lunes, julio 06, 2026

Eliminados del Mundial y del TMEC

Por decirlo en términos futboleros, los presidentes morenistas no han sabido qué hacer con el balón, no juegan en equipo y menosprecian a los rivales. Así no se puede llegar como nación a ninguna parte.


Por Rogelio Ríos Herrán


Después del intenso partido de fútbol el 5 de Julio entre las selecciones de México e Inglaterra en los octavos de final de la Copa Mundial FIFA 2026, me quedé con la sensación rara de que no solo quedamos fuera de la competencia deportiva, sino que seguimos fuera de la competencia política global.

El equipo nacional de fútbol no ha podido avanzar más allá de los octavos de final desde hace varias copas mundiales.

En ese punto encuentra su límite al avance futbolístico no obstante que un buen número de futbolistas mexicanos juega en equipos europeos destacados.

El gran escaparate de la Copa del Mundo no ha servido lo suficiente para impulsar la imagen de México como país en desarrollo y poseedor de una herencia cultural milenaria.

Mucho menos ha empatado su actuación en las canchas con el gran paso hacia una economía desarrollada que intentamos dar en 1994 con el TLCAN, el tratado comercial que nos hizo socios de Estados Unidos y Canadá, dos países desarrollados.

En la ruta del desarrollo económico y político nos hemos varado, como en el fútbol, en los octavos de final, vale decir en las etapas iniciales de la integración de nuestro país en la América del Norte.

No pasamos de esa etapa hacia una superior. Hoy está en riesgo la existencia del TMEC (sucesor del TLCAN), el cual no desaparecerá, pero será reducido a su mínimo potencial.

A 32 años de la entrada en vigor del TLCAN en 1994 nunca superamos la etapa inicial del acuerdo comercial ni, por otra parte, avanzamos a cuartos de final en las copas del mundo celebradas desde entonces.

¡Vaya coincidencia!

Mientras tanto, los equipos nacionales de fútbol de Canadá y Estados Unidos, así como sus respectivas ligas de fútbol soccer, han crecido a nivel deportivo y consolidado sus organismos deportivos.

Sus economías desarrolladas se siguen separando de la economía mexicana en desarrollo, a la cual dieron fuerza e impulso para despegar con el TLCAN.

Todos los gobiernos mexicanos posteriores a la entrada en vigor del TLCAN tuvieron su responsabilidad en las fallas de implementación del acuerdo.

Son los dos gobiernos nacionales de MORENA (desde el año 2018), sin embargo, los que han mostrado el mayor desdén a la idea de un tratado comercial y a una política de integración a la América del Norte.

Por decirlo en términos futboleros, los presidentes morenistas no han sabido qué hacer con el balón, no juegan en equipo y menosprecian a los rivales.

Así no se puede llegar como nación a ninguna parte.

¿Cómo puede una nación dividida y polarizada sustentar a un equipo nacional de fútbol a nivel de excelencia?

En una democracia casi destruida por MORENA, ¿cómo puede prosperar el deporte nacional si no es mediante el esfuerzo individual de algunos deportistas destacados?

¿Por qué no podemos hacer buen equipo los mexicanos?

¿Cuánto más esperará México a llegar a Cuartos de Final en una Copa Mundial y al desarrollo económico y político pleno?

Las dos cosas van de la mano. Hoy estamos eliminados en ambas. Habrá que seguir esperando.


viernes, junio 19, 2026

Corrupción en las izquierdas

Si no hay otro camino para llamar a cuentas a los morenistas corruptos y su “narcogobierno”, que entonces vengan las cortes extranjeras, desde Estados Unidos o desde la CIDH.

Por Rogelio Ríos Herrán


Un hilo negro engarza en la corriente impetuosa de la corrupción a dos movimientos de inspiración marxista: los socialistas españoles (PSOE) y los morenos mexicanos (Morena).

No sólo el gobierno socialista de Pedro Sánchez, sino el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero (2004-2011) son objeto de investigaciones y procesos judiciales por la Audiencia Nacional y tribunales españoles.

