jueves, mayo 30, 2024

AMLO: contestar los insultos

 

Por Rogelio Ríos Herrán 
Una persona con integridad moral, apegada a principios como el respeto y la tolerancia, y con fuerza de carácter, escuchará estoico los insultos que otra persona, por el motivo que sea, le diga, pero no le contestará con insultos. 
Ése es, digamos, el límite ético reconocido. Claro, nobleza obliga. 
¿Qué pasa, sin embargo, cuando es un gobernante el que insulta a los ciudadanos y, al hacerlo, trasgrede no sólo la ética del servidor público sino la moral propia? 
¿Cómo permanecer estoicos ante las andanadas verbales injuriosas del presidente López Obrador dirigidas contra ciudadanos, activistas y periodistas?  
El insulto más reciente de AMLO fue llamar “traidores a la Patria” a los mexicanos que asistieron, en su derecho legítimo de protesta y con un comportamiento intachable, a la concentración del 19 de mayo de “la marea rosa” en favor de los candidatos de oposición (en particular Xóchitl Gálvez) en el Zócalo de la CDMX y muchas ciudades en el interior. 
Nada más desafortunado para López Obrador que utilizar, de manera equivocada, la acusación de un delito que en el Código Penal Federal se atribuye a quienes auxilian o colaboran con gobiernos extranjeros en insurrecciones armadas (ver artículos 123 y 124). 
Nada tiene eso qué ver con asistir a una reunión ciudadana pacífica, legítima y celebrada en un espacio público abierto a todos los mexicanos, no sólo a los morenistas, como es el Zócalo capitalino. 
Lo de “traidor a la Patria” es parte de un extenso vocabulario de diatribas de AMLO en contra de todos aquellos ciudadanos que no “lo siguen”, como él dice, y del cual le doy apenas unas muestras:  
“Achichincle, aprendiz de carterista, blanquito, canallín, chachalaca, espurio, fichita, fifí, gacetillero vendido, huachicolero, lambiscones, machuchón, maiceado, malandro, matraquero, me da risa, monarca de moronga azul, ñoño, payaso de las cachetadas, piltrafa moral, pirrurris, ponzoñoso, ratero, riquín, señoritingo, sepulcro blanqueado, tapadera, vulgar, zopilote...”. 
La recolección de insultos de López Obrador es obra de Gabriel Zaid (“AMLO poeta”, Letras Libres, 25/06/2018 www.letraslibres.com) quien atinadamente señaló que “las personas que insultan suelen tener un repertorio limitado y repetitivo. No AMLO. Es un artista del insulto, del desprecio, de la descalificación.” 
Vemos así que lo de “traidores a la Patria” es una más de las etiquetas de su catálogo.  
No es leve ni superficial la acusación, no se trata solamente de un temperamento incontrolable, en este caso, equivale a la acusación de un delito grave en contra de cualquier ciudadano. 
¿Qué hacer, entonces, frente a los insultos de López Obrador? 
No sugiero ponerse al tú por tú en una competencia de insultos, por más tentador que es mentarle la madre a AMLO, como muchas personas ya lo hacen libremente en las redes sociales. 
La diferencia de poder entre el presidente y el ciudadano, el inmenso abismo de recursos, policías y fiscales que tiene a la mano López Obrador, la desventaja del pleito, ponen en situación vulnerable a quien responda los insultos presidenciales con insultos personales. 
Además, insultar, aunque sea en defensa propia, habla mal de quien lo hace, pero bien de quien lo ignora. Insultar es rebajarse al nivel del otro y caer por completo en el discurso de odio y violencia del presidente de la república. 
Bien merecida, para muchos, tiene AMLO cada mentada de madre que recibe a gritos en la plaza pública y cada día se oyen más gritos. 
No le concedamos al presidente López Obrador el gozo de hacernos caer en sus redes de odio y atraparnos en el terreno que él quiere: convertirse en el centro de nuestra total atención y voluntad. 
Perder nosotros los estribos respondiendo con una mentada de madre, como he escuchado gritar enojados a algunos amigos, es perder lo más valioso que tenemos, aquello que nos permite ser estoicos ante la furia de un gobernante: la dignidad propia. 
“No se puede contener... AMLO es un poeta del insulto” expresa Zaid. “Arrastrado por la inspiración, seguirá insultando, aunque su incontinencia tenga costos políticos”. 
Sigamos, entonces, un viejo consejo de nuestros padres: no caer en la provocación, pero seguir criticando y marchando en las calles con la frente en alto. 

