lunes, marzo 11, 2024

A qué le tiras cuando votas mexicano?

 


Por Rogelio Ríos Herrán 

Entregar el voto individual a un candidato o partido político es ceder voluntariamente el poder ciudadano individual a favor de alguien más. 

Con ese voto nuestro en su poder, el candidato o partido político favorecidos se harán cargo no sólo de la administración pública sino de algo más importante: la acción de gobierno, el acto de mandar en nombre de otros, en una palabra, ejercer la representación popular. 

Con ese fin, el candidato y partido político favorecidos actuarán no con cualquier mandato ni con alcances ilimitados, sino con el mandato de ley y apegados a la Constitución y las leyes, a las instituciones políticas y judiciales, al sistema de pesos y contrapesos que conforman a la democracia fundada en el Estado de Derecho. 

Ante la complejidad del asunto y en vista de la ligereza que percibo entre muchos ciudadanos amigos y conocidos sobre sus razones e impulsos para votar, me pregunto, parafraseando al maravilloso cantante Chava Flores, ¿a qué le tiras cuando votas mexicano? 

Una forma concreta de la decadencia de la democracia mexicana (la “frágil democracia”, le llama José Woldenberg) se palpa de inmediato del lado de los ciudadanos, vale decir los votantes: no se informan adecuadamente o de plano no se informan en absoluto y transitan por la vida presumiendo una feliz ignorancia de los asuntos nacionales. 

Además, no ejercitan su capacidad de pensamiento (son “cerebros vírgenes”, decía un buen amigo) ni mucho menos el pensamiento crítico aplicando la suspicacia elemental que debieran mostrar ante cualquier candidato, sus promesas y exageraciones. 

A veces pienso que el abstencionismo no es culpa de la oferta electoral, sino de la demanda ciudadana.  

Al no exigir un estándar cívico y político elevado de los candidatos y partidos políticos en contienda, al no revisar críticamente cómo fue la gestión de tal o cual gobernante (empezando por la presidencia de la república), percibir sus fallas, vicios y virtudes, muchos ciudadanos prefieren no votar y culpan de ello a la clase política. 

Por el lado de quienes acuden a votar, no es difícil percibir que una mayoría, me atrevo a decir, no tiene una idea clara de por quién votar, aunque quieren ejercer su derecho al voto. Al votar, lo hacen en una especie de limbo electoral, esa zona incierta en la cual se ejerce el derecho ciudadano a sufragar, es verdad, pero sin mucha idea de por qué o por quién hacerlo. 

Es un error no votar, pero también es un error votar sin tener una idea cabal de lo que se está haciendo, cumplir por cumplir y a otra cosa, como el acto de ir a misa los domingos y el resto de la semana comportarse como un pecador consumado. 

En el fondo, la sociedad mexicana sigue padeciendo un problema ancestral: la falta de cultura cívica, por un lado; la carencia del impulso por educarse y adquirir una razonable cultura general, por otro lado, que aqueja a muchos mexicanos. 

“¿Por qué queréis que obren bien si los incitáis al mal?”, diría de mi parte parafraseando a Sor Juana Inés de la Cruz. ¿Cómo van los gobernantes a respetar a unos ciudadanos que no se respetan a sí mismos? 

Si los electores mexicanos cambian sus votos por baratijas, ¿para qué esforzarse si con hacer o decir cualquier cosa van a votar de cualquier manera?, pensarán los candidatos. Es como quitarle un dulce a un niño. 

Por eso en cada temporada electoral, en cada oportunidad de votar, me pregunto lo mismo al recordar a Chava Flores: ¿a qué le tiras cuando votas mexicano? 


miércoles, marzo 06, 2024

Elecciones 2024: misioneros y ayatolas del voto


Por Rogelio Ríos Herrán 

“Entre broma y broma la verdad asoma” dice un refrán, al cual acudo para hacer un comentario medio crítico, medio en broma, pero muy cierto, sobre la transfiguración que sufren algunos familiares, amigos y conocidos en época de elecciones presidenciales. 

Los llamaré los “misioneros del voto” porque actúan de buena fe, movidos por su conciencia, aunque al final resultan un poco como como los mosquitos en el oído, un poco molestos, pero nada más. Se puede discutir sabroso con ellos. 

De los que hay que cuidarse es de los otros, “los ayatolas del voto”, quienes no se andan por las ramas, no quieren convencer, sino imponer, y te dan un palo en la cabeza (digital o físico) si les llevas la contraria. 

