domingo, febrero 12, 2017

La buena vecindad con EU

Fuente: Google.com


Por Rogelio Ríos Herrán

Toma mucho más que un cambio de inquilino en la Casa Blanca para descarrilar la bien cimentada relación bilateral entre México y Estados Unidos.

No se derrumbará, como un viento que deshiciera un frágil castillo de naipes, el entramado económico que mueve a las dos naciones, el que día a día impulsa los pistones que hacen andar los motores mexicanos y norteamericanos.

Vecinos por razones geográficas, históricas, estamos en México en una envidiable posición para negociar cualquier tipo de tema con Estados Unidos. Esa cualidad única entre los dos países trasciende a cualquier otra consideración o a los momentos conflictivos entre ambos gobiernos, como el que actualmente se vive en México con llegada de Donald Trump a la Presidencia estadounidense.

Por supuesto que es preciso resistir como nación la dureza de los embates políticos que nos llegan desde Washington, en primer término, el de la construcción anunciada de un muro que acabaría de cercar la frontera de 3 mil kilómetros, pero además los cambios inminentes en las políticas migratorias norteamericanas y su cantada preferencia por volver a épocas ya superadas de proteccionismo comercial tradicional y su rechazo a los acuerdos comerciales regionales.

Todo ello se habrá de combatir en todos los terrenos disponibles para los cuales no hay muros que valgan. Pero no veo que la forma adecuada de hacerlo sea la de permitir que los mexicanos nos embarquemos en una fiebre de antiamericanismo y de rechazo a todo “lo gringo”.

Protestar contra las políticas de Donald Trump es una cosa, perfectamente legítima y necesaria, pero no tiene ello que derivar en un rechazo ciego a todo lo que nos viene del Norte.

No debe ser así porque enterraríamos con esas actitudes el puente natural que ya existe entre las economías y las sociedades de México y Estados Unidos y que es nuestra mejor plataforma para lograr hacer oír nuestras voces ante el gobierno estadounidense.

En la sociedad norteamericana, en su diversidad y amplio espectro de posturas y principios, es donde podemos encontrar los aliados naturales que desde México tanto se necesitan para dar la “batalla de las ideas” en favor de mantener los más fluido posible nuestros intereses conjuntos como vecinos y como miembros de la América del Norte.

No se trata de rechazar al “gringo” nada más porque sí, como se ha hecho en otras épocas en México; al contrario, nuestra mirada debe abarcar y atraer hacia nuestra causa común a quienes desde la sociedad estadounidense cultivan y ponen en práctica las mejores prácticas democráticas y abrazan solidaridad entre las naciones, especialmente a quienes tienen que huir de sus países de origen por guerras civiles y violencia generalizada.

Eso no lo va a detener ningún muro.

rogelio.rios60@gmail.com


viernes, enero 20, 2017

Donald Trump, el monje y el hábito

Vista de la entrada a la Torre Trump en Nueva York.
Fuente: Google.com



Por Rogelio Ríos Herrán

¿Le dará la investidura como el Presidente 45 de Estados Unidos a Donald Trump la respetabilidad que ha buscado en su vida personal y en su trayectoria profesional durante toda su vida?

¿Quedará atrás de él, una vez instalado en la Casa Blanca, todo el daño que como hombre de negocios sin escrúpulos causó a tanta gente que fueron socios, empleados suyos, clientes o competidores comerciales?

Como por arte de magia, ¿puede cambiar un hombre como Trump de ser, por decir lo menos, un pícaro en los negocios a convertirse en un Presidente que esté a la altura de la responsabilidad de gobernar a Estados Unidos y hacer que su país sea un actor responsable y una fuente de estabilidad en la arena internacional?

Dice la sabiduría popular que el hábito no hace al monje, y nada mejor se me ocurre para referirme al Presidente Trump, una vez que hoy 20 de enero de 2017 tome posesión del cargo.

Casi no hay en sus antecedentes profesionales algo que nos permita tener siquiera un poco de optimismo, alguna característica que alimente el beneficio de la duda que todo mandatario estadounidense merece al empezar su gestión.

Un día muy especial es hoy para Estados Unidos, es verdad, y no es el momento de arruinarle la fiesta a los republicanos, pero en la política se sabe desde tiempos antiguos que los errores se pagan muy caro. Y eso es precisamente el caso con Trump: no es de él la culpa de lo que dijo en campaña y lo que piensa hacer como Mandatario, sino de una sociedad y un sistema político que le permitieron increíblemente ganar la Presidencia de su país sin estar preparado para tal responsabilidad.

