jueves, abril 18, 2013

El pequeño Richard

Por Rogelio Ríos Herrán
 
No encuentro otro punto de partida más relevante para abordar los bombazos del Maratón de Boston que el de la muerte de Richard Martin, un niño de 8 años quien junto con sus padres y su hermana de seis años (quien a su vez perdió una pierna, además de que su madre sufrió heridas graves) acudió a ver y disfrutar del gran evento anual de los bostonianos.
El pequeño Richard, según los vecinos y sus compañeros de escuela, en donde cursaba el tercer año, como cualquier niño de su edad jugaba y se divertía en el patio de su casa; así es como se le recuerda, como parte de una familia muy unida.
Su padre, al presentarse ante los medios de comunicación, expresó a nombre de su familia palabras muy conmovedoras: “Mi esposa y mi hija se están recuperando de lesiones graves. Damos gracias a nuestros familiares y amigos, por sus pensamientos y oraciones. Les pido que sigan orando por mi familia mientras recordamos a Martin”.
Guardo aún el recuerdo del testimonio del padre de uno de los niños asesinados en Newton, con palabras sentidas que parten el alma, sobre la inocencia de sus hijos, su niñez cortada de tajo, pero, ante todo, sobre la necesidad de seguir adelante con el resto de la familia. No queda mucho tiempo para el duelo, sólo la búsqueda de pronta resignación, pues la vida, implacable, sigue adelante.
No es posible pasar por alto que, al final, no importa la causa por la que se lleven a cabo acciones de violencia, las víctimas son personas y niños que tenían derecho a seguir adelante con sus vidas, a llenar de plenitud sus existencias, a tener hijos a su vez y formar familias o a vivir como individuos en una comunidad pacífica.
Nadie, absolutamente nadie tiene ningún derecho de cualquier especie para cortar de tajo al pequeño Richard cuando a sus ocho años apenas descubría el mundo, del cual conoció el lunes 18 de abril su cara fatídica.
Falló el Gobierno estadounidense al no protegerlo, es verdad, pero quizá falló en mayor medida una sociedad en cuyo seno abrevan fuerzas extremistas, grupos violentos y ciegos ante cualquier escrúpulo de humanidad, insensibles al dolor ajeno.
Los grandes debates políticos de hoy en Estados Unidos, sobre el control de armas y sobre la reforma migratoria, se ven cruzados por opiniones extremas que pretenden cerrar la puerta, en nombre de supuestos derechos inalienables, a la tolerancia y al control de los impulsos violentos que anidan en muchas personas, quienes no dudan en recurrir a la violencia contra ciudadanos inocentes y vulnerables para imponer sus puntos de vista.
Para mí, la respuesta precisa a los sucesos trágicos del Maratón de Boston en este 2013 no puede ser otra que capturar y enjuiciar a los responsables de los bombazos en donde murió el niño Richard, dos adultos más y hubo casi dos centenares de heridos graves, muchos de ellos con pérdida de piernas y brazos.
Hablo de Richard Martin en particular porque él encarna la fragilidad que ahora parece vivir el niño estadounidense en una sociedad en donde la casi libre circulación de armas, carente de controles rigurosos, se junta con la expresión igualmente ilimitada de las opiniones más diversas, extremas y disparatadas, pero que se ponen en práctica con letal efectividad. Recordemos a Newtown.
Me quedo con su sonrisa y su gorra de beisbolista para no olvidar jamás que ningún análisis de la situación contemporánea del país en donde vivió brevemente el niño Martin debe tener ya otro punto de partida que el de las víctimas que, como él y sus familias, quedan a la espera de justicia.
Para ellos, fortaleza para seguir con sus vidas. Para el Gobierno y la sociedad americanos, la responsabilidad de hacerles sentir a ellos y a la sociedad toda que de ésta y cualquier acción violenta sus responsables serán llevados ante la justicia a responder por ello. Además, que las instituciones harán todo lo posible para que las leyes se apliquen y se aplaque la violencia que parece desbordarse en sus ciudades y comunidades.
Es cuestión de dignidad.

