viernes, septiembre 27, 2024

AMLO tiene sangre española

Por Rogelio Ríos Herrán  

¿Por qué reniega Andrés Manuel López Obrador de su sangre y ascendencia española cuando antes se declaraba orgulloso de ella?  

¿A cuenta de qué ha originado una crisis diplomática entre México y España por su desdén al Rey Felipe VI? 

Encontré buena información en una nota del periódico español La Razón que nos puede iluminar el misterio de Andrés Manuel, el apellido materno Obrador y sus raíces españolas. 

A la villa de Ampuero, en Cantabria al norte de España (mismo lugar de origen de los fundadores de Leche Lala en México y empresarios emigrados a Torreón), llegó en el año 2017 el entonces candidato presidencial Andrés Manuel en visita al pueblo en donde nació su abuelo materno José Obrador (1893). 

“Ampuero lo recibió de rojo y blanco”, escribió la reportera Marian Benito, “que es como se viste cada año en honor a la festividad de la Virgen Niña.” 

El entonces alcalde, Patricio Martínez, recuerda que “durante el homenaje insistió en lo orgulloso que se sentía de sus orígenes y de las veces que el abuelo José le hablaba de Ampuero y de Cantabria. Se le vio muy cómodo”. 

En la casa natal del abuelo, López Obrador fue homenajeado, recibió una copia de la partida de nacimiento del abuelo y el escudo de Ampuero plasmado en cerámica. 

Hijo de Esteban Obrador y Felipa Revuelta, el joven José salió del pueblo y se embarcó junto con sus hermanos Manuel y Félix en la Compañía Trasatlántica, no se sabe si desde Cádiz o Santander, rumbo al puerto de Veracruz. 

El hermano mayor, Sixto, fue el único que permaneció en España. Otros dos hermanos, Ramiro y Eloy, decidieron irse a Cuba. 

De Veracruz se trasladaron los tres hermanos Obrador a Tabasco y fundaron El Palacio, una tienda de abarrotes. En esa época, José se unió a Úrsula González, de lo cual nació su hija Manuela, la madre de Andrés Manuel López Obrador. 

“Apenas queda huella en el pueblo y ninguno de los 4 mil 200 habitantes (en 2019) lleva el apellido Obrador”, expresó el alcalde Patricio Martínez. 

Cuando en el año 2019 envió el presidente Andrés Manuel la carta al Rey de España, el desencanto en Ampuero fue general, pues estaba fresca la visita del candidato López Obrador y sus frases como “soy mestizo y con orgullo”. 

Entre la gente del pueblo pidió Marian opiniones al respecto. Van algunas muy buenas: 

“Debería enviarse la carta de petición de disculpa a él mismo y preguntarse cómo es que todavía hay miles de indios explotados y marginados”, Santiago Brera Rodríguez, escritor. 

“Hay que hablar del presente, de la riqueza que hay en el intercambio de ambas culturas. Somos un pueblo de indianos (se dice de los emigrados a “las Indias” o América) y a la gente no le ha gustado nada que hable así del país del que él mismo desciende”, Leopoldo de la Peña, exconcejal. 

“La carta es una distracción para que bajen las críticas de todo lo que están ocasionando sus ocurrencias y caprichos desde que ganó las elecciones”, Carlos Águila Franco, analista político mexicano. 

“Lo importante son las redes de parentesco que se tejieron entre ambos países y que todavía hoy perduran. Aquello fue un capítulo más de una historia que no debería repetirse... ahora debería (López Obrador) construir más honestamente el futuro de su país más que persistir en lo que tiene sepultado”, Martín Bringas, empresario mexicano con ascendencia en Ampuero. 

En otras circunstancias y con otra mentalidad, Andrés Manuel López Obrador se hubiera beneficiado de la Ley de Memoria Democrática (2022), una de cuyas provisiones extendió la posibilidad de obtener la nacionalidad española de origen hasta a los nietos de españoles emigrados a la América Latina. 

Con eso hubiera culminado él su anterior anhelo de sentirse orgulloso de ser mestizo y de sus orígenes españoles y quizá volver de visita al pueblo del abuelo. 

Ya no queda ningún Obrador en Ampuero, todos se fueron. Mejor así, para que no vivieran y padecieran las sinrazones del nieto de Don José. 

@rogeliux 

Fuentes: 

Renegar: Negar con insistencia algo. Detestar, abominar. Diccionario de la Real Academia Española. 

Nota de Marian Benito en La Razón (España): 

lunes, septiembre 23, 2024

MORENA: ¡nace el ‘Niño Moreno’!

