![]() |
Vista de calles de Aleppo, ciudad casi inhabitable para las familias sirias. Fuente: Google.com |
Por Rogelio Ríos
Herrán
No hay mejor
manera, diríamos que no hay otra manera, de controlar y detener una fuga
incesante de agua que ir a la fuente de donde brota el torrente y arreglar la
fuga, sea en una tubería o un manantial.
En Europa, el
torrente incontenible es uno de refugiados sirios y de otras nacionalidades y
el manantial, el origen del éxodo bíblico de sirios al exterior, es la guerra
interna que consume a Siria.
Si no se detiene la
inundación desde la fuente, nada más funcionará a mediano y largo plazos, la
solución debe negociarse o imponerse en Siria misma: quitando del poder al
cruel Assad que bombardea a su propio pueblo, o bien con la intermediación de
la ONU o El Vaticano o, siendo realistas en un mundo pragmático, negociando al
más alto nivel entre Estados Unidos y Rusia un acuerdo del que derive el fin de
la guerra interna en Siria y la reconstrucción del país.
El Gobierno
estadounidense ha dado ya un paso en ese sentido al anunciar el 18 de
septiembre el Secretario de Estado, John Kerry, que el Presidente Obama está
dispuesto a tratar directamente con Vladimir Putin, Presidente de Rusia,
negociaciones directas sobre la crisis siria.
“El Presidente (Obama)
considera que una conversación de nivel militar a militar es el próximo paso
importante”, afirmó Kerry al New York Times a su llegada a Londres para
discutir con británicos y árabes sobre el problema sirio.
“Nuestro enfoque
sigue siendo la destrucción del Estado Islámico (ISIS por sus siglas en inglés)
y también un arreglo político con respecto a Siria, sobre el que creemos que no
puede ser logrado con una presencia a largo plazo de Assad”, agregó el
funcionario estadounidense.
Kerry ya ha
sostenido una conversación telefónica reciente con Sergey Lavrov, el Ministro del
Exterior ruso, sobre la posibilidad de pláticas directas al más alto nivel, las
cuales se concretarían cuando tanto Obama como Putin converjan en Nueva York junto
con líderes mundiales al 70 periodo ordinario de sesiones de la Asamblea
General de la ONU.
¿Es la mejor
solución a la crisis siria un acuerdo político directo entre Moscú y
Washington? No lo es, por supuesto, porque implica el reconocimiento de que el
mundo sigue siendo una arena de confrontación de fuerzas entre los estados más
poderosos, quienes se lo reparten a placer en las llamadas “zonas de influencia”,
el paraíso de la teoría del realismo político.
Pero una solución
negociada entre Obama y Putin, si detiene de inmediato la violencia en Siria y
sienta las bases para la reconstrucción política y económica de esa nación
devastada, y, además, alivia para Europa el peso terrible del flujo incesante
de refugiados sirios, es no sólo conveniente, sino necesaria.
![]() |
Los niños sirios son los más afectados por la guerra interna. Fuente: Google.com |
Siendo quien
escribe un observador mexicano del mundo, no podría dejar de señalar, aunque me
parezca urgente un acuerdo sobre Siria que detenga la violencia y el éxodo, que
la ausencia de una solución multilateral surgida del seno de las Naciones Unidas
y su Consejo de Seguridad es absolutamente lamentable y señala la incapacidad
de la ONU de cumplir a cabalidad su papel como garante de la paz y la seguridad
internacionales y como guardiana de los principios de la Carta de las Naciones
Unidas.
La tragedia siria,
los aproximadamente 250 mil muertos en su guerra interna desde 2011 y el dramático
flujo de millones de refugiados sirios que dejan en el camino a niños inocentes
ahogados en los mares y en las playas, es una tragedia mundial porque, aunque
lejana a México y América Latina en el espacio geográfico, señala que incluso
en pleno siglo 21 la humanidad en su conjunto no ha sido capaz de construir una
instancia universal que nos libre del “flagelo de la guerra”, como señalaba la
Carta de las Naciones Unidas en 1945, año de la fundación de la ONU recién
concluida la Segunda Guerra Mundial.
Esa ausencia de
organizaciones internacionales efectivas a las cuales los estados nacionales
sometan sus intereses nacionales y contra la cual se estrellen sus ambiciones
de poder es la gran falla de nuestro tiempo.
A 70 años de
concluida la Segunda Guerra Mundial no hay en nuestro mundo una instancia
efectiva que anule de raíz, incluso antes de que estallen, conflictos como el
de Siria o violaciones atroces a la dignidad humana y al patrimonio cultural de
la humanidad como las que ejecuta el Ejército Islámico, y no nos queda más
salida que las negociaciones y acuerdos políticos entre los más poderosos del
mundo en crisis como las de Siria y Ucrania.
Pero como también
soy un ferviente apostador por la diplomacia y la negociación por sobre las soluciones
de fuerza, creo que ese camino es el más conveniente para atacar el problema
sirio desde su raíz, no importa si esa salida negociada se da entre Moscú y
Washington o en el seno del Consejo de Seguridad de la ONU: lo importante es
que se dé, que suceda y entren en vigor un cese al fuego en Siria, la salida de
Assad y la construcción de un futuro mejor para los sirios, para los que se
quedaron en su patria y para los 4 millones o más que peregrinan por el mundo
en busca una nueva patria.
Se lo debe el mundo
al niño Aylan.