El típico “misionero” es el familiar o el amigo que, de pronto, en una comida, saca a relucir el tema de las elecciones (“¿y tú por quién vas a votar?”) y antes de que puedas decir la primera palabra de respuesta ya se arrancó con su propia opinión sobre el mejor candidato (el suyo, por supuesto) y la larga lista de defectos del otro candidato (el nuestro, claro está). 

Muy amablemente, con toda gentileza se planta en su trinchera. Ni un paso atrás. A veces, por ejemplo, ante los videos de los hermanos de AMLO recibiendo dinero oscuro en sobres amarillos, titubea un poco, parece estar a punto de conceder, pero se recupera muy pronto y simplemente dice algo como que “eso no es evidencia suficiente” o “el PRI robó más”. 

En el territorio de los chats de WhatsApp, la cuestión es más intensa. Ahí, los misioneros le dan RT a todo lo que les favorece: datos duros sacados de Dios sabe dónde, escritos de columnistas afines al líder y partido gobernante, y la repetición incesante de la narrativa épica de López Obrador. 

Reitero, “el misionero” cree de buena fe en su opción política; reconoce quizá algunas fallas y errores, pero no le parecen suficientes como para caer en el desencanto con su causa. No son personas que reciban beneficios directos desde el gobierno o tengan parientes trabajando en alguna secretaría de estado, nada de eso. 

Por eso, “el misionero” no duda en inundar, literalmente, cualquier chat de WA en el que participa con “información” de corte propagandístico, sesgada, pero que de todas maneras le sirve para hacer presencia en esos foros digitales, hasta que un alma piadosa lo da de baja por engorroso. 

Los que sí me dan mucho pendiente son “los ayatolas del voto”, tipos duros de origen desconocido e incierto que “trolean” ferozmente desde las redes sociales a quien se dedica a criticar al gobierno morenista y al Amado Líder.  

Con ellos no hay concesiones de ninguna especie. Su lenguaje es vulgar y compuesto de cinco insultos por cada palabra regular que pronuncian. Son legiones de individuos o “bots” entrenados y pagados para apabullar a los críticos y a los espacios digitales en donde haya conversaciones críticas al poder. 

No sólo viven “los ayatolas” en el mundo digital. En cualquier marcha en las calles de ciudadanos, ya sea en la CDMX o en cualquier otra ciudad, van a la caza, como infiltrados, de la primera oportunidad para provocar violencia y disturbios. 

Antes les llamábamos “porros” a quienes por dinero o por conveniencia se prestaban a irrumpir violentamente en cualquier marcha o mitin de los “opositores” al gobierno. 

Ahora les llamo “ayatolas” porque, más allá del dinero, su celo ideológico es extremo y los imbuye de una convicción política que se reduce a la visión de “los buenos” (ellos) contra “los malos” (nosotros). 

De “los ayatolas”, que nos libre la Providencia. Me quedo mil veces con “los misioneros”, pues su celo partidista no los lleva a los extremos y permiten todavía la conversación y el intercambio de argumentos sin llegar a la violencia. 

Mi consejo es que trate usted de convivir con los “misioneros” y evite como a la peste a “los ayatolas”, con quienes departir es imposible. Identificar a unos y otros se volverá crucial para crear un entorno sin violencia política en nuestras vidas de aquí al 2 de junio.  

Así que no se enojen con sus amigos “misioneros”, aguántenlos y cuídenlos como a un tesoro: ¡es preferible a que se conviertan en “ayatolas”!

martes, marzo 05, 2024

Por qué voy a votar el 2 de junio?

 


Por Rogelio Ríos Herrán 

Ante la necesidad imperiosa de ganar la elección en la que se compite, aún más fuerte si se trata de la presidencia de la república, los candidatos se enfrentan a un dilema inicial: ¿hay un límite para insultar y atacar al candidato o candidatos oponentes o se vale echar mano de cualquier recurso sin apegarse a la ética y la legalidad? 

En ese sentido, las elecciones y los candidatos en México no son diferentes a los de otros países en los que ganar a costa de lo que sea y sin reparar en escrúpulos es la regla, no la excepción. 

Nada tiene de democrática una elección en la que no sólo el piso está disparejo, sino en la que el comportamiento de todos los participantes es deshonesto y traicionero, hipócrita y desleal.  

