jueves, febrero 20, 2020

¿En què se parecen?

Fuente: Google.com


Por Rogelio Rìos Herràn

Así comienza muchas veces un chiste cuando un mexicano lo cuenta: ¿en què se parecen un mexicano y un gringo?

Pero el tema de esta colaboraciòn no es de chiste, aunque no deja de tener su lado humorìstico: ¿en què se parecen Donald Trump y Andrès Manuel Lòpez Obrador?

Me enfoco a considerar el estilo de liderazgo que ambos Presidentes ponen en práctica para gobernar a Estados Unidos y México.

Què información les llega, cómo toman sus decisiones, cuál es su relación con su equipo de trabajo, cómo se relacionan con los medios de comunicación y sus críticos, etcétera.

Me resultó sorprendente encontrar varias semejanzas, las cuales le comparto, estimado lector:

1)    Trump y AMLO tienen una presencia mediática dominante, ellos imponen su agenda temàtica en los medios de comunicación y ante la opinión pública: todo mundo acaba hablando de lo que ellos quieren.

2)    Ambos manejan la información a su conveniencia, la manipulan, la estiran o aflojan según sus intereses. Trump recurre a su frase “Fake News” y Lòpez Obrador a la suya: “Yo tengo otros datos”, y de ahí no los mueve nadie.

3)    Tanto Trump como AMLO rechazan al mundo exterior, a todo lo que está màs allá de sus fronteras. En su visión, Estados y Unidos y México serían como fortalezas resguardadas con muros, pozos de agua y guardias, tales como castillos de la Edad Media. Para ello se apoyan en el patriotismo y en los sentimientos nacionalistas fervorosos de sus seguidores.

4)    Si definiéramos su estilo de liderazgo en una sola palabra, diríamos que tanto Trump como Lòpez Obrador son gobernantes personalistas. El gobierno empieza y termina en sus personas. Piden la máxima lealtad: con el Presidente, todos; contra el Presidente, nadie, es el mensaje que dan a entender día a día a sus gobernados. Toda visión crítica, toda resistencia u oposición a la visión presidencial es desechada de inmediato como oscuramente motivada por sus adversarios políticos.

5)    Los dos Presidentes identifican el interés nacional con sus intereses personales o su ideología o causa política. Así, todo lo que ellos hacen es por el bien de su país, por lo cual no se deben poner obstáculos a sus acciones. Lo que es bueno para ellos es bueno para su país. Punto.

6)    Las fallas, los errores o ineptitudes de sus gobiernos no son culpa de ellos, sino de los anteriores gobiernos o son provocados por sus adversarios. Jamàs aceptan Trump y Lòpez Obrador ser responsables de los fracasos ni de las consecuencias dañinas de sus decisiones.

7)    Tener delirios de grandeza es otra característica similar entre los presidentes vecinos. Ellos no han llegado a donde están para gobernar simplemente, sino para transformar a sus países. No aspiran a ser buenos administradores públicos, sino nada menos que redentores de sus pueblos recuperando un pasado ideal perdido por la perfidia y la corrupción de todos los gobernantes anteriores a ellos.

8)    Complejo de libro de Historia: Hablar de los Padres de la Patria o de los “Founding Fathers” es natural para Lòpez Obrador o Trump, pues ellos se sienten reencarnaciones de las mìticas figuras que forjaron naciones. Los dos Presidentes aspiran a quedar plasmados en los libros de Historia como descendientes de Benito Juárez o George Washington, a ese nivel se conciben.

9)    Construir sobre las ruinas: Desde la Casa Blanca y desde el Palacio Nacional el mensaje es similar: nada de lo anterior sirve, hay que desmantelarlo, arrasar con todo para empezar a construir desde cero la grandeza perdida de Estados Unidos y México. Cortan a machete, de raíz, como diríamos en México. Junto con lo podrido, se va todo lo bueno, la experiencia acumulada, las instituciones edificadas, los funcionarios experimentados y honestos, todos para afuera.