miércoles, mayo 29, 2024

AMLO no leyó a José Revueltas


Por Rogelio Ríos Herrán 
Por una poderosa transfiguración, Andrés Manuel, el eterno crítico del poder, se volvió, a partir de su llegada a la presidencia de la República en 2018, intolerante a la crítica al poder. 
Después de mí, ya no es legítimo criticar ni a mi gobierno ni a la Cuarta Transformación, habrá pensado él. Después de mí, la intolerancia es la defensa de la revolución. 
“El populismo distorsiona a la democracia porque el líder populista considera tener ‘la interpretación acertada del bien común’ y ser el único representante del pueblo, y esta legitimidad le da, según su visión, el poder para tomar decisiones, aunque estas vayan en contra de la Constitución y el resto de los ordenamientos jurídicos”, escribe María Amparo Casar en la introducción de su obra “Los puntos sobre las íes”. 
Si soy el “único representante del pueblo”, ¿cómo se atreven a criticarme?, pensaría el tabasqueño: la crítica es una impertinencia. 
Durante el ciclo de seis años de gobierno, a punto de cumplirse, Andrés Manuel no tuvo otra tarea cotidiana que desacreditar la crítica al poder calificándola de actitud “conservadora” que sirve a los intereses de “la mafia del poder” despojada de sus privilegios. 
Los críticos, por tanto, son contrarrevolucionarios. Sus críticas son solamente un velo que trata de ocultar los intereses de los poderes fácticos que intentan recuperar el poder perdido. 
La narrativa del revolucionario enfrascado en una lucha existencial que no cesa con la captura del poder, sino que exige su posesión permanente, es lo que lo anima. 
A eso -la retención del poder por cualquier medio- se reduce su ideología, por llamar de alguna manera a los conceptos que pueblan su mente en confusión permanente.  
No hay argumentaciones sólidas en sus palabras, referencias doctrinarias ni alusiones a textos clásicos de Lenin, Marx o al pensamiento de Juárez. 
Nada más hay en su mente frases, muchas frases cortas que son enunciados de su escasa dedicación al estudio, de su incapacidad para la lectura profunda. La sintaxis enredada de sus libros (a los que ningún editor se atreve extrañamente a cambiar ni una coma) lo delata. 
Si Andrés Manuel se hubiera acercado alguna vez a la obra de José Revueltas sentiría respeto, no rencor, por la crítica. 
“La crítica es revolucionaria, así como lo son el arte y la estética, al margen de la naturaleza y aun en contra de cualesquiera que sean las sociedades dentro de las que se produzca, feudales, capitalistas, imperialistas o socialistas”, le dijo una vez Revueltas a Gustavo Sáinz en una entrevista para la revista Eclipse. 
“El arte es la afirmación más alta y más intrépida de la libertad”, agregó Revueltas. “El verdadero artista no puede estar con causas caducas”. 
¡Qué pequeño se ve Andrés Manuel en su trinchera ideológica! Incapaz de argumentar e intolerante con la crítica. No hay asomo de estatura moral o intelectual. 
He tratado desde hace tiempo de seguir la trayectoria ideológica de Andrés Manuel, a la manera en que otros líderes políticos han legado su pensamiento y su obra a la memoria colectiva mexicana, pero no encuentro asideros ni tierra firme en donde poner el pie. 
Es un hombre líquido, cuyo curso cambia con las circunstancias del día, inestable; un catálogo de frases que no acaban de cuajar en ideas, un soliloquio de escaso vocabulario. 
Acudir a sus libros no ayuda mucho. Andrés Manuel refleja en ellos sus laberintos mentales y una prosa retorcida. 
Dicho lo anterior, ¿cómo encuadrar a Claudia Sheinbaum y al círculo cercano morenista en el mundo de Andrés Manuel?  
Si ellos son sus discípulos, ¿qué legado van a reclamar? ¿El catálogo de frases? ¿Las ideas inconexas? ¿El liderazgo temperamental? ¿Las “mañaneras”? 
Una cosa sí van a reclamar sus apóstoles: el poder duro y llano de Andrés Manuel. Después, ya sabrán qué harán con él. 
Considerando a Morena en su conjunto, ¿aguantaría México otros seis años de lopezobradorismo sin Andrés Manuel? 
Mientras tanto, yo coincido con el maestro José Revueltas: si la crítica es revolucionaria, ¡carajo, pues a ejercerla alegremente! 