Bajo esas circunstancias, la palabra democracia se desvanece y pierde su contenido. Si candidatos sin escrúpulos logran triunfar en una elección dispareja es porque hay ciudadanos sin conciencia ni parámetros éticos que los apoyan. 

La democracia no empieza y termina en las elecciones. No puede existir una nación democrática si los ciudadanos carecen de la cultura política y los valores que nutren al espíritu democrático: respeto a las leyes, a los contendientes y a los votantes, para empezar. 

¿Vive México hoy en una condición de país democrático sólo en las formas, pero no en el contenido? ¿Qué vamos a votar los ciudadanos el próximo 2 de junio: el apoyo a la democracia como farsa o como realidad? 

Me interesa saber si mi voto servirá el 2 de junio para defender o acabar de hundir a la democracia mexicana. Elegir al presidente, gobernadores, alcaldes, diputados y senadores es un ejercicio que demanda el más elevado estándar ético y una concepción elevada de la política por parte tanto de quienes demandan el voto como de quienes lo otorgan. 

De otra manera, lo que hacen los candidatos con nosotros los votantes es simplemente un engaño a través de la manipulación de discursos, promesas y actos de campaña armados para simular que tienen la apariencia de demócratas cuando, en realidad, son antidemocráticos en los hechos. 

Quiero pensar que la democracia en México tiene salvación y que no se tiene que jugar la vida en cada elección y con cada nuevo gobernante y partido político que lo primero que hace -al llegar al poder- es destruir las reglas del juego e instalarse en la antidemocracia. 

Quiero creer que la democracia en México resistirá el embate autoritario y destructor del actual gobierno morenista, más allá de si el 2 de junio haya alternancia en la presidencia de la república o repita el partido en el poder.  

Lo creo porque los excesos autoritarios y destructores de las instituciones y contrapesos son tantos que empiezan a jugar en contra de quien los inició. Tanto cinismo no pasará inadvertido en la sociedad. Tanta corrupción material y del espíritu exhibida día con día por el líder morenista en un lamentable espectáculo matutino ha envenenado a la sociedad, es verdad, pero también a quien lo emite y lo propaga. 

La resistencia ciudadana ha dado sus frutos, las vías judiciales han frenado varias de las locuras presidenciales, la presión externa ha detenido algunos excesos del poder. 

La verdadera defensa de la democracia mexicana reside, sin embargo, en una vía más lenta y que deberá nutrirse generación tras generación: cultivar en nosotros y los descendientes la cultura política de la democracia, educar para ser ciudadanos a plenitud, hacer de los valores cívicos algo así como el pan nuestro de cada día y el agua que tomamos. 

Vamos a dar la batalla en las urnas el 2 de junio con nuestros votos de castigo al autoritarismo y de premio a las opciones de gobierno y proyectos que podrán no ser perfectas, pero serán perfectibles una vez en el poder. 

Reconstruir a México es reconstruir su democracia. 


lunes, marzo 04, 2024

Fuerzas Armadas y candidatos presidenciales


Por Rogelio Ríos Herrán


¿Qué tienen qué decir los candidatos presidenciales sobre la militarización de México? ¿Qué tienen que decir sobre el tipo de ejército, fuerza aérea y marina que la nación mexicana demanda para el siglo 21 y sus retos globales?

Lo que los mexicanos queremos no es que las fuerzas armadas se conviertan en una élite económica con poderes autónomos que la excluyen de ser auditada y vigilada por los poderes judicial y legislativo, en particular sobre el cumplimiento de su deber y récord de derechos humanos.

Para que se enteren los candidatos presidenciales, queremos un Ejército que no se desvíe y degrade en la corrupción al asumir la operación de sectores económicos que no le corresponden. Que no se degrade por la violación constante de los derechos humanos, su elevada letalidad y la aun más elevada opacidad que impide la observación puntual de los poderes públicos y la sociedad.

El reclamo se extiende a la Marina y la Fuerza Aérea mexicanas, en particular por su aversión al escrutinio público que nos impide saber exactamente la eficiencia y resultados de su operación.

La militarización de México empezó desde gobiernos anteriores, pero ha sido con el presidente López Obrador que la tendencia alcanzó su punto máximo, a pesar de que la postura pública de él durante su larga trayectoria como opositor era la de oponerse a la militarización, un extenso reclamo compartido también por la sociedad mexicana.