Que un líder esté en el extremo derecho del espectro político y el otro se ubique en el izquierdo, no cambia las cosas: los extremos se tocan, y se encuentran en la forma de liderar un país. Sorprendente, ¿no? 

rogelio.rios60@gmail.com



miércoles, enero 22, 2020

Impeachment: ¿es tiempo de nuevos partidos?


Por Rogelio Rìos Herràn

Es verdad que el inicio del impeachment o juicio político al Presidente Donald Trump en el Senado de los Estados Unidos es un proceso tanto a su persona como a la institución presidencial misma.

Independientemente de su resultado final, el impeachment podría dar paso a una revisión exhaustiva en las càmaras legislativas y en la sociedad civil sobre la institución presidencial: sus fallas y defectos, sus atribuciones y poderes, su papel desestabilizador del sistema político estadounidense y su rol como factor polarizante de la sociedad.

Podrìamos ir más allá y poner en la misma situación de revisión profunda al bipartidismo existente en Estados Unidos, que hoy se ve notoriamente incapaz de reflejar la diversidad social y política de esa nación.

Hablar de Demòcratas y Republicanos como los tradicionales partidos políticos dominantes y de alcance nacional, es una ilusión que se derrumba al menor escrutinio. Caben todos en esas etiquetas, pero no cabe nadie realmente.

Permanecen como dos grandes estereotipos de “progresistas” y “conservadores” que, en realidad, no nos dicen gran cosa: ¿por què algunos demócratas son más conservadores que muchos republicanos? ¿Por què hay republicanos que no se reconocen entre sì dadas sus diferencias políticas y económicas?

Me pregunto, constantemente, dos cosas desde la elección presidencial del 2016: ¿Por què no se ha dado en Estados Unidos una modificación sustancial de su sistema electoral para eliminar el voto indirecto o del colegio electoral y tomar en consideración únicamente el voto directo?

Además, ¿cuàl es la razón de que, a pesar de su evidente desprestigio, en la arena nacional norteamericana solamente haya dos partidos nacionales que pretenden representar, háganme el favor, a más de 300 millones de habitantes de Estados Unidos?

Lo que suceda en este año 2020, un año electoral relevante, podría tener implicaciones que vayan más allá de lo inmediato, de si el impeachment logra sacar a Trump de la Presidencia, de si hay o no un nuevo Presidente en noviembre o se reelige el actual, etcétera.

Lo que vale la pena considerar no es lo inmediato, sino el mediano y largo plazos. Prevalecen en Estados Unidos un sistema electoral y un sistema de partidos que ya resultan obsoletos para reflejar las dinámicas políticas del siglo 21, la enorme diversidad social de las personas, sus creencias políticas, religiosas, económicas, su cultura cívica y sus arraigos geográficos.

No caben los Estados Unidos completos en su sistema polìtico de hoy. No hay lugar suficiente, la gente se ahoga en un ambiente político que percibe como lleno de corrupción y cinismo y que está al servicio de los grandes intereses económicos y corporativos.

A falta de alternativa, sin embargo, los estadounidenses siguen abrevando en el mismo ambiente político de siempre, con casi los mismos rostros de siempre y atenidos a la ineptitud y falta de principios de sus representantes políticos, entre los cuales hay contadas excepciones.

El bipartidismo ya dio todo lo que tenía que dar. Urge empezar a transitar hacia un sistema múltiple de partidos sobre la base de cortes demográficos, étnicos, geográficos, religiosos, de edad y género, de diversas clases sociales y estratos económicos.

Pensemos en la posibilidad, por ejemplo, de un Partido Hispano, o bien de Partidos Afroamericano o Asiàtico, un Partido de las Mujeres, otro Partido de las Juventudes, Partidos Verdes o Ambientalistas, Partido de la Era Digital, Partido de California, Partido de Texas, etcétera, el cielo es el lìmite para la imaginación. Ya no sirve de mucho nombrarse “demòcrata” o “republicano”, no nos dice gran cosa de nadie.

