viernes, octubre 02, 2026

AMLO, el autor

De ninguna manera escribir un libro sustituye a la rendición de cuentas a la cual está AMLO obligado frente a la nación mexicana. Ningún mensaje por video lo libera de posibles responsabilidades.


Por Rogelio Ríos Herrán


De tanto en tanto, el expresidente Andrés Manuel López Obrador cruza el cielo mexicano como estrella editorial fulgurante para predicar su palabra.

Lo hace movido por no sé qué tipo de ansiedad existencial enfocada a restaurar, según él, el rumbo perdido de la patria.

Como el cometa Halley, pero con mayor frecuencia, emite cánones desde la bóveda celestial que guiarán los pasos confusos de los morenistas.

Cualquier pretexto es bueno.

Anunció recientemente  la publicación de un nuevo libro que desde el título, “Pueblo” (Editorial Planeta, 2026), delata la vaguedad de su mente y poca atención a sugerencias de sus editores: dice poco o nada sobre la obra.

Con el pretexto de presentar la obra, a López Obrador no se le ocurrió otra cosa que perorar durante más de una hora en el video que difundió desde su sitio en YouTube.

Como el nuevo rico que es, mostró una casa campestre de nivel residencial que, de entrada, contradecía su pretensión de vivir con austeridad.

No me interesa ahora reseñar su libro, sino comentar mis impresiones sobre su mensaje de autor.

La imagen de AMLO en su video es de poder económico suficiente para mantener una casa de ese nivel.

Eso no se logra con 200 pesos en la cartera.

Ni con regalías de libros.

A mi memoria acudió la comparación con la casa del expresidente Luis Echeverría en la zona de San Jerónimo, en la Ciudad de México de los años setenta.

La visité en un par de ocasiones siendo estudiante, pues en un espacio de la casa albergaba el centro de estudios patrocinado por Echeverría en el cual organizaba conferencias.

El piso, el mobiliario, los elementos decorativos y la atmósfera supuestamente mexicanista, pero muy “chic” y cara, son similares tanto en Palenque como en San Jerónimo.

Por si faltara otra semejanza, López Obrador luce en el video una guayabera fina (de las que cuestan varios miles de pesos) tal como era el estilo del compañero Echeverría.

La capacidad de hablar largos minutos y horas sin decir gran cosa es también casi idéntica entre ambos políticos.

No hizo el tabasqueño la talacha de las giras de un autor convencional al presentar su libro para impulsar las ventas.

Contraviniendo las mejores recomendaciones del marketing editorial, prefirió mostrar un video larguísimo - en lugar de clips cortos- que aburre a los potenciales lectores.

A lo mejor él tiene asegurada de antemano la difusión y compra de miles de ejemplares por parte de funcionarios, legisladores y militantes morenistas.

Me imagino que con eso se da por satisfecha la empresa Editorial Planeta que, aparentemente, omitió en este caso sus rigurosos estándares de aceptación de manuscritos: negocio redondo.

Por cierto, en favor de López Obrador puedo decir que no ha dejado de escribir y publicar libros a lo largo de su vida con más de 20 títulos publicados.

Mencionaré algunos de ellos:

  1. El poder en el trópico (2015).

  2. Oye, Trump (2017).

  3. 2018: la salida. Decadencia y renacimiento de México (2017).

  4. Hacia una economía moral (2019).

  5. A la mitad del camino (2021).

  6. ¡Gracias! (2024).

  7. Grandeza (2025).

Nada más por los títulos se da cuenta el lector por dónde anda la cabeza del obradorismo delirante.

Sus obras impresas, sin embargo, quedarán para que futuros investigadores tengan un cuerpo documental sobre la vida, pensamiento y trayectoria del pensador de “La Chingada”.

Pero de ninguna manera escribir un libro sustituye a la rendición de cuentas a la cual está AMLO obligado frente a la nación mexicana.

Ningún mensaje por video lo libera de posibles responsabilidades.

López Obrador está por escribir su libro más interesante desde un lugar indefinido. 

¿Adivina usted cuál sería?






martes, septiembre 29, 2026

México: fecundidad a la baja

El cambio demográfico importante en el siglo 21, sin embargo, está en marcha: de un país de jóvenes empezamos a pasar a un país de adultos, viejos y menos niños.

