martes, noviembre 03, 2026

USA: recuperar el Capitolio

El 3 de noviembre llegó y estaré atento a cómo va a reaccionar el ciudadano estadounidense en las urnas ante la situación que atraviesa su país: guerras, tarifas arancelarias, inflación, división política extrema en la sociedad, persecución a migrantes, acusaciones de corrupción a servidores públicos, etcétera.

Por Rogelio Ríos Herrán


Al llegar el 3 de noviembre, yo tengo el presentimiento de que seré testigo a la distancia de una jornada electoral en Estados Unidos en que se empezará a cerrar una herida abierta en ese país: el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021.

Desde aquel nefasto día del asalto de los seguidores de MAGA al recinto histórico con saldo de muertos y heridos, el Congreso estadounidense quedó atrapado en un limbo.

Se redujo al nivel de arena del coliseo romano en la cual gladiadores republicanos y demócratas cambiaban ataques e insultos.

No hubo ya personajes con la buena reputación y solvencia política necesaria para “cruzar el pasillo”, es decir, dialogar con colegas azules y rojos sobre la aprobación de las leyes. 

Pienso en personajes de altura como fueron Ted Kennedy y John McCain.

Completada la captura del Partido Republicano por Donald Trump, lo siguiente fue la toma simbólica del Capitolio, después del fracaso del asalto violento.

En su segundo mandato, el presidente Trump gozó de dos años de control absoluto del Congreso y el Senado.

Sin contrapesos ni objeciones, la tarea legislativa pasó a segundo plano en vista de las demandas de la Casa Blanca.

Salvo en México, no había visto en ninguna otra democracia occidental una situación de subordinación casi total de los legisladores a los deseos del presidente.

Una presidencia sin autocontrol ni contrapesos legislativos es una receta segura para el fracaso de la gestión gubernamental.

En ese sentido, Estados Unidos no ha sido la excepción.

Ni en política interior ni mucho menos en política exterior, el presidente Trump ha cumplido con las expectativas fantásticas que planteó durante su campaña electoral.

Llegará la hora de que la sociedad norteamericana haga el balance de su gobierno con sus logros y fracasos.

Por lo pronto, al llegar las elecciones legislativas intermedias a la mitad de su segundo mandato, el presidente Trump tendrá un examen durísimo en las urnas.

Al americano promedio no se le puede engañar o confundir por mucho tiempo: su bolsillo es el mejor asesor electoral.

El 3 de noviembre llegó y estaré atento a cómo va a reaccionar el ciudadano estadounidense en las urnas ante la situación que atraviesa su país: guerras, tarifas arancelarias, inflación, división política extrema en la sociedad, persecución a migrantes, acusaciones de corrupción a servidores públicos, etcétera.

Desde México, la ansiedad no es menor que en Estados Unidos.

Es tan estrecha la interrelación entre mexicanos y estadounidenses, tan grande la dependencia de México ante su vecino, que una elección allá forma parte de la vida política acá.

El instinto me dice que debo confiar en la sabiduría del votante norteamericano cuando, en momentos como el presente, está en juego verdaderamente el destino de su país.

Sí, son los mismos electores que anteriormente votaron por Trump los que podrían castigarlo esta vez, excepto por su cada vez más reducida base de seguidores incondicionales.

Estoy saturado de revisar todo tipo de encuestas sobre el voto en el Congreso, el Senado y varias gubernaturas, entre ellas la de Texas.

Todas apuntan, sin embargo, a una “ola azul” demócrata que ganará seguramente en el Congreso, quizá en el Senado y, como plus, en Texas.

Esa sería mi apuesta “trifecta” personal, la cual incluye recuperar el Capitolio.

Hoy le toca hablar al votante americano en las urnas y a sus políticos parar las orejas.


@Rios60H

 


viernes, octubre 30, 2026

CÁRDENAS ERA MI CANDIDATO

A pesar de que mi visión se canteaba más hacia la apertura al exterior, preferí apoyar a Cárdenas porque su propuesta nacionalista reconocía las amenazas de la globalización que el grupo de Salinas prefería disminuir. Así que voté por “el ingeniero” en 1988.