La diversidad social es el nombre del juego en el siglo 21, ¿què esperan los estadounidenses para actualizarse?

rogelio.rios60@gmail.com 


sábado, enero 18, 2020

Peregrinos de paz

Juliàn Lebaron y Javier Sicilia
FUENTE: Google.com


Por Rogelio Rìos Herràn

A esos caminantes bien podríamos llamarlos “peregrinos por la paz”: saldrán de Cuernavaca, Morelos, el 23 de enero y arrivaràn el domingo 26 de enero al Palacio Nacional, en la CDMX, a entrevistarse con el Presidente Lòpez Obrador.

La Caminata por la Verdad, la Justicia y la Paz, encabezada por el escritor Javier Sicilia (cuyo hijo Juan Francisco fue secuestrado y asesinado en 2011) y Juliàn LeBaròn (miembro de la familia de mormones atacados el 4 de noviembre en Sonora con saldo de tres mujeres y seis niños asesinados), vuelve a salir a los caminos de Mêxico, bajo un nombre distinto, en busca de hacer conciencia sobre la urgencia de detener la violencia.

“No estamos en contra del Presidente ni en contra de la 4T. Nuestro enemigo es la violencia”, afirmó Sicilia al anunciar la caminata, que nos recuerda su Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad de 2011.

Uno de los Lebaron, Brayan, dijo en días pasados durante la visita del Presidente Lòpez Obrador a la comunidad sonorense de La Morita, en donde vive la familia, que “ya es tiempo de enfrentar esta crisis y unirnos para verdaderamente lograrlo”.

Agregò que “este problema de violencia no sòlo nos está arrebatando más de 33 mil vidas al año, nos está haciendo perder oportunidades económicas que afectan a millones de personas”.

En una carta dada a conocer en diciembre, la familia LeBaron afirmaba que “no somos vendepatrias o traidores a nuestro país. La realidad es que la seguridad, la libertad y las oportunidades económicas del pueblo mexicano han sido secuestradas por la violencia y la brutalidad de los càrteles”.

Sicilia remata, por su parte, diciendo que “no queremos sentar al Presidente en el banquillo de los acusados, no queremos que fracase, pero si sigue con esta estrategia de seguridad será el fracaso del país”.

Escucho todo esto, recojo el espíritu de lucha contra la adversidad, percibo el dolor de quienes fueron ellos mismos víctimas de la violencia y hoy salen, una vez más, a la arena pública a exigir a las autoridades y a despertar de su letargo a la sociedad mexicana. Y me digo: ellos son la vanguardia de la sociedad civil en México.

No me queda más que nombrarlos “peregrinos”, pues caminan por el largo e incierto sendero de la justicia mexicana que nunca alcanzan, que los elude tal vez porque, en realidad, no existe justicia en México.

Si no existe, sin embargo, es preciso construirla. La verdad, la justicia y la paz no son palabras para usar como nombre bonito para una caminata, sino convicciones profundas de mexicanos que decidieron no doblarse ante los golpes de la violencia y la muerte.

Peregrinar por la paz no es un acto ùnicamente de convicciones religiosas (Sicilia es catòlico; los LeBaron, mormones); lo es también de convicciones cívicas.
Son ellos ciudadanos de carne y hueso, como nosotros, que viven con temor e incertidumbre, como nosotros, y no se conforman con lamentarse por la incompetencia y la ceguera de nuestro gobierno.

No podrè participar en esa caminata, pero ciertamente estarà mi corazón con ellos, mi aportación a la distancia como ciudadano que comparte sus temores y sus exigencias a las autoridades.

Encontrar la verdad, alcanzar la justicia, vivir en paz, es lo que quieren los peregrinos de la caminata para México. A pesar de ello, se les atribuyen motivaciones políticas, se les desprestigia en las redes sociales, se les insulta en los medios porque se atreven a cuestionar al Presidente Lòpez Obrador.

Ante los solicitudes de paciencia que expresa el Presidente, Sicilia contesta que “desde hace años padecemos el horror y vemos cómo sus llamas consumen nuestra casa y destrozan a nuestras familias”.

Agrega que “decimos que ya no hay tiempo, que es necesario que el Presidente vuelva a colocar la agenda de la verdad, justicia y paz como la prioridad de la nación, construya a partir de ella una política de Estado y llame a la unidad.”

Buena fortuna, peregrinos. Los acompañamos.