Por Rogelio Ríos Herrán


Se atiende muy poco entre la opinión pública la información relativa al cambio poblacional importante que ocurre en México.

A lo mucho, la gente busca la cifra total de la población nacional en los censos o en las encuestas intercensales, y pare usted de contar.

Durante generaciones, desde la escuela primaria se nos enseñó que México era un cuerno de la abundancia, así que no importaba mucho qué tanto o qué tan rápido creciera su población.

El cambio demográfico importante en el siglo 21, sin embargo, está en marcha: de un país de jóvenes empezamos a pasar a un país de adultos, viejos y menos niños.

Nos enteramos que México cuenta ya con 130.9 millones de habitantes, según la Encuesta Intercensal (EIC) 2025 difundida recientemente.

Entre los años 2020-2025, la tasa de crecimiento poblacional fue 0.7 por ciento, contra 2.1 por ciento entre 1990-1995.

A esta tasa de crecimiento, la población actual se duplicaría en 100 años, lo cual es un avance contra la época en que se duplicó cada 22 años con tasas elevadas de 3.1 por ciento en el siglo pasado.

Luce bien el panorama de crecimiento poblacional controlado a tasas de crecimiento moderadas, pero no todo es coser y cantar.

En proyecciones del Consejo Nacional de Población (Conapo), se estima que la población mexicana dejará de crecer en el año 2053 y empezará a disminuir.

La disminución de la tasa de fecundidad (el número promedio de hijos por mujer) es la clave.

La cifra a considerar es que el número promedio de hijos por mujer de 12 años o más es 1.9 en 2025, cuando en el año 2000 era 2.6 hijos nacidos vivos.

La fecundidad de las mujeres mexicanas queda por debajo de la tasa de reemplazo (2.1 hijos nacidos vivos) necesaria para conservar el mismo volumen de población.

En la CDMX, Yucatán y el Estado de México se registraron las tasas de nacimientos más bajas.

¿Qué consecuencias habrá para el país?

En todo cambio demográfico hay oportunidades y problemas.

México es parte de la caída de las tasas de fecundidad a nivel mundial que ha provocado el fenómeno de “ansiedad demográfica”, según el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA).

La ansiedad se refiere a un mundo cuyas barreras impiden a las juventudes y a las mujeres con mayor acceso a la educación y al mercado de trabajo, “alcanzar la familia que realmente desean”, afirma Dosia Calderón, funcionaria de UNFPA en México.

“El cambio en la estructura poblacional de México nos exige transformar la inversión pública: reorientar recursos hacia la educación superior, el desarrollo de habilidades laborales y, fundamentalmente, la consolidación de un sistema nacional de cuidados”, agregó Calderón.

El dilema de muchas personas en México y otros países con baja fecundidad es que sí desean tener hijos, pero “muchos sienten que simplemente no pueden crear las familias con las que sueñan”, concluye un reporte de UNFPA.

El 21 por ciento de las personas en México (una de cada cinco) siente que no podrá tener el número de hijos que desea, reveló la encuesta EIC 2025.

Para las generaciones de hoy es más complicado, en comparación a generaciones anteriores, tomar la decisión de tener hijos y a cuántos criar y cuidar con seguridad.

Pesan en su ánimo no sólo lo que pasa en México, sino en el mundo lleno de guerras, conflictos, crisis económicas, cambio climático y la llegada intimidante de la Inteligencia Artificial.

Antes, pensábamos qué mundo vamos a dejar a nuestros hijos.

Ahora, los jóvenes piensan a qué mundo voy a traer a mis hijos.

Las generaciones de hoy deberán encontrar sus respuestas bajo las nuevas tendencias demográficas.

@Rios60H

 






viernes, septiembre 25, 2026

Aristegui y los periodistas

Millones de pesos del tesoro nacional se gastan en canales públicos de radio, televisión y redes sociales sin que nadie rinda cuentas y detenga el derroche.

Por Rogelio Ríos Herrán


Cuando Carmen Aristegui habla es bueno escucharla.

El mundo convulso en el que vivimos marca un ritmo acelerado a la cobertura periodística sin dar respiro.

Eso propicia las estrategias de gobiernos autoritarios: bombardear con propaganda y retórica, inundar con paja a la opinión pública y extraviar a los periodistas.