Hasta qué punto tienen amarradas las manos los candidatos presidenciales con el tema de la militarización, no lo sabemos. La reversión de la entrega de poderes económicos, políticos y una total autonomía de facto a las Fuerzas Armadas no se reduce a la simple acción de “regresar a los soldados a sus cuarteles”.

La desmilitarización del gobierno mexicano requerirá años de transformación de una burocracia y élite militar poderosa -que pesa como factor político para la sucesión presidencial- en un cuerpo militar moderno, ágil, compacto y adecuado para el combate a desafíos globales, como el cambio climático y la ciberseguridad.

Empecemos con lo obvio: ¿qué va a hacer la candidata o candidato ganador con la carga económica y burocrática de la existencia de tantos generales para tan pocos soldados?

Víctor Antonio Hernández Ojeda escribió una tesis de maestría muy interesante: “The self-government of the Mexican Armed Forces: The Political Rise of the Mexican Army During the War on Drugs (2006-2023)”, sin fecha, para obtener su maestría (MA in Intelligence and International Security) en el King’s College de Londres, bajo la supervisión de la doctora Eleonora Nataly.

En su tesis, Hernández aborda una situación que los mexicanos solemos describir como “hay más generales que tropa”, lo cual decimos cuando en una organización todo mundo quiere ser jefe y nadie quiere ser parte de la tropa.

Desde la llegada de Miguel Alemán a la presidencia de la república en 1946, al entregarle el poder el general Manuel Ávila Camacho, ningún militar volvió a llegar a la presidencia y comenzó a partir de ahí lo que se consideró un “pacto” (informal y no escrito), según el cual se permitiría “la transformación del ejército de una élite política a una económica”.

En otras palabras, los civiles dejaron a los militares en paz, en su mundo aparte, con tal de que no intentaran incursionar de nuevo en la política. 

¿Cómo se logró esto? Con autonomía administrativa, casi nula supervisión legislativa y permitiendo dejar a un general (no a un civil, como en otros países) al frente de la Secretaría de la Defensa Nacional.

Según la investigación realizada por Hernández, desde la adopción de ese “pacto”, el Ejército ha tenido al menos a 500 generales en su nómina en cualquier momento determinado. 

En el presupuesto federal para 2023 se contempló en el “payroll” de la Sedena a 557 generales: uno de cuatro estrellas (el Secretario de Defensa), 45 generales de división (tres estrellas), 186 generales de brigada (dos estrellas) y 325 brigadieres (una estrella). 

El total de soldados del Ejército y la Fuerza Aérea (la Marina es una secretaría aparte) para ese año sumaba 272 mil 233, por lo que la razón es de un general por cada 488 soldados.

Para la Marina, Hernández nos dice que en ese presupuesto federal de 2023 se contemplaba a 387 almirantes: un almirante secretario de Marina, cuatro estrellas; 30 almirantes, tres estrellas; 102 vicealmirantes, dos estrellas; 251 contraalmirantes, una estrella. La razón es de un almirante por cada 211 marinos.

“No hay una razón operativa para mantener en la nómina un exorbitante número de comandantes para una fuerza tan pequeña”, concluye Hernández.

Vaya desafío para el siguiente gobierno civil: ¿de qué manera revertir la militarización de México sin entrar en conflicto con los militares? ¿Cómo fue que llegamos a este punto crítico bajo el gobierno de López Obrador?

Rogelio.rios60@gmail.com

 

domingo, marzo 03, 2024

¿Qué dirán los candidatos presidenciales sobre la corrupción del gobierno de AMLO?


 

Por Rogelio Ríos Herrán


Desde hace tiempo, no se me quita de la cabeza la convicción de que es la lucha contra la corrupción del gobierno de López Obrador la mejor bandera electoral que puede tener cualquiera de los candidatos de oposición (Xóchitl Gálvez o Jorge Álvarez, además de la piedra en el zapato de la candidata del partido oficialista (Claudia Sheinbaum, MORENA y coaligados).

Si fuera posible reducir las campañas a un tema o “issue” solamente, no dudaría en proponer que fuera luchar contra “la corrupción vigente”, tal como Mauricio Merino denomina en un análisis reciente al grave fallo en la lucha contra la corrupción del gobierno de AMLO (en el capítulo sexto del libro coordinado por Ricardo Becerra “El daño está hecho. Balance y Políticas para la Reconstrucción”, México: Libros Grano de Sal, 2024, 307 pp.).