Rogelio.rios60mail.com

  
 


viernes, enero 10, 2020

Sin candidato hispano

Vista de un debate demòcrata.
Fuente: google.com


Por Rogelio Rìos Herràn

Lleno de sorpresas llegó el año nuevo en Estados Unidos. No bien arrancaba el año sucedieron dos cosas que nos permiten atisbar que este flamante 2020 va a seguir navegando por aguas turbulentas como en 2019.

El 2 de enero, Juliàn Castro, el político texano que buscaba la candidatura presidencial por el Partido Demòcrata, anunció que pondría fin a su lucha por llegar a la Casa Blanca.

Con el retiro de su precandidatura, no solamente se queda Texas sin contendientes nativos (Beto O’ Rourke se había retirado), sino que su salida deja a la contienda electoral sin candidatos hispanos. Castro dijo posteriormente que otorgarìa su apoyo a la candidatura de Elizabeth Warren.

¿En dónde queda la agenda hispana a la salida de Castro? ¿Còmo se verán ahora representados y apoyados los temas e intereses específicos de los votantes hispanos?

Otro gran suceso del principio del 2020 fue la orden dada por el Presidente Donald Trump de “eliminar” a un funcionario del gobierno de Iràn, el General Qassim Suleimani, comandante del grupo militar de èlite denominado Fuerza Quds, quien tenía en sus manos el manejo de la inteligencia iraní y la planeación y conducción de las operaciones especiales iraníes en el exterior.

De nuevo, tenemos en puerta una posible escalada de las fricciones en Medio Oriente y se volvieron a colocar durante unos días Iràn y los Estados Unidos al borde una guerra, pues la muerte del general iraní por el ataque de misiles norteamericanos es, a diferencia de otros ataques a grupos o individuos terroristas no gubernamentales, un acto hostil deliberado contra el gobierno de otro país: el equivalente a un acto de guerra.

Si agregamos a ello que estamos en los días previos a la apertura en el Senado del posible juicio político al Presidente Donald Trump, nos daremos cuenta de lo complicada que luce la agenda pública estadounidense y cómo una sucesión de eventos termina por colocar en un distante segundo plano a la agenda que interesa a los hispanos: temas de economía, salud, educación e inmigración.

Por eso vale la pena preguntarse ¿en dónde queda la agenda hispana en medio de toda esta conmoción y escalamiento de tensiones en Medio Oriente?

Juliàn Castro. Fuente: google.com
La respuesta puede encontrarse en la participación que tenga el voto hispano en la elección de noviembre: si llega a superar su participación promedio (inferior al 50 por ciento de los votantes registrados) y colocarse en un nivel de rècord histórico, entonces se convertirìa en el factor de decisión que impida la reelección de Trump.

Eso, por supuesto, junto con una alta votación de los ciudadanos afroamericanos y otras minorías, sería clave para no solamente derrotar al personaje que habita hoy la Casa Blanca, sino impulsar una agenda favorable a los hispanos.

Si no se atraviesa en el camino una nueva escalada entre Estados Unidos e Iràn -como la que acabamos de vivir- que favorezca las posturas de línea dura del Presidente Trump, es posible prever un escenario en donde la agenda hispana sea una de las prioridades en la vida pública de Estados Unidos y llegue a la Casa Blanca un Presidente demòcrata que la impulse, aunque no haya sido un candidato hispano.

Lo esencial es evitar una guerra entre Estados Unidos e Iràn, que sigue latente a pesar de la aparente “tregua” a la llegaron, pues ninguna democracia funciona bien y produce resultados razonablemente eficaces si se encuentra bajo la presión o la amenaza de un conflicto bèlico.

El daño a la democracia norteamericana sería elevado en el sentido de que las decisiones que surgieran de un contexto político nublado y confuso para los votantes serían no las mejores posibles, sino las peores imaginables.

Les invito a pensar desde hoy con detenimiento, estimados lectores, sobre la importancia del voto hispano en Estados Unidos en noviembre próximo: es la única herramienta con la que cuentan los latinos para que la cordura retorne a la política norteamericana.

