesivo, desinformación y “fake news”, el abstencionismo superó de nueva cuenta el 30%, etcétera.

Ya habrá tiempo de hacer eso. Por lo pronto, demos su justo valor a los que como ciudadanos hemos logrado, pues es una hazaña ciudadana lograda con votos: no más conflictos postelectorales en 2018. ¡Qué alivio! 
rogelio.rios60@gmail.com










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