No se trata únicamente de los escándalos de sobornos, contratos o enriquecimiento súbito e inexplicable de personajes del gobierno de AMLO o el partido oficial, sino de algo más grave.

Merino lo señala puntualmente: “La corrupción no sólo sigue vigente en México, sino que los medios jurídicos y administrativos que nos dimos para combatirla han sido desdeñados y bloqueados. Una mirada agria sobre estos hechos podría llegar a concluir que el gobierno no quiso evitar la captura del Estado ni cancelar los abusos cometidos por los servidores públicos para hacerse de dinero o poder, sino que, por el contrario, al minar sus propias capacidades para prevenir, disuadir y castigar esas conductas, contribuyó a acrecentarlas bajo el supuesto de que sólo así podrían llegar ´los buenos y los leales’ a los puestos públicos y el presupuesto podría asignarse, libremente, a los programas y las obras elegidas por el presidente.”

¿A qué se refiere Merino con la frase “la captura del Estado”? A una situación de la mayor gravedad derivada del criterio de selección de funcionarios que el presidente López Obrador anunció desde el principio de su gobierno: noventa por ciento lealtad y diez por ciento capacidad, criterio que abrió la puerta a la utilización del aparato de gobierno para el lucro personal y partidista.

Bajo tal perspectiva, Merino cita informes elaborados por el Sistema Nacional Anticorrupción (SNA) que se refieren a “la fragmentación de las instituciones encargadas de evitar la captura del Estado.”

Merino (quien preside el Instituto de Investigación en Rendición de Cuentas y Combate a la Corrupción de la Universidad de Guadalajara) afirma que “la tesis fundamental de ese mirador institucional (el SNA) sostiene que el origen de la corrupción está en la captura de las instituciones del Estado para utilizarlas con propósitos excluyentes y para conservar o incrementar el poder de un grupo sobre otros, ya sea con fines políticos o económicos o ambos.”

Agrega el investigador que “este fenómeno connota la apropiación abusiva de decisiones y procesos administrativos, deliberadamente desviados de los fines para los que fueron creados… la corrupción se refiere a todo aquello que, mediante la captura, se vicia -se daña, se pervierte, se pudre, se echa a perder- en demérito de su naturaleza original.”

Como se ve, el problema de fondo del gobierno de López Obrador no es que aparezcan por aquí o por allá casos de corrupción de funcionarios o familiares, situaciones que han estado presentes en gobiernos anteriores.

Lo grave del actual gobierno morenista es que ha erosionado o destruido los organismos y las leyes que dieron vida en México al mejor aparato anticorrupción que se pudo construir en décadas, lejos de ser perfecto, pero que es el único arsenal con que contamos los ciudadanos para señalar la corrupción y pedir la rendición de cuentas al gobierno. 

“A diferencia de sexenios anteriores”, agrega Merino, “en el gobierno actual se han desconocido deliberadamente los modestos avances que se tenían para combatir ese fenómeno (la corrupción) profundamente arraigado en la cultura política del país y se ha intentado derrotar y eliminar a las instituciones autónomas encargadas de hacer valer una política anticorrupción completa y bien articulada. En dos palabras: no sólo se ha mantenido el virus, sino que se han tirado las vacunas.”

La gran batalla contra la corrupción en México la han dado los ciudadanos activos, las organizaciones de la sociedad civil y el periodismo de investigación de los medios críticos nacionales e internacionales desde hace décadas. Ellos son la última línea de resistencia en contra de la captura total del Estado (al estilo Venezuela o Nicaragua) del gobierno de López Obrador.

Como ciudadanos, hay que prepararnos para lo que viene durante la campaña electoral y después, una vez formado el próximo gobierno. Hablo de preparar la resistencia, como lo sugiere la activista ciudadana Aixa García (@aicha13410), quien ya vivió una situación parecida en Venezuela.

Merino (doctor en ciencia política por la Universidad Complutense) no es optimista, pero creo que recoge un sentimiento de realismo presente en muchos mexicanos: “es evidente que todos esos esfuerzos (la lucha ciudadana contra la corrupción) han sido superados por las decisiones tomadas desde la presidencia de la República, que una y otra vez ha desdeñado, difamado, boicoteado y lastimado a las instituciones con las que quisimos, en buena lid, erradicar la corrupción de México. En efecto, el daño ya está hecho.”