Es el fentanilo, AMLO


Por Rogelio Ríos Herrán 

La nueva reina (de la muerte) de las drogas sintéticas es el fentanilo (opioide sintético), sí el que se produce en México e inunda a los Estados Unidos y la droga que, en un ejercicio de negacionismo supremo, el presidente López Obrador se rehúsa a reconocer. 
Si la evidencia periodística no ha convencido del todo a AMLO para que deje de disimular ante el fentanilo, ha sido la DEA (Drug Enforcement Agency, por sus siglas en inglés) la que reiteradamente ha denunciado a esa sustancia altamente adictiva en sus reportes. 
El más reciente (Evaluación 2024 de la Amenaza Nacional de las Drogas, 09/05/2024, www.dea.gov), no deja lugar a dudas sobre el lugar primordial del fentanilo en el abanico de drogas que se trafican desde México al vecino del norte a través de redes de complicidades entre criminales, gobernantes y funcionarios públicos, empresarios, militares y policías. 
Si algo le faltaba al ambiente electoral en México, a unos días de la elección de su próxima presidenta de la República el 2 de junio, eran las conclusiones rudas y directas de la DEA: 
  1. “El cambio de drogas basadas en plantas, como la heroína y la cocaína, a drogas sintéticas y químicas, como el fentanilo y la metanfetamina, ha resultado en la crisis de drogas más peligrosa y mortal que Estados Unidos haya enfrentado”. 

  2. “El fentanilo y otros opioides sintéticos son responsables de aproximadamente 70 por ciento de las vidas perdidas (en Estados Unidos), mientras que la metanfetamina y otros estimulantes sintéticos son responsables de aproximadamente el 30 por ciento de las muertes”. 
  3. “El fentanilo es la mayor y más urgente amenaza de drogas en la nación”. 

  4. “El aumento de las mezclas de fentanilo que incluyen otros opioides sintéticos como las nitazenas o el sedante veterinario xilazina, ha aumentado los daños asociados con el fentanilo”. 

  5. “En el centro de la crisis de las drogas sintéticas se encuentran los cárteles de Sinaloa y Jalisco (Jalisco Nueva Generación) así como sus asociados a quienes la DEA está rastreando a nivel mundial”. 
Fueron 107 mil 741 las personas cuyas muertes se relacionaron con el consumo de drogas en 2022, según cifras del Centro para Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés). El fentanilo y los opioides sintéticos son responsables del 70 por ciento de esas muertes (aproximadamente 75 mil muertes). 
Por las razones anteriores, la DEA considera, y así lo hace saber al resto del gobierno federal estadounidense, que el intoxicamiento con drogas representa un problema triple de seguridad pública, salud pública y seguridad nacional. 
Bajo este enfoque, es imprescindible para la DEA y el gobierno de Estados Unidos trabajar en estrecha colaboración con el gobierno mexicano para combatir la producción de fentanilo y metanfetaminas en México. 
Lo que ha ocurrido bajo el gobierno de López Obrador es exactamente lo contrario. En lugar de colaboración estrecha, el desdén a la colaboración; en vez de la confianza mutua, la suspicacia y la ideología morenista como factores de alejamiento entre Washington y México. 
Es el fentanilo, AMLO, lo que más preocupa a las agencias de seguridad estadounidenses, ¿no lo has podido comprender aún?  
Son las organizaciones criminales de drogas, AMLO, entre ellas la más grande y poderosa del planeta, los enemigos comunes de las sociedades de ambas naciones fronterizas que cobran miles y hasta cientos de miles de vidas relacionadas con el consumo y tráfico de las drogas sintéticas. 
Es el fentanilo, AMLO. Es una tragedia que no lo hayas entendido. 

lunes, mayo 20, 2024

Tercer Debate: dos certezas

 


Por Rogelio Ríos Herrán 

Desde los primeros minutos del tercer debate presidencial sentí la fatiga del espectador que ha visto muchas veces la misma película y se aprendió los diálogos de memoria.  

La sobreexposición de los tres candidatos presidenciales provoca cansancio en quienes los siguen en sus campañas, al punto que el ciudadano tiene que hacer un gran esfuerzo para concentrarse en sus desempeños y discursos. 