 


Por Rogelio Ríos Herrán 
Si en algo no hubo “cuarta transformación” fue en el cambio de dirigencia nacional del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) el domingo 22 de septiembre, pues el famoso “relevo generacional” proclamado por la militancia morenista quedó en la designación de Andrés López Beltrán (38 años) como nuevo secretario de organización del movimiento: nació así el “Niño Moreno” de la política mexicana. 
¿Quién se acuerda a estas alturas del “Niño Verde” (Jorge Emilio González) del Partido Verde Ecologista Mexicano entre los años 2001 y 2011? Ese niño envejeció prematuramente entre la frivolidad, la ineptitud y las acusaciones de corrupción en la gestión del partido de su familia. 
Andrés López (“Andy” para los amigos) llegó para controlar, desde su puesto, al resto de la maquinaria partidista para no desviarse de su misión única: cuidar el legado de su padre, Andrés Manuel López Obrador, como lo dijo explícitamente el día 22 de septiembre. 
Tal como lo hizo el “Niño Verde” González en el Partido Ecologista, el “Niño Moreno” López manejará probablemente el partido guinda como negocio familiar, por encargo paterno, y transformará al “movimiento” en un linaje dinástico. 
Hablamos, por supuesto, del manejo de miles de millones de pesos de los recursos que el INE otorga a Morena cada año, pero también de algo más profundo: un conflicto de interés entre el hijo de un próximo expresidente y el padre que anhela seguir manteniendo el poder, a través de su hijo. sobre las grandes decisiones de la sucesora. 
El papel que desempeñarán Luisa María Alcalde (presidenta, 37 años) y Carolina Rangel Gracida (secretaria general, 35 años) será más formal que real: por un lado, la experiencia, capacidad y trayectoria de ambas directivas parece claramente insuficiente ante el desafío de llevar las riendas morenistas; por otro lado, el poder real dentro del partido recaerá en “Andy”.   
A la Tía Claudia le hará caso o no el “Niño Moreno”, según lo que convenga a la dinastía familiar que cobró vida formalmente tras el cambio de dirigencia morenista: los López de Macuspana, como si fuera nueva serie de Netflix. 
Si las decisiones de políticas públicas de Claudia Sheinbaum las percibe en contra del legado, el flamante Secretario de Organización no moverá un dedo para apoyarlas y sí podrá mover muchos dedos para congelarlas. 
Desafortunadamente para la vida pública de México, el cisma morenista ya está presente en el escenario político: los morenistas de Claudia, por un lado, acotados casi por completo; por el otro, los morenistas que, con un fervor digno de las “Guardias Rojas” del Camarada Mao durante la Revolución Cultural China, seguirán al Niño Moreno treintañero que funge como delegado del padre. 
El “Maximato” tan temido en México no tendrá necesariamente que ser, de ahora en adelante, directamente entre Andrés Manuel y Claudia, sino a través de “Andy” después de quedar colocado en una posición clave en MORENA. 
No alcanzo a imaginar el tamaño de las fricciones que este esquema político y partidista morenista ocasionará entre la próxima presidenta de la República y su propio partido político. Un lío de esta magnitud, una bronca fraternal de este tamaño, sólo podría darse en MORENA, ¡qué bonita familia, diría “Pompín” Iglesias! 
A partir del 1 de octubre entrarán en escena, cual personajes de un nuevo vodevil (“voz del pueblo” en francés), el Papá Peje, el Niño Moreno y la Tía Claudia a “gobernar” a México: ¿cuánto más va a soportar la República antes de quedar en ruinas? 
@rogeliux 

domingo, septiembre 22, 2024

‘Big Peje’: 2+2=5

  Por Rogelio Ríos Herrán 

En la ruta a la captura del Poder Judicial y los organismos autónomos, el presidente López Obrador utilizó desde el inicio de su gobierno al Poder Legislativo como instrumento de apoyo incondicional para sus fines políticos: buscaba conquistar al Poder Judicial y obtuvo de bono extra al Legislativo; de paso, su hijo Andrés quedó enfilado a la candidatura presidencial para el año 2030. 

Lo que vimos la noche del 10 de septiembre en el Senado de la República, al aprobarse a toda prisa el paquete de reformas al Poder Judicial enviado por el presidente, no fue tanto la traición de dos o tres senadores (cuyas reputaciones quedarán pulverizadas para el resto de sus vidas), sino una victoria pírrica: se consolidan el Poder Ejecutivo supremo y Morena como el partido político hegemónico, pero a un costo político interno y externo inconmensurable que no podrán pagar. 