Ante esta afirmación, reitero la pregunta: ¿Qué dirán los candidatos presidenciales sobre la corrupción del gobierno de AMLO?

Rogelio.rios60@gmail.com

sábado, marzo 02, 2024

¿A qué le tira Jorge Álvarez Máynez con su candidatura presidencial?

 


Por Rogelio Ríos Herrán


De entrada, nunca he estado en desacuerdo con que en cualquier elección presidencial compitan las candidaturas necesarias para asegurar que la diversidad de la población mexicana se vea reflejada en ellas.

Ese criterio lo aplico según las circunstancias particulares de cada elección general, por ejemplo, si hay o no en el país una crisis económica o de inseguridad, si se escucha desde el poder a todos los actores políticos y, sobre todo, si los terceros o cuartos candidatos proponen, además de romper el bipartidismo, terceras vías reales a la solución de los problemas.

En el caso de Movimiento Ciudadano (MC) y la elección próxima no veo hasta el momento, sin embargo, en qué consiste su propuesta de tercera vía, más allá de eslóganes y frases propias de campañas electorales. 

Más que un tercer posicionamiento político ante los problemas del país, MC parece moverse guiado por estrategias de sobrevivencia electoral en busca de mantener o ganar posiciones en el Congreso y el Senado. Dante Delgado, la “master mind” de MC, se maneja muy bien en ese terreno.

Bajo esas circunstancias, ¿a qué le tira Jorge Álvarez con su candidatura presidencial? ¿A jugar la estrategia ideada por Dante Delgado, su mecenas político, o a intentar genuinamente constituirse como el candidato de los jóvenes mexicanos? ¿A restarle votos a Xóchitl Gálvez en favor de Claudia Sheinbaum?

Así como el inicio de las campañas electorales pone a prueba la capacidad de Claudia Sheinbaum de distanciarse y diferenciarse del presidente López Obrador (su mecenas político), Jorge Álvarez tiene ante sí el desafío de distanciarse de Dante Delgado para probar su autonomía y libertad de criterio propio.

Jorge es, además, el único candidato masculino en esta contienda electoral La expectativa de los electores ante la posibilidad de elegir por primera vez a una mujer para la presidencia de la república (Claudia o Xóchitl) supera por mucho la expectativa de elegir al que sería, a sus 38 años, el presidente más joven de México, si Álvarez Máynez ganara.

No olvidemos que “el voto machista”, por llamarlo de alguna manera, de aquellos votantes que se niegan a sufragar por una mujer (cualquiera que sea su partido político) podría jugar a favor de Jorge Álvarez, aunque él mismo no se presenta como un macho mexicano, sino como un hombre joven de mentalidad moderna.

¿El episodio de la borrachera en un estadio de futbol en Monterrey junto al gobernador nuevoleonés Samuel García? Por supuesto que fue lamentable y casi destruye sus expectativas, Pero lo que desde mi generación puede verse como una falta inexcusable, para los más jóvenes no pasa de ser una ocurrencia de Jorge, una “peda” muy parecida y cercana a las de tantos chavos cada fin de semana, a la cual no dan mayor relevancia.

En Lagos de Moreno, Jalisco, un municipio de los más inseguros en el país, en el acto de arranque de su campaña ante unas tres mil personas en la plaza de armas, Jorge dijo que “nadie me obligó a ser candidato, nosotros estamos para devolverle a las personas el derecho a la felicidad, la paz, a los buenos gobiernos”. 

Desde un bajo porcentaje de la intención de voto (5 por ciento aproximadamente) Jorge insistió en que le dará la vuelta al tablero y remontará en 90 días la distancia ante sus candidatas contrincantes para ganar la elección.

Ante la ausencia de candidatos independientes, en la elección general de 2024 tenemos únicamente candidaturas de partidos. Claudia, Jorge y Xóchitl están “amarraditos”, de varias maneras y grados, a sus maquinarias de partido y mecenas políticos. 

Para mí, el chiste será ver quien de los candidatos se puede “desamarrar” más. Por lo pronto, buena suerte, Jorge Álvarez Máynez.