Los morenistas mexicanos son exhibidos constantemente en actos de corrupción grandes y pequeños por los periodistas de investigación y medios de comunicación críticos.

En México, el expresidente López Obrador enfrenta tres denuncias y quejas en proceso en cortes internacionales.

La más reciente en junio, la del Partido Acción Nacional, en la Corte Penal Internacional, por presuntos vínculos con grupos criminales y una estrategia de seguridad omisa (“abrazos, no balazos”).

En marzo, la Comisión Internacional de Derechos Humanos, a petición de 65 jueces y magistrados mexicanos, emplazó al Estado mexicano a responder a la acusación de que la reforma judicial de AMLO vulnera gravemente la independencia del poder judicial.

En 2024, la Corte Interamericana de Derechos HUmanos sentenció al gobierno de México (al de López Obrador) a eliminar la prisión preventiva oficiosa por violar los derechos humanos.

Los hijos del primer matrimonio y la generación de “compañeros del movimiento” que lo acompañan desde sus días de activista tabasqueño, son señalados por presunto tráfico de influencias y enriquecimiento inexplicable.

Los socialistas españoles y mexicanos comparten también el “apetito por la destrucción” (como el álbum de Guns & Roses) de la democracia.

Lo que no pudieron destruir los izquierdistas españoles por la resistencia de las instituciones peninsulares, los hace ver con envidia a sus congéneres mexicanos.

Aquí, los morenistas agarraron vuelo y en apenas ocho años no sólo obstruyeron la transición democrática, sino que revirtieron el sistema y las instituciones hacia el viejo presidencialismo mexicano.

Persiste, sin embargo, una diferencia fundamental, hasta el momento, entre “zurdos” peninsulares y aztecas.

No sé si fue por falta de oportunidades o por un último escrúpulo moral, pero a los socialistas españoles se les puede acusar de muchas cosas, menos de tener complicidades profundas con el narcotráfico.

En contraste, la escala industrial de la red de complicidades entre políticos y narcos mexicanos que exhiben los gobiernos morenistas es impresionante.

He observado al sistema político mexicano desde mis años estudiantiles, pero lo que veo hoy supera a mi imaginación.

Con la democracia semi destruida, el poder judicial y la fiscalía de la nación capturadas por personas incondicionales, el mismo Pedro Sánchez envidiaría la capacidad de los morenistas de blindarse contra acusaciones graves.

Al revisar los documentos del Tribunal del Distrito Sur de Nueva York con la acusación al gobernador de Sinaloa y nueve cómplices más, resalta la figura de la “asociación delictuosa”, de los fiscales estadounidenses.

Prácticamente toda la capa superior del gobierno estatal de Sinaloa se hizo cómplice del Cártel de Sinaloa a cambio de sobornos y beneficios.

El modelo sinaloense se replica, afirman los fiscales neoyorquinos, en otros estados de la República Mexicana y en su gobierno nacional.

Claudia Sheinbaum, sucesora presidencial por deseo de López Obrador, tomó la decisión de no obedecer la solicitud de extradición de Estados Unidos, a pesar del tratado existente entre ambas naciones.

Con esa decisión, Sheinbaum definió la postura de su gobierno en la línea de López Obrador: no reconocer la complicidad criminal y seguir conviviendo con ella.

A algunos observadores españoles y extranjeros la etiqueta de “narco gobierno” y “narco presidente” que los mexicanos han colgado a los morenistas pudiera parecer excesiva.

Pero no es exagerado. De ello se dan cuenta en cuanto ponen un pie en la realidad mexicana.

¿Por qué no castigan a los corruptos en México?, pregunta un amigo español. En Madrid están dando palos judiciales a Sánchez y a Rodríguez Zapatero.

Porque en México capturaron todo el aparato del Estado,yo intento responder, con el fin de protegerse.

No se sorprenden, entonces, los observadores extranjeros de que haya muchos mexicanos que esperan con ansiedad más acusaciones contra morenistas corruptos desde Estados Unidos.

No son antinacionalistas, no son “traidores” a la Patria, ni aplauden a Donald Trump.