Por Rogelio Ríos Herrán


Corrían los días intensos previos a la elección presidencial de 1988 y la tensión política se respiraba en el aire.

Cuauhtémoc Cárdenas, Manuel “Maquío” Clouthier y Carlos Salinas de Gortari, eran los candidatos punteros en las encuestas electorales.

¡Vaya parrilla de personajes de alto nivel!

Clouthier tenía carácter y empuje, era un orador efusivo y elocuente en mangas de camisa.

Cárdenas, por su parte, serio y de presencia imponente, expresaba sus propuestas en un tono moderado y con semblante imperturbable. 

Salinas de Gortari, el delfín priista, era más acartonado en público que sus contrincantes electorales, pero se notaba su inteligencia filosa al debatir y una sólida formación académica de respaldo.

Cárdenas y Clouthier eran los candidatos opositores; Salinas, el oficial. 

Desde las posturas opositoras, la plataforma panista del “Maquío” y la del Frente Democrático Nacional que apoyaba al “ingeniero” coincidían en un punto preciso: arrebatar la presidencia de la república de manos del PRI.

De ahí, arrancaría la ruta de México hacia una democracia real, no simulada como la del antiguo régimen.

Mi candidato era Cuauhtémoc Cárdenas.

Yo era todavía veinteañero y había atestiguado de estudiante en la Ciudad de México, una década atrás, las intensas luchas políticas de la época, especialmente la reforma electoral impulsada por Reyes Heroles en 1977.

En ese momento, el gobierno priista se abrió, legalizó al Partido Comunista Mexicano y otras fuerzas políticas, pero no soltó el control electoral férreo.

Al llegar la elección presidencial de 1988, tras la escisión de la Corriente Democrática del PRI en 1987, la oportunidad de que la oposición ganara la presidencia de la república se volvió real.

Porfirio Muñoz Ledo y Cuauhtémoc Cárdenas encabezaban la nueva fuerza política que agrupaba a la izquierda centrista y moderada.

Clouthier encarnaba a una nueva generación de empresarios del norte del país que pugnaban por una democracia efectiva de libertades y derechos, elecciones seguras, libre mercado y apertura al exterior, la cual había comenzado tibiamente con el ingreso de México al GATT (Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio) en 1986, pero no avanzaba bien.

Salinas era, en cierto sentido, el representante de otra corriente dentro del PRI (“los neoliberales”, siempre dentro del PRI) que luchaba desde la sucesión presidencial de 1982 no sólo por la apertura comercial, sino por la inserción plena de México en la economía mundial.

En un libro magnífico de aquella época, Carlos Tello Macías y Rolando Cordera reflejaron el ambiente desde el título: “México: la disputa por la nación: perspectivas y opciones de desarrollo” (1981).

La disputa era entre los neoliberales y los nacionalistas, siguiendo a Tello y Cordera.

A pesar de que mi visión se canteaba más hacia la apertura al exterior, preferí apoyar a Cárdenas porque su propuesta nacionalista reconocía las amenazas de la globalización que el grupo de Salinas prefería disminuir.

Así que voté por “el ingeniero” en 1988.

Después, padecí el enojo y la frustración de una elección amañada, distorsionada y manipulada por Manuel Bartlett, entonces presidente de la Comisión Federal Electoral de la Secretaría de Gobernación y hoy un ilustre morenista, resumida en la expresión “¡se cayó el sistema!”.

En las siguientes elecciones presidenciales de los años 1994 y 2000 voté de nuevo por Cárdenas.

Ante el anuncio de su fallecimiento, hice en privado una pequeña reverencia en homenaje al viejo luchador que iluminó, políticamente hablando, mis años juveniles.

Cárdenas está moral y políticamente muy por encima de Andrés Manuel López Obrador, Claudia Sheinbaum y MORENA, quienes hoy equivocadamente lo anuncian como “precursor” de su movimiento político.