Carmen da un buen "tip" a los colegas abrumados.

"Todo lo que significa la condición humana tiene que estar al centro como el punto principal en torno a lo que tiene que girar lo demás", expresó el 19 de septiembre.

Durante su participación en el 19 Coloquio Iberoamericano de Periodismo, organizado por el Knight Center de la Universidad de Texas en Austin, Aristegui señaló las fuerzas globales que influyen en el periodismo.

1. El impacto dañino del cambio climático.

2. El avance del autoritarismo en el mundo.

3. La expansión de la Inteligencia Artificial (IA).

En su conjunto, estas tres fuerzas impulsan un cambio civilizatorio, ni más ni menos.

¿Cómo debe responder el periodismo?

"El periodismo tendría que ensanchar sus espacios", afirma Aristegui.

"Ensanchar los espacios para la discusión, ensanchar los espacios para el debate político y social de todos esos temas para la toma de decisiones", agregó.

Para ella, hay una especie de guion del autoritarismo que se está replicando a escala mundial.

Este guion populista dice que hay que atacar a los críticos, a los medios de comunicación, a los medios independientes y a quienes se dedican a que la sociedad tenga ese valor fundamental que es la información.

El ataque a los periodistas incluye de manera destacada el intento por destruir sus reputaciones.

En julio pasado, por ejemplo, la presidente Sheinbaum dijo en una conferencia mañanera que ella "no intentaría censurar" a Aristegui.

Con ingenio y acierto, Carmen contestó que la libertad de expresión es un derecho y no la concesión de ningún gobernante.

"La mañanera y esa manera de los líderes políticos de tomar el micrófono y todos los días imponer agenda... utiliza todo el ecosistema comunicacional pagado con dinero público", agregó.

"Hay mucho dinero público que replica, magnifica, reproduce infinitamente el mensaje que después los propios medios no podemos evitar", concluyó.

La avalancha de propaganda gubernamental me recuerda los ataques nefastos de drones rusos en enjambre sobre los civiles ucranianos sin tregua.

Son tantas los datos falsos, las negativas a responder a preguntas incómodas, y es tal la soberbia gubernamental que cualquier funcionario de medio pelo se siente como rey en las conferencias mañaneras.

Millones de pesos del tesoro nacional se gastan en canales públicos de radio, televisión y redes sociales sin que nadie rinda cuentas y detenga el derroche.

"Estamos en un país que como en otros el guion (autoritario) se está cumpliendo", dijo Carmen.

"El papel de los críticos y los periodistas tiene que ser más fuerte que nunca porque se requieren contrapesos cuando institucionalmente se han ido desarmando", concluyó.

Cuando Carmen Aristegui habla es bueno escucharla.



miércoles, septiembre 23, 2026

¿De qué sirve la ONU?

La ONU vive un momento de definición, está bajo fuertes críticas y a veces se descomponen sus escaleras eléctricas en el edificio sede. Pero su espíritu y fuerza institucional permanecen, mientras los gobernantes del mundo son efímeros.

Por Rogelio Ríos Herrán


Como entusiasta de la diplomacia multilateral, sigo creyendo que la Organización de Naciones Unidas mantiene su utilidad para el mundo.

Sí, tiene muchos problemas internos, no puede evitar guerras y conflictos alrededor del mundo y requiere urgentemente de una remodelación general.

Pero no hay otro foro mundial de estatura política y moral semejante a las Naciones Unidas.

No existe un documento verdaderamente universal, como la Carta de las Naciones Unidas, que hable en nombre de los pueblos.

Sobre todo, el momento excepcional de su fundación en 1945 en torno a un espíritu genuinamente universalista no ha perdido fuerza.

Si antes la amenaza de las bombas atómicas impulsó su formación, ahora el temor que infunde la Inteligencia Artificial (IA) empujará su reconstrucción en el siglo 21.

Bastaría, para empezar, con recuperar la funcionalidad del Consejo de Seguridad eliminando su pecado original: el derecho de veto de las grandes potencias.

Al empezar el 22 de septiembre la sesión ordinaria 81 de la Asamblea General, me di a la tarea de seguir sus deliberaciones con una taza de café en mano.

Las presentaciones de los jefes de estado fueron el plato fuerte del día.