Si no hay otro camino para llamar a cuentas a los morenistas corruptos y su “narcogobierno”, que entonces vengan las cortes extranjeras, desde Estados Unidos o desde la CIDH.

En España, afortunadamente, no se ha llegado a los extremos que se viven en México.

Como dije, el hilo negro de la corrupción engarza a los socialistas españoles y mexicanos metidos en aprietos por corruptos. 




  


miércoles, junio 10, 2026

México y el ‘vetting’ americano

La palabra anglosajona “vetting” se traduce como investigación de antecedentes y es un filtro de seguridad y confianza para mitigar riesgo mediante el examen, la revisión y aprobación de personas y empresas y, en el área de gobierno, de nombramientos de funcionarios y candidatos electorales.

Por Rogelio Ríos Herrán


No es mucho lo que la reciente legislación mexicana sobre la “injerencia extranjera” en las elecciones nacionales pueda hacer ante la poderosa herramienta del “vetting” de las agencias del gobierno de Estados Unidos.

Bajo el estatuto de la lucha en el exterior contra organizaciones terroristas, su financiamiento, alcance delictivo, complicidades de socios empresariales y gobernantes nacionales y locales, el escudo mexicano se vuelve de papel.

Para entendernos, la palabra anglosajona “vetting” se traduce como investigación de antecedentes y es un filtro de seguridad y confianza para mitigar riesgo mediante el examen, la revisión y aprobación de personas y empresas y, en el área de gobierno, de nombramientos de funcionarios y candidatos electorales.

Al consultar a Gemini sobre el concepto, su motor me condujo en mayor detalle a la definición del término. La cito textualmente:


  1. “Vetting” laboral: Es la revisión profunda de un candidato. Incluye comprobar referencias laborales. títulos académicos, historial crediticio y antecedentes penales para asegurar que es apto para el puesto.

  2. “Vetting” de migración y seguridad: Es el escrutinio que realizan las autoridades (como las embajadas y consulados) sobre los solicitantes de visas. Suele incluir la revisión de viajes, redes sociales y posibles vínculos con actividades ilícitas.

  3. En finanzas e inversiones: el análisis detallado de una empresa o proyecto antes de comprarlo, fusionarse e invertir en él (conocido comúnmente como “due dilligence”).

  4. En el sector marítimo o logístico: es la inspección técnica, operativa y administrativa de barcos o proveedores antes de contratarlos para garantizar la seguridad y prevenir accidentes. 


Con el mínimo de suspicacia en mente es sencillo entender que, bajo los estándares rigurosos del “vetting” americano, medio México, desde empresas hasta gobierno, estaría paralizado por no dar la talla.

Si los gobernantes y empresarios mexicanos no hacen el “vetting” como parte de sus procedimientos propios, alguien más lo hará desde el exterior.

Estados Unidos no es el único país que aplica su “vetting” al nuestro.

Los miembros de la Unión Europea, las agencias de la ONU y los organismos internacionales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, entre otros, lo hacen con México y cualquier otro país.

Las empresas globales de todo tipo, desde las petroleras hasta las tecnológicas, lo hacen de igual manera sin atenerse a lo que digan o callen los mexicanos.

No hay vuelta de hoja ante el “vetting” en los negocios y la política.

Dicho lo anterior, la legislación mexicana sobre injerencia extranjera en las elecciones no asusta ni al espantapájaros.

Es una cortina de humo que vanamente trata de detener lo inevitable.

¿Qué es lo inevitable?

Me detendré en un aspecto de entre muchos otros.

Cada aspirante a una candidatura de elección popular a cargos de alto nivel en los gobiernos estatales, el gobierno nacional, el senado de la república y el congreso de la unión, será sometido al “vetting” externo.

Cada partido u organización política que contienda en una elección será escrutado desde el exterior sin compasión alguna.

La cancelación de las visas americanas a gobernantes y funcionarios mexicanos es un juego de niños comparado con lo que viene.

Cada peso o dólar inyectado por los partidos políticos en una campaña electoral con o sin conocimiento del candidato en turno, será “vettteado”, como se dice en spanglish.