miércoles, marzo 20, 2013

Ansiedad por las reformas

Fuente: www.losbloguitos.com


Por Rogelio Ríos Herrán

En estos momentos se discute en el Congreso federal el proyecto de reformas a las telecomunicaciones mexicanas que ha creado grandes expectativas en la opinión pública respecto a que, al fin, serán metidas en cintura y puestas de nuevo bajo la rectoría del Estado las grandes empresas de comunicaciones que todos conocemos y que han incurrido en prácticas monopólicas que todos hemos padecido.

Una reforma laboral, al final del anterior sexenio, y otra educativa, al arranque del actual del Presidente Peña Nieto, fueron deliberadas y aprobadas por las cámaras legislativas con el beneplácito de la sociedad porque ¿quién en su sano juicio puede oponerse a la modernización de México vía las reformas?

Nadie, por supuesto. Pero de ese deseo común de todos los mexicanos por destrabar los nudos que nos impiden avanzar por el camino del desarrollo vía las reformas, a la aprobación del Legislativo y a su implementación concreta, hay un largo trecho por recorrer.

Se entiende que en el ánimo del nuevo Gobierno hay un prurito por borrar la huella del anterior y establecer su marca propia, eso es natural y hasta encomiable en todo nuevo grupo gobernante que quiere gobernar de manera distinta a sus antecesores.

Qué bueno que hay ese impulso de cambio, de transformación. Además, qué bien que se sacuda la parsimonia legislativa con iniciativas de ley y reformas a las existentes que de veras prometen ir al fondo de las cosas, que buscan soluciones estructurales a los problemas nacionales que nos ahogan, como en el caso de las telecomunicaciones.

Pero de ahí a considerar que el reformismo, por sí sólo, impulsará el cambio en México, es otra cosa completamente diferente. Es como seguir apegados a la noción tradicional, muy mexicana, de que cambiando la ley se cambia la realidad, que la letra de una ley es sagrada y que su mera existencia en un documento es suficiente para que influya y modifique a la realidad.

No solamente hay grandes intereses creados en todas y cada una de las áreas de la economía y la política mexicanas que se resistirán al cambio, también hay un grave problema, digamos, de inercia y “tradición”: un aparato de gobierno impermeable a los cambios, una burocracia que difícilmente –incluso bajo coerción- variará su rumbo, y una cultura política en la que todavía predominan valores absolutamente antidemocráticos: autoritarismo, clientelismo, corrupción simple y llana, “transas” al por mayor, que no se va a acabar de la noche a la mañana como por arte de magia de una reforma.

Si bien las discusiones en el Congreso y el Senado llaman poderosamente la atención mediática y alimentan la ansiedad de la opinión pública sobre el advenimiento del cambio tan anhelado, será en otro terreno en donde se decidirá el destino de cada una de las relumbrantes reformas que se van aprobando una tras otra en una marcha implacable de la Historia, así con mayúscula, y que nos dan la sensación de vivir un gran momento histórico; será en el terreno, reiteramos, de la realidad mexicana en donde se pondrán a prueba realmente la voluntad y la capacidad de cambio del nuevo Gobierno de Peña Nieto.

Ahí, en ese suelo de lo real y concreto -en donde todo finalmente se estrella o se renueva- se dará o no el gran cambio de México. Ojalá que éste sí sea nuestro momento histórico, uno que recordemos en el futuro como de grandes logros, pero no echemos desde ahorita las campanas al vuelo: falta mucho por hacer desde la base de la pirámide.

rogelio.rios60@gmail.com

lunes, marzo 11, 2013

Un nuevo Papa ¿en español?




 

Por Rogelio Ríos Herrán


Que el mundo se mantenga en vilo, no sólo entre la población que profesa el catolicismo, respecto al inicio del Cónclave vaticano del cual surgirá el nuevo Papa que suceda a Benedicto XVI, es una muestra del peso continuo de la Iglesia católica y su representante terrenal, el Estado del Vaticano, en el escenario político internacional.