Es la sociedad estadounidense en su conjunto, su gobierno, sus legisladores, sus sistema electoral obsoleto, sus medios de comunicación vulnerables y manipulables, todo eso en su conjunto, lo que hizo que hoy llegue a la Casa Blanca un aprendiz de Presidente, justo cuando el cargo no permite a nadie que llegue a él una curva de aprendizaje. Ser un CEO no es suficiente para ser un Presidente.

Trump carece absolutamente de experiencia en la administración pública, no tuvo nunca un puesto de elección popular, y a lo largo de su vida, según expusieron en un excelente libro los reporteros del Washington Post (Michael Kranish y Marc Fisher.“Trump Revealed: An American Journey of Ambition, Ego, Money and Power", Scribner, 2016”), no dudó, por ejemplo, en recurrir a sobornos e intimidaciones a funcionarios municipales y estatales en Nueva York para edificar su imperio de bienes raíces sobre la fortuna heredada de su padre. De diplomacia y política internacional, del rol de las mujeres en su vida, mejor ni hablemos.

Frente a eso, esperar que el hábito cambie al monje parece una apuesta muy arriesgada, una de ésas que ningún jugador experimentado se atrevería a poner sobre la mesa.

Espero sinceramente equivocarme, pero el pueblo estadounidense, esa gran sociedad diversificada y dedicada en cuerpo y alma a salir adelante día a día con sus vidas, deberá sufrir las consecuencias de este desastre histórico en Estados Unidos si se impone la sabiduría popular y, en efecto, el hábito (la investidura presidencial) no hace monje a Trump.

rogelio.rios60@gmail.com

martes, enero 10, 2017

¡Gente en las calles!

Una multitud saquea un centro comercial en México.
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Por Rogelio Ríos Herrán

Algo anda muy mal en cualquier país y con cualquier gobierno cuando la gente sale a las calles a protestar contra las decisiones de sus gobernantes, las cosas se salen de control, se dan saqueos a comercios y violencia en general y el resultado final es una sensación de confusión en la población y de que los gobiernos no pueden o no quieren controlar la situación.

El arranque del año 2017 en México ha sido el más violento de los últimos años ante los aumentos en los precios de los combustibles (el ya famoso “gasolinazo”), además de que parece que hizo erupción el malestar de años anteriores contra los gobiernos de todos niveles (municipales, estatales y federal) por sus derroches e ineptitudes junto con la corrupción rampante que cruza por toda la clase política mexicana.

A mí los saqueos actuales me hicieron recordar las escenas de los disturbios violentos en Los Angeles (1992) y Argentina (2001), cuando las calles se convirtieron en una verdadera jungla en la que cada quien tenía que sobrevivir por sus propios medios.

Si en Estados Unidos, país desarrollado por excelencia, hay disturbios de ese tipo, los puede haber en cualquier otra parte aunque los factores que los detonan sean diferentes. 

Lo de Argentina en particular, por ser un país latinoamericano como México, llamó la atención por la barbarie mostrada por una población que en general es percibida en el resto del Continente Americano como de un muy buen nivel educativo.

Así que lo de las acciones de saqueos en la Ciudad de México y sus alrededores tanto como en Monterrey, la capital industrial del norte, tienen antecedentes en otras partes. Lo novedoso de ello, sin embargo, es que no son actos usuales en México, en donde hemos visto violencia, es verdad, pero de otro tipo.

¿Hemos rebasado una nueva marca de violencia con los saqueos? Es posible que así sea y que se haya abierto la puerta a la rapiña como una nueva práctica nociva entre la población que, a río revuelto, toma ventaja de lo que tiene a la mano de una manera brutalmente primitiva: le arrebato al otro lo que yo quiero para mí.

Que la gente salga a las calles es un síntoma de un mal profundo que afecta a la sociedad y al gobierno que son la base de la sociedad mexicana. No sólo se debe a la corrupción o ineptitud de los gobiernos, desde el Presidente de la República hasta los alcaldes de pueblo, sino a la existencia de una sociedad frágil, de escasos lazos solidarios, de casi nula conciencia social, de su desobediencia ancestral de las normas de convivencia y las leyes, en fin, de una sociedad tan desintegrada como sus gobiernos y su clase política.