Ninguno de ellos tiene una pizca de lo que se necesita para ser líderes auténticos como Cárdenas y Clouthier: entereza moral y honestidad intelectual.

Ellos representan la verdadera oposición democrática en México.

MORENA, por su autoritarismo, es todo lo contrario al legado de Cuauhtémoc Cárdenas.

Los más viejos lo sabemos bien.

Descanse en paz.


@Rios60H

 


martes, octubre 27, 2026

¡Qué pena con el INE!

¿Habrá tiempo para detener la degradación del INE y volver a confiar en él? ¿O terminaremos viendo en 2027 el fin de las elecciones confiables en México?


Por Rogelio Ríos Herrán


El daño mayúsculo ocasionado al Instituto Nacional Electoral por la mala gestión de Guadalupe Taddei no será reversible en el corto plazo.

Los señalamientos graves de corrupción en torno a la ahora ex consejera presidente de la institución comprometen un pilar de su existencia: la confiabilidad de los ciudadanos.

Llevo casi la mitad de mi vida con el IFE, primero, y con el INE actual, depositando mi confianza en las elecciones por el profesionalismo y honestidad de los consejeros generales.

Cuando en 2023 llegó Taddei arropada por AMLO y altos políticos morenistas, terminó mi esperanza de que fuera el INE, a través de las elecciones, el camino a la alternancia de gobierno en México.

Conservo mi primera credencial de elector, emitida en 1978, como una pieza de museo de lo que era el manejo de las elecciones desde la Comisión Federal Electoral de la Secretaría de Gobernación.

Era una papeleta sin fotografía ni garantías de autenticidad. Mi nombre, fecha de nacimiento y domicilio fueron los únicos datos acreditables.

El día de mi primera votación en una casilla electoral me identifiqué con mi credencial de estudiante, nada más.

Así era la vida cívica del ciudadano antes del IFE.

No había defensa alguna contra las múltiples transas electorales de la época: relleno de urnas, votación múltiple, papeletas marcadas después de la votación, etcétera.

Con los recuerdos de esa época es que puedo calibrar lo que representó la aparición del IFE en 1990 como órgano constitucional y, posteriormente, el logro de su plena autonomía en 1996.

Fue un cambio del cielo a la tierra en la vida cívica de México.

El aspecto más visible para los ciudadanos fue la creación de una credencial de votar segura y confiable.

Se volvió después la credencial de elector el documento nacional de identidad para los mexicanos

Además, la organización de elecciones en las que el voto estuviera muy bien protegido contra fraudes y tranzas promovió una mayor participación de los ciudadanos en las jornadas electorales.

Entre otros mecanismos, el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) permitió dar estabilidad y certeza al resultado de la votación.

Nunca dejó de actualizarse el IFE en vista de las demandas de ciudadanos, partidos y fuerzas políticas.

En el año 2014 cambió su nombre a Instituto Nacional Electoral como parte de la reforma electoral de ese año.

Doce años después, el Instituto se ha visto sacudido por un caso grave de presunta corrupción de la consejera presidenta, quien se vio forzada a renunciar al cargo. 

Más allá de las responsabilidades personales de Taddei y su entorno de funcionarios por las que deberán responder, ¿cómo se va a reparar el daño reputacional al INE?

Justo cuando en las elecciones intermedias mexicanas del año 2027 se requiere la mayor participación electoral posible de la ciudadanía, el INE sufre un golpe devastador.

No soy optimista.

Desde la calle, los ciudadanos ven con recelo la destrucción de su confianza en el INE por parte de los consejeros afines a Morena.

¿Qué caso tendrá acudir a votar el año próximo si el INE está capturado por el partido y el gobierno morenistas?

¿Habrá tiempo para detener la degradación del INE y volver a confiar en él?

¿O terminaremos viendo en 2027 el fin de las elecciones confiables en México?

¡Qué pena con el INE!


@Rios60H





viernes, octubre 23, 2026

USA: la advertencia de Robert Rubin

Rubin confiesa que nunca hubiera imaginado escribir sobre la posibilidad de que Estados Unidos pierda su joya más preciada: el estado de derecho.