Lo que ha sido parte de una larga tradición en la política mexicana se consumó en plenas Fiestas Patrias: la sustitución de una élite por otra en el gobierno nacional al final del sexenio. No importa la orientación ideológica ni usar motes como “neoliberales” o “progresistas”; lo verdaderamente relevante es la concentración del poder en torno al nuevo grupo dominante. 

Un cambio de élites, ni más ni menos. Como tal, la nueva élite gobernante es compacta en su formación y excluyente en su operación política, pues no negocia ni dialoga con los actores políticos, solamente impone sus decisiones al resto de la nación. 

¿Cómo se pasa del “activismo social” a “élite gobernante” y luego a “mafia del poder”? Es en el camino a la cúspide del poder en donde las convicciones ideológicas y los ideales revolucionarios con que cada élite arranca su marcha se van transformando, a veces imperceptiblemente, en la única convicción para todos sus miembros: manejar el poder por el poder mismo. 

Cualquier recurso a actividades ilegales y financiamientos ilícitos se justifica como contribución a la causa de la justicia social. 

Cualquier alianza con grupos políticos y personajes influyentes de la vida pública, aunque sean corruptos y deshonestos, se justifica como algo temporal (táctica y estrategia, como diría Lenin) en tanto se llega al poder y, una vez ahí, se purifica a sí mismo el movimiento social. 

Los apoyos en dinero o en especie provenientes del crimen organizado son racionalizados como tácticas políticas temporales, breves pausas en las convicciones propias que se cerrarán una vez obtenido el poder. 

Cualquier forma violenta, gansteril e ilícita de presión, extorsión o manipulación política en contra de políticos, legisladores y partidos de oposición, como la vista en torno a los senadores en la Noche Triste del 10 de septiembre, queda justificada si es “revolucionaria” y persigue altos ideales progresistas. 

En fin, como expresó el escritor inglés George Orwell en su novela “1984”, si el “Big Brother” (en este caso, “Big Peje”), dice que 2+2=5, entonces son 5, tal como señala la aritmética orwelliana de Fernández Noroña, nada menos que el flamante presidente del Senado de la República Mexicana. 

La traición política en su forma extrema no es de una persona hacia un ideal o causa política, sino hacia uno mismo: cuando empiezo como un revolucionario y termino como el “mafioso del poder”. 

Por algo la expresión “mafia del poder” utilizada desde hace décadas por el opositor Andrés Manuel López Obrador, cuando era un activista social, sirve ahora para describirlo a él y a su movimiento: no son sólo una nueva élite, sino la “nueva mafia del poder” considerando el sucio manejo político que han mostrado. 

A la corrupción de los ideales durante la larga marcha hacia la captura del poder, no puede corresponder otra cosa que la corrupción prosaica y material (bolsas y maletas llenas de dinero, por ejemplo) de quienes gobiernan hoy al país y se dan, quién lo diría, una vida elitista. 

¿Qué es México en 2024? ¿Qué será en 2030? Nuestro país será lo que la “nueva mafia del poder” haga de él si el resto de la nación dobla los brazos y lo permite. 

El primer sexenio morenista dejó muchas promesas incumplidas y una nación dividida y enfrentada socialmente por una polarización deliberada promovida por el presidente López Obrador. 

Los saldos económicos, políticos, sociales, educativos, culturales, científicos y ecológicos son negativos o, en el mejor de los casos, mediocres e inferiores a lo que ya había. 

¿Podemos los mexicanos esperar resultados distintos con los mismos gobernantes y la promesa explícita de la “continuidad” de las políticas de gobierno? ¿Cabe aspirar a algo diferente con la misma élite política/ mafia del poder al mando? 

El chiste se cuenta solo. 

¿Qué sigue? Reconstruir a partir de hoy a la oposición en México. Aprendamos los ciudadanos de los errores cometidos. 

@rogeliux 

 

viernes, septiembre 20, 2024

¿Qué se siente ser regiomontano?

