No dejemos a las generaciones futuras toda la carga de reconstruir a México desde sus ruinas. No pasemos a la historia como la generación que sucumbió a la barbarie morenista. Que nuestros hijos, nietos y bisnietos sepan que nunca bajamos la guardia ante la barbarie.
Por Rogelio Ríos Herrán
¿Cuál es el panorama político actual de México?
Cuando la acción política se convierte en decisiones y acciones autoritarias de los gobernantes, persistimos en la lucha contra la barbarie.
Cuando las reglas del juego político son anuladas por un jugador acaparador del poder público, no bajamos la guardia contra la barbarie.
Desde su fundación como nación independiente en 1821 y hasta la actualidad, en México la violencia (atributo barbárico) ha estado presente en la vida pública.
Proveniente del latín “barbaries”, con el término barbarie nos referimos no solo a la falta de cultura. civismo o educación, sino a la crueldad extrema, brutalidad o violencia inaceptable (Diccionario de la Lengua Española, RAE).
En un sentido más amplio, la barbarie como atributo del gobierno autoritario se define como “el ejercicio del poder mediante la violencia sistemática, la eliminación de las leyes y la destrucción de la dignidad humana” (síntesis conceptual del motor de IA Gemini).
Así que los presidentes y gobernantes de Morena (Movimiento de Regeneración Nacional), no inventaron la barbarie autocrática en 2018.
Lo que han hecho desde entonces es elevarla a la máxima potencia.
Vean ustedes y juzguen los rasgos del poder barbárico que encontré con ayuda del asistente Gemini.
Desprecio por la ley: el gobierno anula la constitución y los derechos humanos para imponer la voluntad del líder.
Uso del terror: empleo de la policía, el ejército o fuerzas paramilitares para perseguir, torturar y silenciar a la oposición.
Destrucción cultural: censura absoluta de los medios, el arte y la educación para eliminar el pensamiento crítico.
Deshumanización: trato de los disidentes políticos como enemigos internos o "subhumanos" para justificar su eliminación.
No nos quedemos en la banalidad de los personajes pintorescos del gobierno nacional, los legisladores, senadores y gobernadores morenistas de exhibición para feria de pueblo.
Vayamos al fondo del asunto.
La apropiación del poder absoluto es la meta.
La barbarie es su método.
Una barbarie mal disfrazada de instituciones capturadas, cortes supremas fársicas, poderes de la unión sumisos, fuerzas armadas corrompidas y filosofías dizque “humanistas” que no les alcanzan para ocultar su afán autoritario.
El proyecto de gobierno autocrático que copia a las sagas totalitaristas cubana y venezolana.
El desdén arrogante a las madres buscadoras, los desaparecidos y asesinados todos los días.
La presidencia de la república que renuncia a la condena a las dictaduras en América Latina.
Un movimiento político, Morena, que no oculta su filiación por Rusia heredada de López Obrador e ignora los crímenes de guerra rusos contra Ucrania.
La cacería diaria de periodistas y el acoso a los medios de comunicación con fingidos “derechos de las audiencias”.
¿Hay algo que haga Morena que no entre en el terreno de la barbarie?
¿Hasta qué punto de violencia descenderemos en México?
Pase lo que pase, no dejemos a las generaciones futuras toda la carga de reconstruir a México desde sus ruinas.
No pasemos a la historia como la generación que sucumbió a la barbarie morenista.
Que nuestros hijos, nietos y bisnietos sepan que nunca bajamos la guardia ante la barbarie.
Mi trinchera y mi compromiso es la crítica periodística.