Por Rogelio Ríos Herrán


Leí recientemente un argumento impecable sobre cómo la falta de estado de derecho en un país tiene un efecto nocivo directo en la economía.

No, no estoy hablando sobre México, sino de Estados Unidos.

El ex Secretario del Tesoro durante el primer mandato del presidente William Clinton, el economista y abogado Robert Rubin, lo expresó en una espléndida columna invitada para el New York Times (21/10/2026).

Ante la probabilidad creciente de que el presidente Trump intervenga, encauce o tuerza la elección intermedia, Rubin sintió la necesidad de elevar su voz.

“Noviembre 3 podría ser una prueba definitoria para el estado de derecho (“the rule of law”) en este país, y tanto nuestra democracia como nuestra prosperidad están en juego”, escribió el prestigioso economista.

No está hablando a la ligera.

Rubin, nacido en 1938, se graduó en economía en la Universidad de Harvard (1960) y en derecho en la Universidad de Yale (1964).

Fue director del Consejo Económico Nacional (1993-1995) justo a tiempo para ocupar el puesto de Secretario del Tesoro (1995-1999) con el Presidente Clinton y aventar un salvavidas a México.

 En ese entonces, derivado del “error de diciembre” y una devaluación devastadora, México se debatía en graves problemas económicos.

Al impacto internacional de esa crisis se le conoció como el “efecto tequila”.

Rubin armó, desde el Tesoro, un paquete de rescate financiero para la economía mexicana, durante el naciente gobierno de Ernesto Zedillo, de aproximadamente 50 mil millones de dólares.

Sin ese rescate, el flamante TLCAN hubiera quizá naufragado desde el inicio.

Menciono esto porque Rubin sabe de lo que habla cuando afirma que cualquier amenaza a la democracia y al estado de derecho pasará la factura a la economía e imagen de un país.

Ahora, Rubin se refirió a su propio país: Estados Unidos.

“Si la administración del presidente Trump arranca un esfuerzo para manipular el resultado de las intermedias, el impacto económico podría sentirse de inmediato y podría extenderse mucho después de finalizar la presidencia de Trump”, afirma Rubin.

La Federación Nacional de Negocios Independientes estima que la incertidumbre entre los negocios pequeños estadounidenses está 32 por ciento arriba de su promedio histórico.

La presencia de agentes federales de inmigración, por ejemplo, en Minneapolis a fines del año 2025, costó a la ciudad, sus negocios y residentes, una cifra estimada en 700 millones de dólares.

“El caos post electoral sostenido”, expresa Rubin, “de la mano con la intervención federal agresiva, “podría crear disrupciones similares a escala nacional”.

Las crisis políticas son efímeras por definición, pero el impacto económico persiste mucho tiempo después.

Para Rubin, la defensa de la legalidad de las elecciones intermedias contra posibles interferencias es importante por tres razones.


  1. El estado de derecho, reforzado por la tradición de elecciones libres y la transferencia pacífica del poder, apoya las decisiones de negocios y atrae las inversiones de empresas foráneas.

  2. La legalidad resalta la posición del dólar como la moneda de reserva mundial.

  3. La legalidad incita la confianza de los inversionistas y su fe total en el crédito de los Estados Unidos y disminuye las tasas de interés de su deuda.


Robert Rubin confiesa en su artículo que, durante las seis décadas de estar dentro o alrededor de la formulación de políticas públicas, nunca hubiera imaginado escribir sobre la posibilidad de que Estados Unidos pierda su joya más preciada: el estado de derecho.

Lo que escribió Rubin me causó gran impacto.

Por definición, sobre la economía estadounidense he dado por sentado, hasta ahora, que es la referencia para el resto del mundo.

Las crisis políticas en ese país no han podido entorpecer totalmente su marcha económica, por lo menos en la medida en que estamos acostumbrados en América Latina. 

“Si actuamos ahora”, dice Rubin, “podemos todavía proteger a nuestro gobierno, nuestra economía y nuestro pueblo”. 