La etiqueta de “organización terrorista” pesa hoy en México no sólo contra los carteles de la droga, sino contra las organizaciones políticas.

En mi sano juicio, yo no tocaría ni con el dedo de un pie el agua de la alberca de la política mexicana porque es tóxica y bañarse en ella es asegurar un boleto para ir a una prisión americana -con gastos pagados- a ver la Copa del Mundo 2026.

Remember el vetting, raza.



viernes, junio 05, 2026

¿A dónde fue el buen juicio político?

De haberse procedido con verdadera cabeza fría y anteponiendo el interés nacional a cualquier otra consideración, el gobierno de México habría dado un gran paso adelante en la lucha contra el narcotráfico.

Por Rogelio Ríos Herrán


Ahora que la relación bilateral de México-Estados Unidos alcanzó un nivel tan bajo que no sólo llegó al fondo del mar, sino que da rebotes en él, yo no dejo de preguntar ¿cuándo perdieron la cabeza los políticos morenistas?

La carta enviada por López Obrador, escrita con su acostumbrado estilo peleado con la sintaxis, puso en evidencia que las posturas de Claudia Sheinbaum ante Washington son, en realidad, las de él mismo.

No se necesita leer a Thomas Hobbes y su Leviatán para darse cuenta de que quien atenta en contra de su supervivencia política está condenado a no sobrevivir.

Entre cartas desde Palenque y discursos presidenciales ultranacionalistas como el del 31 de mayo denunciando, de nueva cuenta, conspiraciones internacionales dirigidas desde EU, yo no me distraigo.

El fondo del asunto es claro como el agua limpia.

La acusación del Tribunal del Tribunal del Distrito Sur de Nueva York del 23 de abril sigue en pie.

El juicio a los diez acusados del gobierno estatal y municipal de Sinaloa ya inició con la comparecencia reciente ante una jueza del general Gerardo Mérida.

Desgarrarse las ropas en discursos incendiarios o en cartas flamígeras es inútil.

No se ha honrado desde México el tratado de extradición vigente con Estados Unidos.

El documento del Tribunal estadounidense establece con claridad los términos de las acusaciones.

Citaré textualmente como ejemplo las referencias a las complicidades criminales y la corrupción de los funcionarios mexicanos. No tienen vuelta de hoja.


  1. “Para proteger y facilitar sus operaciones de drogas y garantizar la lealtad al cartel y su protección, el cartel cuenta y dirige no solo a cientos de sicarios violentos y fuertemente armados, sino también a decenas de funcionarios públicos corruptos que reciben mensualmente sobornos del cartel.”

  2. “El aparato de seguridad formado por los sicarios, junto con las relaciones del cartel con funcionarios gubernamentales corruptos, protege las operaciones del cartel y a sus líderes, territorio, laboratorios, rutas de tráfico y dinero.”

  3. “La corrupción desenfrenada es esencial para las operaciones del cartel. Los mayores narcotraficantes del mundo dependen de funcionarios públicos corruptos para mantener y hacer crecer sus redes de distribución de drogas.” 

  4. “Esta corrupción ha infectado a países de toda Sudamérica y Centroamérica, incluyendo Colombia, Venezuela, Honduras y Guatemala, donde determinados políticos de las más altas esferas han recibido auténticas fortunas de los narcotraficantes que causan dolor y destrucción en sus países.”

  5. “En Sinaloa, y en otras partes de México, esta misma corrupción impregna todos los niveles del gobierno local, estatal y federal y permite que el cartel y sus operaciones de tráfico de drogas funcionen y prosperen.”


En otra parte del documento de la acusación del Tribunal Sur, se explica ampliamente la red de “asociación delictuosa” que los acusados y otras personas tejieron con los jefes y miembros del Cartel de Sinaloa, de una manera que no deja dudas.

“Se unieron en una asociación delictuosa”, dice el documento, “conspiraron, se aliaron y acordaron, a sabiendas e intencionalmente, entre sí y con los demás, para violar las leyes de narcóticos de los Estados Unidos.”