Primero, evitar la guerra; segundo, salir a votar en noviembre.

Rogelio.rios60@gmail.com

viernes, enero 03, 2020

USA 2020: el 'voto mexicano'

Fuente: google.com


Por Rogelio Rìos Herràn

Siempre lo he dicho y lo reitero aquí: los mexicanos deberíamos tener la oportunidad de votar en las elecciones presidenciales de Estados Unidos.

Son tantas las repercusiones de la elección del inquilino de la Casa Blanca para México, es tan profundo el tejido económico y social entre los dos vecinos del Rìo Bravo y son tan abundantes sus afinidades culturales y populares, que se justifica lo que digo.

Pràcticamente cualquier decisión política repercute más allá de la frontera compartida. No hay muro alguno que lo impida.

En la formulación de cada política pública en Washington, desde el medio ambiente hasta la migración, pasando por las regulaciones a los tomates y aguacates, muchos mexicanos acaban prestando tanta o más atención a lo que hace y dice el Gobierno de los Estados Unidos que al gobierno de México. Así de sencillo.

El cine norteamericano tiene entre los mexicanos a una de sus audiencias más numerosa y fiel, varios directores de cine y actores y actrices viven una nueva época dorada en Hollywood: Guillermo del Toro, Salma Hayek, Eugenio Derbez, etcétera.

No es de hoy, sino de hace muchos años, el lazo establecido entre el cine estadounidense y el cine mexicano; recordemos a John Wayne como un actor muy querido en México.

Literatura, academia y medios de comunicación dedican en Estados Unidos mucho espacio a México, más quizá que a cualquier otro país de Amèrica Latina, aunque desafortunadamente casi siempre por su nota roja y la violencia, pero de cualquier manera se escucha constantemente el nombre de México entre el público norteamericano.

Podrìa seguir con más y más argumentos a favor de mi propuesta, pero no es el caso y no habría espacio suficiente.

Mi punto es que los mexicanos nos involucremos más y más en los diversos foros de la opinión pública en Estados Unidos.

Involucrarse más, por supuesto, con información valiosa y oportuna, expandir los temas relativos a México más allá de la violencia y el crimen organizado, no porque pretendamos negar esa parte de la realidad, sino porque ese ùnico tema negativo está opacando a otras cosas positivas que suceden en México, a ese lado soleado de la calle que no se alcanza a reflejar para el público estadounidense.

México es más, mucho más, que el Càrtel de Sinaloa, más que sus políticos corruptos, más que el “agujero negro” o el “Estado fallido” que se dibuja en algunos medios de comunicación de Estados Unidos, siempre dispuestos a la exageración para atraer audiencias.

Fuente: google.com

La cuestión funciona en ambos sentidos de la frontera: Estados Unidos es una nación demasiado compleja y vasta para reducirla a la figura del Presidente Trump, o creer que “todos los gringos son iguales” en que caen con tanta frecuencia muchos mexicanos.

Por eso, el “voto mexicano” es una forma de decir que tenemos la capacidad de influir positivamente en la opinión pública estadounidense al aportar elementos de juicio sòlidos y bien sustentados sobre Mêxico.

No nos presentaremos en una casilla en noviembre próximo a votar. Lo que podemos hacer, desde ahora, es explicar lo que es México a los estadounidenses, pero todo Mêxico; sus caras luminosas, su gente pacífica y de mente abierta, los pueblos y ciudades en que residen muchos norteamericanos y se sienten como en su casa sin ser molestados porque son “gringos”.

Es una batalla larga y sostenida que irà más allá de los resultados electorales y de quien ocupe la Casa Blanca en 2021 en el nuevo ciclo presidencial, pero que cada mexicano puede pelear.

No dejemos solos a nuestros diplomáticos que sudan la gota gorda día a día al dar la cara por nuestro país en USA, ni a los artistas, acadèmicos, escritores, poetas, periodistas, deportistas, etcétera, que día a día “votan” con su esfuerzo por México en Estados Unidos: ¡vamos a echarles una manita, paisanos!

¡Feliz Año Nuevo 2020!