Brasil y México, en América Latina, las naciones con mayor población católica del continente, siguen con ansiedad la posibilidad de que entre los Papabili se destaque la figura de algún cardenal latinoamericano, entre ellos, el argentino Bergoglio o el brasileño Scherer, incluso el cardenal mexicano Francisco Robles Ortega, quien ha sido mencionado entre los posibles sucesores de San Pedro.

No es una ansiedad que se limite a la esfera espiritual; por el contrario, sus repercusiones políticas terrenales nos llevan al terreno de los escenarios posibles que se abrirían si la elección de un nuevo Papa recae en una figura europea, latinoamericana, asiática o africana.

Es una tendencia conocida que el crecimiento de la población católica se da en países de economías emergentes, mientras que en los países desarrollados sucede lo contrario, ligado además con sus tendencias poblacionales estancadas o decrecientes y el envejecimiento de sus poblaciones.

La sangre joven del catolicismo se encuentra en América Latina, en algunos países africanos o en las densamente pobladas Filipinas en donde destaca la carismática figura del Cardenal Luis Antonio Tagle.

Cifras recientes difundidas por El Vaticano indican que la población católica a nivel mundial creció en 1.3 por ciento entre 2009 y 2010, al pasar de mil 181 millones a mil 196 millones de católicos, de acuerdo con el Anuario Pontificio 2012 que recogió cifras de las 2 mil 966 circunscripciones con que cuenta la Iglesia católica, según la agencia EFE.

El 28 por ciento de la población católica mundial corresponde a América del Sur, mientras que Europa sigue viendo una declinación que la lleva al 23 por ciento.

El nombramiento de 15 prelados nuevos en el Continente Americano en el 2010 ayudó a elevar el número de obispos en el mundo a la cifra de 5 mil 104.

Filipinas cuenta con 72 millones de católicos aproximadamente, lo que la coloca sólo después de Brasil y México como los países con mayor población católica y ciertamente como el país de Asia con mayor número de creyentes católicos, según datos de Wikipedia (ver como Iglesia católica en Filipinas).

Tres países en desarrollo aportan un gran número de católicos en el mundo, pero se trata de naciones que no son grandes potencias, ni mucho menos, en la arena internacional. Muy probablemente no verán reflejados sus anhelos -a pesar de tener candidatos idóneos al Pontificado- de contar en El Vaticano con un Papa de los suyos, uno que refleje las nuevas realidades de la distribución geográfica de la Iglesia católica.

En cualquier caso, sea que resulte un Papa italiano, como se espera, o procedente de Europa en general, la tarea del nuevo Pontífice será en buena medida la de integrar a los católicos brasileños, mexicanos y filipinos en una Iglesia de la cual se sientan verdaderamente parte de ella, en la cual su voz y su voto sea atendido y escuchado, y que dé respuesta a las inquietudes y cuestionamientos de sus millones de católicos jóvenes latinoamericanos y asiáticos que tienen muchas cosas que preguntarle al Papa sobre los problemas que afectan sus formas de vida.

Veremos entonces si el humo blanco que señale al nuevo Pontífice será uno que anuncie a un Papa que hable español, portugués o tagalo, uno que provenga del tercer mundo, un Papa del siglo 21.

 

martes, diciembre 18, 2012

De periodista a periodista




Por Rogelio Ríos Herrán

Aunque no lo conozco ni había leído algo anteriormente del autor británico-canadiense Tom Rachman (nacido en 1974), me llamó poderosamente la atención el librito que vi en el exhibidor de una librería Barnes & Noble en San Antonio, Texas por su sugerente título, "The Imperfectionists", y por el todavía más sugerente hecho de que quien lo escribió es un periodista que habla sobre el medio periodístico, además de que es su primera novela publicada.