Ante una acusación de ese tamaño en contra de gobernantes y militares mexicanos, la mínima prudencia política dictaría que es un asunto de interés nacional de máxima prioridad para la presidencia de la república.

Las detenciones de los señalados desde Estados Unidos por cargos gravísimos se habrían hecho desde el momento de la solicitud de detención con fines de extradición para llegar al fondo del asunto.

De haberse procedido con verdadera cabeza fría y anteponiendo el interés nacional a cualquier otra consideración, el gobierno de México habría dado un gran paso adelante en la lucha contra el narcotráfico.

De ese tamaño es la oportunidad perdida por Claudia Sheinbaum para marcar la raya de su gobierno nacional en contra del crimen organizado, una “asociación delictuosa” que desafía al Estado mexicano y a ella misma y los somete en algunas regiones del país.

Lo demás, cartitas de expresidentes y discursos ultranacionalistas, es lo de menos.

¿A dónde se fue el buen juicio de los gobernantes mexicanos?

¿Alguna vez lo tuvieron?





viernes, mayo 29, 2026

Narcopolítica: el sube y baja

Se olvidaron los cómplices gubernamentales que pactaron con criminales que el poder es temporal, pero sus consecuencias son permanentes.

Por Rogelio Ríos Herrán


Al final, es la desgracia de familias rotas lo que deja la narcopolítica.

Si la muerte es el gran igualador de las personas, la muerte civil en vida de los narcopolíticos es, al contrario, un diferenciador nefasto para sus seres queridos ante la sociedad.

“Que sube y que baja, que llega hasta el plan, ¿adónde van los muertos? ¿Quién sabe a dónde irán?”, dice la popular canción mexicana El Sube y Baja (con el grupo Montez de Durango).

Se olvidaron los cómplices gubernamentales que pactaron con criminales que el poder es temporal, pero sus consecuencias son permanentes.

El sube y baja no se equivoca.

No sabemos a dónde irán los muertos, aunque tenemos una buena idea de a dónde irán los vivos.

¿Quién no asocia hoy los apellidos Rocha, Inzunza, Diaz y Mérida (¡un General de División!), entre otros, con el desprestigio personal?

Justa o injustamente, el desprestigio caerá sobre sus familias durante varias generaciones.

¿Calcularon alguna vez los personajes buscados por la justicia estadounidense que si caían se llevarían consigo a sus familias?

¿Pensaron en sus hijos? ¿Desoyeron los consejos de sus padres o hermanos? ¿Qué explicación darán a los nietos que ven al abuelo señalado como criminal?

Seguramente no pensaron en ellos.

No creyeron tampoco que con sus actos de complicidad criminal encubrieron miles de asesinatos, desapariciones, extorsiones, robo de propiedades y alentaron una industria letal de drogas químicas.

Sinaloa, la patria chica de algunos de ellos, no provocó escrúpulo alguno en sus corazones antes de ser entregada a los criminales.

Todo el dolor del pueblo sinaloense no alcanzó a cruzar por sus mentes ocupadas en contar el dinero a manos llenas.

Grandes mansiones, empresas en auge y poder inmenso los envolvieron en una nube que les impidió ver que después de la subida, viene la bajada.

La muerte civil los convierte en personajes de la novela Pedro Páramo (del escritor Juan Rulfo), quienes no encuentran su lugar en el mundo terrenal.

Ya se ocultaron del mundo, pero no engañan a nadie.

Son fantasmas de carne y hueso.

No son víctimas que merezcan la empatía o tengan la dignidad de los desaparecidos y asesinados por el crimen organizado.

No hay piedad para los narcopolíticos ni en la hora de la desgracia.

Desde las familias de las víctimas del crimen organizado en Sinaloa y en todo México, no hay un solo rezo para quienes contribuyeron a la tragedia nacional.

No sé si los narcopolíticos serán extraditados, aunque dos de ellos se entregaron por iniciativa propia en Estados Unidos.

No sé si serán investigados y juzgados en México. Lo dudo.

Desde ahora, sin embargo, empiezan a pagar el castigo de la muerte civil y la desgracia de sus familias rotas y desprestigiadas.

¿En qué carajos estaban pensando cuando se corrompieron?

