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El Papa admira un tocado indígena en Chiapas. Fuente: Google.com |
Por Rogelio Ríos Herrán
Justo cuando me enteraba de que en Canadá el recién llegado
Primer Ministro Justin Trudeau promueve una política de reconciliación con los
pueblos nativos o indígenas canadienses hasta el punto en que les pidió perdón
públicamente en nombre de su Gobierno, veo por televisión la llegada del Papa
Francisco a Chiapas el 15 de febrero.
Nuestro hermoso estado chiapaneco es la cuna de culturas y
lenguas indígenas ancestrales, que habitaban estas tierras mucho antes de la
llegada de los conquistadores españoles, por ello la mera presencia del
Pontífice ahí es un gesto que tendrá repercusiones en el mapa religioso y
político de Chiapas y del resto del país.
La misa celebrada por Francisco, en San Cristóbal Las Casas,
incluyó las lecturas de las escrituras y el evangelio en lenguas indígenas
(tzotzil y tzeltal) por parte de párrocos, diáconos y misioneras de las
regiones chiapanecas.
Como escuchar el canto de los pájaros, la fluidez y belleza de
las lenguas nativas llenaron el aire y nos hicieron recordar a quienes, aunque
suman millones de mexicanos en todo México, parece que no existieran para el
resto de la sociedad mexicana, que no tuvieran voz propia y que, como muchos
aún piensan, que no tuvieran ni siquiera capacidad de razonamiento.
Tomó nota el Papa seguramente, al igual que todos nosotros, de
que una vida social y política plena e integrada de los indígenas a la sociedad
mexicana no existe, lo cual es una realidad penosa para México y uno de
nuestros asuntos pendientes como Nación.
El espacio que dio a los indígenas en la liturgia el Papa
Francisco me parece que lleva un mensaje de inclusión y una llamada a sacar del
olvido a quienes luchan por ser reconocidos como parte de una unidad religiosa
y como miembros de un México con plenos derechos.
Cada indicador social y económico que utilicemos nos arroja luz
sobre la exclusión de los indígenas de la corriente central de la vida pública
de México. Ni siquiera ocupan un lugar clave en los debates o prioridades
nacionales, se habla más de otros temas que de los pueblos indígenas; en
particular, de Chiapas sólo queda el recuerdo de la rebelión zapatista.
Que el Papa haya incluido a Chiapas y el encuentro con sus
pueblos indígenas en San Cristóbal y Tuxtla Gutiérrez es un signo de que para
él, como misionero de la Iglesia católica, la lucha por la evangelización
nativa es una de sus grandes batallas pastorales.
Por nuestra parte, bien podría este gesto papal servirnos a los
mexicanos para retomar una de las batallas pendientes de la sociedad mexicana:
¿cómo integrar a la sociedad a los aproximadamente 11 millones de indígenas
mexicanos? ¿Cómo saldar nuestra deuda histórica de explotación y exclusión
hacia ellos?
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En la misa del Papa. Fuente: Google.com |
No dejo de notar la profunda devoción indígena, su vuelco a la
fe católica o evangélica en Chiapas y el sentido de unidad y pertenencia que
ellas les proporciona. Con una devoción similar y la actitud de entrega
completa a una causa justa, la sociedad mexicana haría maravillas y quizá
viviríamos en un país muy distinto, mucho mejor que el actual.
Bajo el hermoso cielo intensamente azul de los Altos de Chiapas,
este encuentro del Papa con los tzotziles y tzeltales en la liturgia y en
reuniones directas nos remueve en lo más profundo de la conciencia nacional:
una vez que se marche el Papa, ¿volverán los indígenas al olvido social o esta
vez las cosas cambiarán para bien?
Trudeau y el Papa Francisco nos pusieron una buena muestra.
rogelio.rios60@gmail.com