El saqueo indiscriminado y oportunista de comercios, salvo el que se haga por los delincuentes organizados, es solamente dar un paso más allá de lo que día a día vive el mexicano: pasarse los semáforos en rojo, echar piropos y acosar a las mujeres en las calles, colgarse de la luz y el agua para no pagar los servicios, evadir impuestos, dar mordidas, tomar ventaja de los vecinos, hacer trampa en sus negocios o en su empleo, etcétera.

El resultado de todo ello lleva a muchos a salir a las calles no tanto a protestar, sino a ver qué se llevan en un saqueo. Las protestas sociales quedan opacadas por los destrozos en los comercios que se llevan por completo la atención de los medios de comunicación. Al final, más que protesta, queda la percepción de que una bola de vándalos es lo que son todos los que se manifiestan en las calles, una verdadera tragedia para el avance de las causas sociales y la lucha contra la corrupción.

Tratemos de entender las causas profundas, los males interiores que como gobierno y sociedad nos dañan y que desde el siglo 19 no nos dejan avanzar hacia un desarrollo de plenitud y de igualdad y justicia social. Sólo así le daremos su justa dimensión a los saqueos y evitaremos que ese mal prolifere y se integre a la nueva “normalidad” de la violencia en México. Ya con lo que tenemos no nos damos respiro, no más, por favor.

rogelio.rios60@gmail.com



martes, diciembre 20, 2016

Un Hyundai en la cochera

Marchistas coreanos salieron a las calles a pedir la destitución de su Presidenta Park.
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Por Rogelio Ríos Herrán

Casi me voy de espaldas cuando leí las declaraciones del presidente de la Federación de Industrias Coreanas, Huh Chang-soo, al ser citado por legisladores coreanos para explicar la participación de Samsung, Hyundai y otras gigantescas corporaciones en supuestos donativos a dos fundaciones manejadas por Choi Soon-sil, asesora informal y brazo derecho (o la “Rasputina”, como la llaman los medios coreanos) de la recientemente depuesta Presidenta Park Geun-hye por encontrarla la ASamblea Nacional culpable de cargos graves de corrupción.

El esquema utilizado por Choi -por instrucciones de Park- era muy simple y curiosamente familiar para los mexicanos: acudir con los CEOs de las más grandes empresas coreanas para “invitarlos” a dar sus donativos a dos Fundaciones que los utilizarían supuestamente para fines benéficos.

El señor Huh, en representación de los empresarios coreanos, dijo simplemente que “es una realidad de Corea del Sur que si hay un requerimiento del gobierno, para las empresas es muy difícil declinarlo”.

Sí, claro, eso suena muy familiar en México y América Latina, pero lo que me llamó la atención es que a ese razonamiento de que “ni modo, si lo pide el Gobierno hay que hacerlo”, se sumara Chung Mong-koo, el jefe de Hyundai Motor, la empresa hermana de Kia Motors establecida en Monterrey.

Me dieron ganas de ir a devolver mi Sonata a la agencia Hyundai. No puede ser, pensé, que las empresas coreanas de vanguardia, las que han salido a conquistar el mundo con automóviles, celulares, televisiones y electrodomésticos (¿ya contó usted cuántas marcas coreanas usa en su casa o en su familia?), salieran ahora con eso de que cuando su Gobierno les pide algo, aunque sea notoriamente indebido y falto de ética, ellos no tienen otro remedio que aceptarlo.

Pero no lo hice. El Sonata es una maravilla de carro familiar, un sedán confiable y de manejo seguro en ciudad y carretera, y no es cosa de cuestionar los buenos productos coreanos por las malas prácticas empresariales de los presidentes de las compañías que se encuentran al otro lado del Océano Pacífico.

En el escándalo de Park, Choi (la “Rasputina”) y los donativos a Fundaciones equis están involucrados los más grandes corporativos coreanos: Samsung, Hyundai, LG, SK Group, Lotte Group, Hanwha Group, CJ Group y Hanjin Group, cuyos CEOs fueron interrogados por un comité de la Asamblea Nacional coreana el pasado 6 de diciembre con relación al asunto de los "donativos" en un evento transmitido en vivo por televisión a la sociedad coreana.