No resultó en vano, sin embargo, atender el tercer debate presidencial, pues disipó algunas dudas que yo tenía y me dejó con dos certezas. 

La duda sobre Jorge Álvarez Máynez quedó aclarada: su papel como el candidato hombre y joven en contraposición a dos mujeres que lo superan en edad y experiencia es, simplemente, ayudar a la sobrevivencia de Movimiento Ciudadano como partido político. No me detendré en esto. 

Las dos certezas que se quedaron en mi mente después del evento me ayudarán a definir el camino hacia adelante para la democracia mexicana. 

Primera certeza: Xóchitl Gálvez tuvo su mejor desempeño contra los debates anteriores, al consolidar su candidatura con una propuesta de políticas públicas y formación de gobierno que se conecta bien con la pluralidad del panorama social y político mexicano. 

Entre otras cosas, estableció la necesidad de dialogar y concertar acuerdos con el mayor número de fuerzas y actores políticos en el país -incluyendo al Movimiento de Regeneración Nacional- para formar un gobierno de coalición.

Además, señaló que impulsaría la desmilitarización de la administración pública y regresaría a las Fuerzas Armadas a sus tareas de seguridad nacional, una de las políticas clave del gobierno de López Obrador. 

Mencionó a grupos vulnerables, a buscadoras de personas desaparecidas, a millones de mexicanos sin acceso a servicios de salud y al incremento de la extrema pobreza, con lo cual “rebasó por la izquierda” a su contendiente morenista. 

Finalmente, lanzó acusaciones de corrupción muy puntuales al gobierno de AMLO y a la persona de Claudia Sheinbaum, así como reveló que hay una investigación en curso en contra de Mario Delgado, presidente de Morena, solicitada por el Congreso de Estados Unidos al Departamento de Justicia de ese país. 

Ninguna de sus acusaciones fue contestada por la candidata contrincante. 

Durante su desempeño, Xóchitl Gálvez desplegó sus emociones y una mayor elocuencia en su discurso, como no lo hizo en debates anteriores. Se podía sentir el enojo en sus palabras ante el desastre creado por el actual gobierno, mismo enojo que seguramente compartieron millones de espectadores del debate y que ninguno otro de los candidatos mostró. 

Segunda certeza: algo pasa con Claudia Sheinbaum y su equipo de campaña que no logran que la candidata morenista despliegue siquiera un poco de empatía, una pizca de sensibilidad que permita saber si percibe realmente los problemas de México.  

Lo más grave es que su insensibilidad se empata con su incondicional apoyo a Andrés Manuel López Obrador en cuanto a cómo concibe la gobernanza y estilo de liderazgo. 

Sheinbaum hizo suyos dos rasgos de AMLO que trató sin éxito de ocultar en su persona: el primero, la visión de un presidencialismo avasallador de la división de poderes con el rechazo, por ejemplo, a la posibilidad de formar un gobierno de coalición y respetar a los diputados de proporcionalidad como reflejo del papel de las minorías políticas, por no hablar de los organismos autónomos y el Poder Judicial.  

En segundo término, mostró el rasgo atemorizante de manifestar abiertamente el tipo de liderazgo que se considera moralmente superior a cualquier otro actor o fuerza política y se apropia del monopolio de la verdad y la democracia: ¡ellos -y sólo ellos- son los demócratas de este país!  

En esto, Claudia no sólo sigue fielmente a su mentor AMLO, sino que lo rebasa por el carril del radicalismo. 

Finalmente, no contestar en detalle las acusaciones de su contrincante Xóchitl sobre la corrupción del gobierno morenista y la suya propia, deja a Claudia en el papel de descalificar al mensajero en lugar de defender su integridad, como lo haría cualquier otra persona de honor en su lugar. 

Ni a ella ni a su equipo de campaña parece haberle importado que la estrategia de negar y evadir las acusaciones en su contra como “provocaciones” o “palabrería” provoca más daños que beneficios. 

En conclusión, Xóchitl tuvo el mejor desempeño respecto a los debates anteriores, Claudia no varó su actitud evasiva y tuvo su peor actuación de todos los debates. Jorge cumplió con su papel. 

No habrá más debates presidenciales y se acercan los cierres de campañas electorales para los candidatos presidenciales. 

