Por la escala planetaria de Apple y empresas tecnológicas similares, las categorías de los cargos en los sistemas políticos tradicionales y el poder que representan no logran encuadrar qué tipo de poder tiene un CEO global y cuál es su alcance.
Por Rogelio Ríos Herrán
El relevo anunciado para el 1 de septiembre en el puesto máximo de la empresa Apple, por el cual John Ternus sustituirá a Tim Cook en el cargo de CEO (Chief Executive Officer, por sus siglas en inglés), es una noticia que escapa a la sección negocios de los medios de comunicación.
El cambio de CEO en la empresa de la manzana lo considero, por lo menos, al mismo nivel que al cambio de presidente, primer ministro o jefe de estado de cualquiera de los países considerados como grandes potencias.
Ciertamente, por la escala planetaria de Apple y empresas tecnológicas similares, las categorías de los cargos en los sistemas políticos tradicionales y el poder que representan no logran encuadrar qué tipo de poder tiene un CEO global y cuál es su alcance.
En los grandes negocios de las empresas tecnológicas líderes a nivel mundial el poder se ejerce en decisiones y escenarios que hacen palidecer a Trump, Putin o Xi Jingpin como escolares jugando en el patio de recreo.
Mientras los ciclos políticos de los gobernantes son cortos, salvo excepciones, y dedicados a tratar de resolver problemas para los cuales no encuentran soluciones, los CEOs trabajan a largo plazo con base en estrategias de negocios libres de ideologías y fanatismos radicales.
Los gobernantes se enfrentan al siguiente evento electoral con la presión de dar resultados, los que sean, y no importa el costo que se pague con tal de convencer a los votantes.
Los CEOs trabajan a largo plazo, bajo escrutinio y presión de los accionistas y arriesgando cantidades demenciales de dinero en investigación y desarrollo de nuevas tecnologías, como en el caso de la inteligencia artificial.
Tanto los líderes empresariales como los gobernantes trabajan con dinero ajeno (el de los accionistas y el de los ciudadanos respectivamente), pero no lo perciben igual.
Si no hay buenos resultados con el dinero invertido y los negocios se estancan o retroceden, las decisiones empresariales son implacables y cortan por lo sano.
En la política, por el contrario, el dinero público se puede dilapidar, esconder o robar sin que haya mayores consecuencias, salvo el castigo a uno que otro chivo expiatorio.
Desde hace tiempo, Apple dejó de ser una empresa estadounidense para convertirse en una compañía global, sin anclajes en la noción tradicional de nacionalidad de origen de los negocios.
El cambio tecnológico que lideran las empresas como Apple rebasa la capacidad de los sistemas políticos tradicionales para absorber sus consecuencias.
La capacidad del ciudadano de conectar desde su dispositivo –un iPhone o cualquier otro aparato– su vida al flujo mundial de las comunicaciones y avances tecnológicos lo empodera.
Los intentos de gobernantes autoritarios de cortar el acceso de sus ciudadanos a la corriente de internet mundial, como en los casos patéticos actuales de Rusia y Cuba, no hacen más que acelerar su descomposición interna y anunciar un derrumbe próximo.
Por esas y otras razones, el liderazgo nocivo del populismo que hoy atenaza a grandes naciones en el mundo no podrá sobrevivir al avance tecnológico y a la capacidad de influencia de Apple y empresas globales sobre los ciudadanos de cualquier país.
Pedro Aznar, director del sitio applesfera.com, escribió el 20 de abril dos cosas interesantes sobre el cambio en Apple.
La elección de John Ternus es especialmente significativa porque habla del tipo de Apple que viene. No es un perfil mediático ni es una figura externa. Es alguien que ha crecido dentro de la compañía desde hace más de 25 años, participando directamente en el desarrollo de productos clave y entendiendo desde adentro cómo funciona la cultura de Cupertino.
Más allá de los movimientos, este cambio nos habla del futuro de Apple. La compañía lleva años construyendo las bases de su siguiente gran salto: el desarrollo de Apple Silicon, la integración de inteligencia artificial, la exploración de nuevas categorías de producto como la computación espacial. Todo apunta a una redefinición de lo que entendemos por tecnología personal.
¿Qué clase de líder político en el mundo puede estar en una posición similar a la de John Ternus y sus antecesores Tim Cook y Steve Jobs?
¿Cómo podrán el populismo y el autoritarismo sobrevivir al cambio tecnológico de la inteligencia artificial?
Incapaces de pensar más allá de la elección siguiente y de sus ambiciones personales, los políticos no podrán escalar las murallas construidas por su ceguera ideológica y ausencia de empatía hacia las poblaciones.
Por lo pronto, seguiré con mi iPhone SE en el bolsillo del pantalón: es la conexión a un mundo más libre.
@Rios60H
Link a la columna de Pedro Aznar:
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