Rogelio.rios60gmail.com


martes, diciembre 31, 2019

Mensaje de Año Nuevo 2020

Fuente: google.com


Por Rogelio Rìos Herràn

Hola, estimados lectores, los saludo con el asombro de estar despidiendo el 2019 que, la verdad, se fue volando, y la alegría de recibir el año nuevo 2020 y sentir ese aire fresco en la cara de lo renovado, lo que acaba de nacer, lo que trae consigo muchas promesas y alienta nuestras esperanzas.

Les contarè que cada 31 de diciembre me vienen a la memoria los días de mi niñez en que nos ìbamos de viaje a visitar a mi extensa familia materna en Tapachula, Chiapas, a celebrar la Navidad y el año nuevo.

A la medianoche del 31 de diciembre, apenas comenzaba el año nuevo, la gente de allá solìa no solamente tronar cuetes y fuegos artificiales, sino sus pistolas y rifles al aire, creando el equivalente a una batalla en el curso de algunos minutos.

Todo eso era muy peligroso por aquello de las balas perdidas, pero yo y mis hermanos nos sentìamos como en una de las películas de la Segunda Guerra Mundial que tanto nos gustaba ver en las matinès los domingos en el cine. Era verdaderamente estrenduoso el ruido, pero pasados unos minutos, todo se aplacaba y seguìa la fiesta con música de marimba hasta el amanecer.

Cuando la pasàbamos en casa, en Monterrey, mi madre se esmeraba en preparar para la cena de año nuevo un menú variado y delicioso, ponìa la mejor vajilla y las copas de cristal fino en la mesa, se cenaba con vinos y licores y todos nos vestíamos formales, de saco y corbata. Era una ocasión solemne la llegada del año nuevo y què mejor que recibirlo como se debía.

Fuente: google.com
Antes de sentarnos a la mesa y empezar a cenar, a mi madre le gustaba tomarse una foto con la mesa servida, los platillos en sus viandas y todo bien dispuesto, era su orgullo de anfitriona y de ver que todo había salido a pedir de boca.

¡Còmo añoro esos días idos! Pero de alguna manera se reflejaron en lo que hacemos en el presente en casa cuando, con mi esposa y mis hijas, disfrutamos la cena de año nuevo: preparamos un menù con pastas y carnes, ricos postres, servimos buen vino y aunque hoy ya no nos ponemos corbata, sì nos arreglamos para la ocasión y tratamos de pasarla platicando y acordándonos de anécdotas familiares.

Apenas queda el recuerdo de las ruidosas balaceras al aire en Chiapas cuando escucho el tronido de cuetes y veo las luces de bengala.

Les platico todo esto, estimados amigos, porque además de mis propósitos específicos para el año 2020, siempre guardo uno muy especial: el de no dejar que el recuerdo de los días felices, de mis padres queridos, mi familia y mi niñez se vaya extinguiendo, quiero mantenerlo vivo a pesar del ritmo de la vida de hoy que parece conspirar, en sus prisas y atrabancamientos, contra los momentos de reflexión, recuerdos y nostalgia.

Es como la flama de una velita que se enfrentara a un vendaval, pero siguiera encendida, pequeña y tìmida tal vez, pero encendida y alumbrando los recuerdos más preciados.

Yo espero que mis hijas sientan esa nostalgia algún día cuando, ya de grandes y con sus propias familias, recuerden los días de hoy con cariño y nostalgia, y les platiquen a sus hijos sobre cómo eran las costumbres cuando ellas eran niñas.

Èse es mi deseo de año nuevo para todos ustedes, estimados amigos, que abren las puertas de sus vidas y sus hogares para este blog: deseo que sus vidas de hoy, su tiempo presente, tengan esos momentos de convivencia entre familias, seres queridos y amigos que son felices y vivificantes, y que se conviertan en los recuerdos de quienes en el futuro nos habrán de recordar con nostalgia, ¿què puede ser más gratificante en la vida que ser bien recordado cuando ya no estemos de cuerpo presente?