Pero no obstante las manifestaciones masivas durante varios días en las calles de varias ciudades coreanas y el “impeachment” de Park el 9 de diciembre por cargos graves de corrupción, los sucesos coreanos no merecieron más que una pobrísima cobertura mediática electrónica e impresa en Monterrey y en el resto de México, lo cual no corresponde en absoluto no sólo a la importancia de la inversión coreana en Nuevo León, por mencionar a nuestra comunidad, sino al impacto cultural que ya se siente en Monterrey con la presencia de los coreanos: compartiendo el Uber Pool, leyendo en el Starbucks, comprando jamón en HEB, caminando en el parque con sus niños, con la animada plática de las esposas coreanas en el café mientras sus maridos trabajan (imagen también muy familiar para nosotros), etcétera.

Debería haber sido noticia principal en los noticieros y primeras planas de los periódicos locales, pero lamentablemente no lo fue. Eso, por supuesto, habla más de nosotros que de los coreanos, al no poder levantar los regiomontanos la mirada más allá del Cerro de la Silla ni acabar de entender que no basta con ser una metrópoli industrial, sino que hay que parecerlo como tal con una perspectiva global de nuestra mirada al mundo en cuestiones políticas y sociales, no sólo en los negocios.

Motivos sobran, con la presencia de una enorme planta de KIA (empresa hermana de Hyundai) en Nuevo León y de los coreanos que alegremente enriquecen nuestra diversidad, para interesarnos en sus asuntos nacionales que ahora van ligados a los nuestros como nunca antes porque ¿qué tal si por sus turbulencias políticas en Seúl decidieran los coreanos ya no seguir invirtiendo en México?

No voy a devolver mi Sonata por lo que pasa en Corea del Sur, para nada. Pero no dejo de pensar que los coreanos ya están hasta en la cochera de mi casa y que eso me da el derecho de escribirle un e-mail al señor Chung, dueño de Hyundai, para expresarle respetuosamente mi desacuerdo con sus declaraciones y prácticas que caminan en la delgada línea entre la integridad y la corrupción, y que de pasada se lo comente a sus colegas CEOs: “Me escribió un cliente de Monterrey para decirme que…”

Si no somos globales, entonces ¿qué somos?

rogelio.rios60@gmail.com

viernes, noviembre 11, 2016

México y EU: ¿Hombres o instituciones?

Vista de una cerca en un tramo de la frontera con USA.
FUENTE: Google.com


Por ROGELIO RÍOS HERRÁN

Apenas al conocerse los resultados de la jornada electoral estadounidense del martes 8 de Noviembre con el triunfo sorprendente del candidato republicano Donald Trump sobre la demócrata Hillary Clinton, se abrió en México un interesante debate sobre la relación bilateral con nuestros vecinos del norte que sucintamente puede resumirse en estos términos: ¿Está suficientemente estructurada e institucionalizada la relación bilateral México-Estados Unidos como para soportar cualquier cambio o giro inesperado en las cúpulas de los gobiernos de ambos países?

Es decir, ¿estamos ante una relación sólidamente sustentada por economías entrelazadas y firmes vínculos políticos que datan de décadas atrás y que han superado en otras ocasiones la llegada de administraciones republicanas muy conservadoras a la Casa Blanca?

Por supuesto que, de entrada, es obvio que nuestra vecindad geográfica con Estados Unidos, los lazos históricos, sociales y culturales ya forjados, superan con mucho a cualquier vaivén político, llámese incluso Donald Trump y su propuesta absurda de un muro a lo largo de la frontera con México para evitar la entrada a Estados Unidos de inmigrantes indocumentados mexicanos.

No olvidemos que los condicionamientos que pesan sobre cada Presidente de Estados Unidos lo harán igualmente sobre la gestión de Trump, quien mostrará seguramente una cara distinta a la que le conocemos como candidato.

Buena parte de esos vínculos económicos de los que hablamos corresponden al comercio y a las inversiones de empresas estadounidenses en México, de las cuales las automotrices son el mejor ejemplo, por lo cual desde el mundo corporativo norteamericano saldrá el primer contrapeso a las ansias proteccionistas del nuevo inquilino de la Casa Blanca.