El contraste entre Xóchitl Gálvez y Claudia Sheinbaum, entre sus personas y las visiones de país que ellas representan ha quedado claramente definido tras el tercer debate. 

Ahora, queda en manos de los ciudadanos tomar las decisiones de voto para el tipo de país que quieren en los años por venir: retomar la senda de la transición democrática o avanzar por la de la destrucción de la democracia y el surgimiento del autoritarismo. 

viernes, mayo 17, 2024

AMLO: el pecado de incongruencia

 


Por Rogelio Ríos Herrán 

Quedará para caso de estudio de historiadores de nuestra época en el futuro el surgimiento y caída de Andrés Manuel López Obrador debido a su incongruencia y por culpa de sus contradicciones. 

La definición del concepto no es sólo “la falta de congruencia”, sino “dicho o hecho falto de sentido o de lógica”; además, “vicio o defecto de las sentencias por falta de congruencia”, según el diccionario de la Real Academia Española. 

Falta de lógica es lo que se percibe de inmediato en el liderazgo de López Obrador. No sólo por su rumbo errático en las decisiones de gobierno, sino por el desapego sistemático a las posturas políticas que propugnaba como candidato opositor frente a las que adoptó como gobernante, como en el tema de la militarización. 

Me recuerda esa evidente falta de coherencia lopezobradorista lo que Jesús Silva-Herzog Márquez refería de Ortega como “el hombre cápsula”: “Sus ojos ven sólo lo que quiere ver; sus oídos escuchan solamente lo que ha seleccionado para oír. No tiene curiosidad por descubrir sino ansia por ratificar. No sabe más de lo que ya sabía, pero lo quiere más intensamente. Su ignorancia es orgullosa y beligerante.” (En “La Casa de la Contradicción”. México: Taurus, 2021). 

No es, claro está, la incongruencia un rasgo exclusivo de López Obrador ni empezó ni terminará con él una vez que salga del poder.  

Los anteriores presidentes mexicanos han compartido algún grado de esa ignorancia “orgullosa y beligerante” que desplegaron una vez llegados al poder. 

Todos ellos han compartido la incapacidad de reconocer sus contradicciones, las cuales consideran, como dice López Obrador, simples “cambios de opinión”. Para ellos, la incongruencia no existe ni la contradicción es un pecado, sino una virtud. 

“Para muchos mexicanos, un voto por AMLO fue un voto por la paz”, nos dice Denise Dresser. “Un voto por AMLO fue un voto por la salida paulatina y programada de las Fuerzas Armadas, no su expansión y fortalecimiento.” 

“Pero el gobierno ha prolongado la guerra iniciada por Felipe Calderón y continuada por Peña Nieto. Tan criticada y luego emulada, tan repudiada y luego mimetizada, tan rechazada y luego copiada” concluye en “¿Qué sigue? 20 lecciones para ser ciudadano en un país en riesgo”. México: Aguilar, 2023.

Una de las grandes banderas de la transición democrática en México, la desmilitarización, se convirtió en lo opuesto bajo el gobierno de López Obrador: la mayor militarización jamás vista en el país en la época contemporánea, ¡vaya incongruencia! 

Cierro mi argumento con una declaración de Porfirio Muñoz Ledo a fines de 2022 que resume sus críticas finales a AMLO, de quien había sido mentor en los inicios de su carrera política, y la decepción con su liderazgo: 

“Juárez dijo que entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz y nuestro presidente viola el derecho interno y se burla del derecho internacional, por eso se llama el anti-Juárez”. 

La incongruencia no es virtud política. La contradicción no es simple cambio de opinión. Por el contrario, López Obrador las exhibe como la mejor prueba de la traición a sí mismo y a sus seguidores en el enorme abismo entre lo que dice y lo que hace. 

“El gobierno lopezobradorista criticó el belicismo de Calderón, pero acabó dándole la razón", escribe Denise Dresser. “No sólo regresó al camino trazado por el expresidente, lo volvió una supercarretera”. 

Recordemos al presidente incongruente y sus promesas rotas al votar el 2 de junio. 

miércoles, mayo 08, 2024

Anabel desnuda al Rey AMLO

 


Por Rogelio Ríos Herrán 

Como periodista de opinión quiero comentar el libro de Anabel Hernández, periodista de investigación, y lo resumiré brevemente: es una pieza maestra de investigación periodística, una guía para los recién iniciados en el oficio y un golpe de realidad para los lectores. 

