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Escena en Culiacàn, Sinaloa, el 17 de octubre de 2019. Fuente: google.com |
Por Rogelio Rìos Herràn
Apenas se acaba de asentar el polvo de las balaceras y
persecuciones por las calles de Culiacàn, Sinaloa, cuando es preciso preguntar
¿y ahora, què sigue?
Mucho me temo que el de Culiacàn no será un evento aislado,
sino que forma parte de un patròn de enfrentamientos que continuarà en otras
ciudades y regiones de México representando un severo cuestionamiento a la
legitimidad del Gobierno en turno y del Estado mexicano en su conjunto.
No hay tregua en este fenómeno. El narcotráfico, la
delincuencia organizada y la delincuencia común, no dan respiro alguno a las
autoridades, las cuales no brillan por su eficiencia.
En la misma semana de lo de Culiacàn (17 de octubre), hubo eventos trágicos en
Guerrero y Michoacàn con muchos muertos en ambos casos. En los días posteriores
a la liberación del Chapito, no ha parado la sucesión de homicidios dolosos en
varias partes de México.
¿Què sigue? Como ciudadano, lo que espero es un cambio de
actitud y de estrategia del Gobierno del Presidente Lòpez Obrador en cuestiones
de seguridad.
Lo que ha hecho hasta ahora su gobierno es insuficiente y
prácticamente inútil para contener la ola de criminalidad que padecemos.
México vive días de emergencia. Se percibe en el aire una
mezcla rara de temor de los ciudadanos, señales de ineptitud de los
gobernantes, indicios de un profundo malestar en las Fuerzas Armadas que están,
por ahora, pagando un elevado costo político por acatar las órdenes
presidenciales.
Como ciudadano, veo a la sociedad mexicana sumida en el
desconcierto por los eventos violentos de criminalidad, pero a la vez sumamente
pasiva para exigir a gobernantes y legisladores que se dediquen de inmediato y
por completo a buscar vìas de solución a la emergencia actual.
Dejar hacer, dejar pasar, no lleva más que al abismo. Si el
crimen organizado percibe que la actitud actual del Gobierno federal de no
confrontación se mantiene como la estrategia permanente, entonces, su poder e
influencia crecerà a mayores niveles que los actuales.
No sólo querrà el crimen organizado controlar más territorios,
sino influir directamente en el manejo del gobierno, en la selección de
candidatos a puestos de elección popular, en el financiamiento de campañas
electorales, en las càmaras de legisladores locales y en la federal, en
tribunales y juzgados, si no es que ya lo hace.
Como ciudadano, creo que todavía hay tiempo para rectificar si
se tiene la voluntad de escuchar -en los círculos de gobierno- los puntos de
vista diferentes y aceptar la evidencia contundente de las batallas perdidas,
como la de Culiacàn, de manera vergonzosa por el Gobierno federal.
La inseguridad y la ola de violencia criminal, el posible
empoderamiento exponencial del crimen organizado al no confrontarlo, no es un
tema partidista o electoral, sino una cuestión de sobrevivencia del Estado
mexicano en su conjunto.
La cuestión rebasa incluso a la figura del Presidente Lòpez
Obrador. Su éxito en las urnas no se ha traducido realmente, en el ámbito de la
seguridad pública al menos, en acciones y logros que le den fuerza.
Más bien, la violencia criminal pone en evidencia la debilidad
relativa del Gobierno frente al poderìo del crimen organizado. Es lamentable
decirlo, pero ¿de què sirve negarlo?
En México, el poder presidencial tiene límites, hay fronteras
que no puede cruzar, se puede doblar a presiones internas y externas. Aquì ya
no cuentan los votos en las urnas, aquí no sirven de nada; lo que vale es la
capacidad de liderazgo, la visión política de altura y la estrategia más adecuada
para alcanzar los objetivos planteados.
¿Tiene hoy el Presidente Lòpez Obrador eso que se necesita
para sacar a México del torbellino de la violencia criminal?
Es de humanos errar; es de sabios rectificar. Es de necios perseverar.
Rogelio.rios60@gmail.com
Publicado en el Periòdico La Visiòn, de Atlanta, Georgia, el 25 de octubre de 2019.