En la época de Ronald Reagan, en los años 80, Washington y México se enfrentaron con visiones contrapuestas en su política hacia América Central, cuando estallaron las revoluciones en Nicaragua y El Salvador. No obstante la dureza de Reagan y con la parte mexicana sosteniendo su posición de apoyo a las fuerza rebeldes que luchaban contra los gobiernos dictatoriales que en Managua y El Salvador eran apoyados por Washington, los vínculos económicos se mantuvieron y el comercio y las inversiones siguieron fluyendo a través de la frontera, incluso cuando no existía todavía el TLCAN.

Un Presidente de Estados Unidos no es omnipotente, como parecen creer muchos mexicanos. No lo es cuando el mundo ha observado un reacomodo de poder en el siglo 21 con el surgimiento de China y Rusia y actores no nacionales e individuos empoderados como entidades con influencia eficaz en los conflictos regionales en donde se enfrentan a los intereses norteamericanos.

Y no lo es tampoco al interior de la Unión Americana. Consistentemente, los enfrentamientos entre el Congreso y el Ejecutivo han llevado a la casi total paralización del Gobierno norteamericano, a disputas acres sobre el presupuesto y nombramientos de funcionarios y magistrados, en fin, a un enfrentamiento feroz y sin concesiones en cada punto, cada política pública y cada área de gobierno en que republicanos y demócratas se enfrentan.

Ha sido tan grande el desgaste político interno en Estados Unidos que ha cobrado por fuerza su cuota en la proyección de su poderío al exterior: Washington no puede “contener” por completo a Moscú y a Beijing (como se creía que lo podía hacer durante la Guerra Fría), el mundo es mucho más complejo que eso con problemas de fondo que superan a la capacidad de acción de cada gobierno en lo individual, no importa qué tan poderoso se considere cada uno de ellos, como es el caso del debate sobre el cambio climático.

Así que la preocupación mexicana sobre la llegada de Trump a la Casa Blanca, siendo genuino el temor que se siente de que una persona completamente inexperta en la administración pública y el gobierno asuma el timón estadounidense, debe considerar también que lo efímero -una administración presidencial de cuatro años- no sustituye a lo permanente: una relación bilateral asentada firmemente sobre intereses económicos y políticos que resisten al día a día de los políticos y sus disparatados dichos y alegatos.


Mucho ruido hará la gran batalla que se viene encima: ¿construirá Trump o no el muro que prometió en la frontera? Con todo, con muro o sin muro, la economía, la migración y el entrelazamiento entre las sociedades mexicana y norteamericana seguirá adelante en su incesante y azaroso avance. No hay marcha atrás en su integración social. 

rogelio.rios60@gmail.com

miércoles, noviembre 09, 2016

EU: nueva Edad Media

Simpatizante demócrata llora la derrota de su candidata.
FUENTE: Google.com



Por Rogelio Ríos Herrán


Si la llegada del candidato republicano Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos inaugura un ciclo de aislacionismo y proteccionismo estadounidense, como ya lo ha vivido ese país en otras épocas, entonces es urgente para los mexicanos estar preparados para ello.

