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Una balsa sobrecargada transporta migrantes en el Mar Egeo. Fuente: Google.com |
Por Rogelio Ríos
Herrán
Si hay un fenómeno en
el que se expresen los mejores y los peores aspectos del año 2015 que termina,
sin duda, que ése sería el de la crisis de migrantes en Europa.
No es el único gran
flujo migratorio en curso en el mundo que nos mueva a reflexión y ponga en
jaque al statu quo, como lo atestiguan los migrantes africanos que cruzan el
Mediterráneo rumbo a Europa o los “espaldas mojadas” centroamericanos y
mexicanos que atraviesan el Río Bravo rumbo a Estados Unidos.
Pero sí es el flujo
de migrantes y refugiados proveniente de Oriente Medio, del conflicto de Siria
principalmente, pero también de Iraq, Afganistán y Paquistán, el que refleja
los peores dilemas de nuestro tiempo: ¿abrimos o cerramos nuestra casa –el país
y la cultura- a los migrantes?
Al abrirles la
puerta, ¿nos involucramos en su cultura e idiosincrasia o les exigimos una
total y absoluta integración –vía el sometimiento- a nuestra cultura y valores?
Con los 206 mil demandantes de asilo
registrados en Alemania hasta Noviembre del presente año, sumaban ya 964 mil los
migrantes llegados a ese país, según informó a la AFP el Ministerio del Interior
germano.
Antes del último
día del 2015, el migrante un millón habrá cruzado alguna frontera alemana en
busca de refugio.
Hemos visto en
fotografías y videos estrujantes el drama que compaña a estos peregrinos forzados
del siglo 21 a lo largo de sus rutas de traslado. No hay quien no se conmoviera
con las muertes de niños ahogados al naufragar las frágiles balsas que los
llevaban a través de mares embravecidos.
Aún así, ante el
desafío que representa un flujo tan grande de refugiados en el corazón de la
Unión Europea, las reacciones de rechazo y control de parte de gobiernos y
sociedades europeas no se han hecho esperar y se expresan en acciones de
hostilidad y desdén ante los recién llegados.
La amenaza del
terrorismo fundamentalista islámico que aprovecha ese flujo migratorio para
tratar de infiltrar a sus agentes, no hace más que echarle leña al fuego de la
intolerancia y el miedo dentro de las sociedades receptoras de migrantes.
Por eso vale la
pena ponderar, aunque sea tentativamente, el impacto de la ola migratoria que
ha barrido a Europa: de una u otra manera y a pesar de las manifestaciones de
rechazo, los migrantes y refugiados ya están en suelo europeo, un millón de
ellos tan sólo en Alemania, y ese hecho demuestra que Europa sí estuvo a la
altura de sus grandes ideales, Alemania en primer término, al atender a tantas
personas en una situación de crisis.
Eso de inmediato
nos lleva a considerar su contraparte: parece que Europa ya llegó al límite de
su capacidad receptora de migrantes y de sus sentimientos de solidaridad hacia
quienes huyen de conflictos y guerras.
Alemania no tendrá
lugar quizá para otro millón de migrantes en 2016, eso es impensable dado el
momento de cuestionamiento político interno que vive la Canciller Ángela Merkel
después de abrir las puertas de su país a los refugiados.
La reacción a las
amenazas terroristas, por otro lado, apuntan hacia un estricto control de las
fronteras y a una reducción de la movilidad al interior de la Unión Europea.
Y el inicio de una
ofensiva diplomática para encontrar una solución al conflicto sirio y detener
la salida masiva de sirios que huyen de la violencia de su país devastado,
puede disminuir o quizá parar por completo el flujo migratorio desde su
nacimiento.
No esperemos, por
tanto, un 2016 en el que se repitan las escenas y el drama de los refugiados
del 2015, si bien las imágenes impactantes que nos sacudieron jamás serán
olvidadas.
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Un angustiado padre intenta mantener a flote a su hijo tras naufragar su balsa. Fuente: Google.com |
La gran lección de
ese fenómeno inédito en Europa que se vivió este año será si perdurará la
apertura y la acogida de migrantes o, por el contrario, las cosas volverán a la
‘normalidad’ del rechazo y el control de las fronteras contra los refugiados.
Si se cierra Europa
y las crisis en Medio Oriente, la pobreza en África y la falta de oportunidades
en América Latina persisten y se agudizan, ¿a dónde irán entonces los migrantes
y refugiados? ¿Se resignarán a ser rechazados o querrán tomar por fuerza lo que
anhelan de Europa y Estados Unidos: una oportunidad de sobrevivir y de
prosperar?
Veremos qué nos
trae el 2016.
¡Feliz año nuevo!
rogelio.rios60@gmail.com