 




Por Rogelio Ríos Herrán 

A 428 años de su fundación, celebro el aniversario de mi “ciudad de corazón” con un breve relato de cómo llegué a ser regiomontano y por qué lo disfruto y padezco a la vez. 
Hijo de padre norteño (Monterrey) y madre sureña (Tapachula, en donde yo nací), no alcanzo a percibir cómo las coincidencias de la vida los hicieron juntarse y formar una familia que, antes de llegar a tierras regias, peregrinó desde Chiapas, pasó por el Puerto de Veracruz, la gran Ciudad de México y recaló en la Sultana del Norte. ¡Vaya viaje! 
Apenas pusimos el pie mis hermanos, mi madre y yo en la Central de Autobuses, sentí de inmediato, se los juro, un viento de calor de hogar en la ciudad, como si ella me dijera “ya estás en casa”, y como si mi padre, quien se había adelantado en la mudanza, supiera que nos había traído a nuestro destino final. 
Era el año de 1974, hace ya medio siglo. De inmediato, antes de llegar a la nueva casa, papá nos llevó a “almorzar” al Restaurante AL, sobre la Calzada Madero, ya adivinarán ustedes: machacadito con huevo, tortillas y gorditas de harina, café y jugo de naranja, en un lugar que tenía el ambiente de cocina de una casa. 
En el recorrido a la Colonia Roma Sur pasamos por el Arco de Independencia (“La Mona”), la Plaza Zaragoza y el Tec de Monterrey. A las 10 de la mañana ya se sentía fuerte el sol (llegamos en un mes de julio), intenso pero distinto al calor veracruzano que había sentido de niño. 
Bien, pues desde hace 50 años, con una tortilla de harina en la mano y devorando un machacado, empezaron a forjarse mis credenciales “regias”, por las cuales tuve que pelear, no se crean que fue así de fácil. 
Mi historia familiar es de inmigrantes, aunque mi padre era regiomontano, que venimos a vivir, en el extenso sentido de la palabra, a esta ciudad, no a invadirla.  
Yo jamás me sentí intruso ni invasor y libré discusiones contra quienes, como se acostumbraba antes, hacían distinciones entre “regios” nacidos aquí y “los de fuera”, como si fueran dos categorías desiguales y ser nativo era lo superior. 
Nada de eso nos impidió abrazar por completo a la Sultana del Norte. El calor de la familia paterna no hizo distinción alguna, al contrario, se esforzó por hacernos sentir bienvenidos. 
Poco a poco, sin darme cuenta, mi acento cambió, el vocabulario adoptó los diez mil giros locales (“me da una soda, por favor”, “esto está ¡con madre!”, etc), la vida familiar se forjó entre carnes asadas con arrachera y agujas norteñas, salsa de molcajete, reuniones de amigos, la secundaria en la Torres Bodet y la Prepa 15 Florida de la UANL. 
¡Ah!, se me olvidó mencionar cuando mi padre nos llevó a los tres hermanos a tomar una cerveza al Salón Indio Azteca, la primera cantina que conocí en mi vida a los 15 años. Excuso decir que salí transformado de esa experiencia, similar a la de muchos amigos míos. 
Entonces, ¿cómo se siente ser regiomontano? Después de medio siglo de regiomontanidad, puedo comentar un par de cosas al respecto. 
Empezaría por decir que lo valioso de Monterrey se encuentra en su gente, entre las personas mismas que, ya sea nativas o migrantes, no dudan en mostrarse solidarias entre ellas y ayudarse en lo que puedan. 
A pesar de los cambios urbanos en Monterrey, su enorme extensión y el crecimiento de las viviendas verticales, persiste una red de lazos sociales que la sigue haciendo atractiva para vivir. 
Por otra parte, las idílicas calles semivacías y avenidas cuyo tráfico “no se compara al Distrito Federal”, como decían antes, desaparecieron por completo. Vivimos en 2024 en una ciudad saturada de tráfico vehicular, altamente contaminada e insegura. 
Como un plus, la clase política nuevoleonesa le ha fallado a su sociedad. El Congreso del Estado apenas sale de una parálisis legislativa de siete meses, el Gobernador García se enfrenta a un juicio político y son escasos los alcaldes de la zona metropolitana que presentan buenas cuentas en su gestión gubernamental. 
Rumbo al futuro, Monterrey enfrenta retos urbanísticos y ambientales, de gobernanza y democracia, que hoy parecen insuperables cuando llegue a sus 450 años de existencia. 
Pero, si me permiten decirlo, yo no cambio a mi ciudad por nada. Prefiero verla arreglada y bonita en los días de fiesta, olorosa a carnes asadas en el fin de semana, llena de pujanza de negocios, ingeniosa en sus giros al hablar (¿”Qué ocupas, compadre?”) y regia, muy regia, al fin y al cabo. 
¡Feliz aniversario, Monterrey! 
@rogeliux 

México, ‘una hoja en la tormenta’

México, como vecino geográfico de los Estados Unidos, no puede escapar a l destino de convivir con un vecino poderoso, inestable y nada  co...