“Podemos preservar los beneficios que se acumulan para todos nosotros no importa por quién votemos, cuando las elecciones americanas son libres”, concluye.

¿Qué tanto falta para el 3 de noviembre”

¡Qué nervios!


@Rios60H  


viernes, octubre 16, 2026

La inflación es más terca que una mula

Tanto a la Casa Blanca como al Palacio Nacional les tocará pagar, tarde o temprano, el costo de sus errores en el manejo de la economía.

Por Rogelio Ríos Herrán


La inflación es para los gobernantes arrogantes, ignorantes y estúpidos, lo que la kriptonita a Superman.

Si es de un dígito, dos, tres o hasta cuatro, como en varios casos de la historia reciente en América Latina, cuando ella aparece no hay gobierno que quede en pie.

Me explico.

Es difícil sacar la inflación de las columnas y notas de las secciones financieras de los medios de comunicación para explicar al público en general.

La inflación es uno de esos conceptos complicados para describir, pero que todo el mundo puede reconocer cuando la encuentra en el supermercado.

Es como describir una jirafa a quien jamás ha visto una.

En su forma más sencilla, la inflación es el aumento generalizado y constante de los precios de los bienes y servicios de un país durante un tiempo determinado y por diferentes causas.

Cuando la inflación se presenta, el dinero pierde valor.

El legendario economista norteamericano Paul Samuelson extendió la definición del concepto.

La inflación es una situación temporal en la que suben de manera generalizada tanto los bienes como los factores de la producción, explicó el maestro.

Suben también los salarios, las rentas y los costos de las empresas en un movimiento que arrastra a la economía entera.

Samuelson, Premio Nobel de economía (1970), habló también de una forma perniciosa de inflación: la estanflación.

En este último caso, la inflación no se deriva del crecimiento acelerado de la economía.

Los precios suben descontroladamente, mientras la economía está estancada y crece el desempleo: estanflación.

En cualquiera de sus formas, inflación o estanflación, los efectos en la política y las instituciones de un país son devastadoras.

En Estados Unidos, por ejemplo, la inflación general subió al 3.7 por ciento en septiembre, frente a 3,4 por ciento en agosto, por arriba de las expectativas.

En México, por su parte, la inflación general subió al 3.45 por ciento en septiembre frente al 3.26 por ciento reportado en agosto.

Los promedios mencionados no reflejan que los aumentos porcentuales específicos hayan sido mayores, por ejemplo, en los alimentos.

En ambos países, el detonante principal -pero no el único- ha sido el aumento en los precios de los productos energéticos.

La inflación no hace distinciones entre las ideologías.

Podemos discutir si en el caso de Estados Unidos hay inflación por el crecimiento de la economía.

O si, en el caso de México, debatir sobre si estamos en un escenario de estanflación, como diría el maestro Samuelson.

Lo que es indiscutible es que tanto a la Casa Blanca como al Palacio Nacional les tocará pagar, tarde o temprano, el costo de sus errores en el manejo de la economía.

No hay escapatoria posible.

A menos de tres semanas de las elecciones intermedias en Estados Unidos, la factura inflacionaria le llegará primero al presidente Trump.

El pronóstico electoral de diferentes encuestadoras y analistas es que los republicanos perderán, por lo menos, la mayoría en el Congreso.

Si los apuran, los analistas dirán también que es muy probable que pierdan también la mayoría en el Senado.

Después, será el turno de Claudia Sheinbaum de pagar la factura de los errores heredados y los propios de su gobierno.

Termino con unas palabras de Paul Samuelson.

“La inflación es como un dinosaurio que nos embiste. Si no lo paramos, se comerá todo lo que hemos ahorrado y destruirá nuestra sociedad”.

Qué acertada descripción para aplicar a la mal llamada Cuarta Transformación.


@Rios60H






viernes, octubre 09, 2026

¿Qué hace México del lado de Rusia?

El gobierno morenista de Sheinbaum, que tiene pretensiones de superioridad moral, se coloca del lado de los agresores y verdugos en la guerra de agresión rusa contra Ucrania.