El Rey (AMLO) ha quedado al desnudo, como en la fábula de Hans Christian Andersen.  

A través de las páginas de “La Historia Secreta. AMLO y el Cártel de Sinaloa” (México: Penguin Random House Grupo Editorial, Serie Grijalbo, 2024, 304 pp,) la periodista arma un extenso rompecabezas de la poderosa organización criminal que promueve el tráfico de fentanilo que devasta a la sociedad estadounidense e influye de manera decisiva en la política mexicana. 

Si usted va más que nada en busca del episodio muy publicitado en los medios de comunicación, en el cual Anabel narra a través de testimonios de algunos asistentes a la reunión, la entrega de una maleta con 500 mil dólares en propia mano de López Obrador de parte de un narcotraficante en 2006 en Gómez Palacio, Durango, lo encontrará como a la tercera parte del libro. 

No se quedé ahí, se lo sugiero, porque para llegar a ese punto y a otras anécdotas incluso más reveladoras sobre López Obrador, su familia y muchos colaboradores y militantes del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), la autora reconstruyó con mucho cuidado los momentos en la vida del Cártel de Sinaloa, desde décadas atrás, que lo convirtieron en el gran poder fáctico del presente. 

Anabel cita sus fuentes como notas de pie de página en cada afirmación que va haciendo: recurrió a testimonios de testigos protegidos que se utilizaron en los juicios a Guzmán Loera y García Luna en cortes estadounidenses que terminaron en condenas de culpabilidad para ambos. 

No se detuvo ahí la periodista. Añadió reportes de agencias antidrogas y anticrimen de Estados Unidos, Italia y España, declaraciones de criminales ante la PGR y la actual Fiscalía General de la Nación y reportes de la Secretaría de la Defensa Nacional. 

Complementó su trabajo periodístico con entrevistas personales a un gran número de protagonistas de su historia, a quienes ya conocía desde la elaboración de sus libros anteriores. 

En fin, el trabajo de elaborar una enciclopedia de ciencias naturales hubiera sido más sencillo para Anabel en lugar de investigar y redactar “La Historia Final”: una radiografía de la complicidad histórica de gobernantes y criminales de todos niveles en México que no parece tener fin. 

Anabel desnudó al Rey: AMLO, Peña Nieto, Calderón, Fox, Zedillo, Salinas de Gortari, etcétera. 

“No hay ningún sentimiento de triunfo ni satisfacción por lo que he encontrado. Ojalá los hechos aquí narrados jamás hubieran existido; de ser así, este libro nunca hubiera sido escrito”, expresa la autora. 

“Todo sugiere que, en realidad, AMLO no era el hombre que venía a romper el sistema criminal, sino más bien su Caballo de Troya, un artilugio en gran parte respaldado por el Cártel de Sinaloa, introducido en una nación con las defensas bajas”, agrega. 

“Muchos han confiado en que es ‘el salvador’ que proclama ser, cuando en realidad ha sido uno más de los instrumentos para que el Cártel de Sinaloa, la organización de tráfico de drogas más importante del mundo, culmine su plan de conquista de nuestra nación”, concluye. 

Para llegar a estas conclusiones duras y sustentadas en testimonios y documentos con validez legal en las cortes estadounidenses, Anabel Hernández no se quedó en una anécdota sensacional y mediática como la de la maleta de los 500 mil dólares entregada a Amlo que por sí sola es una gran nota.  

Ella decidió tomar la ruta difícil y peligrosa para su persona; llegar hasta el fondo del asunto, explicar al público la estructura, liderazgo y forma de operar del crimen organizado en México. 

“La Historia Secreta” y sus libros anteriores nos ayudan a mirar, junto al trabajo de otros valientes periodistas de investigación mexicanos, la cara oscura de la política mexicana. 

“En este tipo de situaciones, sólo hay dos vías: romper el espejo para no vernos y condenarnos a cometer los mismos errores una y otra vez, o enfrentarnos y mirarnos en su abismo para poder salir de él”, afirma Anabel. 