Desde México, como ciudadanos, no debemos perder de vista los factores que de ahora en adelante incidirán con enorme peso en la relación bilateral México-Estados Unidos:
  1. De entrada, la inexperiencia total de Trump en la vida pública plantea la cuestión de su curva de aprendizaje en un puesto que no da margen para ello. No corresponde, por ejemplo, el tamaño de la responsabilidad de manejar el poderío militar estadounidense con el perfil laboral de Trump, con su temperamento e incontinencia verbales mostrada hasta el momento. ¿Que una cosa es lo que se dice como candidato y otra lo que se hace como Presidente? Puede ser, pero el hecho mismo de que exista la duda y se plantee la pregunta nos da ya una idea de la respuesta. La división profunda del Partido Republicano, su rompimiento en diferentes facciones y su falta de una idea precisa de lo que quiere para su país, fuera de su detallada lista de lo que no quiere, no auguran una buena Presidencia para Trump, a pesar de que en el papel cuenta con la mayoría republicana tanto en el Congreso como en el Senado. 
  2. Ni en política interior ni mucho menos en la exterior hay conceptos y propuestas claras de parte de Trump y los republicanos. No nos dieron una visión integral de lo que quieren apoyar en la arena internacional, sólo nos hablan de lo que detestan y quieren echar abajo: sus alianzas estratégicas con Europa, los tratados de libre comercio, la "amenaza terrorista islámica", etc., pero nunca nos dijeron qué quieren poner en su lugar. Quedará en manos de la Unión Europea y sus países miembros seguir llevando la estafeta de las mejores causas de la humanidad: la integración económica y política de las naciones, los derechos humanos de vigencia universal, el cuidado del medio ambiente y de la sustentabilidad del planeta, la solidaridad con los refugiados, inmigrantes y desprotegidos del mundo, la contención de los lados más ásperos de la globalización, pues lo que apoyaron en ese sentido los gobiernos demócratas (como el Acuerdo Climático de París) seguramente será revertido por el nuevo Gobierno republicano.
  3. Desmantelamiento, regresión y ruptura de la política social de los demócratas construida con mucho trabajo y ante la adversidad republicana, son las palabras que vienen a mi mente al conocer el triunfo de Trump. También sorpresa y desencanto con las prácticas políticas de los estadounidenses, sus medios de comunicación, el bajo nivel del debate público y la notoria incapacidad de los actores políticos de poner por delante el interés público en lugar de los intereses partidistas defendidos a mansalva, cueste lo que cueste. ¿Qué fue de aquella democracia ejemplar de pesos y contrapesos citada frecuentemente como un modelo para el resto del mundo?
  4. Los 11 millones de indocumentados mexicanos en la Unión Americana viven desde hoy una pesadilla que se les hizo realidad con el nuevo Presidente republicano que asumirá en enero. No sólo ellos, también los inmigrantes asiáticos, africanos, refugiados de guerra sirios que fueron mejor recibidos en Canadá en que Estados Unidos, todos ellos quedan expuestos ahora al escarnio público, pues no se cuidarán las organizaciones extremistas de callarse y no actuar en público en contra de la “amenaza de los migrantes” que tan convenientemente manejó Trump durante su campaña para atraer votantes. Ni qué decir que quedan sepultadas las posibilidades de una reforma migratoria integral, además de que serán revestidas las acciones que beneficiaban a los “Dreamers” y sus familias, así de triste luce el panorama.
  5. Una nueva Edad Media se cierne sobre Estados Unidos con la llegada de Donald Trump a la Presidencia: muros, fortalezas contra las amenazas externas, nacionalismo a ultranza, exclusión de los que son diferentes, justamente cuando la sociedad norteamericana se ha vuelto diversa y multicultural en su gran variedad demográfica que constituye su fuente de riqueza. Cortar esa fuente, limitarla o anularla no augura nada nuevo. Una nación de más de 300 millones de personas amurallada como ciudad medieval no es bueno para los propios estadounidenses ni para el resto del mundo.
  6. A México se le viene encima un nuevo Presidente de Estados Unidos que durante su campaña electoral se la pasó agrediendo e insultando explícitamente a los mexicanos, a sus migrantes, sin reconocer el gran aporte de la fuerza laboral migrante mexicana a la economía estadounidense, y amenazó con construir -con cargo al Gobierno de México- un gran muro a lo largo de los más de 3 mil kilómetros de la frontera mexicana. ¿Cabe esperar un cambio de actitud y mayor mesura de Trump hacia México ahora que llegue a la Casa Blanca? No podemos atenernos a eso, sino a actuar primero por iniciativa propia: si lo de construir el muro pasará de ser la ocurrencia de un candidato en campaña a convertirse en política de un nuevo Gobierno republicano en funciones, entonces estamos los mexicanos en serios problemas para el futuro inmediato.

Si un consuelo nos enseña la historia es que, tras la Edad Media que cayó como larga noche de odio y exclusión sobre Europa durante siglos, llegó el Renacimiento de la humanidad de la mano de Leonardo da Vinci y las generaciones de renacentistas que recuperaron para el hombre su creatividad y generosidad que yacían dormidas en su interior. Valga esa remembranza para recordar que, haga lo que haga, Trump no será eterno y que en 2020, si no es que antes, será llamado a cuentas por la Historia.

rogelio.rios60@gmail.com

lunes, noviembre 07, 2016

¡Gracias, Mr. Trump!


Donald Trump, candidato republicano a la Presidencia de Estados Unidos.
FUENTE: Google.com


POR ROGELIO RÍOS HERRÁN


Fue divertido mientras duró, Mr Donald Trump, y por un momento, desconcertados, casi todos pensamos que hablaba en serio hasta que nos dimos cuenta que usted era un millonario que se divertía en jugar a la política, un jugador audaz de Black Jack que con 19 pide otra carta en lugar de plantarse.