Observar sus recursos retóricos, el porte y carisma mediático -o la falta de ellos- es un ejercicio necesario para calibrar a los gobernantes mundiales.

El presidente brasileño Lula arrancó el desfile mostrando su buen oficio como orador elocuente, ordenado y respetuoso del recinto.

Aferrado a su ideología de izquierda, levantó aplausos por momentos. Tiene mucha calle y se nota.

El turno siguiente fue el del presidente Donald Trump, quien extrañamente se plantó ante la Asamblea General para reivindicar su derecho al uso de la fuerza militar en interés de su país.

Las Naciones Unidas se crearon bajo el principio de la renuncia de los estados al uso de la fuerza en las relaciones internacionales.

En el preámbulo de la Carta, se establece la finalidad de “asegurar mediante la aceptación de principios y la adopción de métodos, que no se usará la fuerza armada sino en servicio del interés común”.

Algo falló en el equipo de la Casa Blanca al no advertir a Trump la contradicción entre su afirmación y lo establecido en la Carta de Naciones Unidas.

Cada jefe de estado tiene la oportunidad de hablar en la tribuna de la Asamblea General y buscar sus 15 minutos de fama.

O, en caso opuesto, padecer sus 15 minutos de desprestigio internacional.

El requisito indispensable es, obviamente, estar presente en el foro en Nueva York.

Enviar delegaciones de menor nivel, como lo hizo México, no ayuda a cultivar relaciones entre gobernantes mundiales.

La ausencia de la presidente Claudia Sheinbaum en el máximo foro mundial es lamentable.

La voz del gobierno mexicano sobre los temas relevantes como la IA y el cambio climático, la agresión rusa a Ucrania o los conflictos en Medio Oriente será irrelevante.

Mientras en México se discute sobre el uso de celulares en los salones de clases, el mundo delibera sobre las amenazas de la IA.

Mientras el Senado mexicano debate sobre la Liga MX de fútbol profesional, en la ONU se buscan soluciones a la crisis energética actual.

Muy al estilo de su antecesor, Sheinbaum mantiene la idea falaz de que “la mejor política exterior es la política interior”.

No sabe ella quizá que México jugó un papel activo en la creación de la Organización de las Naciones Unidas.

Hoy, lamentablemente, la voz oficial mexicana no tiene peso en la Asamblea General.

La ONU vive un momento de definición, está bajo fuertes críticas y a veces se descomponen sus escaleras eléctricas en el edificio sede.

Pero su espíritu y fuerza institucional permanecen, mientras los gobernantes del mundo son efímeros.

Yo apuesto por las Naciones Unidas.


martes, septiembre 15, 2026

Mexicanos con bandera nacional

Siempre me pongo de pie al escuchar el Himno Nacional y para saludar a la bandera: son los símbolos incorruptibles de la conciencia cívica de la nación.


Por Rogelio Ríos Herrán


En la mañana fresca del fin de verano en Monterrey, antes de que el calor del mediodía funda todo, yo me pregunto qué celebrar el 15 de septiembre.

Recuerdo con nostalgia los lejanos años de la escuela primaria. 

Cada año, la maestra Catalina Zamudio, inolvidable, se esmeraba en hacer del día del grito de independencia una fecha especial para sus niños.

“Se levanta en el mástil mi bandera como un sol entre céfiros y trinos…”, cantábamos con entusiasmo con la mano en el pecho, contentos, elementales y orgullosos de ser mexicanos.

El sentimiento de identidad con la bandera tricolor se quedó grabado profundamente en mi persona.

A la fecha, al escuchar en cualquier lugar el Himno Nacional me pongo de pie en señal de respeto, aunque nadie más lo haga.

De niños y adolescente se nos hablaba en la escuela de democracia, igualdad entre las personas, derechos labrados en piedra en la constitución política.

El lugar de México en el mundo, se nos decía, era único y privilegiado: cómo México no hay dos.

La ley era la medida de todas las cosas y personas en el territorio nacional, según pregonaba el discurso educativo oficial.

Duró este mito ensoñador hasta que la vida real, las lecturas y la apertura de la mente en la juventud lo colocó en su justo lugar.

Ser mexicano era otra cosa distinta y opuesta a la ensoñación patriótica.

La violencia campeaba como siempre en todo el país.

Las leyes eran letra muerta y las cárceles eran para quienes no tenían dinero para sobornos a la autoridad o gastos de abogados.