Por Rogelio Ríos Herrán


Mientras las bombardeos indiscriminados de Rusia contra la población civil en las ciudades ucranianas se volvían implacables, el gobierno de México saludaba amablemente al ministro ruso de asuntos exteriores en la reunión reciente de la ONU en Nueva York.

En tanto el gobierno de Zelensky lanzó un S.O.S. al resto del mundo para ayudar a Ucrania a combatir la agresión rusa en su territorio, Claudia Sheinbaum no abordó siquiera el tema en las conferencias de prensa matutinas.

Vladimir Putin ha enviado escuadrones de sabotaje a los países europeos que lo sancionaron e inició la campaña masiva de propaganda “Rusia no es mi enemigo” en Europa.

Según estimaciones del estado mayor del ejército ucraniano, las fuerzas armadas rusas han perdido en combate a aproximadamente 1.5 millones de soldados rusos, entre muertos y heridos de gravedad.

El patrimonio cultural de Ucrania ha sido atacado con singular saña por las bombas rusas.

El “safari humano” de los drones rusos en algunas ciudades ucranianas, es decir, la cacería directa de civiles en las calles para asesinarlos, sigue en marcha pese a las condenas mundiales (excepto la de México).

Rusia recibe apoyo de países aliados en su esfuerzo de guerra: envía petróleo a China e India, recibe misiles y soldados de Corea del Norte, usa drones iraníes contra civiles ucranianos, pero el gobierno mexicano expresa su “neutralidad” ante la invasión rusa a Ucrania.

El gobierno morenista de Sheinbaum, que tiene pretensiones de superioridad moral, se coloca del lado de los agresores y verdugos en la guerra de agresión rusa contra Ucrania.

Un pelotón de soldados rusos desfiló frente a Palacio Nacional el 16 de septiembre de 2023 a invitación del entonces presidente López Obrador.

La política exterior mexicana de la Cuarta Transformación se encuentra en su punto más bajo posible en décadas.

Sin rumbo ni estrategia a mediano plazo o siquiera una idea clara de cómo se defienden los intereses de la nación mexicana, ha llegado a un callejón sin salida.

Con Rusia, el gobierno mexicano muestra condescendencia y fraternidad con la dictadura cruel e inhumana de Vladimir Putin.

Frente a las atrocidades de Daniel Ortega en Nicaragua, el gobierno mexicano se negó a condenarlo desde el seno de la Organización de Estados Americanos.

Cuando la ONU ofreció apoyo y asesoría institucional al gobierno de Sheinbaum para abordar a fondo el grave problema de las personas desaparecidas en México, Sheinbaum rechazó la oferta.

Cuando Donald Trump señaló ante la Asamblea General de la ONU que México era el epicentro del narcotráfico en América Latina, los diplomáticos mexicanos quedaron pasmados.

Rocha Moya y los funcionarios de Sinaloa acusados desde una corte federal de Nueva York siguen gozando de impunidad a un costo político exterior elevadísimo para Sheinbaum.

No me extraña que respecto a Ucrania, el gobierno mexicano no alcance a percibir -por ceguera ideológica- que la agresión rusa a ese país es un ataque vil a la democracia en todo el mundo.

Cada día hay bombardeos rusos a ciudades ucranianas y sus pobladores. 

Los misiles y drones rusos golpean escuelas, hospitales, catedrales, academias de ciencias, almacenes comerciales y autobuses urbanos de ruta.

La estrategia rusa planea destruir instalaciones eléctricas, vías de ferrocarril, depósitos de agua potable y centros de salud ante la inminente llegada del invierno.

Desde el Palacio Nacional, sin embargo, no hay más que silencio ante las masacres rusas.

El silencio de México es la forma siniestra de la complicidad.

¿Qué hace México del lado de Rusia?

@Rios60H



viernes, octubre 02, 2026

AMLO, el autor

De ninguna manera escribir un libro sustituye a la rendición de cuentas a la cual está AMLO obligado frente a la nación mexicana. Ningún mensaje por video lo libera de posibles responsabilidades.