El sube y baja no se equivoca: llegó su hora. 









viernes, mayo 22, 2026

TERROR AL TERRORISMO

La reticencia cultural de los mexicanos a pensar que estamos viviendo en medio del terrorismo del crimen organizado y del proveniente del Estado mexicano, no podrá soportar el embate estadounidense.

Por Rogelio Ríos Herrán


A los mexicanos nos da urticaria escuchar la palabra “terrorismo” en boca de estadounidenses y europeos porque creemos que eso no sucede en nuestro país.

No, aquí no hay terroristas como aquellos que en décadas pasadas estallaron bombas en automóviles y casas en países europeos: los vascos asesinos de ETA o las Brigadas Rojas de Alemania, por ejemplo.

No, aquí nadie ha estrellado dos aviones jet comerciales en las Torres Gemelas del World Trade Center en Nueva York.

De ninguna manera hay en México, creemos en nuestro simplismo campirano, terroristas palestinos asesinando atletas judíos como en los juegos olímpicos de Munich en 1972.

Lo que tenemos en México son traficantes de drogas, narco corridos, narco violencia y narco lavado de dinero, pero no son “terroristas”.

¡Como México no hay dos! Faltaba más.

La ilusión de no albergar al terrorismo en tierras mexicanas se esfumó. 

La estrategia más actualizada del gobierno estadounidense en contra de las organizaciones criminales consiste en delatar sus prácticas criminales como terroristas.

Al hacerlo, su persecución, captura, enjuiciamiento y eliminación se hará conforme a estatutos legales especiales.

Terrorismo, según la deficinición del gobierno de Estados Unidos, es “el uso ilegal de laa fuerza o la violencia contra personas o bienes para intimidar o coaccionar a un gobierno o a la población civil con el fin de alcanzar objetivos políticos, sociales o ideológicos” (según el Legal Information Institute).

Aún más, el terrorismo internacional “son los actos violentos o peligrosos para la vida humana que violan las leyes penales federales o estatales y que ocurren fuera de la jurisdicción estadounidense o trascienden las fronteras nacionales” (Legal Information Institute).

  La reticencia cultural de los mexicanos a pensar que estamos viviendo en medio del terrorismo del crimen organizado y del proveniente del Estado mexicano, no podrá soportar el embate estadounidense.

Bajo los estatutos contra el terrorismo del vecino del norte, la responsabilidad criminal se extendería a cómplices, socios, colaboradores, empresas y despachos, sus familiares y parientes, compadres y amantes, bueno, hasta al pobre velador que cuida el negocio.

No para ahí la cosa.

El dinero ilícito que el crimen organizado inyecta a la política mexicana sería rastreado bajo esa perspectiva legal en Washington.

No hablo solamente de sobornos a funcionarios de gobierno y de seguridad pública, a militares y marinos de alto rango, sino del financiamiento de campañas electorales.

¿Por qué creen que en el Congreso de la Unión los diputados de Morena impulsan la discusión sobre una ley en contra de la “injerencia extranjera” en las elecciones mexicanas?

Como si no tuvieran mejores cosas que hacer, los legisladores morenistas buscan inmunidad contra los señalamientos de Estados Unidos, la Unión Europea, observadores internacionales y de derechos humanos en contra de las elecciones estilo Morena.

Se trata de cuidar el negocio electoral a toda costa, no de combatir al crimen organizado. 

El problema central es que no importa lo que hagan los diputados oficialistas, desde Estados Unidos se observará a la política mexicana con el filo de los estatutos terroristas.

De ahora en adelante, ¿quién en su sano juicio se atreverá a ser candidato de Morena a un puesto de elección popular?

Lo de menos sería que les quiten las visas americanas y sanseacabó.

Lo de más sería que una mañana despertaran y encontraran en las noticias que están incluidos en la lista más reciente de extraditables solicitados por Washington.

No hablo de personas de buena fe, honestas y con principios que existen, aunque pocos, en la política morenista.