Qué grata coincidencia, pensé, con mis propias cavilaciones sobre lo que es una redacción de periódico, su ambiente, sus personajes y vida propia, especialmente, cuando alguna noticia fuerte electriza literalmente el ambiente y a las personas. No hay otro lugar en el mundo como estar en una redacción (“newsroom”, le llaman los angloparlantes) cuando hay una nota muy impactante en desarrollo: se puede cortar el aire denso y magnetizado de la adrenalina con un cuchillo.

En todo eso he pensado en los últimos años, trabajar como editor (en el “copydesk”, diría Rachman) en un periódico ha sido mi oficio durante casi 15 años, así que comprenderán ustedes por qué de inmediato me atrajo la lectura de la obra de este muy joven escritor que fue corresponsal extranjero para la Associated Press asignado a Roma (el escenario de la trama de la novela) y posteriormente trabajó en París como editor para el International Herald Tribune.

Rachman es entonces un colega para mí, un compañero de edición, alguien que habla el mismo idioma. Tal vez por ello me pareció como si la descripción aguda, irónica y fina que hace de sus personajes y sus funciones, de esa mezcla inevitable de trabajo y vida, o más bien –como todo periodista fogueado sabe- de la rendición completa de la vida personal en aras del oficio, la hubiera escrito no en Londres y recordando quizá sus años en Roma, sino en Monterrey, México, y pensando en el periódico en donde yo trabajo. Así de fieles son sus retratos, así de universal es el oficio de periodista.

Resulta entrañable su relato en cuanto es algo cercano y palpable en mi experiencia inmediata, pero creo además que incluso si el lector que emprende la travesía por The Imperfectionists es ajeno por completo al mundillo periodístico disfrutará por igual la prosa en inglés de dibujante fino de Rachman y le resultará una revelación descubrir a los periodistas de carne y hueso, sus motivaciones, sus afanes y entorno.

En particular, la ambientación de la novela entre el presente y el pasado, entre la fundación del periódico al que él se refiere y su inminente cierre, nos da el contexto real y claro de la incertidumbre en que vive hoy la industria editorial cuando transcurre por una profunda transformación, una que seguramente la sacudirá desde sus fundamentos y hará que se transforme por completo: el paso a la era digital, el adiós a las prensas, el fin de la era del papel.

Cualquiera puede entender ese dilema, con o sin formación de periodista, y Rachman es particularmente incisivo en este punto: qué van a hacer los periodistas, los de carne y hueso, los cuarentones y cincuentones, los de la vieja escuela que no puedan o no quieran adaptarse al periodismo digital; cómo van a seguir ejerciendo un oficio que los abandona día a día para entrar a una nueva etapa en donde las cosas se hacen de manera diferente y todo lo que se sabía con anterioridad, los años de fogueo y experiencia, ya casi no sirven de nada a los ojos de los nuevos “managers” de los medios. Es decir, qué van a hacer los “imperfeccionistas” si su vida entera es el periodismo.

Este fragmento aborda, por ejemplo, ese tema con elocuencia, lo transcribo en inglés:

2004. Otto Group Headquarters, Atlanta

Newspapers were spiraling downward.

Competing entertainments abounded, from cellphones to videogames, from social-networking sites to online porn. Technology was not merely luring readers; it was changing them. Full printed pages didn’t fit onto monitors, so portion size shrank, dicing news into ever-smaller morsels. Instant updates on the Internet bred contemp for day-old headlines in ink. Even the habit of exchanging money for information dwindled-online, payment was merely an option.

As readership plummeted, advertisers fled and losses mounted. But, doggedly, the pay-per-view papers kept at it. They made their daily judgments, produced their digests of the world, laid them out across pages, printed tonight and delivered tomorrow, to be flapped open before bleary breakfast eyes. Fewer eyes, each day.