Por Rogelio Ríos Herrán


De tanto en tanto, el expresidente Andrés Manuel López Obrador cruza el cielo mexicano como estrella editorial fulgurante para predicar su palabra.

Lo hace movido por no sé qué tipo de ansiedad existencial enfocada a restaurar, según él, el rumbo perdido de la patria.

Como el cometa Halley, pero con mayor frecuencia, emite cánones desde la bóveda celestial que guiarán los pasos confusos de los morenistas.

Cualquier pretexto es bueno.

Anunció recientemente  la publicación de un nuevo libro que desde el título, “Pueblo” (Editorial Planeta, 2026), delata la vaguedad de su mente y poca atención a sugerencias de sus editores: dice poco o nada sobre la obra.

Con el pretexto de presentar la obra, a López Obrador no se le ocurrió otra cosa que perorar durante más de una hora en el video que difundió desde su sitio en YouTube.

Como el nuevo rico que es, mostró una casa campestre de nivel residencial que, de entrada, contradecía su pretensión de vivir con austeridad.

No me interesa ahora reseñar su libro, sino comentar mis impresiones sobre su mensaje de autor.

La imagen de AMLO en su video es de poder económico suficiente para mantener una casa de ese nivel.

Eso no se logra con 200 pesos en la cartera.

Ni con regalías de libros.

A mi memoria acudió la comparación con la casa del expresidente Luis Echeverría en la zona de San Jerónimo, en la Ciudad de México de los años setenta.

La visité en un par de ocasiones siendo estudiante, pues en un espacio de la casa albergaba el centro de estudios patrocinado por Echeverría en el cual organizaba conferencias.

El piso, el mobiliario, los elementos decorativos y la atmósfera supuestamente mexicanista, pero muy “chic” y cara, son similares tanto en Palenque como en San Jerónimo.

Por si faltara otra semejanza, López Obrador luce en el video una guayabera fina (de las que cuestan varios miles de pesos) tal como era el estilo del compañero Echeverría.

La capacidad de hablar largos minutos y horas sin decir gran cosa es también casi idéntica entre ambos políticos.

No hizo el tabasqueño la talacha de las giras de un autor convencional al presentar su libro para impulsar las ventas.

Contraviniendo las mejores recomendaciones del marketing editorial, prefirió mostrar un video larguísimo - en lugar de clips cortos- que aburre a los potenciales lectores.

A lo mejor él tiene asegurada de antemano la difusión y compra de miles de ejemplares por parte de funcionarios, legisladores y militantes morenistas.

Me imagino que con eso se da por satisfecha la empresa Editorial Planeta que, aparentemente, omitió en este caso sus rigurosos estándares de aceptación de manuscritos: negocio redondo.

Por cierto, en favor de López Obrador puedo decir que no ha dejado de escribir y publicar libros a lo largo de su vida con más de 20 títulos publicados.

Mencionaré algunos de ellos:

  1. El poder en el trópico (2015).

  2. Oye, Trump (2017).

  3. 2018: la salida. Decadencia y renacimiento de México (2017).

  4. Hacia una economía moral (2019).

  5. A la mitad del camino (2021).

  6. ¡Gracias! (2024).

  7. Grandeza (2025).

Nada más por los títulos se da cuenta el lector por dónde anda la cabeza del obradorismo delirante.

Sus obras impresas, sin embargo, quedarán para que futuros investigadores tengan un cuerpo documental sobre la vida, pensamiento y trayectoria del pensador de “La Chingada”.

Pero de ninguna manera escribir un libro sustituye a la rendición de cuentas a la cual está AMLO obligado frente a la nación mexicana.

Ningún mensaje por video lo libera de posibles responsabilidades.

López Obrador está por escribir su libro más interesante desde un lugar indefinido. 

¿Adivina usted cuál sería?






USA: recuperar el Capitolio

El 3 de noviembre llegó y estaré atento a cómo va a reaccionar el ciudadano estadounidense en las urnas ante la situación que atraviesa su p...