Yo me refiero al dinero ilícito que en miles de millones de dólares entra en las campañas electorales, según los cálculos de las agencias de inteligencia gringas, sin que necesariamente los candidatos se den cuenta, pero que los convierten en cómplices.

Buena suerte con eso, futuros candidatos morenistas a puestos de elección popular: hagan bien sus apuestas de vida.


viernes, mayo 15, 2026

LA ESTULTICIA AL PODER

Los más viejos sabemos desde hace décadas que estamos perdiendo a México y que los males de nuestro país forman parte de una experiencia mundial.

Por Rogelio Ríos Herrán


En mis conversaciones diarias con amigos, vecinos y familiares, encuentro dos sentimientos que permean las vidas personales.

El primero de ellos es la resignación a vivir como ciudadanos de gobiernos que compiten por decepcionar a los gobernados con su mediocridad y corrupción.

El segundo es la incertidumbre por el futuro inmediato del país y la impotencia de ver que quienes tienen las riendas de los gobiernos se complacen en la estulticia.

En este punto introduzco un matiz importante: mi generación (+60 años) ha vivido crisis catastróficas de gobiernos, devaluaciones fantásticas, presidentes vanidosos, gobernadores caciques y un largo etcétera.

Para los jóvenes ciudadanos de hoy, sin embargo, esas experiencias del pasado significan poco o nada. Sus percepciones del mundo tienen, a lo mucho, diez años de antigüedad.

Los más viejos sabemos desde hace décadas que estamos perdiendo a México y que los males de nuestro país forman parte de una experiencia mundial.

Para los más jóvenes, los adultos mayores somos exagerados, sabelotodos y desconectados de la nueva sociedad digital en formación.

No se imaginan a México como un “país perdido”. Esas son cosas de viejos en mesas de café. 

Como siempre han visto a los gobernantes de hoy en el poder, asumen que la mediocridad y la estulticia es el estándar universal.

Para entendernos, “estulticia es la necedad, tontería o estupidez, caracterizada por una falta de inteligencia, sensatez o entendimiento en el actuar”.

Los antónimos u opuestos son inteligencia y sagacidad (Diccionario de la lengua española en dle.rae.es).

Cuando has nacido en los sistemas políticos basados en la estulticia, la mediocridad se da por descontada y la inteligencia es peligrosa para los sistemas.

La escritora turca Ece Temelkuran vivió en su país natal la terrible experiencia de la llegada del populismo de Erdogan consumado en un intento de golpe de estado en 2016.

A partir de ahí, el control del poder presidencial y la eliminación de contrapesos judiciales y legislativos permitió al gobernante turco convertirse en el dictador de hoy.

Impresionada profundamente por esa experiencia, Temelkuran escribió el libro “Cómo perder un país” (2019) después de estudiar otros países y ligar al caso turco con la corriente mundial de populismos.

“La horrenda ética que se ha elevado hasta los  niveles más altos de la política”, advirtió la escritora, “se filtrará y se multiplicará, llegará a todas las ciudades e incluso penetrará en las urbanizaciones valladas”.

“Es una tendencia histórica, y está convirtiendo la banalidad del mal en el mal de la banalidad”, agrega.

“Por más que se presente de manera distinta en cada país, es hora de reconocer que lo que está ocurriendo nos afecta a todos”, concluye.

Yo hablo de un “país perdido” no contra un modelo utópico de México que nunca existió, sino contra la “frágil democracia”( José Woldenberg) que se construyó desde hace cuatro décadas, si la contamos desde la controvertida elección en Chihuahua en 1986, la del “fraude patriótico” de Manuel Bartlett.

La fatiga extrema de la democracia mexicana no resistió la llegada al poder  en 2018 del populismo de Morena y sus mesías y apóstoles apócrifos que trajeron consigo la estulticia como modo de gobierno.

“Lo crean o no, lo que sea que le haya pasado a Turquía también les amenaza a ustedes. Esta locura política es un fenómeno global”, dice Temelkuran.

Feliz fin de semana.



Eliminados del Mundial y del TMEC

Por decirlo en términos futboleros, los presidentes morenistas no han sabido qué hacer con el balón, no juegan en equipo y menosprecian a lo...