El abismo del crimen organizado es el escenario que espera a la próxima presidenta de la república. 

martes, mayo 07, 2024

México: ultraviolencia electoral


Por Rogelio Ríos Herrán  

No alcanza la palabra “violencia” a expresar con toda intensidad lo que está ocurriendo en México: la magnitud de la ejecución diaria de homicidios, extorsiones, secuestros, desapariciones de personas y la variedad de delitos comunes y delitos contra la salud, rebasa nuestra capacidad de comprensión. 

La afectación de las relaciones personales, sociales y comunitarias; la asistencia a eventos deportivos con el riesgo inminente de peleas, intercambio de insultos y agresiones; la decisión de no hablar de ciertos temas (López Obrador, elecciones, complicidades con el crimen organizado, etcétera) para no echar a perder una reunión social: usted nombre un ámbito de la vida actual que no esté contaminado por la violencia y yo le regalo un libro. 

Pasemos, entonces, a la etapa de la “ultraviolencia”, expresión que escuché por primera vez en referencia a la película “Naranja Mecánica” (“A Clockwork Orange”,1971, de Stanley Kubrick, basada en la novela de Anthony Burguess -del mismo nombre- publicada en 1962), para ubicar con mayor precisión lo que nos está sucediendo a los mexicanos. 

Una definición simple de ultraviolencia es “la violencia por la violencia misma”, por el placer de hacerlo y sin objetivo específico. Una definición más amplia es que “la ultraviolencia es un término que se aplica a actos de extrema violencia, a menudo sin justificación y con víctimas escogidas al azar... en la cultura popular, la ultraviolencia se presenta a menudo con connotaciones estéticas, aplicándose a manifestaciones de violencia presentadas como un espectáculo disfrutable en los medios de comunicación”.

Hay una relación de subordinación absoluta de una víctima, organización o institución a un poder superior en la ultraviolencia, la cual tiene también una dimensión geográfica: la apropiación del territorio y el espacio físico para desplegar “el espectáculo” violento. 

Todo es poner un pie en la calle para que nuestro cuerpo y mente se pongan en alerta inmediata: quién pasa, qué sucede, qué tan seguro es ir a tal o cual parte. ¿Contestaré esta llamada de número desconocido en el celular? ¿Le ayudaré al señor que se le descompuso el automóvil sobre la avenida? ¿Será narco el vecino de la camionetota nueva? 

Todo es observar la escena y los actores políticos para ponernos en guardia: ¿a cuántos gobernantes actuales controla el crimen organizado? ¿Al presidente, gobernadores y alcaldes? ¿A diputados y senadores? ¿A militares y marinos, guardias nacionales, policías estatales y municipales? 

¿Por qué están renunciando día a día cientos de candidatos a puestos de elección populares de todos los niveles en México? ¿A qué le temen? ¿Y los que ya murieron asesinados? 

Ni Burguess ni Kubrick imaginaron en sus “naranjas mecánicas” a personas colgadas de los puentes, a miles de restos de personas desaparecidos en fosas clandestinas, a más de 183 mil asesinados en cinco años en México. No, la Naranja Azteca desbordó a su imaginación. 

La ultraviolencia es la atmósfera en la que todos los mexicanos convivimos, la lluvia ácida que cae sobre nuestras cabezas, el fuego que ronda los cuerpos y a veces los devora. No tiene nada de normal, nos carcome lentamente, ¿por qué no reconocemos el problema y lo enfrentamos? 

Díganme, por favor, ¿quién en su sano juicio piensa que es posible celebrar elecciones equitativas, justas y legítimas bajo la ultraviolencia? 

Ante las revelaciones periodísticas y los informes de agencias de Estados Unidos sobre la inyección de miles de millones de dólares de dinero proveniente de organizaciones criminales en las elecciones mexicanas desde hace años, ¿qué podemos esperar el 2 de junio? 

Ante el señalamiento directo al presidente López Obrador de recibir millones de dólares del Cártel de Sinaloa en su campaña electoral del año 2006, documentado según el riguroso trabajo periodístico de Anabel Hernández (en su libro “La Historia Secreta: AMLO y el Cártel de Sinaloa”, Editorial Grijalbo, 2024), ¿por qué no se indignan los ciudadanos ante la grave posibilidad de que la etiqueta #NarcoPresidente sea una realidad? 

¿Qué puede ser más ultraviolento que eso? 


México, ‘una hoja en la tormenta’

México, como vecino geográfico de los Estados Unidos, no puede escapar a l destino de convivir con un vecino poderoso, inestable y nada  co...