La ausencia del estado de derecho, la presencia oscura del crimen organizado, la corrupción burda llevada a las grandes alturas, con todo eso choqué de frente.

No culpo, sin embargo, a mis maestros queridos por la educación que me dieron.

Ellos obraron de buena fe porque creían que la imagen del país que nos inculcaron era factible.

Creían también que, al crecer. nosotros llevaríamos una semilla de idealismo y conciencia cívica que empezaría a transformar poco a poco al país.

Los frutos de esas semillas no lo verían nuestros maestros, pero sí nuestros hijos y nietos.

Eso se llamaba inculcar el amor a México y el anhelo de ver un país más próspero, más obediente de las leyes y más consciente de sus errores y posibilidades.

En la hora oscura que vivimos hoy en este país gobernado por la cuarta transformación, yo sigo pensando en la bandera nacional.

Pienso en ella no solo con la nostalgia del niño, sino con la convicción del hombre maduro que ve en ella el estandarte de la resistencia civil.

Toda la corrupción de los gobernantes morenistas no podrá abatirla.

La temible presencia del crimen organizado en todo el país no evitará que ondee alegre en los días de céfiros.

No nos pueden robar la bandera tricolor. No tienen ese poder.

Bajo la opresión autoritaria morenista que hoy quiere aplastar a los mexicanos, algo resiste y se opone.

Es la fuerza de la bandera nacional que está por encima de la opresión y es visible para quienes desde niños aprendimos a venerarla.

Por eso siempre me pongo de pie al escuchar el Himno Nacional y para saludar a la bandera: son los símbolos incorruptibles de la conciencia cívica de la nación.

“Y también por su amor vivir…”

@RiosH60 



viernes, septiembre 11, 2026

¿Qué perdimos con el 9/11?

 Por Rogelio Ríos Herrán

Poco se recuerda hoy, pero además de al menos cien mexicanos muertos en el ataque a las Torres Gemelas de Nueva York el 9/11 de 2001, México perdió la oportunidad de lograr un acuerdo migratorio con Estados Unidos.

Recordamos, a 25 años, a las tres mil víctimas directas de los terroristas islámicos que atacaron con dos aviones comerciales al World Trade Center, como si fuera ayer.

Sin ese ataque, el mundo no hubiera cambiado para mal.

Sin ese ataque, los presidentes George Bush y Vicente Fox hubieran alcanzado un acuerdo general en temas de lucha contra las drogas y la regulación migratoria.

Perdimos “la enchilada completa”, expresión que se atribuye a Jorge G. Castañeda para indicar un acuerdo general bilateral que se negociaba entonces.

Entre los días 4 y 7 de septiembre de 2001, el presidente Fox, su canciller Castañeda y una numerosa delegación de funcionarios mexicanos visitaron Washington.

Por cualquier medida que se le recuerde, la visita fue sumamente exitosa.

La camaradería entre dos presidentes vecinos con poco tiempo en el cargo fue palpable en eventos, almuerzos y cenas de gala al intercambiar mensajes presidenciales.

Se habló de confianza mutua institucional, de amistades y lazos personales y de la conveniencia de una cooperación estrecha en el conjunto de la relación bilateral.

El día 5 de septiembre, por ejemplo, en una visita a la Casa Blanca, Fox dijo a Bush:


  1. “Queremos seguir avanzando hacia el establecimiento de un acuerdo migratorio que nos beneficie mutuamente.”

  2. “Ha llegado la hora de dar a los migrantes y sus comunidades el lugar que les corresponde en la historia de nuestras relaciones bilaterales.”

  3. “Debemos y podemos llegar a un acuerdo migratorio antes de fin de este mismo año (2001).”

  4. “No habrá para entonces mexicanos indocumentados en Estados Unidos… y aquellos que ingresen a este gran país lo harán con papeles.”

Por si esto pareciera increíble, a 25 años transcurridos, no olvidemos que el presidente Fox se presentó el día 6 de septiembre (cinco días antes del ataque) a una sesión especial del Congreso de Estados Unidos.

A los congresistas americanos les dijo:


  1. “Debemos dejar atrás la sospecha y la indiferencia que tan frecuentemente han sido el origen entre nuestros dos pueblos.”