No sé qué más vaya a escribir Rachman en el futuro, él es un periodista y escritor joven (ver tomrachman.com, su site) así que seguramente nos dará futuras entregas en forma de novelas, además de su trabajo periodístico. Pero en "The Imperfectionists" debutó como novelista con el pie derecho, como se dice, y logró finalmente tender el puente, lograr la comunicación, atrapar al lector -a este lector- como es el sueño de todo periodista, sea reportero, editor o columnista, corrector o redactor. Bien hecho, Tom, colega, por hablarnos de periodista a periodista.

Rachman, Tom. The Imperfectionists. New York: Dial Press Trade Paperbacks, 2010, 281 pp.

rogelio.rios60@gmail.com

Tom Rachman



lunes, noviembre 12, 2012

Va de nuevo: reforma migratoria en EU

 Por Rogelio Ríos Herrán

El anuncio el domingo 11 de Noviembre de la elaboración de un anteproyecto de reforma migratoria por parte de un Senador demócrata, Chuck Schumer (por Nueva York), y un republicano, Lindsay Graham (por Carolina del Sur) , abre, por lo menos, una puerta a la esperanza de unos 11 millones de inmigrantes indocumentados en Estados Unidos, entre ellos unos 6 ó 7 millones de mexicanos.

Puede ser que, ahora sí, con un segundo periodo de gobierno de Barack Obama en puerta, la conjunción de factores políticos sea favorable al tema migratorio, cuya resolución es uno de los grandes asuntos pendientes de la política estadounidense.

El último gran impulso a la reforma migratoria integral que dieron el republicano John McCain y el demócrata Ted Kennedy en el 2006, estuvo muy cerca de ser aprobado en las cámaras legislativas, sólo para extinguirse en el naufragio de las diferencias partidistas que por momentos parecen insalvables en Washington.

Schumer expresó que él y su colega Graham han elaborado un anteproyecto detallado sobre reforma migratoria que tenga “el verdadero potencial para obtener el apoyo bipartidista basado en la teoría de que la mayoría de los estadounidenses están a favor de la inmigración legal, pero la gran mayoría contra la ilegal”.
Graham dijo con toda claridad, como un mensaje a sus compañeros republicanos de partido, que hay “un muro entre la comunidad hispana y el Partido Republicano”, y que “estamos perdiendo sus votos en cada elección”,

“Una cosa es dispararse en el pie; simplemente no hay que volver a cargar el arma. Intento no recargar el arma cuando se trata de hispanos. Intento derribar este muro y aprobar una reforma migratoria que sea una solución estadounidense a un problema estadounidense”, agregó Graham.

Veremos en los detalles que tan extensa o estrecha resultará esta nueva propuesta legislativa, y veremos también su tortuoso camino por las cámaras legislativas, pero por lo pronto es positivo que el tema migratorio reviva de esta manera para intentar posicionarse como prioridad en la agenda pública de nuestros vecinos del norte.
Graham debe saber también que el problema migratorio no es sólo estadounidense, como él dice, sino mexicano, pues la vecindad geográfica es parte integral del flujo migratorio de mexicanos hacia Estados Unidos, por lo cual, simplemente, no nos pueden dejar fuera a los mexicanos de expresar nuestra voz sobre una reforma migratoria, con el debido respeto a la soberanía estadounidense.

A fin de cuentas, es un problema compartido estrechamente sobre bases económicas entre Estados Unidos y México.
La familia de Schumer desciende de inmigrantes europeos de Rusia y Polonia, y él tiene una reputación en el Senado de ser un constructor de consensos en temas espinosos como la reforma de salud, las regulaciones financieras y la inmigración. Actualmente es el presidente del Subcomité de Inmigración, Refugiados y Seguridad Fronteriza.

Graham, por su parte, apoyó extensamente la propuesta McCain-Kennedy en 2006 y colaboró de cerca con el propio Ted, si bien sus posiciones contra la inmigración indocumentada tienen fama de duras, como en la ocasión en que dijo en 2010 que los hijos de los “ilegales” nacidos en hospitales en Estados Unidos debían ser considerados también “ilegales”. Participa, entre otros, en los subcomités de Crimen y Drogas y de Recuperación de Desastres del Senado norteamericano.