La partida termina mañana, 8 de Noviembre, y usted se irá a su casa en Manhattan, seguramente riéndose a carcajadas por todo el relajo que hizo y el tiradero que dejó atrás: un Partido Republicano en ruinas, un proceso electoral exhausto y obsoleto, unos medios de comunicación exhibidos como vulnerables e indefensos ante la manipulación y, de postre, a una ciudadanía todavía más harta –si eso es posible- de sus políticos y del lamentable espectáculo en el que se ha convertido la campaña presidencial en Estados Unidos.

De veras, me tuvo al borde de la butaca. Una vez terminada la función, sin embargo, no queda más que despedirlo de la política con un Óscar por su brillante performance como el político que salvará a Estados Unidos del desastre –más imaginario que real- en que sus oponentes lo han sumido.

En el camino, sin proponérselo, dejó usted varios “efectos colaterales” que no estaban en el guión original, pero que con su gran capacidad de improvisación llevó al escenario y por los cuales le quiero expresar mi agradecimiento.

Gracias, Mr. Trump, por revelar a la luz y sin tapujos el viejo vínculo entre la política y los negocios, qué maestría la suya para pasar de un bando privado a otro público, para exhibir las complicidades y alianzas inconfesables que mueven la rueda de la política y el Gobierno norteamericanos.

Sin su ayuda no hubiera sido posible que se manejara abiertamente y en primer plano esta verdad largamente sospechada por el público, pero que nadie se había atrevido a manejar tan desenfadadamente en una campaña presidencial: el apoyo mutuo entre políticos y empresarios, la sustitución del interés público por los intereses  privados, el flujo incesante de dinero privado a la arena pública en apoyo de los candidatos que participan en las campañas presidenciales, las que ahora se cotizan en miles de millones de dólares.

Gracias, Mr Trump, por poner en evidencia la fragilidad de un sistema político tan vulnerable que nos permitió ser testigos de lo que será quizá la peor campaña presidencial en la historia de Estados Unidos, tan inferior en su propuesta de ideas y argumentos como superior fue en insultos, calumnias y guerra de lodo desde las precampañas, especialmente la republicana. No se midieron los participantes, de la mano de Trump todos prefirieron perder el recato y la prudencia con tal de poder aventar sus propias plastas de lodo. ¿Se puede caer más bajo?

Gracias, Mr Trump, por tener a los medios de comunicación de su país y del resto del mundo comiendo de su mano, marchando al paso que les marcaba, repitiendo hasta el infinito cada frase suya, cada propuesta no importa qué tan disparatada e irracional fuera y sin la menor consideración o rigor periodístico que cuestionara la exagerada y obsesiva cobertura y prime time hacia su persona. Ningún medio parece haberse planteado si valía la pena mantener en portada las ocurrencias suyas, si seguirlo como perritos falderos era la mejor decisión editorial, si resaltar la estupidez plana de una campaña de tan bajo nivel no era traicionar a su propia responsabilidad como medios de comunicación ni ir en contra de la ética periodística que debe privilegiar la veracidad y la racionalidad en el manejo de la información que se presenta a la opinión pública. También para ellos es indispensable preguntar: ¿se puede caer más bajo?

Gracias, Mr Trump, porque después del torbellino que armó no me queda más que esperar con ansiedad no el resultado de lo que pasará mañana 8 de noviembre -la victoria de Hillary Clinton-, sino lo que pasará en 2020: ¿de veras aguantarán Estados Unidos y el resto del mundo a otra elección como ésta, a otra candidatura como la suya, a un sistema político que funciona tan mal que la arena pública no es ya más que un foro de lucha libre, de golpes sucios y de tipos rudos que mienten y hacen trampa?

Si no se pone nadie a trabajar el 9 de noviembre en Estados Unidos para reformar a fondo el sistema político, los procesos electorales y a cuestionar a profundidad el papel y el desempeño de los medios de comunicación, entonces la pesadilla que vivimos en 2016 se convertirá en 2020 en una aterradora realidad.

Mientras tanto, ¡gracias, Mr Trump! Casi se la creemos...


rogelio.rios60@gmail.com

¡Qué pena con el INE!

¿Habrá tiempo para detener la degradación del INE y volver a confiar en él? ¿O terminaremos viendo en 2027 el fin de las elecciones confiabl...