lunes, noviembre 18, 2024

Obituario a Roberto

 Roberto Ríos Herrán (1958-2024) 

 

 

Obituario 

Por Rogelio Ríos Herrán 

15 de noviembre de 2024 

Mi hermano Roberto, el hermano mayor, ha emprendido el viaje final con esa finura del alma que siempre lo definió. Nos recibió recientemente en su casa, en Varsovia, con su esposa Anna y su hijo Tomasz (Pawel llegó al último día de nuestra estancia y Natalia, la hija mayor, se encontraba en Inglaterra, pero la vimos unos días antes en Berlín), haciendo su papel de anfitrión con dedicación y un gusto que se le desbordaba en la mirada.  

Ahí, en torno a su mesa, sirviendo sus mejores vinos (un magnífico tinto Massi que en broma terminamos llamando “Messi”) y conversando, ordenando las viandas, escuchando y participando en la plática, pero sobre todo sonriente con esa expresión de la alegría del buen hombre que le fluía natural y abundantemente desde que yo tengo memoria. 

Nos sentamos a su mesa Martha mamá, Martha Victoria, Esmeralda (gran amiga de la familia), mis hijas Renata y Paty, Paty mi esposa, Roberto, Anna y el buen Tomek, ¡qué comidas y charlas inolvidables! 

Ni en los momentos más duros de la enfermedad que lo aquejó y postró en cama, Roberto dejó de hablar conmigo y con Rodolfo en un tono sereno y pausado, como el hermano que habla y cuida, siempre cuida, a sus brothers menores, y con alguna reprimenda para que no nos tropecemos con la misma piedra que él ya había pisado. Hacía bromas: ¿Cómo estás hoy, brother?, le decía yo. “Muy bien, ¡excepto que tengo cáncer!”, contestaba. 

Una anécdota familiar lo pinta de cuerpo entero. El 3 de septiembre de 1985, nuestro padre Francisco falleció súbitamente por un infarto cardiaco. Rodolfo, recién casado con Martha Infante, apenas regresaba de su luna de miel. De mi parte, yo venía a Monterrey del Distrito Federal, unos días antes, para la boda de mi hermano menor en agosto, pero todavía con planes de regresar a la capital.  

Roberto había terminado su maestría en administración pública en The American University (Washington, DC) y estaba a punto de viajar a Francia a estudiar su doctorado en Derecho de la Energía (en la Sorbonne 1, me parece), becado por la UANL y Conacyt, junto con un grupo de amigos de su generación (Gabriel Mayagoitia, Samuel Ramos, Rodolfo Garza, entre otros). 

Bien, pues ante la muerte repentina de papá, nos reunimos los hermanos a platicar. Roberto nos dijo que él cancelaría su proyecto del doctorado y la beca para quedarse a ayudar en la casa y a Mamá Gumita. Rodolfo y yo le contestamos que no cancelara nada, que siguiera con sus planes en París, que yo me quedaba en Monterrey con Rodolfo en el negocio familiar (una empresa de representaciones comerciales de mi padre).  

De ese tamaño era la capacidad de sacrificio y disposición a poner a la familia primero que a cualquier otra cosa. Al fin, en contra de su instinto profundo de hermano mayor, Roberto aceptó irse a Francia. 

De ahí en adelante, Roberto forjó con su esfuerzo y tesón una brillante carrera profesional como abogado y catedrático: socio del despacho Appleton Luff Legal Lawyers, profesor en El Colegio de Europa, asesor legal del Departamento de Comercio de Estados Unidos, entre otras cosas; lo digo con orgullo de hermano aun sabiendo que a él no le gustaba presumir sus títulos. Pueden ver su perfil profesional en:  

Anna Turek y Roberto Ríos se conocieron en París, se enamoraron y decidieron contraer matrimonio en Polonia para formar ahí su familia, los Ríos Turek. Para Roberto, después de vivir un tiempo en Monterrey, fue un desafío emprender su vida profesional en un país del cual no había aprendido más que algunas palabras del idioma polaco y que, en ese entonces, no era parte de la Unión Europea.  

Casi 40 años después de aquella plática de hermanos, veo en perspectiva que mi hermano, con el apoyo incondicional de su esposa y familia polaca, venció cualquier obstáculo y disfrutó de su familia, el amor de su esposa y el cariño y la lealtad de sus hijos que lo arroparon hasta el final. 

¿Es mucho o poco vivir 66 años? ¿La vida es solamente el tiempo acumulado? ¿Es injusto morir cuando tienes muchos años de vida por delante? No lo sé, la muerte es un misterio indescifrable en manos de Dios.   

Lo que sí sé firmemente es que mi hermano mayor, mi querido Rober, nos deja su lección final: no es el tiempo acumulado lo que vale, sino cómo viviste los años que te tocó andar en el mundo; tu riqueza eres tú mismo y tu familia. 

O como dijo él mismo, menos filosóficamente: cabrón, cuídate mucho, nunca sabes lo que pueda pasar, vive la vida lo mejor que puedas. 

Una tarde del viaje a Polonia, mientras la familia había salido a visitar el centro histórico de Varsovia, Roberto y yo estuvimos en su “cuarto de hospital” en casa tejiendo recuerdos y escuchando canciones.  

Les confieso que, desde antes del viaje, yo sentía ansiedad sobre cómo platicar con él de su enfermedad, de lo que seguía después, etcétera.  

No hubo necesidad de eso: en una de tarde de sol y frío, revivimos las canciones de los grupos de rock viejos que le gustaban, de los discos que Roberto compraba y llevaba a casa cuando niños, de los momentos reverenciales cuando yo escuchaba los LPs con mi hermano en la consola de la casa (el Abbey Road de los Beatles, por supuesto) y lo admiraba porque él ya era grande y yo apenas un niño. 

Fueron horas maravillosas. Cantamos juntos, rememoramos canciones, recordamos a amigos y amigas, a los primos idos, las épocas de nuestras vidas, la familia, en fin, sentí que fluyó un manantial de recuerdos que nos llevó a navegar juntos y a vivir un momento entre hermanos que no habíamos tenido en muchos años.  

Al momento en que Roberto puso el Benedictus, la mística pieza de Karl Jenkins, “bendito el que viene en nombre del señor”, y la cantó él mismo en latín (“escucha, Roge, qué hermosa”) entendí que se estaba despidiendo de la manera más dulce que encontró para mí. 

Descansa en paz, querido hermano mayor. Te queremos tus hermanos y tu familia, tus amigos de México, los de la Prepa 1, tus Lechuzas de Leyes, todos los que coacheaste en Águilas (el Keno), tus amigos abogados de Protexa (Juan Isidoro) y la Udem, todos. Gracias por el amor que nos diste. 

Participan el deceso: 

Familia Ríos Marines 

Familia Ríos Infante 

Familia Demske Ríos

Familia Ríos Turek 

Recibiremos sus mensajes y condolencias para la familia de Roberto en este correo electrónico: 

Rogelio.rios60@gmail.com 

Mensajes por Whatsapp: 

Cel 81 8052 7106 Rogelio Ríos 

 

 

No hay comentarios.:

México, ‘una hoja en la tormenta’

México, como vecino geográfico de los Estados Unidos, no puede escapar a l destino de convivir con un vecino poderoso, inestable y nada  co...