Rogelio.rios60@gmail.com

viernes, marzo 01, 2024

Elección 2024: ‘sombras nada más’

 


Por Rogelio Ríos Herrán 

Desde el 1 de marzo inician formalmente las campañas electorales para puestos de elección popular a nivel federal, entre los cuales destaca naturalmente la anhelada, para muchos políticos, presidencia de la República. Buena suerte a los candidatos participantes. 

Todos los participantes van a necesitar, sin embargo, algo más que la buena fortuna: Un simple ejercicio de extrapolación de la violencia contra candidatos, acusaciones de financiamientos ilícitos, desdén por la ley electoral de gobernantes y partidos políticos y elevado abstencionismo ocurridos en la elección intermedia de 2021 nos permite prever que dichas tendencias continuarán y se incrementarán en la elección general de junio próximo. 

Me he preguntado antes en este mismo espacio de opinión si no vivimos acaso un “replay” de 1994, el año más violento y desconcertante (exceptuando el de 1968) del México posterior a la Segunda Guerra Mundial. 

No tengo la respuesta, lo confieso, pero hay nubes y sombras en el horizonte (“Sombras nada más”, como cantaba Javier Solís) que presagian un año electoral igual de violento: Les comento algunas de ellas: 

  1. De entrada, el presidente López Obrador no suspenderá sus conferencias de prensa matutinas, lo cual le asegura la utilización continua de ese foro de propaganda gubernamental como un instrumento para la injerencia en las campañas electorales. Nadie ha podido detenerlo hasta el momento. Mucho menos lo hará el actual INE de Guadalupe Taddei. No hubo en el presidente un último escrúpulo ético que lo frenara, tal vez era mucho esperar de él. 

  2. En regiones de los estados de Guerrero, Michoacán, Oaxaca y Chiapas habrá una elevada probabilidad de que no se instalen casillas electorales, los candidatos no puedan hacer campañas o los votantes no se sientan seguros para salir a votar, según un informe de la Comisión de Capacitación Electoral del Instituto Nacional Electoral. 

  3. Los candidatos de todos los partidos políticos enfrentarán un elevado riesgo de atentados criminales: hubo en 2021 más de 782 ataques contra políticos y al menos 35 aspirantes a cargos públicos fueron asesinados, según datos del Seminario Violencia y Paz de El Colegio de México: “este tipo de eventos son muy duros para nuestra democracia, pues indican que la lucha por el poder no sólo se resuelve en las urnas, sino que está resolviéndose cada vez más a balazos”, se afirma en el estudio “Urnas y Tumbas” recientemente presentado. 

  4. El dinero de procedencia ilícita, un viejo protagonista de la política mexicana, seguirá presente en la próxima elección. Desde el exterior se ha advertido en pasadas ocasiones en informes anuales de la DEA y el Departamento del Tesoro de Estados Unidos que ha circulado dinero del crimen organizado, en cantidades de miles de millones de dólares, en las campañas electorales en México, vicio que afecta directa o indirectamente a candidatos de todos los partidos políticos. 

  5. Por último, pero no menos importante, la erosión constante de las instituciones políticas, tribunales, y de los organismos autónomos por parte del gobierno de López Obrador nos ha colocado en el 2024 en el punto en el que “los contrapesos tienen cada vez menos peso”, como me dijera el buen amigo Dr. Jorge Calles Santillana (profesor e investigador de la BUAP). Entonces, ¿Cómo vigilar y llevar a buen término una elección tan importante como la que viene cuando la división de poderes está hecha añicos por las acciones del actual gobierno? 

Por más tentador que parezca a muchos ciudadanos, ignorar o desdeñar las campañas electorales no es la respuesta adecuada. Ni modo, a hacer de tripas corazón, como dice el refrán, y a prestar atención a lo que dice y hace cada candidato aspirante a la presidencia, al Congreso y al Senado en los distritos electorales que nos corresponden. 

De entre el ruido, las fanfarrias y los fuegos artificiales podremos distinguir, como veteranos de muchas elecciones que somos los de mi generación (60+), lo esencial e importante de los mensajes y, por otro lado, las personalidades, virtudes y defectos de quienes pretenden gobernarnos. 

Ésta es la época del año, amigos electores, en la que nos van a cortejar. Vamos a vender caro nuestro cariño con nuestros votos, no sean chicos y chicas fáciles, ¿les parece bien? 

¡Qué pena con el INE!

¿Habrá tiempo para detener la degradación del INE y volver a confiar en él? ¿O terminaremos viendo en 2027 el fin de las elecciones confiabl...