¡Un feliz año nuevo a todos! Salud y bendiciones…

Rogelio.rios60mail.com



domingo, diciembre 29, 2019

Adiòs, 2019

Fuente: Goggle.com


Por Rogelio Rìos Herràn

Se va el año 2019 y concluye también la segunda década del siglo 21 en un abrir y cerrar de ojos que nos mueve a cuestionar si el tiempo corre ahora más a prisa o, más bien, nosotros nos volvemos más lentos.

¿Què me deja el 2019? Me quedo con una sensación de que somos personas más vulnerables, más sujetos a los vaivenes del poder público, de los ciclos económicos, pero, sobre todo, del avance desaforado de las tecnologías de información.

No sè hasta dónde llegarà esta carrera por entregar el ritmo de nuestras vidas a en el altar de la tecnología, por dejar que las app’s gobiernen por completo nuestro día a día y que “el tiempo real” y estar “online” se conviertan en los estados naturales del hombre.

¡Què locura! ¿Còmo no se va a transformar la democracia como ideal político superior de los hombres con esta rendición incondicional de la privacidad individual a las redes sociales?

¿Còmo pretendemos que el internet (y viene ahora el internet de las cosas) no sea el vehículo ideal para la manipulación política y comercial de nuestras mentes que nos lleva a la mansedumbre cívica y al consumismo irrestricto?

No podemos ser tan ingenuos para no ver lo que nos está pasando: vivimos para el internet, no para servirnos de él.

Las implicaciones sociales y políticas de ese hecho son inacabables, pero no quiero hablar sobre eso, sino sobre cómo también esa condición afecta nuestra capacidad de reflexión y espiritualidad.

Vi en este 2019 mucho menos interés de amigos y conocidos, de líderes de opinión y de figuras públicas relevantes, en las cuestiones filòsoficas y religiosas.

No hablo de la filosofía y la religión como disciplinas acadèmicas, sino como rasgos esenciales de nuestra vida cotidiana, como parte de nuestra moral y fortaleza anìmica que se deriva de una convicción sobre la utilidad de pensar y usar la inteligencia y sentir y poner en práctica la fe religiosa.

Parece que poco o nada de ello importara ya. Es como si la frivolidad del consumismo, no ir más allá de interesarse en cosas inmediatas e irrelevantes, fuera lo de hoy y lo que se ha instalado como una nueva “normalidad”.

Así lo siento entre los mexicanos. El contraste es mucho mayor cuando observo que, alrededor del mundo, el 2019 fue un año de protestas sociales, de críticas a la desigualdad y a los modelos económicos, de gobiernos derribados por ineptos o corruptos (o las dos cosas a la vez), pero en México nada de eso pasó.

Vivimos sumidos en una crisis de inseguridad terrible, la violencia y la criminalidad ya no conocen límites y, sin embargo, a los mexicanos eso no los mueve a exigir a sus gobernantes (al gobierno en turno, no importa què color o ideología tenga) que cumplan con su tarea o renuncien y abran el paso a otros.

Nuestra economía atraviesa por una recesión y aletargamiento profundos y sostenidos desde hace años y los mexicanos solamente se resignan a que así son las cosas.

Solamente entre algunos jóvenes, aunque no todos, se observa descontento e inconformidad por el país en el que les ha tocado crecer y llegar a la edad en que ya se dan cuenta de las cosas, y no les gusta lo que ven y nos reclaman justamente por ello; ¿què les vamos a contestar?

Fue un extraño 2019, es verdad, en que nos amenazan, como mexicanos de a pie que somos, los males de la ineptitud de nuestro liderazgo político, una crisis económica inminente y la virtual “esclavitud digital” que nos atenaza.

Pero, aún así, no pierdo la esperanza. Vendràn tiempos mejores, el pèndulo deberá regresar de su giro hacia la incertidumbre y los mexicanos no perderán su capacidad de reflexionar y orar como guìas infalibles para sus vidas.

Así que, adiòs, 2019; bienvenido el 2020 y una nueva década: nuestro futuro será lo que queremos que sea.

Rogelio.rios60@gmail.com

IRANÍES: LA DOBLE GUERRA

Cuando hago a un lado el análisis político, las razones estratégicas o las consideraciones de geopolítica, sólo queda la crudeza de la muert...