Por lo pronto, si bien Schumer y Graham no son McCain y Kennedy, sin embargo, tal vez sean ellos los que puedan lograr lo que los otros no pudieron. Good luck!

rogelio.rios60@gmail.com
skype: rogelior220
 

 

martes, julio 24, 2012

Con espíritu olímpico





Por Rogelio Ríos Herrán
La llegada de los Juegos Olímpicos de Londres 2012 crea grandes expectativas de por lo menos darle un respiro a la Humanidad en su incesante camino plagado de crisis económicas, guerras, matanzas, enfermedades y calentamiento global que la asola.

De la misma manera en que España, al borde hoy de necesitar un rescate de la Unión Europea y sumida en una profunda crisis política por el rompimiento entre gobierno y sociedad a raíz de la implementación de medidas anticrisis extremas, ganó unos días de fiesta en junio con el triunfo de su selección nacional de futbol en la Eurocopa 2012, con una soberbia actuación ante Italia en el partido final, así partió el contingente olímpico mexicano a integrarse a los de muchos otros países en la máxima competencia amateur del mundo para, entre otras cosas, darle una bocanada de aire fresco a un pueblo mexicano agobiado.

Con todo y las reservas que le pongamos a la Olimpiada en cuanto a lo costoso de su organización y a lo inoperante que parece ser el espíritu olímpico de sana competencia incluso en el terreno atlético, pues todo mundo hace lo que sea con tal de ganar, y pese a la participación de deportistas profesionales en ramas deportivas (tenis, futbol) en donde se desempeñan como profesionales, no obstante todo eso, no hay emoción comparable a la de ver arder la llama olímpica, una vez más, en el pebetero del estadio el día de la inauguración.

Cualquiera que sea nuestra pasión deportiva, desde el ciclismo hasta la natación o las carreras de maratón, sabemos como practicantes y observadores de esos deportes que llegar a un nivel olímpico de competencia es una hazaña individual y de equipo, fruto de una trayectoria y una disciplina rigurosa del deportista que deja literalmente la vida en el campo.

Por eso, cuando cada atleta mexicano salga a competir, y no importa qué resultado obtenga (medalla o no), sabemos que representa el México al que aspiramos, un país sano en cuerpo y alma, enfocado, disciplinado y resuelto a dar lo mejor de sí mismo en cada ocasión que se le requiera. Ése ideal es nuestro, esa imagen competitiva nos pertenece y es la que colocamos por encima de cualquier otra que sólo refleje lo negativo y oscuro de nuestra nación.

Ir a Londres, entonces, es un viaje de la ilusión hacia una tierra que se abre cada cuatro años y a la cual los mexicanos acuden con entusiasmo y alegría, con la emoción de sentirse cada uno un competidor olímpico y, los más afortunados, medallistas olímpicos, la gloria máxima a que se puede aspirar en la Tierra.



Desde que por televisión vi la entrada al Estadio Olímpico México 68 del sargento Pedraza con su trote tenaz en la competencia de caminata 20k, cuando estalló en júbilo el estadio entero en apoyo de su guerrero azteca que alcanzaría a subir al podio por su medalla de plata; o cuando el “Tibio” Muñoz ganó su medalla de oro en la competencia en natación estilo pecho, sentí desde niño el orgullo de ser mexicano, compatriota de esos valientes que se ponían al tú por tú con cualquiera otro atleta.

Con esa emoción me quedo y espero con ansiedad la inauguración de los Juegos Olímpicos el viernes 27 de julio para observar una de los mejores rostros del hombre.

¡Más alto, más fuerte, más rápido!

viernes, junio 01, 2012

A un mes...


¡En las calles!


Por Rogelio Ríos Herrán



Cuando falta solamente un mes para la jornada electoral del 1 de julio, y conforme corren los días de junio presurosos a la gran cita electoral de los mexicanos, la irrupción de las protestas estudiantiles y del #YoSoy132 junto con la nueva relación amor-odio que la opinión pública tiene con las encuestas son los dos factores de coyuntura que demandarán seguramente toda nuestra atención como ciudadanos.