  2. “La relación entre México y Estados Unidos ha cambiado en una forma fundamental. La verdadera democracia en México ahora es una realidad.”

  3. “México está buscando un acuerdo que ofrezca mayor seguridad y orden a los flujos migratorios entre nuestros dos países.”

  4. “La cuestión más amplia no es si podemos darnos el lujo de confiar uno en el otro, sino si podemos darnos el lujo de no hacerlo.”


En la mañana del día 11 de septiembre, junto con el derrumbe de las Torres Gemelas, quedó enterrada en los escombros “la enchilada completa”.

Bush reaccionó al ataque terrorista con una nueva estrategia de seguridad sustentada en el combate al terrorismo islámico y la defensa de las fronteras norteamericanas.

A las palabras entusiastas del presidente Fox ante el Congreso americano se las llevó el viento de la guerra.

El acuerdo migratorio que parecía inminente entre los dos gobiernos pasó al olvido ante las urgencias del momento.

¿Qué perdimos en México con el 9/11?

Nada menos que la atención total de los Estados Unidos.

@Rios60H 


domingo, septiembre 06, 2026

Cuando la guerra es eterna...

Si a dos de las voces religiosas y políticas más prestigiosas del mundo no les hacen caso los gobernantes de la guerra, ¿qué se necesitará para que entren en razón? ¿Una guerra nuclear?

Por Rogelio Ríos Herrán


Desde Ucrania hasta Gaza, Israel, Líbano e Irán, los combates no cesan, las treguas son frágiles y los gobernantes involucrados viven en contradicción.

Cada jefe de gobierno, ayatolá o líder de fuerzas paramilitares expresa en público su deseo por la paz, pero en privado prefiere que sigan las guerras.

¿Por qué?

La razón inmediata es porque las guerras se han convertido en el único medio para mantener su poder.

A ello consideremos, además, que si pierden su poder interno se verán obligados a responder penalmente por sus decisiones negligentes y perversas.

No importa cuántos soldados perezcan o queden heridos en los campos de batalla, la carnicería no debe detenerse.

No tienen escrúpulo alguno en atacar y destruir infraestructura civil que deje a las poblaciones sin agua, electricidad ni servicios de salud.

¿Atacar una escuela de niñas en Irán o un kínder de párvulos en Kiev?

¿Masacrar a personas civiles con drones asesinos en las calles de Ucrania?

¿Dejar en ruinas a la casi totalidad de la ciudad de Gaza?

Nada conmueve a los jefes de gobierno para detener la máquina de guerra que, por otro lado, deja enormes ganancias a los contratistas involucrados.

No los afectan las exhortaciones de León XIV a la paz, las condenas de Naciones Unidas a las agresiones a la población civil ni los cargos de crímenes de guerra emitidos desde la Corte Penal Internacional.

“Renuevo mi llamamiento a poner fin a la violencia, a detener la destrucción, a abrir los corazones al diálogo para la paz”, expresó el Papa León XIV el 6 de septiembre.

“Deseo que los esfuerzos emprendidos en estos días para reanudar las negociaciones den frutos concretos y abran espacio a la diplomacia”, agregó.

El Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, ha advertido recientemente que los ataques contra civiles e infraestructura civil violan el derecho internacional humanitario.

“La elección es clara. La responsabilidad es clara. Ha llegado el momento de la paz”, añadió Guterres.

Si a dos de las voces religiosas y políticas más prestigiosas del mundo no les hacen caso los gobernantes de la guerra, ¿qué se necesitará para que entren en razón?

¿Una guerra nuclear?

¿El desastre climático a escala planetaria?

¿Un asteroide gigantesco que amenaza a la Tierra?

No quiero entrar en los terrenos de la ciencia ficción, pero no veo qué cosa pueda conmover a los señores de las guerras.

Mientras tanto, no dejemos de denunciar el sufrimiento de los pueblos bajo las guerras eternas que sufren.

Levantar la voz, expresar opiniones sólidas y denunciar a los criminales de guerra en donde sea que se encuentren, es la tarea a nuestro alcance.

Es un grano de arena, sí, pero un grano al fin y al cabo.




    


AMLO, el autor

De ninguna manera escribir un libro sustituye a la rendición de cuentas a la cual está AMLO obligado frente a la nación mexicana. Ningún men...