Juicio a Trump: a rendir cuentas

Jerry Nadler (centro) preside el Comitè de Asuntos Judiciales
del Congreso de EU. Fuente: google.com



Por Rogelio Rìos Herràn

Mi primera reacción a la noticia de que, finalmente, el Comitè de Inteligencia del Congreso de Estados Unidos había concluido y liberado el 3 de diciembre su reporte con las conclusiones de su investigación para determinar si al Presidente Trump se le podìan sustentar cargos de extorsión, abuso de poder y obstrucción del Congreso y la justicia, todo ello con relación a su actuación ante Ucrania, fue que la democracia estadounidense revivió de su letargo y casi extinción.

Aunque comprendo que esto apenas es la conclusión de la primera fase, que falta mucho camino por recorrer y que será el Senado, dominado por los republicanos, el que finalmente decidirà sobre el juicio político al Presidente Trump, pues al Congreso le corresponde únicamente formular los cargos; aunque estoy consciente de todo eso, reitero, para mì lo valioso de este momento es que el principio de la rendiciòn de cuentas, fundamental en la vida democrática de cualquier nación, será aplicado a la actuaciòn de Trump.

Sin saber con certeza el resultado final de este intento de juicio político al Presidente en turno de los Estados Unidos de Amèrica, la exposición pública de sus maquinaciones políticas, de la imposición de sus preferencias personales sobre el interés público, y de la complicidad de sus funcionarios o, en su caso, del abuso de poder sobre otros servidores públicos, además de su obstrucción de la justicia, revela la medida en que la vida pública estadounidense ha sido degradada por la Administración Trump, y se puede interpretar como un primer castigo a su actuación: he aquí el verdadero rostro del Presidente, su motivación personal y su falta de escrúpulos al anteponer su càlculo político electoral al interés nacional de su país.

En el prefacio del reporte se nos dice lo siguiente:

“La investigación por juicio político ha encontrado que el Presidente Trump, en lo personal y actuando a través de agentes dentro y fuera del gobierno de Estados Unidos, solicitó la interferencia de un gobierno extranjero, Ucrania, para beneficiar su reelección. Para impulsar este esquema, el Presidente Trump condicionò los actos oficiales de un anuncio público por parte del nuevo presidente ucraniano, Volodymir Zelensky, a investigaciones políticamente motivadas, incluyendo una sobre un oponente domèstico del Presidente Trump. Al presionar al Presidente Zelensky para llevar a cabo su demanda, el Presidente Trump retuvo una reunión (en la Casa Blanca) que buscaba desesperadamente el presidente ucraniano y la entrega de ayuda militar crítica para combatir la agresión rusa en Ucrania oriental.

“El Presidente se embarcò en este curso de conducta para el beneficio de su propia reelección presidencial, para dañar las perspectivas electorales de un rival político e influir en la próxima elección presidencial de nuestra nación para su ventaja. Al hacerlo así, el Presidente colocò sus propios intereses políticos y electorales por arriba de los intereses nacionales de Estados Unidos, buscò minar la integridad del proceso electoral presidencial de Estados Unidos y puso en peligro la seguridad nacional de Estados Unidos”.

Como se ve, comparado con lo que se acusa al Presidente Trump, lo de Richard Nixon fue un juego de niños. Nixon tuvo que renunciar a la Presidencia en 1974 para evitar el juicio político y en vista de la evidencia irrefutable de su conducta criminal desde la Casa Blanca.

No sè si el Presidente Trump se vea orillado a lo mismo, pues hasta el momento no ha perdido el apoyo del Partido Republicano, como le aconteció a Nixon, a quien sus correligionarios abandonaron en la hora final de su derrumbe político.

Independientemente de eso, el Presidente Trump empieza a pagar ya por su conducta temeraria en el asunto de Ucrania, al disponer de su investidura y sus poderes para mover las piezas de su gobierno y conseguir ventajas electorales y personales sin importarle el interés superior de su país.

Y empieza a pagar con la revelación pública de sus conductas tramposas, con el testimonio valiente de los miembros del servicio exterior norteamericano que, desafiando a su presidente, acudieron al llamado del Congreso para presentar su testimonio directo y claro sobre su participación en el asunto de Ucrania.

Esto ya es un primer paso hacia la rendición de cuentas, un primer gran paso -diría yo- hacia la restauración de los pesos y contrapesos y, finalmente, un gigantesco salto hacia la reivindicación del sistema político de Estados Unidos frente al resto del mundo, después de su casi hundimiento bajo la Administración Trump.

Es preciso observar este espectáculo de testimonios públicos, acusaciones e insultos del Presidente Trump por las redes sociales, de revelaciones crudas de los políticos haciendo sus bajezas, en fin, es necesario caminar por el pantano de la política estadounidense para llegar a la otra orilla.

Es una travesía penosa, difícil, pero que al final recompensarà a los estadounidenses y a nosotros, los ansiosos observadores del resto del mundo, con la reivindicación de sus instituciones políticas, sus leyes y sus pesos y contrapesos.

Èse es el valor, en mi opinión, de la presentación del informe por parte del Comitè de Inteligencia del Congreso de los Estados Unidos, el cual iniciarà su camino por el Congreso (en el Comitè de Asuntos Judiciales) y llegarà hasta el Senado, el cual tendrá la palabra final sobre la sentencia a Trump.

No sè el resultado final, pero sì sè que desde ahora empezamos a recuperar a los Estados Unidos, gracias a su Congreso, como un baluarte de la democracia en el mundo, un baluarte que ha estado bajo sitio y en derrumbe en los últimos años. Por lo menos, ya se dio el primer paso.

rogelio.rios60@gmail.com





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