Los estudiantes, porque inesperadamente sacudieron la arena electoral con sus críticas al candidato priista Enrique Peña Nieto, primero, y contra las grandes televisoras nacionales Televisa y TV Azteca, en segundo término, para terminar presentando -en el contexto de un movimiento estudiantil más general e incluyente que el que al principio se limitaba a los estudiantes de la Ibero- una serie de demandas que apuntan a la mayor democratización y equidad en el manejo de la información por parte de los medios de comunicación electrónicos e impresos y a defender la libertad de expresión.


Las encuestas, porque se han convertido en las nuevas villanas de la escena electoral al pasar a ser percibidas –quizá injustamente en la mayoría de los casos- por la opinión pública como nada menos que instrumentos de manipulación al servicio de los intereses políticos de partidos, candidatos y lo que ahora se llama ‘poderes fácticos’, los grupos de interés que están atrás de los candidatos.


Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre, reza la conseja popular. Como cualquier instrumento de medición o diagnóstico, una encuesta es tan sólo una fuente de datos a ser interpretada. Todo depende, para seguir con los refranes, del cristal con que se mira. Descalificarlas absolutamente o suscribirlas incondicionalmente no nos lleva a ninguna parte más que al terreno de la confusión ciudadana. Se toman prudentemente como lo que son –un instrumento de medición con sus fallas y reservas-, se usan como referencia y se pasa la hoja, a otra cosa y a considerar otros factores, además de las encuestas, para razonar nuestro voto.


Es muy tentador para analistas y comentaristas reducir la complejidad de la escena electoral a “lo que marcan las encuestas”, a quedarse en interpretaciones ultrasencillas de “las tendencias electorales”, cuando sabemos que, sobre todo en México, las cosas pueden cambiar de un momento a otro por factores imprevistos, desde una crisis financiera del euro en Europa hasta un atentado contra uno de los candidatos.


Igual de tentador resulta para muchos calificar a los estudiantes de jóvenes “manipulados”, “ingenuos”, “alborotadores”, etcétera, en una retahíla de adjetivos calificativos que nos recuerdan –como en 1968- que a la juventud mexicana se le sigue criminalizando simplemente por el hecho de ser jóvenes.


“No saben lo que quieren”, dicen algunos, seguramente porque no han leído esto:


La situación en la que se encuentra México exige que las y los jóvenes tomemos el presente en nuestras manos. Es momento de que luchemos por un cambio en nuestro país, es momento de que pugnemos por un México más libre, más prospero y más justo. Queremos que la situación actual de miseria, desigualdad, pobreza y violencia sea resuelta. Las y los jóvenes de México creemos que el sistema político y económico actual no responde a las demandas de todos los mexicanos. (Primer Comunicado de la Coordinadora del Movimiento Yo Soy 132, 29 de mayo de 2012).


¿Hay ‘primavera mexicana’? Claro que sí y qué bueno por ello. ¿Hay encuestas confiables? Sí las hay, y también de las que se hacen sobre pedido, pues el marketing político es un jugoso mercado al que cada día concurren más y más oferentes y compradores.


¿Va a transformar todo ello de manera radical a la política mexicana? No sé el grado de la transformación, tal vez no termine siendo tan profundo, pero de que habrá cambio, lo habrá y en eso reside lo valioso de todo lo que está pasando en estos días a un mes de la elección presidencial: si las cosas ya no podían seguir igual, mejor que empiecen a cambiar.


Ya basta de ver los toros desde la barrera, ¡bajemos al ruedo!

@rogeliux


rogelio.rios60@gmail.com

Link a #YoSoy132
http://yosoy132.mx/







¡Qué pena con el INE!

¿Habrá tiempo para detener la degradación del INE y volver a confiar en él? ¿O terminaremos viendo en 2027 el fin de las elecciones confiabl...